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domingo, 28 de julio de 2019

UN 'SEXTO SENTIDO' DE LOS ANIMALES LES PERMITE PREDECIR TERREMOTOS Y OTRAS CATÁSTROFES NATURALES, SEGÚN LA NASA

       Ante lo inexorable e impredecible de la naturaleza, se ha investigado si existe o no, un sexto sentido en los animales para predecir terremotos o catástrofes naturales. Hasta ahora, resultaba revelador que frente a un acontecimiento de esta magnitud, el número de animales muertos fuera menor que las vidas humanas. Parece que sí, y la ciencia ha dado con la preliminar clave, ya que científicos y miembros de la NASA han buscado las primeras respuestas para entender cómo ciertos animales predicen con varios días de antelación un terremoto. Principalmente, los cambios químicos que produce la corteza de la Tierra, es lo que alerta a muchas especies y produce el éxodo. Un hallazgo que podría dar con una de las predicciones más exactas ante los mismos y, por tanto, con el método preventivo más eficiente hasta la fecha.
         La historia ha indicado décadas atrás, cómo ciertas familias de animales se adelantaban a los acontecimientos. En 1975, en la zona de Haicheng en China, se pudo observar cómo muchas serpientes salían de las madrigueras un mes antes de que la ciudad fuera golpeada con un terremoto de gran magnitud. Y como este caso, se han reproducido varios en la historia. La mayoría en zoológicos, lugar donde al hombre le ha resultado sencillo observar la conducta de los animales ante un terremoto. De hecho, en la provincia de Cantón se utilizan a los animales como sensores de terremotos; un 'arma' perfecta contra el movimiento, ya que los animales sufren un gran estrés antes de que la Tierra comience a temblar.

        En 2004 un tsunami masivo dejó más de 260.000 muertos, luego de que olas de hasta 30 metros engulleran las costas de Sri Lanka, Indonesia, Tailandia y otros países cercanos.

Entre las zonas más afectadas se encontraba el Parque Nacional de Yala, una reserva natural habitada por un gran número de especies animales; como ciervos, elefantes, orangutanes y algunos felinos. Sin embargo, apenas se registraron muertes entre los animales, que parecían haber huido instantes antes de que se desatara el infierno.

        En todos los casos, no había respuesta científica. Quedaba claro que los animales tenían o poseían una percepción rara por la que predecían antes que el hombre. Quizá un sexto sentido.
         La respuesta final, parece derivarse del propio estrés de la Tierra ante los movimientos, una reacción en cadena que acaba llegando a grupos de animales antes que al hombre. Además, ciertos animales pueden detectar los cambios químicos que se producen en las aguas subterráneas, cuando un terremoto está a punto de acontecer.

Y cinco años después, la investigación comenzó una vez que los científicos al estar estudiando los hábitos reproductivos, observaron cómo una colonia de sapos abandonaba su estanque en L'Aquila (Italia) en el año 2009; días antes de que se produjera el terremoto de casi 6 grados que sacudió la ciudad, dejando tras de sí a 300 muertos y 1.500 heridos. Los científicos comenzaron entonces a estudiar los efectos químicos que se habían producido alrededor, como respuesta al movimiento de los sapos.

Los investigadores encontraron que la corteza de la Tierra había liberado una reacción en las aguas subterráneas, cuando está comprobado que los animales que viven cerca de estas aguas, son muy sensibles a cualquier tipo de cambio en su composición química.

La diferencia con cualquier caso de catástrofe natural frente a un terremoto, es que los movimientos de la Tierra son acontecimientos variables, muchas veces imposibles de predecir con exactitud. El caso de los sapos abrió una investigación diferente a las anteriores.
La NASA, ha estudiado los cambios químicos que se producen cuando las rocas se encuentran bajo un estrés extremo. Esta agencia espacial, se preguntaba si tales cambios estaban relacionados con el éxodo masivo.

El trabajo de investigación, reveló que estos cambios estaban conectados y que la corteza de la Tierra podría afectar directamente a la química de la laguna donde vivían los sapos. Las rocas que se encontraban con estos grandes niveles de estrés liberaban partículas cargadas que salían y se expandían, llegando a la superficie de la Tierra y reaccionando con el aire, convirtiéndose finalmente en iones. La reacción terminaría en el agua transformándose en peróxido de hidrógeno. Esto puede ser percibido por animales acuáticos, como los sapos, que huirían para evitar los efectos de su toxicidad.

La cadena de acontecimientos afecta a la materia orgánica disuelta en el agua del estanque, convirtiendo la materia orgánica inocua en sustancias tóxicas para los animales acuáticos.

Este asombroso descubrimiento, se ha considerado como el primer mecanismo convincente posible de que existe una señal 'pre-terremoto' en los animales acuáticos, semi-acuáticos y de madrigueras que podrían ser capaces de sentir y responder a ellos. Y si se piensa en la gran cantidad de cambios que suceden en estas rocas, los animales tienen que ser afectados de alguna manera.
Finalmente, la respuesta que da la NASA, sitúa el hallazgo como un futuro sistema de detección.

Todo ello, en el entendimiento de que todas estas señales están correlacionadas; y si cuatro de las cinco señales apuntan en la misma dirección, puede decirse que en el futuro algo va a suceder.

VERDAD O MITO


Hasta ahora se han buscado las causas físicas y biológicas de este fenómeno de probable predicción, pero algunos datos demuestran que la correspondencia no es tanta como parece y existe un entredicho.
Todos estos eventos naturales, han llevado tradicionalmente a los investigadores a intuir la posibilidad de que los animales tengan la capacidad de predecir catástrofes naturales. No obstante, sigue habiendo una lucha de opiniones entre los que creen que debe haber una razón para ello y los que piensan que podría ser poco más que una casualidad.

Y fueron precisamente estos eventos, los que impulsaron uno de los mayores estudios que se han hecho al respecto, donde estos resultados sirvieron de base para dar lugar a una investigación más amplia sobre los cambios químicos generados por situaciones de estrés extremas sobre la superficie terrestre.

Otros científicos han analizado también la capacidad de algunos animales, como las abejas, para detectar la humedad en el aire. Esto explicaría por qué una zona poblada por abejas, puede quedar repentinamente desierta poco antes del desarrollo tanto de una tormenta como de un episodio leve de lluvia.

Por otro lado, también se ha investigado el potencial de algunos animales para detectar pequeñas vibraciones imperceptibles para los seres humanos. Los insectos, por ejemplo, podrían percibirlos a través de la superficie de las patas. Esto podría explicar, en tal caso, por qué se han documentado casos de hormigas que huyen de sus hormigueros justo antes de un terremoto.
Otras teorías, como la detección de los campos magnéticos y la presión atmosférica por parte de las aves o la percepción de pequeños cambios en la temperatura del agua de algunos animales acuáticos, como el tiburón, podrían dar respuesta a esta real incógnita.

Empero, un nuevo estudio publicado en Bulletin of the Seismological Society of America, apunta a un error en el enfoque de este tipo de estudios y utiliza la estadística para analizar si realmente hay una correlación entre el desarrollo de catástrofes naturales y la predicción por parte de los animales.

LAS CONSIDERACIONES DE LA ESTADÍSTICA


Actualmente, un equipo de investigadores del Centro Alemán GFZ para las Geociencias, ha reunido un total de 180 publicaciones en el que se analiza el comportamiento anormal de algunos animales en las etapas previas a un terremoto.
En total estos estudios analizaron 729 anomalías detectadas en 160 terremotos, especialmente el de Darfield (Nueva Zelanda) de 2010, el de Nagano-ken Seibu (Japón) de 1984, y; por supuesto, el de L'Aquila.

Se analizó también la reacción de 130 especies, desde perros hasta pequeños gusanos de seda. Todo parecía apuntar a una clara conexión entre el desarrollo de terremotos y la huida de los animales. Sin embargo, la inmensa mayoría de estudios se basaban en una sola observación puntual en etapas previas a un terremoto.

Apenas existen estudios que relaten casos en los que un número elevado de animales muestre comportamientos anómalos durante un período largo de tiempo. Lógicamente, los casos aislados trascienden, por lo curiosos que resultan. Pero, según este estudio, estadísticamente se trataría de situaciones muy aisladas.

De cualquier modo, estos investigadores no descartan que sí pueda haber un grado correlativo entre ambos sucesos; pero consideran que para comprobarlo se debería hacer un seguimiento exhaustivo de los animales, durante un período de tiempo amplio antes de la llegada del temblor.
Quizá así, algún día se desentrañe completamente el misterio y los animales puedan contribuir a salvar millones de vidas. Hasta entonces, si hay que afirmar una realidad en torno a este tema, es que sí hay algunos animales con la capacidad incuestionable de salvar vidas. Sea directa o indirectamente.

viernes, 19 de julio de 2019

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DEL CORAZÓN ROTO O CARDIOMIOPATÍA DE TAKOTSUBO? ¿EXISTE CORRELACIÓN ENTRE CORAZÓN Y CEREBRO?

        El Síndrome del corazón roto a menudo puede confundirse con síntomas de un ataque al corazón. Y más del 90% de quienes padecen esta enfermedad, son mujeres.
     Su nombre médico es cardiomiopatía de Takotsubo. El 'síndrome del corazón roto' es una enfermedad cuyos síntomas principales son ahogo y dolor en el pecho, característicos de los ataques cardíacos. Este síndrome se puede desencadenar por un shock y, aunque es distinto a un ataque de esta naturaleza, sí comparte cierta sintomatología. Dicha enfermedad se asocia al estrés emocional. Esta condición se da en algunas personas cuando, tras vivir una experiencia emocional triste o estresante, el corazón falla y se debilita. Tales experiencias pueden ser, por ejemplo, la pérdida de un ser querido. Se ha detectado que este tipo de pérdida, es uno de los desencadenantes de ese padecimiento. De ahí el origen de su nombre.
Generalmente, su disparador es una experiencia de tristeza. Pero hay otros acontecimientos que implican muchas emociones que también pueden estar relacionados. Aunque algunas personas que padecen el síndrome no son capaces de identificar qué hecho concreto desencadenó el dolor que remite a los días, semanas o meses.

Además, el apetito disminuye cuando se tiene el corazón roto.

Romper el corazón, según estudios, el trastorno parece deberse a un aumento en el nivel de hormonas relacionadas al estrés. El músculo cardíaco se resiente y se debilita, hasta el punto en que el ventrículo izquierdo adquiere una forma cónica.
Para entender el síndrome del corazón roto, es necesario comprender la manera en la que el cuerpo reacciona al estrés (y conocer un poco acerca del arte japonés de la pesca de pulpo). El término 'síndrome del corazón roto' surgió después de que numerosos investigadores notaron que varias personas con la enfermedad, curiosamente estaban en duelo.

De los primeros pacientes diagnosticados, varios acababan de experimentar la muerte de un ser querido; como el cónyuge, el padre o la madre. Algunos de ellos, incluso comenzaron a tener síntomas durante el funeral. Por otra parte, otros pacientes acababan de experimentar traumas como un accidente automovilístico o un asalto. Inclusive, se dice que se atendió a una mujer que llegó a la unidad de cuidados intensivos el mismo día de su cumpleaños número 60, después de ser recibida por los invitados con un ¡Sorpresa!
      Todo este tipo de sucesos pueden activar, en mayor o menor forma, el sistema nervioso simpático, aseguran expertos dedicados a estudiar los problemas emocionales de las enfermedades del corazón. Bajo niveles extremos de estrés, el cuerpo da rienda suelta a una liberación de productos químicos, incluyendo la adrenalina. Esta inundación repentina puede aturdir al corazón, dejándolo incapaz de bombear adecuadamente.

SÍNDROME DE TAKOTSUBO


¿Por qué se llama así? Tako-Tsubo, es una olla que se utiliza en Japón para capturar criaturas marinas. Cuando los primeros investigadores japoneses observaron las imágenes de corazones con este síndrome, se percibió que el ventrículo izquierdo había tomado una forma inusual, parecida a la de esta olla de pesca.
Durante un episodio de la enfermedad, el músculo del corazón puede verse tan profundamente afectado que queda impedido para bombear la sangre hacia el cuerpo con la suficiente fuerza. Como resultado, el paciente puede desarrollar insuficiencia cardíaca. Lo anterior puede atentar contra la vida. Los síntomas son tan similares a los de un ataque al corazón que muchas veces los paramédicos y médicos no notan la diferencia en un principio.

LA SINTOMATOLOGÍA


Entre los síntomas están:

• Dolor de pecho
• Dificultad para respirar
• Dolor de brazo
• Sudoración
        Por ello, aunque se puede ser víctima de la misma dolencia, nunca debe preguntarse si se tiene o no. No debe correrse el riesgo. Lo mejor es ir directamente al hospital. Y también algunos afirman que tener cólicos menstruales, es similar a sufrir un ataque en el corazón.

EL DIAGNÓSTICO DE UN CORAZÓN ROTO


Las claves más importantes para el diagnóstico correcto, son la edad y sexo. Lo alarmante es que más del 90% de los casos notificados hasta la fecha, son mujeres. Sin embargo, es especialmente común después de la menopausia.
Según el American Journal of Cardiology, se sugiere que aproximadamente el 2% de personas que parecen estar teniendo un ataque al corazón, en realidad están teniendo el síndrome del corazón roto. Entre las mujeres, el número puede ser superior al 5%. Si se acaba de pasar por una situación dolorosa, estrés o trauma emocional, esto puede ocasionar el problema; así como estrés físico, causado por la baja de azúcar en la sangre o un ataque de asma.

        Para diagnosticar el síndrome de corazón roto, los médicos realizan una angiografía. Ésta proporciona imágenes de los principales vasos sanguíneos que irrigan el corazón. Durante un ataque al corazón, una o más arterias han sido bloqueadas. En cambio, durante el síndrome de corazón roto, los vasos sanguíneos permanecen estables.
Asimismo, también se lleva a cabo un ecocardiograma, que es una prueba diagnóstica que ofrece una imagen en movimiento del corazón. Mediante ultrasonidos aporta información acerca de la forma, el tamaño y la fuerza del corazón, el movimiento y grosor de sus paredes y el funcionamiento de sus válvulas.

PARA SANAR


Lo increíble de esta dolencia es que alguien puede haber experimentado síntomas un lunes y el jueves, literalmente, puede estar preparándose para ir a casa. Posteriormente, es posible que los enfermos deban tomar medicamentos para el corazón; tales como los bloqueadores beta o inhibidores de la ECA, durante un tiempo limitado. Sin embargo, los expertos no saben si estos medicamentos son necesarios en el largo plazo.

NUESTRO CEREBRO PUEDE SER EL RESPONSABLE


       El culpable de que el corazón sufra cuando se vive una experiencia muy triste, puede ser el propio cerebro.
      Es un síndrome del que todavía no se sabe mucho, pero un trabajo de investigación sugiere que la forma en la que nuestro cerebro reacciona al estrés puede ser la clave.

        Al estudiar lo que ocurría en el cerebro de pacientes con el síndrome del corazón roto, lo que observaron fueron unas diferencias notables en comparación con los resultados obtenidos de los pacientes sanos del grupo de control.
Entre los pacientes con el síndrome del corazón roto, vieron que había menos comunicación entre las regiones del cerebro involucradas en el control de las emociones y las respuestas corporales inconscientes y automáticas, tales como los latidos del corazón.

Se cree que éstas son las zonas del cerebro que controlan también la forma en la que respondemos al estrés. Las emociones se procesan en el cerebro, así que es posible que la enfermedad se origine ahí mismo y que afecte al corazón.

Eso sí, todavía no se entiende perfectamente la conexión que explique este tipo de causa-efecto entre los dos órganos y los científicos, aseguran que es necesaria una mayor investigación para dar respuestas a este complejo tema.

jueves, 27 de junio de 2019

CONSECUENCIAS ATROCES EN EL DÍA Y EN EL TIEMPO (PARTE II). LOS BOMBARDEOS DE HIROSHIMA Y NAGASAKI

Harry Truman anuncia a los estadounidenses el bombardeo de Hiroshima por radio el 9 de agosto de 1945. Dieciséis horas después del ataque, el presidente anunció públicamente desde Washington D.C. el uso de una bomba atómica:

"Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado. Con esta bomba hemos añadido un nuevo y revolucionario incremento en destrucción a fin de aumentar el creciente poder de nuestras fuerzas armadas. En su forma actual, estas bombas se están produciendo. Incluso están en desarrollo otras más potentes. [...] Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos, vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra. [...] El 26 de julio publicamos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones, pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra".
El anuncio de Truman fue la primera noticia real que se tuvo en Tokio de lo que había pasado e inmediatamente se formó el Comité de Contramedida de la Bomba Atómica, integrado por personal del ejército, la armada y ministerios del interior. A pesar del nombre del comité, gran parte de los integrantes dudaban que efectivamente se hubiera utilizado una bomba atómica, pues se creía que la tecnología estadounidense no estaba tan avanzada como para desarrollarla, ni para transportarla por todo el Océano Pacífico. Sólo cuando el personal fue a la zona a investigar la destrucción ocurrida, aceptaron que ninguna bomba convencional podría haber causado tanto daño.

El 8 de agosto, unos periódicos en Estados Unidos informaban sobre las descripciones de la devastación retransmitidas por las emisoras de Radio Tokio: "Prácticamente todas las cosas vivas, humanos y animales, se quemaron hasta la muerte", decían los locutores japoneses en una transmisión interceptada por los aliados.
Sin embargo, había otros planes para más ataques atómicos. Los Estados Unidos esperaban tener otra bomba atómica lista para ser utilizada durante la tercera semana de agosto, tres más en el mes de septiembre y otras tres para octubre.

El 10 de agosto, el mayor general Leslie Groves, director militar del Proyecto Manhattan, envió un memorándum al general del Ejército George Marshall en el que se leía: "La siguiente bomba [...] deberá de estar lista para entregarse al primer día de tiempo adecuado, después del 17 ó 18 de agosto". Ese mismo día, Marshall endosó el documento con el comentario "No se soltará sobre Japón sin la orden expresa del Presidente". En el Departamento de Guerra se llevaba, además, un debate sobre conservar la producción de las bombas atómicas hasta que se llevara a cabo la Operación Downfall, la invasión a Japón.

COMISIÓN DE VÍCTIMAS DE LA BOMBA ATÓMICA


Harry S. Truman tomó la decisión de lanzar las bombas atómicas y, asimismo, ordenó la creación de la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica para que se investigaran sus efectos. Durante la primavera de 1948, se formó la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica (ABCC por sus siglas en inglés) por mandato de Truman, con el objetivo de que la Academia Nacional de Ciencias y el Consejo de Investigación Nacional llevaran a cabo las investigaciones necesarias para determinar los efectos posteriores de la radiación entre los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki. Entre las víctimas se encontraron una gran cantidad de decesos indeseados, por ejemplo:

     - Prisioneros de guerra aliados.
     - Trabajadores chinos y coreanos.
     - Estudiantes de Malasia que estaban becados.
     - Cerca de 3200 ciudadanos estadounidense-japoneses.

Una de las primeras acciones de la ABCC fue la de observar los resultados de los embarazos en Hiroshima y Nagasaki, así como en una ciudad controlada experimentalmente -Kure-, para discernir las condiciones y resultados con los casos relacionados a exposición a la radiación. Algunos autores aseguran que la ABCC se negó a proporcionar tratamientos médicos para los supervivientes, salvo en casos estudiados e incluso, algunos aseguran que la atención médica fue negada para obtener 'mejores resultados' en la investigación.​ En 1975, se creó la Fundación para la Investigación de los Efectos Radioactivos (Radiation Effects Research Foundation) para asumir las responsabilidades de la ABCC.

DECESOS POSTERIORES AL BOMBARDEO


De acuerdo a la mayoría de las estimaciones, los efectos inmediatos mataron miles de personas en Hiroshima. En la estimación total de muertes de finales de 1945, se incluyen quemaduras, muertes relacionadas a la radiación; así como efectos agravados por la falta de recursos médicos, que se debía a que muchos profesionales de la salud murieron luego de que explotara la bomba y los que sobrevivieron ignoraban los efectos de la radiación, así que no sabían cómo tratar a las personas que continuaban llegando quemadas.​ Se ignoraban los efectos tardíos que la radiación podía producir, puesto que era la primera bomba de este modelo que se utilizó en el mundo. La calidad y cantidad de las radiaciones recibidas por las personas continuó envuelta en incertidumbre, ya que la potencia de la bomba debía ser calculada sólo a base de experimentos en reactores sobre otras armas y distintos ensayos.
Algunas otras fuentes aseguran que más de 200.000 personas fallecieron hasta 1950, ya sea a causa de cáncer y otros padecimientos a largo plazo. Entre 1950 y 1990, el 9% de las muertes ocasionadas por cáncer y leucemia entre los supervivientes al bombardeo se debió a la radiación de las bombas; entre ellas, se estima que 89 casos fueron por leucemia y 339 de distintos padecimientos de cáncer.​ La leucemia comenzó a aumentar en número de casos, tres años después de haber explotado la bomba; además, diez meses después de la explosión, empezó a aparecer la catarata en los supervivientes, y algunos de los niños que estaban por nacer tuvieron una disminución en el tamaño de la cabeza y en algunos se produjo algún tipo de retraso. Por lo menos once prisioneros de guerra fallecieron durante el bombardeo.
Los científicos creían que el impacto de la radiación desaparecería en 20 años. Aún hoy aparecen nuevas patologías relacionadas con la bomba atómica.

LOS HIBAKUSHA


Las víctimas supervivientes de los bombardeos son llamadas hibakusha (被爆者), una palabra en japonés que literalmente significa 'persona bombardeada'. Ser hibakusha -aseguran los supervivientes-, era como una maldición, que los estigmatizaba.​ Además de las enfermedades a las que se enfrentaron, estos supervivientes también tuvieron que lidiar con el rechazo del resto de la sociedad; vivían ocultando su condición, ya que nadie quería casarse con personas como éstas e incluso les negaban trabajos si se llegaba a conocer que eran hibakusha. Según estudios independientes realizados sobre distintas catástrofes, los hechos traumáticos alteran profundamente el conjunto de creencias esenciales que las personas tienen sobre sí mismas. Esto fue lo que ocurrió en Japón y más grave aún, dado que las personas eran rechazadas por la sociedad.
Por mucho tiempo, vivieron ignorando lo que había ocurrido y los efectos tardíos que esta situación podía tener en ellos o sus hijos.​ Un año y medio después de la tragedia, los supervivientes supieron que lo que ellos habían presenciado había sido la explosión de una bomba atómica.​ Tres años después se formaron por primera vez como asociación de víctimas para pedir ayuda al gobierno, para tratamientos, pues no tenían dinero y muchos morían.​ Para el año 2008, 243.692 hibakusha eran reconocidos por el gobierno japonés, la mayoría viviendo en dicho país.​ El gobierno además asegura que el 1% de dichos supervivientes padece alguna enfermedad asociada a la radiación.

Sólo tres años después de las bombas, el número de casos de leucemia entre los hibakusha ya era superior al de las poblaciones no expuestas y el aumento del riesgo relativo (comparado con grupos de control) tendría su pico a los siete años. Los que eran niños en 1945, presentaron los mayores índices de leucemia de todos los supervivientes. En cuanto a los distintos tipos de cáncer sólido (sarcomas, carcinomas y linfomas, por ejemplo), el aumento de la incidencia se detectó a los 10 años. El riesgo de sufrir un tumor se mostró además muy relacionado con la dosis de radiación recibida.
Y no sólo les envenenaron el cuerpo, también el alma. Los sucesivos seguimientos de los supervivientes muestran la alta incidencia de ansiedad o estrés postraumático. Aún hoy, años después, muchos hibakusha no se han recuperado de la pérdida no sólo de su familia o amigos, sino de toda su comunidad en apenas unos segundos.

Según cifras oficiales, en 2014, había 197.159 hibakusha vivos. La cifra no incluye a los hijos de supervivientes concebidos después de la bomba pero sí a unos 5.000 que aún estaban en el vientre de su madre cuando estallaron 'Little Boy' y 'Fat Man'. Otros muchos murieron antes de nacer. De los que nacieron vivos, una buena parte presentaban cuadros que eran nuevos para la ciencia médica: aberraciones cromosómicas, electroforesis (separación por campo eléctrico) de las proteínas o polimorfismos en el ADN.

Eizō Nomura fue el superviviente más cercano a la 'zona cero' que se conoce. Eizō se encontraba en el sótano de una moderna casa de descanso, a sólo 100 metros de distancia en el momento del ataque. Akiko Takakura fue también una de las supervivientes más cercanas al hipocentro de la explosión. Akiko se encontraba dentro del Banco de Hiroshima, a tan sólo 300 metros de la 'zona cero'.
Memoriales en Hiroshima y Nagasaki contienen listas de los hibakusha que se sabe han muerto desde los bombardeos. Actualizadas anualmente durante el aniversario de los bombardeos, los memoriales contienen los nombres de los hibakusha, en Hiroshima y en Nagasaki.

DESTRUCCIÓN EN LAS  ESTRUCTURAS


La ciudad se encontraba en ruinas. Aproximadamente el 69% de los edificios de Hiroshima fue destruido. Algunos edificios de hormigón en Hiroshima habían sido construidos con una gran resistencia debido al constante riesgo de sismos en Japón, y aunque su armazón no colapsó aún estando muy cerca del epicentro, las paredes mostraron un daño interno severo ocasionado por la presión descendente de la explosión.
Debido a que la bomba detonó en el aire, la explosión se enfocó más hacia abajo que hacia los lados, por lo que el edificio conocido como Cúpula Genbaku o Cúpula de la Bomba Atómica, pudo permanecer en pie a pesar de encontrarse a tan sólo 150 metros de la zona cero. Las ruinas fueron renombradas como Monumento de la Paz de Hiroshima y fue catalogado como Patrimonio de la Humanidad en 1996 con la objeción de los Estados Unidos y China.

HIROSHIMA Y NAGASAKI EN LA ACTUALIDAD


Tras el ataque atómico, Hiroshima fue reconstruida como una ciudad en memoria de la paz. El gobierno japonés continuó pidiendo la abolición de las armas atómicas y a mayor escala por la paz mundial.​ En mayo de 1949, el parlamento japonés declaró a Hiroshima como "Ciudad de paz" y a Nagasaki como "Ciudad de la cultura internacional".
Tanto en Hiroshima como en Nagasaki se han erigido una gran cantidad de monumentos, esculturas, ceremoniales y parques para recordar y conmemorar los eventos de agosto de 1945.

Se han cumplido más 70 años desde que Estados Unidos arrojó la primera bomba nuclear sobre Hiroshima en plena Segunda Guerra Mundial. Sus terribles efectos, que al día de hoy aún se sienten, marcaron un antes y un después en el arte de la guerra y en el uso de la energía atómica en los conflictos.

domingo, 2 de junio de 2019

HOY ES DOMINGO: ¡ÉSTE ES EL SÍNDROME QUE PODRÍAS SUFRIR AL ATARDECER!

     La historia establece que hace más de 1.500 años, el emperador Constantino decidió que el domingo -el día del venerable sol-, fuera un día de reposo en la cosmovisión tradicionalista. El 7 de marzo de 321, declaró que sería un día civil de descanso en las ciudades y en los campos; donde según el Código Justiniano "durante el domingo, debían cerrarse los talleres y los magistrados tendrían que descansar". Desde entonces, se descansa ese día, para conmemorar el nacimiento de Apolo, Dios del Sol.
        Asimismo, en el Éxodo se dice que "durante seis días trabajarás y harás todos tus trabajos; pero el día séptimo es el día para el Señor, tu Dios". El sábado es el día "para que descansen tu buey y tu asno, y para que el hijo de tu sierva, así como el extranjero renueven sus fuerzas". Lo que se hizo entonces, como en muchas ocasiones, fue adaptarse a una diversidad de ideas paganas. Y la justificación que encontraron para mover el día sábado, al día de descanso romano de Apolo, fue que el domingo resucitó Jesús. Entonces el sábado -séptimo día de la semana- fue sustituido como día de descanso, porque durante el domingo -el primer día de la semana-, Jesús resucitó y se reunió con sus discípulos. Por esto, la estructura de la semana se ha invertido. Ya no se dirige hacia el sábado sino hasta el domingo, para participar en el reposo de Dios.

EL CRECIENTE SENTIMIENTO NEGATIVO HACIA EL DOMINGO


En principio, el domingo para la mayoría es el día en el que de más libertad se dispone y en el que más puede disfrutarse del tiempo. Sin embargo, para muchos el domingo es terrible. Así sea un día soleado, tiene apariencia gris y a diferencia de las agradables tardes del sábado, el domingo tiene un indescriptible sabor amargo que muchos desconocen que tiene un nombre en el ámbito psicológico: el síndrome de domingo por la tarde. Este síndrome se caracteriza básicamente, por el inmovilismo, la inactividad y la desmotivación.
    Desde el punto de vista psicológico, las personas que experimentan sentimientos de apatía, tedio y sensación de vacío los domingos por la tarde anticipan la rutina agitada de los días siguientes. Se centran en los acontecimientos que les deparará la semana: como las prisas, el estrés, las exigencias laborales y el cansancio físico; convirtiéndose en sinónimo de tristeza, que viene marcada por la creencia de que volver al trabajo es enfrentarse con la realidad y con el automatismo. Y es que para muchas personas el trabajo provoca fuertes sensaciones de tensión que sólo se mitigan con los días de descanso, ya que durante la semana no recargan la energía física y mental perdida. También esas prisas, esas obligaciones y los horarios enmascaran la impresión de soledad que está presente a lo largo de la jornada. Entonces estos pensamientos anticipatorios, junto con la negatividad que éstos desencadenan, hacen que muchas personas sufran el presente síndrome. La razón es que en este día, todo indica que empezará el círculo repetitivo al día siguiente. Así que el día transcurre y las horas de descanso se agotan y es imposible sentirse relajados al pensar que todos los domingos se sienten como 'el filo de una navaja', donde imaginar lo que ocurrirá después, es suficiente para no disfrutarlo.
        Antes se temía la llegada del lunes, que era percibido como un símbolo del regreso a un itinerario semanal en el que el tiempo está perfectamente medido y planificado, hasta cierto punto. Ahora este momento se ha adelantado y se padece unas horas antes, cuando llega el atardecer peculiar de un domingo (que no se parece a los otros), cuando cae como 'una guillotina' sentenciando que hasta aquí llegaron las horas libres y que pronto comenzará lo que sigue. Pero todo comienza después del mediodía del domingo, cuando empieza a decaer el estado de ánimo de la persona. Empiezan a sentir frustración, se sienten tristes. Sienten que se les está acabando el tiempo.

Ya luego, este síndrome no implica una apatía al tiempo ni hacia las responsabilidades. No es una idea como tal de que los domingos son un mal día. No es tampoco un padecimiento nuevo, pues existen registros de publicaciones de Psicología desde hace varias décadas. En un ejemplo, los estadounidenses lo romantizaron con un nombre que oculta cuan angustiante puede ser para quien lo padece: "Sunday night blues" (la "tristeza de los domingos en la noche"). Esto se va extendiendo al grado de que pasan la noche en blanco y no duermen. El síndrome va aumentando y se cronifica.
Psicólogos aseguran que es un síndrome "multi-axial" en el que varias causas pueden ser detonantes de los cuadros de tristeza, estrés, ansiedad y depresión donde cada caso tiene sus particularidades. Las mujeres, con una mayor ventaja, tienden a ser más expresivas por socialización. Se quejan más, dicen más. En el caso de los hombres, por el asunto de la masculinidad malentendida y patrones patriarcales, tienden a callar más las cosas.
Después de todo, el fin de semana es el tiempo convencionalmente destinado para el descanso, quizá la reflexión; sin embargo, también es un espacio en el que muchos organizan actividades que no caben dentro del resto de los días. Muchísimas personas trabajan de lunes a sábado y sólo descansan el domingo, donde hacen más actividades pendientes. La persona entra en cansancio crónico.
Esta actitud, predomina en personas en las cuales es necesario el aprendizaje de habilidades de inteligencia emocional; como el conocimiento de sí mismos, el autocontrol y la automotivación. Y estas habilidades actúan como preventivas de síntomas negativos que invade una vez y otra cada domingo.