domingo, 30 de junio de 2019

DEPRESIÓN SONRIENTE: LA TRISTEZA INSOSPECHADA DETRÁS DE UNA SONRISA

Solemos pensar que una sonrisa es, en general, una señal de felicidad; sin embargo, hay personas que son capaces de sonreír, vivir momentos alegres y aún así tener sentimientos suicidas. Son los afectados por lo que popularmente se conoce como "depresión sonriente", aunque en el término clínico preciso, se denomina "depresión atípica". Y es difícil identificar quien puede estar padeciendo la enfermedad, precisamente porque saben enmascarar su estado de ánimo real, tras falsas muestras de felicidad.
Es más peligrosa que los otros tipos, porque incluso, a veces ni los afectados saben que están deprimidos; pero hay algunos síntomas clave que ayudan a identificar la enfermedad, porque cuantas personas parecen felices pero luchan con pensamientos depresivos en el día a día. Se suele creer que las personas con depresión, son incapaces de tener una vida como cualquiera o que pasan la vida en la cama y que no pueden funcionar en el trabajo. La realidad es que ninguna de estas dos ideas es correcta. De hecho, muchas más personas de las que pensamos se escudan detrás de la sonrisa para esconder sus síntomas depresivos.

No todos experimentan la depresión de la misma forma. En algunos casos, es prácticamente imposible identificarlos si sólo se analiza la forma en la que viven. Es sorprenderte descubrir que hay quienes sonríen, son altamente funcionales, bromistas y tienen una vida social de lo más agradable. Pero, detrás de esas sonrisas, ocultan sentimientos de tristeza. Cuando llegan a casa, pueden llegar a experimentar un tremendo vacío interior. Una sensación de desamparo que sólo comprende aquél que ha pasado por ello.

Muchos psicólogos coinciden en que los casos de depresión más sobresalientes, son aquéllos de la llamada 'depresión sonriente'; que no sería relevante, si nunca se ha escuchado este término. Una forma de definirlo, es como "la apariencia de felicidad hacia los demás, cuando se viven los síntomas de la depresión de forma interna".
Quienes viven con ella, han aprendido a ocultar sus emociones y demostrar sólo lo que se espera de él o ella. Es muy común que no quieran aceptar su depresión o que no quieran tener que enfrentar sus síntomas, porque temen que los demás los consideren débiles o raros.

La parte más importante de la 'depresión sonriente', es la tristeza. La sonrisa es un mecanismo de defensa contra el exterior, en un intento de ocultar los verdaderos sentimientos.

Puede estarse experimentando una profunda tristeza por una relación fallida, una profesión complicada, la falta de un propósito en la vida o la soledad no deseada. Y la tristeza también puede manifestarse como una constante, cuando se tiene el sentir de que 'algo no está bien'.
Existe una alerta sobre la dificultad de identificar quien padece este tipo de enfermedad. Entre las causas, se encuentra la perfecta sobreactuación de aquél que sufre la depresión. Además, a veces son personas que no tienen ningún motivo aparente para estar tristes: tienen un trabajo, una casa, amigos e incluso pareja e hijos.

EL PELIGRO LATENTE DE UNA SONRISA ENCUBIERTA


La dificultad de percibir que una persona que en apariencia se encuentra bien, en realidad está deprimida, hace a este tipo de depresión más peligrosa que otras. Pero hay otros factores que agravan esta tipología.

La persona que vive con 'depresión sonriente' puede sentirse ansioso, enojado, con miedos excesivos, cansado, irritable y sin esperanza. Puede que estos sentimientos no aparezcan todos juntos. Incluso, es probable que durante largos períodos no aparezca ningún síntoma de manera recurrente.
Es imaginarse a la 'depresión sonriente', como una máscara. Quienes la sufren, no dan ninguna señal de su problema al mundo exterior. A menudo mantienen un trabajo a tiempo completo, un hogar, hacen deporte y tienen una vida social activa. Con su máscara todo parece perfecto. No obstante, pueden sufrir ataques de pánico, baja autoestima, tristeza, insomnio y; en algunos casos, pensamientos suicidas. Esto último, es la parte más preocupante.

       Por lo general, quienes viven y aceptan que padecen depresión severa pueden tener pensamientos suicidas, pero no la energía para actuar. Sin embargo, aquéllos que sufren de 'depresión sonriente' tienen la capacidad para planificar y lograrlo. Suele ser el caso típico de la persona que se suicidó y sorprendió, porque nadie imaginaba que algo iba mal en su vida. Esto es lo que hace que esta depresión sea el tipo más perjudicial y nocivo. Por un lado, el afectado tarda mucho más en buscar apoyo al no reconocer la enfermedad. Por otro, las personas que tienden a padecerla suelen tener personalidades con problemas para reconocer las emociones, así que trabajar desde un punto psicológico con ellas es mucho más complicado.
        Y lo peor, la capacidad de las personas con esta depresión de continuar realizando también sus actividades cotidianas, puede ser contraproducente: La fuerza que tienen para continuar con su vida diaria, puede hacer que sean especialmente vulnerables para llevar a cabo planes de suicidio. Esto contrasta con otras formas de depresión, en las cuales las personas pueden tener ideas suicidas, pero no suficiente energía para actuar en base a sus intenciones.

LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS


Aún con todo, éste es uno de los problemas de salud mental más tratables. Ya sea a través de consejo o psicoterapia, es posible salir adelante con éxito. Acudir a un profesional de la psicología ayudará a salir de esta situación y proporcionará herramientas para poder afrontar aquéllo que en ese momento supera.
En el caso de quien vive con 'depresión sonriente', su primera reacción es la negación. No es una falta de interés por su parte, sino que existen sentimientos negativos enmascarados, como el miedo o la inseguridad. Quizá la persona que lo sufre ni siquiera es consciente de que tiene este problema y la palabra 'depresión' le puede sonar exagerada.

Pero una vez reconocido el problema, además de la terapia, es importante buscar el apoyo en amigos y familia. Buscar un confidente puede ser el paso clave para analizar lo que se siente y lo que preocupa. Esta persona no sólo escuchará, también ayudará a ver las cosas con otra perspectiva. Sin ser una carga. A veces se olvida que quienes nos rodean, nos quieren. La mayoría está dispuesto a apoyar de la misma forma en que quizá antes ha sido apoyado. Hablar de lo que se siente, es vital para lidiar con pensamientos depresivos.

En definitiva, cuando los pensamientos depresivos no son combatidos, suelen crecer y empeorar.
Para tratar esta peculiar depresión, suele necesitarse medicación, terapia conversacional (psicoterapia), y cambios en el estilo de vida; realizar ejercicio regularmente y practicar meditación, porque eso, ha dado buenos resultados en la práctica clínica.

sábado, 29 de junio de 2019

CHARLES BUKOWSKI: "DOS MOSCAS"... Y YA ES TARDE PARA NOSOTROS DOS

Las moscas son furiosos pedacitos de
vida;
¿por qué están tan furiosas?
parece que quisieran más,
parece casi como si estuvieran furiosas
por ser moscas;
no es mi culpa.

Me siento en la habitación
con ellas
y me joden con su agonía;
es como si fueran pedazos de alma
abandonados en algún lugar.
intento leer un diario
pero no piensan dejarme en paz,
una parece subir en semicírculos
por la pared,
emitiendo un miserable sonido
sobre mi cabeza;
la otra, la más chica,
se queda cerca y me molesta en la mano,
sin decir nada,
elevándose, cayendo,
volviendo a trepar.

¿Qué Dios puso estas
extraviadas cosas sobre mí?
otros hombres sufren dictaduras,
amores trágicos…
yo sufro insectos…

Espanto a la más chica
y eso sólo le hace revivir
su impulso desafiante:
da vueltas más rápido,
más cerca, incluso hace
un sonido de mosca,
y la otra arriba
intenta un nuevo vuelo
excitada, también,
se apura,
cae de repente
en un golpe de ruido
y se juntan
dando vueltas en mi mano, rozando la base
del portalámparas.

Hasta que alguna cosa humana en mí
no aguanta más sacrilegio
y empiezo a golpear
con el diario enrollado
―¡fallé!―
golpeo,
golpeo,
se interrumpe la armonía,
algún mensaje se perdió entre ellas,

agarro a la más grande primero,
cae de espaldas
agitando las patitas
como una puta furiosa,
y le pego de nuevo
con mi palo de papel
y se convierte en una fea
mancha de mosca.

La chiquita vuela más alto
ahora, tranquila y rápida,
casi invisible;
ya no se acerca a mi mano
está mansa e inaccesible.

La dejo en paz, me deja
en paz;
el diario, por supuesto,
está arruinado.

Algo pasó,
algo empañó mi día,
a veces no hace falta
un hombre o una mujer,
solamente algo vivo;
me siento y miro a
la mosca chiquita;
estamos juntos trenzados
en el aire
y en la vida,
y ya es tarde
para nosotros dos.

viernes, 28 de junio de 2019

LA EROTECA: NUESTRA FANTASÍA ESPORÁDICA EN EL METRO… "VEN, TE ESPERO EN EL ÚLTIMO VAGÓN"

Fui yo quien se lo pidió a él. Un día de la nada, le dije que hiciéramos una locura en el metro de mi ciudad y él sólo accedió con una sonrisa de asombro.

En fin, le dije para comenzar el contexto: "mira, sabes que siempre quise ser acosada por un hombre en un autobús, o que me manoseara un hombre en el metro; pero nunca pasó, muchas veces salí sin ropa interior y hasta llegué a mostrar algo, pero sólo había puritanos". Y ambos reímos tanto por mi ocurrencia.
En siguientes y sucesivos días, seguí insinuándole mi deseo y continuamos con nuestras charlas, hasta que en un momento entrando en nuestro íntimo terreno picante, él me confesó que también quería esa fantasía erótica. Entonces yo para seguirle el hilo, le dije que quería que me follara un desconocido sin que se lo consintiera; con un poco de forcejeo de su lado, con un poco de miedo de mi parte. Y sin dejar de mirarlo tan amorosa y tiernamente, no tuve qué decirle con palabras que deseaba con todo mi coño, que ese desconocido fuera él.

Inesperadamente, en una de sus llegadas a la ciudad, me marca y sin preámbulo me dice:

— Te propongo ir en el metro, a ver qué pasa. ¿Qué dices?

— ¿No es muy temprano?

— No, es justo el momento, salgo ya. Nos vemos en la boca del metro, pero no te conozco ni me conoces, imagina que soy un hombre de los que ves todos los días, pero hoy estás salida. Jajaja.

— Ciao.

Llegué al metro a la parada, me sentía fatal, jajaja; pero, decidí relajarme y dejarme llevar. Ser práctica.

Entré, pagué el ticket; pensé en llegar lo más lejos de ese trayecto, ya saben cómo es de cabrona la mente en estos casos.
Nos encontramos con la mirada. Él me siguió, aún no sentía nada –aunque era mi pareja y me pone hot hasta el full desde siempre-; pero había sí, ansiedad y nervios. Subimos al metro, él entró por la otra puerta, aún no había demasiada gente. Él se sentó de frente a mí, al lado mío había una señora entrada en años y un hombre joven que al parecer era un estudiante. Yo empecé a mostrarle discretamente un poco mi pierna y el hombre del lado me miró de reojo, cosa que a mi novio le gustó. Pensar en ello o imaginarlo, sí que me puso cachonda.

Yo muy puta, con los movimientos del metro movía mis piernas abriéndolas por instantes para que mi novio viera que no tenía bragas y el de al lado observando. Mi novio mirando… eso lo estaba matando. Le pude ver lo empalmado que estaba y yo comenzaba a excitarme más. El hombre volteaba después con descaro, a lo que yo respondí con una sonrisa, pues lo miré a la cara y él también. En eso el hombre, dice:

— Uff, que calor.

— Sí, la verdad sí.

— A dónde vas? Me preguntó el hombre, no sabía que responder.

— Nada, sin rumbo, mi novio y yo hemos peleado y estoy buscando no estar sola.

— ¿Sola, una mujer tan guapa como tú?

— Sí, es que no es fácil.

— Sí, te entiendo, soy soltero y eso a veces es malo, pero cuando tienes suerte, las cosas van mejor que estar mal acompañado.

En ese instante, entró tanta gente al metro que no pude verlo más. Entonces vi que él ya se había levantado, por lo que olvidé la plática con aquel desconocido y también me levanté y comencé a buscarlo.
Había mucha gente y estábamos muy apretados todos. Por fin lo encontré, pero no nos dijimos nada. Me moví, hasta quedar de espaldas a él y aprisionada entre las demás personas. Acomodé mis nalgas a su entrepierna, empezando a notar como una erección que empezaba a hinchar su miembro quería salir de su escondite. Era para volverse locos.

Luego comenzó a sobajearme con uno de sus dedos, aunque noté que comenzaba a sudar y en su pantalón aún se podía ver algún bulto que comenzaba a tomar volumen.

Quizá muchas personas nos miraban, incluyendo aquel hombre de instantes antes, pero cada quien estaba a lo suyo.

— Bajémonos aquí. Te espero en el último vagón.

Salimos de ese vagón intermedio, mi novio me siguió, no me perdía de vista.

Él estaba muy nervioso, bueno, ambos. No había casi gente ya a esa hora, y en cada estación iban bajando. Enseguida que entramos, me empujó contra la puerta contraria a la que se abre, y lo besé deliciosamente. Me repasó la lengua varias veces, me acerqué a su oído y le pregunté:

— ¿Eres un pervertido?

— No, no lo soy tanto.

Comencé a subir mi minifalda.

— Tócame.

Cuando dije esto, él ya tenía sus dedos sobre mí, y no paraba de frotarme; después metió uno de sus dedos en mi vagina y me besaba. En menos de un minuto, tres de sus dedos ya estaban ahí y los subía muy suavemente.

Era el momento, de  nuestro lado ya no había nadie que pudiera mirarnos directamente. Entonces tomé la iniciativa, comencé a desabrocharle el pantalón y saqué su polla, me baje la falda y me puse casi de rodillas. Estaba ya que me corría, pero quería darle tiempo para ver hasta donde me dejaría llegar.

Hice unos movimientos para acelerar su eyaculación, le pedí que me tapara la boca para no gritar. Lo hizo.

En menos de un minuto comencé a sentir calambres por mi cuerpo, estaba a punto de correrme, de no ser él quien se derramó antes sin decirme nada.

Así continuamos la faena, me corrí dos o tres veces, pues me la desencajaba del culo para metérmela en el chocho. Él no se vino ya después, pues su manera tan exquisitamente intensa en que lo hacía siempre, iba a delatarnos.

Y fuimos a casa, donde me dediqué a darle el culo y el chocho para que me lanzara su semen por todos lados, quede prácticamente bañada. Estábamos insaciables.

jueves, 27 de junio de 2019

CONSECUENCIAS ATROCES EN EL DÍA Y EN EL TIEMPO (PARTE II). LOS BOMBARDEOS DE HIROSHIMA Y NAGASAKI

Harry Truman anuncia a los estadounidenses el bombardeo de Hiroshima por radio el 9 de agosto de 1945. Dieciséis horas después del ataque, el presidente anunció públicamente desde Washington D.C. el uso de una bomba atómica:

"Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado. Con esta bomba hemos añadido un nuevo y revolucionario incremento en destrucción a fin de aumentar el creciente poder de nuestras fuerzas armadas. En su forma actual, estas bombas se están produciendo. Incluso están en desarrollo otras más potentes. [...] Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos, vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra. [...] El 26 de julio publicamos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones, pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra".
El anuncio de Truman fue la primera noticia real que se tuvo en Tokio de lo que había pasado e inmediatamente se formó el Comité de Contramedida de la Bomba Atómica, integrado por personal del ejército, la armada y ministerios del interior. A pesar del nombre del comité, gran parte de los integrantes dudaban que efectivamente se hubiera utilizado una bomba atómica, pues se creía que la tecnología estadounidense no estaba tan avanzada como para desarrollarla, ni para transportarla por todo el Océano Pacífico. Sólo cuando el personal fue a la zona a investigar la destrucción ocurrida, aceptaron que ninguna bomba convencional podría haber causado tanto daño.

El 8 de agosto, unos periódicos en Estados Unidos informaban sobre las descripciones de la devastación retransmitidas por las emisoras de Radio Tokio: "Prácticamente todas las cosas vivas, humanos y animales, se quemaron hasta la muerte", decían los locutores japoneses en una transmisión interceptada por los aliados.
Sin embargo, había otros planes para más ataques atómicos. Los Estados Unidos esperaban tener otra bomba atómica lista para ser utilizada durante la tercera semana de agosto, tres más en el mes de septiembre y otras tres para octubre.

El 10 de agosto, el mayor general Leslie Groves, director militar del Proyecto Manhattan, envió un memorándum al general del Ejército George Marshall en el que se leía: "La siguiente bomba [...] deberá de estar lista para entregarse al primer día de tiempo adecuado, después del 17 ó 18 de agosto". Ese mismo día, Marshall endosó el documento con el comentario "No se soltará sobre Japón sin la orden expresa del Presidente". En el Departamento de Guerra se llevaba, además, un debate sobre conservar la producción de las bombas atómicas hasta que se llevara a cabo la Operación Downfall, la invasión a Japón.

COMISIÓN DE VÍCTIMAS DE LA BOMBA ATÓMICA


Harry S. Truman tomó la decisión de lanzar las bombas atómicas y, asimismo, ordenó la creación de la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica para que se investigaran sus efectos. Durante la primavera de 1948, se formó la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica (ABCC por sus siglas en inglés) por mandato de Truman, con el objetivo de que la Academia Nacional de Ciencias y el Consejo de Investigación Nacional llevaran a cabo las investigaciones necesarias para determinar los efectos posteriores de la radiación entre los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki. Entre las víctimas se encontraron una gran cantidad de decesos indeseados, por ejemplo:

     - Prisioneros de guerra aliados.
     - Trabajadores chinos y coreanos.
     - Estudiantes de Malasia que estaban becados.
     - Cerca de 3200 ciudadanos estadounidense-japoneses.

Una de las primeras acciones de la ABCC fue la de observar los resultados de los embarazos en Hiroshima y Nagasaki, así como en una ciudad controlada experimentalmente -Kure-, para discernir las condiciones y resultados con los casos relacionados a exposición a la radiación. Algunos autores aseguran que la ABCC se negó a proporcionar tratamientos médicos para los supervivientes, salvo en casos estudiados e incluso, algunos aseguran que la atención médica fue negada para obtener 'mejores resultados' en la investigación.​ En 1975, se creó la Fundación para la Investigación de los Efectos Radioactivos (Radiation Effects Research Foundation) para asumir las responsabilidades de la ABCC.

DECESOS POSTERIORES AL BOMBARDEO


De acuerdo a la mayoría de las estimaciones, los efectos inmediatos mataron miles de personas en Hiroshima. En la estimación total de muertes de finales de 1945, se incluyen quemaduras, muertes relacionadas a la radiación; así como efectos agravados por la falta de recursos médicos, que se debía a que muchos profesionales de la salud murieron luego de que explotara la bomba y los que sobrevivieron ignoraban los efectos de la radiación, así que no sabían cómo tratar a las personas que continuaban llegando quemadas.​ Se ignoraban los efectos tardíos que la radiación podía producir, puesto que era la primera bomba de este modelo que se utilizó en el mundo. La calidad y cantidad de las radiaciones recibidas por las personas continuó envuelta en incertidumbre, ya que la potencia de la bomba debía ser calculada sólo a base de experimentos en reactores sobre otras armas y distintos ensayos.
Algunas otras fuentes aseguran que más de 200.000 personas fallecieron hasta 1950, ya sea a causa de cáncer y otros padecimientos a largo plazo. Entre 1950 y 1990, el 9% de las muertes ocasionadas por cáncer y leucemia entre los supervivientes al bombardeo se debió a la radiación de las bombas; entre ellas, se estima que 89 casos fueron por leucemia y 339 de distintos padecimientos de cáncer.​ La leucemia comenzó a aumentar en número de casos, tres años después de haber explotado la bomba; además, diez meses después de la explosión, empezó a aparecer la catarata en los supervivientes, y algunos de los niños que estaban por nacer tuvieron una disminución en el tamaño de la cabeza y en algunos se produjo algún tipo de retraso. Por lo menos once prisioneros de guerra fallecieron durante el bombardeo.
Los científicos creían que el impacto de la radiación desaparecería en 20 años. Aún hoy aparecen nuevas patologías relacionadas con la bomba atómica.

LOS HIBAKUSHA


Las víctimas supervivientes de los bombardeos son llamadas hibakusha (被爆者), una palabra en japonés que literalmente significa 'persona bombardeada'. Ser hibakusha -aseguran los supervivientes-, era como una maldición, que los estigmatizaba.​ Además de las enfermedades a las que se enfrentaron, estos supervivientes también tuvieron que lidiar con el rechazo del resto de la sociedad; vivían ocultando su condición, ya que nadie quería casarse con personas como éstas e incluso les negaban trabajos si se llegaba a conocer que eran hibakusha. Según estudios independientes realizados sobre distintas catástrofes, los hechos traumáticos alteran profundamente el conjunto de creencias esenciales que las personas tienen sobre sí mismas. Esto fue lo que ocurrió en Japón y más grave aún, dado que las personas eran rechazadas por la sociedad.
Por mucho tiempo, vivieron ignorando lo que había ocurrido y los efectos tardíos que esta situación podía tener en ellos o sus hijos.​ Un año y medio después de la tragedia, los supervivientes supieron que lo que ellos habían presenciado había sido la explosión de una bomba atómica.​ Tres años después se formaron por primera vez como asociación de víctimas para pedir ayuda al gobierno, para tratamientos, pues no tenían dinero y muchos morían.​ Para el año 2008, 243.692 hibakusha eran reconocidos por el gobierno japonés, la mayoría viviendo en dicho país.​ El gobierno además asegura que el 1% de dichos supervivientes padece alguna enfermedad asociada a la radiación.

Sólo tres años después de las bombas, el número de casos de leucemia entre los hibakusha ya era superior al de las poblaciones no expuestas y el aumento del riesgo relativo (comparado con grupos de control) tendría su pico a los siete años. Los que eran niños en 1945, presentaron los mayores índices de leucemia de todos los supervivientes. En cuanto a los distintos tipos de cáncer sólido (sarcomas, carcinomas y linfomas, por ejemplo), el aumento de la incidencia se detectó a los 10 años. El riesgo de sufrir un tumor se mostró además muy relacionado con la dosis de radiación recibida.
Y no sólo les envenenaron el cuerpo, también el alma. Los sucesivos seguimientos de los supervivientes muestran la alta incidencia de ansiedad o estrés postraumático. Aún hoy, años después, muchos hibakusha no se han recuperado de la pérdida no sólo de su familia o amigos, sino de toda su comunidad en apenas unos segundos.

Según cifras oficiales, en 2014, había 197.159 hibakusha vivos. La cifra no incluye a los hijos de supervivientes concebidos después de la bomba pero sí a unos 5.000 que aún estaban en el vientre de su madre cuando estallaron 'Little Boy' y 'Fat Man'. Otros muchos murieron antes de nacer. De los que nacieron vivos, una buena parte presentaban cuadros que eran nuevos para la ciencia médica: aberraciones cromosómicas, electroforesis (separación por campo eléctrico) de las proteínas o polimorfismos en el ADN.

Eizō Nomura fue el superviviente más cercano a la 'zona cero' que se conoce. Eizō se encontraba en el sótano de una moderna casa de descanso, a sólo 100 metros de distancia en el momento del ataque. Akiko Takakura fue también una de las supervivientes más cercanas al hipocentro de la explosión. Akiko se encontraba dentro del Banco de Hiroshima, a tan sólo 300 metros de la 'zona cero'.
Memoriales en Hiroshima y Nagasaki contienen listas de los hibakusha que se sabe han muerto desde los bombardeos. Actualizadas anualmente durante el aniversario de los bombardeos, los memoriales contienen los nombres de los hibakusha, en Hiroshima y en Nagasaki.

DESTRUCCIÓN EN LAS  ESTRUCTURAS


La ciudad se encontraba en ruinas. Aproximadamente el 69% de los edificios de Hiroshima fue destruido. Algunos edificios de hormigón en Hiroshima habían sido construidos con una gran resistencia debido al constante riesgo de sismos en Japón, y aunque su armazón no colapsó aún estando muy cerca del epicentro, las paredes mostraron un daño interno severo ocasionado por la presión descendente de la explosión.
Debido a que la bomba detonó en el aire, la explosión se enfocó más hacia abajo que hacia los lados, por lo que el edificio conocido como Cúpula Genbaku o Cúpula de la Bomba Atómica, pudo permanecer en pie a pesar de encontrarse a tan sólo 150 metros de la zona cero. Las ruinas fueron renombradas como Monumento de la Paz de Hiroshima y fue catalogado como Patrimonio de la Humanidad en 1996 con la objeción de los Estados Unidos y China.

HIROSHIMA Y NAGASAKI EN LA ACTUALIDAD


Tras el ataque atómico, Hiroshima fue reconstruida como una ciudad en memoria de la paz. El gobierno japonés continuó pidiendo la abolición de las armas atómicas y a mayor escala por la paz mundial.​ En mayo de 1949, el parlamento japonés declaró a Hiroshima como "Ciudad de paz" y a Nagasaki como "Ciudad de la cultura internacional".
Tanto en Hiroshima como en Nagasaki se han erigido una gran cantidad de monumentos, esculturas, ceremoniales y parques para recordar y conmemorar los eventos de agosto de 1945.

Se han cumplido más 70 años desde que Estados Unidos arrojó la primera bomba nuclear sobre Hiroshima en plena Segunda Guerra Mundial. Sus terribles efectos, que al día de hoy aún se sienten, marcaron un antes y un después en el arte de la guerra y en el uso de la energía atómica en los conflictos.