Mostrando entradas con la etiqueta #dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #dolor. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de febrero de 2020

X-RIMA: EL POEMA DE AMOR MÁS INOCENTE DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER. "ES EL AMOR QUE PASA" (Y AÚN YO ESPERO QUE PASE)

RIMA-X

Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la Tierra se estremece alborozada.

Oigo flotando en olas de armonías,
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran...?¿Qué sucede?

¿Dime?

¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!


EL POSROMÁNTICO GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER


Gustavo Adolfo Domínguez Bastida (Sevilla, 1836-Madrid, 1870) fue un poeta español, el máximo representante de la poesía posromántica; tendencia que tuvo como rasgos distintivos la temática intimista y una aparente sencillez expresiva, alejada de la retórica vehemencia del romanticismo. Su obra está atravesada por lo fantástico y, en cierta forma, por el horror. Desde sus relatos, leyendas y poemas Bécquer exploró siete temas principales: el orientalismo, el amor, la muerte, la vida de ultratumba, la hechicería, lo religioso y el animismo.
Entonces, Gustavo Adolfo Bécquer fue un poeta del romanticismo tardío. No logró alcanzar en vida el mérito y el prestigio que su obra reclama, en particular sus "Rimas y Leyendas" de notable influencia en el relato fantástico del siglo XX y, que inclusive, hasta varios años después de su muerte se le reconoció como un gran autor. Fue un romántico en pleno auge del realismo pomposo y engañosamente trascendental al que jamás se sumó, en virtud que argumentaba que la verdadera poesía no podía hallarse en la lírica y la retórica vacía de dicho realismo, sino en aquella declaración de principios morales y estéticos que implicó el romanticismo como corriente.

La obra de Bécquer ejerció un fuerte influjo en figuras posteriores como Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la generación del '27, además que la crítica lo concibe como el iniciador de la poesía española contemporánea. Pero más que un nombre relevante de la historia literaria, es sobretodo un poeta vivo y popular en todos los sentidos de la palabra, cuyos versos de conmovida voz y alada belleza han sido -y siguen siendo- de la predilección de millones de lectores.
Su inmensa fama poética se basa en sus "Rimas", que iniciaron la corriente romántica de poesía intimista inspirada en Heine y claramente opuesta a la retórica y ampulosidad de los líricos románticos anteriores. La detracción literaria del momento, sin embargo, no acogió bien sus poemas aunque su nombradía no dejaría de crecer en los años siguientes.

"Rimas" es una colección de poemas del romanticismo del escritor sevillano, publicado originalmente en 1871. La antología reúne buena parte de los poemas de amor de Gustavo Adolfo Bécquer; más precisamente 76 poemas compilados en la primera edición, cifra que luego ascendería a 96 en posteriores publicaciones.
Tras su muerte, amigos y colaboradores ordenaron una vasta cantidad de material inédito. De aquella cuestionable recopilación, se desprenden dos obras fundamentales: "Leyendas y Obras"; básicamente, la primera edición de la mencionada "Rimas". Tiempo después, se halló un manuscrito que se creía perdido entre sus pertenencias -"El libro de los gorriones", fechado en 1868- donde el autor ya había previsto casi todos los poemas editados en este libro.

"Rimas", probablemente contiene los mejores poemas del romanticismo español. Su estilo combina la meditación con la imaginación más exuberante, y conduce por un sendero sumamente suelto y repleto de imágenes fantásticas.

"Siendo el amor como una estrella fugaz con un brillo incomparable, así es esa persona, pero sólo la ves pasar; esa estrella por unos segundos, tan lejos y que se pierde y se apaga poco a poco, hasta el día que no queda nada".

En la estructura externa de la "Rima X" se aprecian dos estrofas, en las cuales en el verso nueve, diez y once aparece un diálogo consigo mismo donde se pregunta acerca de la transformación de la naturaleza y él en el instante se responde que se modifica a causa del amor. La métrica de esta rima, son versos endecasílabos de rima libre y la clase de rima es asonante.

En esta rima, introduce elementos de la naturaleza donde éstos se van transformando: entre el primer y segundo verso, aparecen los átomos; en el tercero, el cielo que se deshace; en el cuarto, la Tierra que se estremece y en el quinto y sexto, el sonido de las olas, el rumor de besos y el batir de alas en conjunto armónico. Parece que él queda sorprendido y quiere saber por qué sucede. La causalidad, es -y será- el amor.
Asimismo, aparecen una serie de recursos que son un paralelismo, una personificación y una gradación a través de componentes que cada vez se van acercando más al poeta. Las sensaciones que provoca este poema, es que el amor puede llegar a cambiarlo todo y en cualquier momento. También que el amor es medular y lo suficientemente importante.

Bécquer utiliza una poesía subjetiva que busca la perfección formal por medio de su sencillez.
En definitiva, la "Rima X" se centra sustancialmente en el sentimiento inevitable del amor, como muchas otras de sus rimas. Gustavo Adolfo Bécquer, está considerado como el íntimo poeta romántico y primero moderno. Cuando se lee a Bécquer, puede sentirse que por primera vez un poeta exterioriza el lado vulnerable de su vida con autenticidad y sin imaginación… su dolor, su existencia interior y su trayectoria vital que muestra despiadadamente a todos.

miércoles, 21 de agosto de 2019

CHARLES BAUDELAIRE. LAS FLORES DEL MAL (LES FLEURS DU MAL): SU MÁXIMA OBRA CENSURADA POR LA MORALIDAD DE LA ÉPOCA

      Invocar los poemas de Charles Pierre Baudelaire (1821-31-1867) para evitar que el corazón se marchite, paradójicamente es remitirse a un paisaje tortuoso y decadente. Baudelaire fue un poeta, ensayista, crítico de arte y traductor francés. Paul Verlaine lo incluyó entre los poetas malditos de Francia del siglo XIX, debido a su vida bohemia y de excesos, y a la visión del mal que impregna su obra. Sin embargo, en sus poemas también se reconocen los elementos claramente románticos; entonces el genio y el poeta, son malditos para la sociedad por su bendición y capacidad de comunicarse con la naturaleza. Aunque esta virtud se paga con soledad y el sentimiento de la indiferencia, la incomprensión y la persecución.
       De este modo, la persona que tiene una sensibilidad innata tendrá que vagar por el mundo, como lo hizo Baudelaire; quien se abandonó al vértigo del infierno, o mejor dicho, a la Tierra mundana. Él nunca creyó formalmente en Dios, pero sí aceptó un poder superior que se escondía bajo la concepción de lo ideal. Y ante su imposibilidad de alcanzar lo supremo, se dejó carcomer por los sentimientos de maldad que habitan en el universo.

         Para el poeta maldito, la vida es un aprendizaje a partir del sufrimiento y la desdicha. Éste ser, que también es víctima de la feminidad terrible, está condenado a ser infeliz en este plano terrenal y lo único que le permite soportar el dolor es un consuelo divino. Por eso la figura del poeta es un santo, cuya estancia en la Tierra es una larga peregrinación, que debe de aceptar porque el dolor es el remedio a sus impurezas.
       La palabra 'spleen' -pieza fundamental para su libro "Las flores del mal" (1857)-, designa un estado mental de profunda melancolía. El título del primer apartado de esta antología poética es "Spleen et Idéal", a manera de contradicción o de palabras que se aniquilan la una a la otra. Con esta sencilla conjunción Baudelaire demuestra que el ideal, si pudiese ser alcanzado, sería el único y verdadero remedio para el spleen. Por consiguiente, el fracaso ante el ideal provoca la terrible melancolía que azotó al poeta maldito y que lo envolvió en las tinieblas hasta la muerte.

Las flores del mal (título original en francés: Les Fleurs du mal), es una colección de poemas de Charles Baudelaire. Considerada la obra máxima de su autor, abarca casi la totalidad de su producción poética desde 1840 hasta la fecha de su primera publicación. La primera edición constó de 1.300 ejemplares.
Las Flores del mal, es sobresaliente como una de las compilaciones más importantes de la poesía en la modernidad; aspecto que ejerció una influencia considerable en poetas como Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé o Arthur Rimbaud.

El libro debió llamarse en principio "Los limbos" o "Las lesbianas", pues la intención primitiva era la de escribir sobre los pecados capitales; aunque Baudelaire renunció a ello, siguiendo los consejos de un amigo. Dicho libro fue catalogado de inmoral, ya que exaltaba el goce de la vida y de las pasiones.
A lo largo de toda la obra, Baudelaire juega sobre las correspondencias verticales y horizontales que más adelante inspirarán a otros muchos poetas; todo su poemario se construye como un itinerario moral, espiritual y físico. Divide el libro en siete partes, introducidas por el famoso poema Al lector: Esplín e ideal, Cuadros parisinos, El vino, Las Flores del mal y Rebelión, con una conclusión final: La muerte. Esta obsesión de que no consideraran su libro como una mera recopilación de poemas, sino como un libro con principio y fin, en el que todos los poemas se subordinan al ser elementos de una estructura general rigurosa; incidirá profundamente en poetas desde Stéphane Mallarmé hasta Jorge Guillén en su obra "Aire nuestro", y dará lugar a una serie de investigaciones sobre la posible asociación numerológica o astrológica e incluso un paralelismo con la Divina Comedia.

CONDENA POR LA PUBLICACIÓN DEL LIBRO EN 1857


El 20 de agosto de 1857, el autor es acusado de ultraje a la moral pública, por lo que se ve obligado a quitar seis de sus poemas. Ha de tenerse en cuenta que Baudelaire, a raíz de esta condena, se decidió a cultivar otro género literario que él califica más peligroso todavía que el poema en verso: el poema en prosa, del que nacerán "Los pequeños poemas en prosa" (o también conocido como "El spleen de París".
La condena por la publicación de Las flores del mal debido a su contenido herético y erótico, es un caso controvertido. Muchos de los poemas aparecidos en este libro, ya los había publicado Baudelaire en diversos periódicos sin penalización alguna. Pero la contradicción reside en la política ambigua contra ciertos escritores durante el gobierno de Napoleón III. En un principio la multa fue de 300 francos, reducida luego por la emperatriz a 50 francos, cuando por la publicación de los ejemplares de Las Flores del Mal cobró una octava parte del precio de catálogo, o 25 céntimos (el doble que por la traducción de cinco volúmenes de Edgar Allan Poe, que hizo entre 1856 y 1865): lo que se resume a un cobro de 275 francos menos la multa inicial reducida a 50.

La multa contrasta con el hecho de que Baudelaire recibía del estado francés 2500 francos -sueldo medio anual de un funcionario- de ayuda a la creación literaria, o el subsidio por enfermedad (la sífilis, de la que moriría en 1867 y que le mantendría durante su último año de vida bajo los síntomas de afasia y hemiplejía) para sufragar los gastos de la clínica en París. Este doble papel de la autoridad quería mantener la imagen de mártir de sus literatos, sin afectarlos directamente, circunstancia ésta que no destacan sus hagiógrafos.
La sífilis que padecía le causó un primer conato de parálisis en 1865 y los síntomas mencionados que arrastraría hasta su muerte, aparecieron con violencia en marzo de 1866, cuando sufrió un ataque en la iglesia de Saint Loup de Namur. Trasladado urgentemente por su madre a una clínica de París, permaneció sin habla, pero lúcido hasta su fallecimiento, en agosto del año siguiente. Fue enterrado en el Cementerio de Montparnasse, junto a la tumba de su padrastro. Su epistolario se publicó en 1872; los "Journaux intimes" (que incluyen Cohetes y Mi corazón al desnudo), en 1909; y la primera edición de sus obras completas, en 1939.

Tras su muerte, Charles Baudelaire sería considerado el padre o gran profeta de la poesía moderna.

"Ángel lleno de gozo, ¿sabes lo que es la angustia,
la culpa, la vergüenza, el hastío, los sollozos
y los vagos terrores de esas horribles noches
que al corazón oprimen cual papel aplastado?

        Ángel lleno de gozo, ¿sabes lo que es la angustia?"

lunes, 10 de junio de 2019

"NUNCA MÁS". LA ÚNICA FRASE APRENDIDA POR UN CUERVO DE SU AMO INFORTUNADO Y MELANCÓLICO

Quizá el poema de más envergadura escrito por Edgar Allan Poe, es "El Cuervo" de 1845; donde sólo hay un narrador que describe la escena de una noche densa y especial, cuando un cuervo toca a su puerta para nunca jamás marcharse. Ahí yace un hombre afligido por el recuerdo de su amada Leonora, a quien considera una virgen entre los ángeles de Dios. Vive inmerso en su recuerdo y es atormentado por la presencia de ese cuervo que le recuerda ensordecedoramente que ella "Nunca más regresará".
El cuervo negro, horrendo, delgado y con mirada diabólica postrado en el dintel de la puerta, sorprende al protagonista con su capacidad para hablar; si bien, no dice otra cosa que una misma frase. El ave llegó en una noche oscura para atribularlo con un par de palabras repetitivas y desalentadoras, que tal vez hubo aprendido de un infeliz amo de donde proviene: "Nunca más".

* * EL CUERVO * *


Una vez, al filo de una lúgubre medianoche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
"Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más."

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
"Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más."

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
"Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.z"
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: "¿Leonora?"
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: "¡Leonora!"
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
"Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio."
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
"Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: "Nunca más."

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
"Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas."
Y entonces dijo el pájaro: "Nunca más."

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
"sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de 'Nunca, nunca más'."

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: "Nunca más."

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
"¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta."
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas,
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!