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sábado, 7 de septiembre de 2019

KAFKIANISMO Y LA METAMORFOSIS: AQUELLA MONSTRUOSA E INESPERADA TRANSFORMACIÓN DESPUÉS DE UN SUEÑO INTRANQUILO

         Siempre que se hace la evocación de algo como kafkiano, alguna cosa o situación, quiere decir que es incomprensiblemente complicada, extraña, irreal, caótica o paradójica; tal como las narraciones que solía reseñar Kafka. El adjetivo kafkiano (que traspasa de los herméticos muros de la filosofía al mundo cotidiano) se aplica a lo absurdo y fantástico, por referencia al universo angustioso y opresivo descrito por el escritor. Probablemente, la creación más famosa de Franz Kafka es "La metamorfosis". Fue publicada en octubre de 1915 en la revista Die weissen Blätter, dirigida por René Schickele, en la editorial Kurt Wolff de Leipzig y se perfila como una de las piezas clave en el conjunto de la obra del autor. Poco tiempo después, la misma editorial decidió publicarla como libro independiente dentro de su colección 'Der Jüngste Tag'.
Se trata de una novela que relata la vida de un ser humano convertido en un indefinible insecto y cómo esa transformación cambia sus costumbres y sus relaciones con el resto de su familia, hasta el conflicto. Este hombre, Gregorio Samsa, vivía en una casa con sus padres y su hermana situado primero en la normalidad. En todo el transcurso de la trama se respira un aire marcadamente angustiante, con un gran componente autobiográfico en mayor profundidad.

Este relato existencialista, es constante en ahondar acerca de la vida de un individuo frente a la sociedad; más particularmente, frente a la familia como su eslabón principal. Y aquel ente gregario y social junto con sus vivencias personales son entonces, el objeto principal, más allá de la anécdota que supone la transformación en un insecto. Lo importante es observar cómo interactúa con su entorno y cómo al final tiene que aceptar el trágico destino.
Sin embargo, hay una obsesión extrínseca de Kafka porque los lectores no se centraran en la transformación en aquel insecto. Franz Kafka, dice lo siguiente: "El insecto mismo no puede ser dibujado. Ni tan sólo puede ser mostrado desde lejos", ello haciendo hincapié en lo indecible.

LA METAMORFOSIS COMO AUTOBIOGRAFÍA EXISTENCIALISTA


Tal vez la médula espinal de una obra como La metamorfosis, se encuentre en el elemento autobiográfico que se percibe en cada línea. Y es que, en el contenido, se encuentran todos los temores y miedos interiores de Franz Kafka. Todos ellos expuestos a través del protagonista Gregorio Samsa.
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Una de las referencias biográficas más presentes, se encuentra en la interacción de Gregorio Samsa con su padre. Puede afirmarse que la relación entre Franz Kafka y su padre era, en algunos aspectos, muy similar. En la realidad paralela, Kafka se describe como un ser dominado, aplastado por un padre tiránico. Una clara circunstancia de inferioridad que aquí tiene su reflejo. Hace alusión también a un sentimiento subrayado de culpabilidad, pues sabe que nunca conseguirá ser lo que su padre quiere que sea. Esos dos sentimientos son los que le hacen fracasar en la vida. No obstante, él intenta que sus personajes traten de superar esos miedos, de rebelarse. Esto puede verse, cuando Gregorio trata de ir a trabajar aunque ha dejado de ser un humano y se ha convertido en insecto, o cuando se aferra al cuadro porque es lo único humano que le queda, desafiando a su hermana Grete.

Por tanto, la educación rígida del padre es en gran medida, la que crea inseguridad en Franz Kafka. Como ejemplo anecdótico, relata alguno de sus temores de niño, como el que los dos saliesen juntos del vestuario; el padre tan fornido como era y el hijo débil y delgado en extremo, quedando éste a expensas de las burlas. Desde el principio de la historia, se observa un protagonista indefenso, incapaz de valerse por sí mismo. Pero también se tienen antecedentes de que en un pasado no muy lejano, era él quien se ocupaba de la familia, y que tomó las riendas cuando su padre perdió el negocio. Esa idea está fehacientemente inspirada en su propia vida, pues su padre tenía una tienda que a Kafka nunca le gustó. De hecho, él le pide perdón en la carta que le escribe, por no haberse querido ocupar de ella.
La noción de la relación de inferioridad, se expresa contundentemente en la novelística, pues Gregorio queda convertido en insecto y se siente inseguro e inferior frente a su padre que le persigue con una escoba. Aunque inferioridad e inseguridad no sólo frente a su padre, también frente a toda su familia que le aísla en una habitación. Entonces cada vez se encierra más, pero no porque él se sienta diferente, sino porque el resto de la familia ha dejado de aceptarle. Se siente culpable porque ya no puede traer el dinero a casa como hacía antes, tampoco nunca podrá pagar las clases a Grete en el conservatorio porque su existencia ha quedado reducida a la mínima expresión, ahora no es más que la vida de un insecto que se dedica a comer y dormir. Nada puede cambiar eso, ni siquiera un sueño reparador. Aquí está reflejada una vez más esa culpabilidad de Franz Kafka por no llegar a ser lo que su padre quería y, sobretodo, la inferioridad antepuesta en el vínculo.

Es evidente que los episodios encajan en diversas ocasiones con las vivencias del propio Kafka, en su época y su pasado religioso. Él provenía de una familia judía, en donde lo típico era que el padre fuera la máxima autoridad con todo lo que ello implicaba. Esto provocó enfrentamientos directos entre Franz y su padre. Uno de tales fue que su padre quería que fuera comerciante, porque le parecía que ser abogado o escritor es de afeminados. Y todo este desprecio del padre al hijo se ve en el asco que le adjudica a Gregorio Samsa, principalmente, en la parte en la que el padre le hiere.
De la misma manera, cuando el protagonista a pesar de haberse convertido en un insecto y no desear más que conseguir llegar al trabajo, representa los problemas históricos que el mismo Kafka presenció en la Revolución Industrial. En esta época primaba la producción al bienestar de la mano productora. De ahí derivó la explotación y denigración del hombre, el cual se convirtió en una pieza de maquinaria, que si no funcionaba o lo hacía con desperfectos se cambiaba sin ningún problema. En este aspecto, es revelador el acercamiento del jefe de Gregorio Samsa a su casa para ver lo que ocurría. Y como en la mínima ocasión, aquél le tacha de poco trabajador y vago.

Posteriormente, Kafka habría reconocido explícitamente la relación entre La metamorfosis y su propia vida. Muchas veces se ha referido también la correspondencia entre el apellido del protagonista y el suyo, pues las vocales y la posición en la que están son iguales y la extensión de los apellidos es la misma. Cuando a Kafka se le planteó esta posibilidad, éste replicó: "No se trata de un criptograma. Samsa no es por entero Kafka. La metamorfosis no es una confesión, aunque sea, en cierto sentido, una indiscreción".

LA SÍMIL HISTORIA DE GREGORIO SAMSA


La novela se inicia con Gregorio despertando en su cama, ya convertido en insecto. En un primer momento, Gregorio Samsa no es consciente de la metamorfosis. Aún y eso, para él lo más importante es poder seguir haciendo su vida normal. Se resalta la ideación del trabajo y la familia por encima de todas las cosas, ya que es él quien trae el dinero a casa. Piensa que todo es un sueño y que si se vuelve a dormir, despertará de nuevo como un ser normal.
Pero cuando la concepción anterior es desechada, ahora empieza a aceptar que es un insecto y que, como tal, tiene que aprender a adaptarse a su nuevo aspecto físico y sus circunstancias. El jefe de Gregorio acude a su casa después de que éste no va al trabajo. Cuando regresa, habla mal de Gregorio, acusándole de vago y todo a pesar de que él quiere trabajar sea como sea. Cuando lo ve su familia, lo aíslan en su habitación y únicamente su hermana Grete se preocupa por dejarle comida.

Comienza así una nueva vida como insecto, recluido en su cuarto; aunado a que no dejan que la madre se acerque por temor a la impresión que le pueda dar, y el padre hace caso omiso de la situación. La familia se pregunta ahora quién es el que va a traer el dinero a casa, pues antes se ocupaba Gregorio cuando su padre tuvo que dejar su negocio.

Un proceso de animalización, no sólo físico sino mental, puede deducirse en las diferentes necesidades de Gregorio: dormir debajo del sofá, los alimentos que toma son diferentes a los de los humanos, el progresivo aislamiento y la necesidad de tener una habitación libre de objetos para poder circular sin problemas por todo el espacio.
Al mismo tiempo, el padre que se había convertido casi en un vegetal por la pérdida del negocio familiar, comienza a trabajar al igual que la mujer y la hermana. Esto contribuye a hacer mayor el aislamiento de Gregorio. Otro cambio significativo, es que antes tenían un ama de llaves y después una asistenta por horas que se ocupaba de la casa.

Lo más relevante, es la culminación del proceso de animalización. Es cuando deciden retirarle los muebles a Gregorio, lo que en primera instancia le alegra; pero después cae en la cuenta que se está deshumanizando, que su espíritu como ser humano se está desdibujando y ahora solamente es una caricatura de lo que antaño fue. Al percatarse de esto, decide aferrarse a lo único que tiene, el cuadro.

Aquí hay una cierta aproximación de la familia a Gregorio, pero de una forma extraña. Durante las cenas familiares, abren la puerta de la habitación de Gregorio y él sólo descubre a una familia en decadencia. Las cenas ahora son calladas y no como antes. Entonces, Gregorio empieza a morir.
         El término de la vida de Gregorio, viene marcada con la aparición de tres huéspedes. En este instante empiezan a utilizar su cuarto como trastero, aumentando el aislamiento. La actual convivencia con los inquilinos generará, sin embargo, conflictos. Los hombres son muy exigentes con la limpieza y la familia trata de mantener en secreto a Gregorio. Una noche, Grete tocará el violín para los inquilinos y éstos, atraídos por la música, la invitarán a tocar en el salón.

El desencadenante final está trazado con la aparición de Gregorio, ahí con los huéspedes. Fascinado por la melodía, sale de su habitación, en un último impulso de sensibilidad humana. Había ido a escuchar a su hermana y a decirle que hubiera querido pagarle las clases en el conservatorio. Pero al ser descubierto, se generará un gran alboroto que acabará con el abandono de los inquilinos de la casa y con Gregorio con una manzana incrustada en el caparazón, lanzada por el padre para ahuyentarlo. Ambos deciden que tienen que matarlo. Ni siquiera ellos están seguros de que ese insecto es él.

Luego de aquella confusión, la familia entiende que la situación de Gregorio es insostenible. Él también lo entiende así, de modo que decidirá encerrarse definitivamente en su cuarto, dejará de salir y desistirá de alimentarse, invadido por un profundo sentimiento de tristeza. Días después, la criada lo encontrará inerte en la habitación. Finalmente, Gregorio muere. La familia entonces se aleja de la casa y comienza una nueva vida.
Así que este relato de paralelismo biográfico, es indudablemente, una alegoría del enfrentamiento del hombre con su propia deshumanización ante un mundo moderno que lo oprime y lo borra.

lunes, 10 de junio de 2019

"NUNCA MÁS". LA ÚNICA FRASE APRENDIDA POR UN CUERVO DE SU AMO INFORTUNADO Y MELANCÓLICO

Quizá el poema de más envergadura escrito por Edgar Allan Poe, es "El Cuervo" de 1845; donde sólo hay un narrador que describe la escena de una noche densa y especial, cuando un cuervo toca a su puerta para nunca jamás marcharse. Ahí yace un hombre afligido por el recuerdo de su amada Leonora, a quien considera una virgen entre los ángeles de Dios. Vive inmerso en su recuerdo y es atormentado por la presencia de ese cuervo que le recuerda ensordecedoramente que ella "Nunca más regresará".
El cuervo negro, horrendo, delgado y con mirada diabólica postrado en el dintel de la puerta, sorprende al protagonista con su capacidad para hablar; si bien, no dice otra cosa que una misma frase. El ave llegó en una noche oscura para atribularlo con un par de palabras repetitivas y desalentadoras, que tal vez hubo aprendido de un infeliz amo de donde proviene: "Nunca más".

* * EL CUERVO * *


Una vez, al filo de una lúgubre medianoche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
"Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más."

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
"Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más."

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
"Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.z"
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: "¿Leonora?"
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: "¡Leonora!"
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
"Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio."
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
"Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: "Nunca más."

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
"Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas."
Y entonces dijo el pájaro: "Nunca más."

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
"sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de 'Nunca, nunca más'."

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: "Nunca más."

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
"¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta."
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas,
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

domingo, 2 de junio de 2019

HOY ES DOMINGO: ¡ÉSTE ES EL SÍNDROME QUE PODRÍAS SUFRIR AL ATARDECER!

     La historia establece que hace más de 1.500 años, el emperador Constantino decidió que el domingo -el día del venerable sol-, fuera un día de reposo en la cosmovisión tradicionalista. El 7 de marzo de 321, declaró que sería un día civil de descanso en las ciudades y en los campos; donde según el Código Justiniano "durante el domingo, debían cerrarse los talleres y los magistrados tendrían que descansar". Desde entonces, se descansa ese día, para conmemorar el nacimiento de Apolo, Dios del Sol.
        Asimismo, en el Éxodo se dice que "durante seis días trabajarás y harás todos tus trabajos; pero el día séptimo es el día para el Señor, tu Dios". El sábado es el día "para que descansen tu buey y tu asno, y para que el hijo de tu sierva, así como el extranjero renueven sus fuerzas". Lo que se hizo entonces, como en muchas ocasiones, fue adaptarse a una diversidad de ideas paganas. Y la justificación que encontraron para mover el día sábado, al día de descanso romano de Apolo, fue que el domingo resucitó Jesús. Entonces el sábado -séptimo día de la semana- fue sustituido como día de descanso, porque durante el domingo -el primer día de la semana-, Jesús resucitó y se reunió con sus discípulos. Por esto, la estructura de la semana se ha invertido. Ya no se dirige hacia el sábado sino hasta el domingo, para participar en el reposo de Dios.

EL CRECIENTE SENTIMIENTO NEGATIVO HACIA EL DOMINGO


En principio, el domingo para la mayoría es el día en el que de más libertad se dispone y en el que más puede disfrutarse del tiempo. Sin embargo, para muchos el domingo es terrible. Así sea un día soleado, tiene apariencia gris y a diferencia de las agradables tardes del sábado, el domingo tiene un indescriptible sabor amargo que muchos desconocen que tiene un nombre en el ámbito psicológico: el síndrome de domingo por la tarde. Este síndrome se caracteriza básicamente, por el inmovilismo, la inactividad y la desmotivación.
    Desde el punto de vista psicológico, las personas que experimentan sentimientos de apatía, tedio y sensación de vacío los domingos por la tarde anticipan la rutina agitada de los días siguientes. Se centran en los acontecimientos que les deparará la semana: como las prisas, el estrés, las exigencias laborales y el cansancio físico; convirtiéndose en sinónimo de tristeza, que viene marcada por la creencia de que volver al trabajo es enfrentarse con la realidad y con el automatismo. Y es que para muchas personas el trabajo provoca fuertes sensaciones de tensión que sólo se mitigan con los días de descanso, ya que durante la semana no recargan la energía física y mental perdida. También esas prisas, esas obligaciones y los horarios enmascaran la impresión de soledad que está presente a lo largo de la jornada. Entonces estos pensamientos anticipatorios, junto con la negatividad que éstos desencadenan, hacen que muchas personas sufran el presente síndrome. La razón es que en este día, todo indica que empezará el círculo repetitivo al día siguiente. Así que el día transcurre y las horas de descanso se agotan y es imposible sentirse relajados al pensar que todos los domingos se sienten como 'el filo de una navaja', donde imaginar lo que ocurrirá después, es suficiente para no disfrutarlo.
        Antes se temía la llegada del lunes, que era percibido como un símbolo del regreso a un itinerario semanal en el que el tiempo está perfectamente medido y planificado, hasta cierto punto. Ahora este momento se ha adelantado y se padece unas horas antes, cuando llega el atardecer peculiar de un domingo (que no se parece a los otros), cuando cae como 'una guillotina' sentenciando que hasta aquí llegaron las horas libres y que pronto comenzará lo que sigue. Pero todo comienza después del mediodía del domingo, cuando empieza a decaer el estado de ánimo de la persona. Empiezan a sentir frustración, se sienten tristes. Sienten que se les está acabando el tiempo.

Ya luego, este síndrome no implica una apatía al tiempo ni hacia las responsabilidades. No es una idea como tal de que los domingos son un mal día. No es tampoco un padecimiento nuevo, pues existen registros de publicaciones de Psicología desde hace varias décadas. En un ejemplo, los estadounidenses lo romantizaron con un nombre que oculta cuan angustiante puede ser para quien lo padece: "Sunday night blues" (la "tristeza de los domingos en la noche"). Esto se va extendiendo al grado de que pasan la noche en blanco y no duermen. El síndrome va aumentando y se cronifica.
Psicólogos aseguran que es un síndrome "multi-axial" en el que varias causas pueden ser detonantes de los cuadros de tristeza, estrés, ansiedad y depresión donde cada caso tiene sus particularidades. Las mujeres, con una mayor ventaja, tienden a ser más expresivas por socialización. Se quejan más, dicen más. En el caso de los hombres, por el asunto de la masculinidad malentendida y patrones patriarcales, tienden a callar más las cosas.
Después de todo, el fin de semana es el tiempo convencionalmente destinado para el descanso, quizá la reflexión; sin embargo, también es un espacio en el que muchos organizan actividades que no caben dentro del resto de los días. Muchísimas personas trabajan de lunes a sábado y sólo descansan el domingo, donde hacen más actividades pendientes. La persona entra en cansancio crónico.
Esta actitud, predomina en personas en las cuales es necesario el aprendizaje de habilidades de inteligencia emocional; como el conocimiento de sí mismos, el autocontrol y la automotivación. Y estas habilidades actúan como preventivas de síntomas negativos que invade una vez y otra cada domingo.