domingo, 26 de mayo de 2019

CARTAS DE NIETZSCHE: CÓMO DESTRUIR A UNA MUJER ESCRIBIÉNDOLE UNAS LÍNEAS

Es casi categórico que el sentido de humanidad inherente al ser mismo, no despoja del sufrimiento ni del dolor cuando al contrario, nos conduce al abismo de nuestras debilidades siempre que respiramos a través de una herida. En este interesante post puede reflejarse cuan patológico y desastroso puede ser el amor, afectando aún las mentes más profundas y disciplinadas de la existencia. 

Friedrich Nietzsche, un hombre que llegó más lejos que muchos y que más allá de las consignas establecidas,  su enamoramiento hondo lo llevó a emitir conceptos y sentires tan individuales para después salir a dispararlos como cualquier otro devastado. La carta aquí develada, es la burla de su propia frustración; es la carta indirectamente dirigida a su ego hecho trizas. Fuertes palabras plasmadas en un papel que salen de un corazón agobiado y lacerado por la infelicidad de un desamor padecido en carne propia. Un pobre y soberbio Nietzsche situado derrotado en el contexto de su propia época, donde seguirán pasando lustros sin que muchos entiendan que él era también un ser común que se enamoraba y que sufría y no como tal un misógino reverendo-imbécil cosificador de mujeres, como lo acusan ["También la mi*rda produce flores", han dicho]. Porque a todas luces, cualquier poeta experto en el tema o aquel pensador-filósofo que conozca las verdades más profundas sobre el amor, es capaz de odiar a quien ama y no le corresponde. Luego entonces, él es un claro ejemplo de que ni el conocimiento ni el talento pueden salvarnos de un insufrible e irónico amor imposible. Porque incluso aquel filósofo, poeta, escritor, músico y filólogo alemán -considerado uno de los contemporáneos más influyentes del siglo XIX-, no logró evitar que su corazón se estrellara contra él mismo hasta volverse polvo. O hasta volverse nada. 
Algunos biógrafos aseguran que la obsesión de Nietzsche por una mujer, misma a la que después se propuso destruir por medio de una carta, nació del enfermizo y equivocado amor que sentía por su propia hermana, Lisbeth. Consecuentemente, además de incestuoso, otros autores lo han tachado como un hombre sobreprotegido por todas las mujeres que lo rodearon. Por lo tanto, lo han considerado un inestable prisionero de sus propios sentimientos; pero sea cual sea la razón, el poeta vivió atormentado por el rechazo de una joven que nunca logró conquistar: Lou von Salomé, quien se enamoró de su pensamiento más nunca de él.

FRIEDRICH NIETZSCHE Y SU HERMANA LISBETH


Se dice que a pesar de los intentos en los que el pensador invirtió su energía y sus pocas ganas de vivir, Nietzsche sólo consiguió un poco de tiempo antes de perder la razón. Mientras eso ocurría, la única salida que él encontró fue escribir sobre la mujer que lo estaba matando. "Así habló Zarathustra" fue el primer destello en letras sobre la imperante e irremediable atracción que sentía por Lou. En 1883, días después de que ella lo rechazara por completo, de su dolor surgió lo que con posterioridad histórica sería considerado un gran poema filosófico. Una obra de características: sincera, cruda, doliente y avasalladora; como las líneas de la carta, con la que Nietzsche se dispuso a destruir a la mujer de su vida.

"LOU:

Que yo sufra mucho carece de importancia comparado con el problema de que no seas capaz, mi querida Lou, de reencontrarte a ti misma.
Nunca he conocido a una persona más pobre que tú.
Ignorante, pero con mucho ingenio.
Capaz de aprovechar al máximo lo que conoce.
Sin gusto, pero ingenua respecto de esta carencia.
Sincera y justa en minucias, por tozuda en general, en una escala mayor, en la actitud total hacia la vida:
Insincera.

Sin la menor sensibilidad para dar o recibir. 

Carente de espíritu e incapaz de amar.
En afectos, siempre enferma y al borde de la locura.
Sin agradecimiento, sin vergüenza hacia sus benefactores…

En particular:
Nada fiable.
De mal comportamiento.
Grosera en cuestiones de honor…
Un cerebro con incipientes indicios de alma.
El carácter de un gato: el depredador disfrazado de animal doméstico.
Nobleza como reminiscencia del trato con personas más nobles.
Fuerte voluntad pero no un gran objeto.
Sin diligencia ni pureza.
Sensualidad cruelmente desplazada.
Egoísmo infantil como resultado de atrofia y retraso sexual.
Sin amor por las personas pero enamorada de Dios.
Con necesidad de expansión.
Astuta, llena de autodominio ante la sexualidad masculina.

Tuyo".

–Friedrich N.

Y es que, Lou von Salomé era tan maravillosa como indescifrable. Él la conoció cuando ella tenía sólo 20 años, los suficientes para como algunos han afirmado, haber enamorado a otros pensadores; como el filósofo Paul Ree, el poeta Rainer Maria Rilke, el fundador del psicoanálisis -y colega suyo- Sigmund Freud, el sociólogo Ferdinand Tonnier, el psicólogo experimental Herman Ebbnghaus, entre otros. Dicen que su belleza era enigmática pero que su ingenio, inteligencia y singular madurez, la convertían en una gema preciosa imposible de poseer; por lo que Lou habría llevado a Ree al suicidio y a Nietzsche, lo condujo a una frustrante locura. No obstante, antes de que el filósofo perdiera la lucidez, él redactó las últimas palabras que en su despecho y confusión quiso dedicarle a la única mujer de la que realmente se había enamorado.

FRIEDRICH NIETZSCHE, LOU VON SALOMÉ  Y PAUL REE


Destruir a una mujer con sólo una carta -según las vivencias del propio Nietzsche- resulta ser una obra de arte que reúne todas y cada una de las carencias y vacíos de no conseguir la correspondencia de la mujer amada. En este caso, nada, ni los años lo consumieron tan cruelmente como lo hizo el amor no correspondido de su elegida musa. Así que inmerso en esa atmósfera, decidió crear ese atroz y corto escrito para deshacer el lazo que alguna vez (y de forma muy extraña) lo unió con Lou. Sus palabras fueron tan corrosivas y de hecatombe, como lo que Salomé le hizo sentir, por lo que esta carta fue con la que Nietzsche pudo -y con la cualquier hombre podría- desbaratar a la mujer que más amó y que nunca pudo tener.

Finalmente lo que puede aclamarse, es que Nietzsche podrá haber sido una de las mentes más brillantes y talentosas de su tiempo, pero no la más lúcida en el amor; ya que fue un fracaso total en el arte de conquistar el corazón de una mujer y que quizá por su propio caos, a su lado cualquiera hubiera sufrido muchísimo. Pero, ¿qué pedía esa mujer para darle una oportunidad de amarle a un hombre con semejante inteligencia y erudición? Quizá, es que ella profetizaba tal sufrimiento. Es evidente que devorado por esa situación, él estaba dolido y que todo aquello vociferado en líneas, fueron calificativos que Nietzsche le lanzó como dardos a esa mujer; tal vez quedando en evidencia su pobrísima tolerancia ante el rechazo y la decepción, recurriendo al ataque y la ofensa como única herramienta de sobrevivencia y autoprotección con la cual redimir su frustración insoportable. Así fue Nietzsche en su sentido más íntimo y humano liberado en sus instantes de declive, como a nuestra manera lo somos también nosotros.