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jueves, 27 de junio de 2019

CONSECUENCIAS ATROCES EN EL DÍA Y EN EL TIEMPO (PARTE II). LOS BOMBARDEOS DE HIROSHIMA Y NAGASAKI

Harry Truman anuncia a los estadounidenses el bombardeo de Hiroshima por radio el 9 de agosto de 1945. Dieciséis horas después del ataque, el presidente anunció públicamente desde Washington D.C. el uso de una bomba atómica:

"Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado. Con esta bomba hemos añadido un nuevo y revolucionario incremento en destrucción a fin de aumentar el creciente poder de nuestras fuerzas armadas. En su forma actual, estas bombas se están produciendo. Incluso están en desarrollo otras más potentes. [...] Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos, vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra. [...] El 26 de julio publicamos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones, pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra".
El anuncio de Truman fue la primera noticia real que se tuvo en Tokio de lo que había pasado e inmediatamente se formó el Comité de Contramedida de la Bomba Atómica, integrado por personal del ejército, la armada y ministerios del interior. A pesar del nombre del comité, gran parte de los integrantes dudaban que efectivamente se hubiera utilizado una bomba atómica, pues se creía que la tecnología estadounidense no estaba tan avanzada como para desarrollarla, ni para transportarla por todo el Océano Pacífico. Sólo cuando el personal fue a la zona a investigar la destrucción ocurrida, aceptaron que ninguna bomba convencional podría haber causado tanto daño.

El 8 de agosto, unos periódicos en Estados Unidos informaban sobre las descripciones de la devastación retransmitidas por las emisoras de Radio Tokio: "Prácticamente todas las cosas vivas, humanos y animales, se quemaron hasta la muerte", decían los locutores japoneses en una transmisión interceptada por los aliados.
Sin embargo, había otros planes para más ataques atómicos. Los Estados Unidos esperaban tener otra bomba atómica lista para ser utilizada durante la tercera semana de agosto, tres más en el mes de septiembre y otras tres para octubre.

El 10 de agosto, el mayor general Leslie Groves, director militar del Proyecto Manhattan, envió un memorándum al general del Ejército George Marshall en el que se leía: "La siguiente bomba [...] deberá de estar lista para entregarse al primer día de tiempo adecuado, después del 17 ó 18 de agosto". Ese mismo día, Marshall endosó el documento con el comentario "No se soltará sobre Japón sin la orden expresa del Presidente". En el Departamento de Guerra se llevaba, además, un debate sobre conservar la producción de las bombas atómicas hasta que se llevara a cabo la Operación Downfall, la invasión a Japón.

COMISIÓN DE VÍCTIMAS DE LA BOMBA ATÓMICA


Harry S. Truman tomó la decisión de lanzar las bombas atómicas y, asimismo, ordenó la creación de la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica para que se investigaran sus efectos. Durante la primavera de 1948, se formó la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica (ABCC por sus siglas en inglés) por mandato de Truman, con el objetivo de que la Academia Nacional de Ciencias y el Consejo de Investigación Nacional llevaran a cabo las investigaciones necesarias para determinar los efectos posteriores de la radiación entre los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki. Entre las víctimas se encontraron una gran cantidad de decesos indeseados, por ejemplo:

     - Prisioneros de guerra aliados.
     - Trabajadores chinos y coreanos.
     - Estudiantes de Malasia que estaban becados.
     - Cerca de 3200 ciudadanos estadounidense-japoneses.

Una de las primeras acciones de la ABCC fue la de observar los resultados de los embarazos en Hiroshima y Nagasaki, así como en una ciudad controlada experimentalmente -Kure-, para discernir las condiciones y resultados con los casos relacionados a exposición a la radiación. Algunos autores aseguran que la ABCC se negó a proporcionar tratamientos médicos para los supervivientes, salvo en casos estudiados e incluso, algunos aseguran que la atención médica fue negada para obtener 'mejores resultados' en la investigación.​ En 1975, se creó la Fundación para la Investigación de los Efectos Radioactivos (Radiation Effects Research Foundation) para asumir las responsabilidades de la ABCC.

DECESOS POSTERIORES AL BOMBARDEO


De acuerdo a la mayoría de las estimaciones, los efectos inmediatos mataron miles de personas en Hiroshima. En la estimación total de muertes de finales de 1945, se incluyen quemaduras, muertes relacionadas a la radiación; así como efectos agravados por la falta de recursos médicos, que se debía a que muchos profesionales de la salud murieron luego de que explotara la bomba y los que sobrevivieron ignoraban los efectos de la radiación, así que no sabían cómo tratar a las personas que continuaban llegando quemadas.​ Se ignoraban los efectos tardíos que la radiación podía producir, puesto que era la primera bomba de este modelo que se utilizó en el mundo. La calidad y cantidad de las radiaciones recibidas por las personas continuó envuelta en incertidumbre, ya que la potencia de la bomba debía ser calculada sólo a base de experimentos en reactores sobre otras armas y distintos ensayos.
Algunas otras fuentes aseguran que más de 200.000 personas fallecieron hasta 1950, ya sea a causa de cáncer y otros padecimientos a largo plazo. Entre 1950 y 1990, el 9% de las muertes ocasionadas por cáncer y leucemia entre los supervivientes al bombardeo se debió a la radiación de las bombas; entre ellas, se estima que 89 casos fueron por leucemia y 339 de distintos padecimientos de cáncer.​ La leucemia comenzó a aumentar en número de casos, tres años después de haber explotado la bomba; además, diez meses después de la explosión, empezó a aparecer la catarata en los supervivientes, y algunos de los niños que estaban por nacer tuvieron una disminución en el tamaño de la cabeza y en algunos se produjo algún tipo de retraso. Por lo menos once prisioneros de guerra fallecieron durante el bombardeo.
Los científicos creían que el impacto de la radiación desaparecería en 20 años. Aún hoy aparecen nuevas patologías relacionadas con la bomba atómica.

LOS HIBAKUSHA


Las víctimas supervivientes de los bombardeos son llamadas hibakusha (被爆者), una palabra en japonés que literalmente significa 'persona bombardeada'. Ser hibakusha -aseguran los supervivientes-, era como una maldición, que los estigmatizaba.​ Además de las enfermedades a las que se enfrentaron, estos supervivientes también tuvieron que lidiar con el rechazo del resto de la sociedad; vivían ocultando su condición, ya que nadie quería casarse con personas como éstas e incluso les negaban trabajos si se llegaba a conocer que eran hibakusha. Según estudios independientes realizados sobre distintas catástrofes, los hechos traumáticos alteran profundamente el conjunto de creencias esenciales que las personas tienen sobre sí mismas. Esto fue lo que ocurrió en Japón y más grave aún, dado que las personas eran rechazadas por la sociedad.
Por mucho tiempo, vivieron ignorando lo que había ocurrido y los efectos tardíos que esta situación podía tener en ellos o sus hijos.​ Un año y medio después de la tragedia, los supervivientes supieron que lo que ellos habían presenciado había sido la explosión de una bomba atómica.​ Tres años después se formaron por primera vez como asociación de víctimas para pedir ayuda al gobierno, para tratamientos, pues no tenían dinero y muchos morían.​ Para el año 2008, 243.692 hibakusha eran reconocidos por el gobierno japonés, la mayoría viviendo en dicho país.​ El gobierno además asegura que el 1% de dichos supervivientes padece alguna enfermedad asociada a la radiación.

Sólo tres años después de las bombas, el número de casos de leucemia entre los hibakusha ya era superior al de las poblaciones no expuestas y el aumento del riesgo relativo (comparado con grupos de control) tendría su pico a los siete años. Los que eran niños en 1945, presentaron los mayores índices de leucemia de todos los supervivientes. En cuanto a los distintos tipos de cáncer sólido (sarcomas, carcinomas y linfomas, por ejemplo), el aumento de la incidencia se detectó a los 10 años. El riesgo de sufrir un tumor se mostró además muy relacionado con la dosis de radiación recibida.
Y no sólo les envenenaron el cuerpo, también el alma. Los sucesivos seguimientos de los supervivientes muestran la alta incidencia de ansiedad o estrés postraumático. Aún hoy, años después, muchos hibakusha no se han recuperado de la pérdida no sólo de su familia o amigos, sino de toda su comunidad en apenas unos segundos.

Según cifras oficiales, en 2014, había 197.159 hibakusha vivos. La cifra no incluye a los hijos de supervivientes concebidos después de la bomba pero sí a unos 5.000 que aún estaban en el vientre de su madre cuando estallaron 'Little Boy' y 'Fat Man'. Otros muchos murieron antes de nacer. De los que nacieron vivos, una buena parte presentaban cuadros que eran nuevos para la ciencia médica: aberraciones cromosómicas, electroforesis (separación por campo eléctrico) de las proteínas o polimorfismos en el ADN.

Eizō Nomura fue el superviviente más cercano a la 'zona cero' que se conoce. Eizō se encontraba en el sótano de una moderna casa de descanso, a sólo 100 metros de distancia en el momento del ataque. Akiko Takakura fue también una de las supervivientes más cercanas al hipocentro de la explosión. Akiko se encontraba dentro del Banco de Hiroshima, a tan sólo 300 metros de la 'zona cero'.
Memoriales en Hiroshima y Nagasaki contienen listas de los hibakusha que se sabe han muerto desde los bombardeos. Actualizadas anualmente durante el aniversario de los bombardeos, los memoriales contienen los nombres de los hibakusha, en Hiroshima y en Nagasaki.

DESTRUCCIÓN EN LAS  ESTRUCTURAS


La ciudad se encontraba en ruinas. Aproximadamente el 69% de los edificios de Hiroshima fue destruido. Algunos edificios de hormigón en Hiroshima habían sido construidos con una gran resistencia debido al constante riesgo de sismos en Japón, y aunque su armazón no colapsó aún estando muy cerca del epicentro, las paredes mostraron un daño interno severo ocasionado por la presión descendente de la explosión.
Debido a que la bomba detonó en el aire, la explosión se enfocó más hacia abajo que hacia los lados, por lo que el edificio conocido como Cúpula Genbaku o Cúpula de la Bomba Atómica, pudo permanecer en pie a pesar de encontrarse a tan sólo 150 metros de la zona cero. Las ruinas fueron renombradas como Monumento de la Paz de Hiroshima y fue catalogado como Patrimonio de la Humanidad en 1996 con la objeción de los Estados Unidos y China.

HIROSHIMA Y NAGASAKI EN LA ACTUALIDAD


Tras el ataque atómico, Hiroshima fue reconstruida como una ciudad en memoria de la paz. El gobierno japonés continuó pidiendo la abolición de las armas atómicas y a mayor escala por la paz mundial.​ En mayo de 1949, el parlamento japonés declaró a Hiroshima como "Ciudad de paz" y a Nagasaki como "Ciudad de la cultura internacional".
Tanto en Hiroshima como en Nagasaki se han erigido una gran cantidad de monumentos, esculturas, ceremoniales y parques para recordar y conmemorar los eventos de agosto de 1945.

Se han cumplido más 70 años desde que Estados Unidos arrojó la primera bomba nuclear sobre Hiroshima en plena Segunda Guerra Mundial. Sus terribles efectos, que al día de hoy aún se sienten, marcaron un antes y un después en el arte de la guerra y en el uso de la energía atómica en los conflictos.

domingo, 2 de junio de 2019

HOY ES DOMINGO: ¡ÉSTE ES EL SÍNDROME QUE PODRÍAS SUFRIR AL ATARDECER!

     La historia establece que hace más de 1.500 años, el emperador Constantino decidió que el domingo -el día del venerable sol-, fuera un día de reposo en la cosmovisión tradicionalista. El 7 de marzo de 321, declaró que sería un día civil de descanso en las ciudades y en los campos; donde según el Código Justiniano "durante el domingo, debían cerrarse los talleres y los magistrados tendrían que descansar". Desde entonces, se descansa ese día, para conmemorar el nacimiento de Apolo, Dios del Sol.
        Asimismo, en el Éxodo se dice que "durante seis días trabajarás y harás todos tus trabajos; pero el día séptimo es el día para el Señor, tu Dios". El sábado es el día "para que descansen tu buey y tu asno, y para que el hijo de tu sierva, así como el extranjero renueven sus fuerzas". Lo que se hizo entonces, como en muchas ocasiones, fue adaptarse a una diversidad de ideas paganas. Y la justificación que encontraron para mover el día sábado, al día de descanso romano de Apolo, fue que el domingo resucitó Jesús. Entonces el sábado -séptimo día de la semana- fue sustituido como día de descanso, porque durante el domingo -el primer día de la semana-, Jesús resucitó y se reunió con sus discípulos. Por esto, la estructura de la semana se ha invertido. Ya no se dirige hacia el sábado sino hasta el domingo, para participar en el reposo de Dios.

EL CRECIENTE SENTIMIENTO NEGATIVO HACIA EL DOMINGO


En principio, el domingo para la mayoría es el día en el que de más libertad se dispone y en el que más puede disfrutarse del tiempo. Sin embargo, para muchos el domingo es terrible. Así sea un día soleado, tiene apariencia gris y a diferencia de las agradables tardes del sábado, el domingo tiene un indescriptible sabor amargo que muchos desconocen que tiene un nombre en el ámbito psicológico: el síndrome de domingo por la tarde. Este síndrome se caracteriza básicamente, por el inmovilismo, la inactividad y la desmotivación.
    Desde el punto de vista psicológico, las personas que experimentan sentimientos de apatía, tedio y sensación de vacío los domingos por la tarde anticipan la rutina agitada de los días siguientes. Se centran en los acontecimientos que les deparará la semana: como las prisas, el estrés, las exigencias laborales y el cansancio físico; convirtiéndose en sinónimo de tristeza, que viene marcada por la creencia de que volver al trabajo es enfrentarse con la realidad y con el automatismo. Y es que para muchas personas el trabajo provoca fuertes sensaciones de tensión que sólo se mitigan con los días de descanso, ya que durante la semana no recargan la energía física y mental perdida. También esas prisas, esas obligaciones y los horarios enmascaran la impresión de soledad que está presente a lo largo de la jornada. Entonces estos pensamientos anticipatorios, junto con la negatividad que éstos desencadenan, hacen que muchas personas sufran el presente síndrome. La razón es que en este día, todo indica que empezará el círculo repetitivo al día siguiente. Así que el día transcurre y las horas de descanso se agotan y es imposible sentirse relajados al pensar que todos los domingos se sienten como 'el filo de una navaja', donde imaginar lo que ocurrirá después, es suficiente para no disfrutarlo.
        Antes se temía la llegada del lunes, que era percibido como un símbolo del regreso a un itinerario semanal en el que el tiempo está perfectamente medido y planificado, hasta cierto punto. Ahora este momento se ha adelantado y se padece unas horas antes, cuando llega el atardecer peculiar de un domingo (que no se parece a los otros), cuando cae como 'una guillotina' sentenciando que hasta aquí llegaron las horas libres y que pronto comenzará lo que sigue. Pero todo comienza después del mediodía del domingo, cuando empieza a decaer el estado de ánimo de la persona. Empiezan a sentir frustración, se sienten tristes. Sienten que se les está acabando el tiempo.

Ya luego, este síndrome no implica una apatía al tiempo ni hacia las responsabilidades. No es una idea como tal de que los domingos son un mal día. No es tampoco un padecimiento nuevo, pues existen registros de publicaciones de Psicología desde hace varias décadas. En un ejemplo, los estadounidenses lo romantizaron con un nombre que oculta cuan angustiante puede ser para quien lo padece: "Sunday night blues" (la "tristeza de los domingos en la noche"). Esto se va extendiendo al grado de que pasan la noche en blanco y no duermen. El síndrome va aumentando y se cronifica.
Psicólogos aseguran que es un síndrome "multi-axial" en el que varias causas pueden ser detonantes de los cuadros de tristeza, estrés, ansiedad y depresión donde cada caso tiene sus particularidades. Las mujeres, con una mayor ventaja, tienden a ser más expresivas por socialización. Se quejan más, dicen más. En el caso de los hombres, por el asunto de la masculinidad malentendida y patrones patriarcales, tienden a callar más las cosas.
Después de todo, el fin de semana es el tiempo convencionalmente destinado para el descanso, quizá la reflexión; sin embargo, también es un espacio en el que muchos organizan actividades que no caben dentro del resto de los días. Muchísimas personas trabajan de lunes a sábado y sólo descansan el domingo, donde hacen más actividades pendientes. La persona entra en cansancio crónico.
Esta actitud, predomina en personas en las cuales es necesario el aprendizaje de habilidades de inteligencia emocional; como el conocimiento de sí mismos, el autocontrol y la automotivación. Y estas habilidades actúan como preventivas de síntomas negativos que invade una vez y otra cada domingo.