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viernes, 5 de julio de 2019

LA EROTECA: AMARRADA A LA CAMA, MIENTRAS EL SILENCIO DE TUS LABIOS APENAS VA ENCENDIENDO TODO

Ya perdí la memoria y no sé decir desde cuando me gusta todo lo que hace. Ya no sé cual fue la primera vez que toqué su cuerpo ni la vez que también toqué el mío a través de mis deseos hacia él, cuando no estuvo cerca. Tampoco puedo evocar tan fácilmente el instante justo en que visualicé todo lo que ahora somos.
Pero estoy recordando aquel episodio donde inesperadamente fui amarrada por él. Cerraré mis ojos un momento, no me interrumpas…

Había pasado una semana desde la última ocasión que habíamos estado íntimamente juntos. No me había llamado, ni enviado ningún mensaje. Esa noche ni siquiera me lo esperaba. Estaba en el sofá en bragas y camiseta cenando unos cereales, cuando llamó a la puerta. No me dio tiempo ni de ver quien era. Entró rápidamente sin que me diera tiempo a reaccionar.

— Desnúdate y siéntate en la cama.

Todavía alucinando, me dirigí al cuarto sin decir nada. Él me siguió detrás. Me desnudé y me senté en la parte baja de la cama. En silencio lo observaba. Se puso a mi lado y abrió la mochila. Empezó a sacar cintas de tela. Sacó tres y las dejó sobre la cama.

— Túmbate, bocarriba.

Obedecí.

Me coloqué en mitad de la cama. Miré al techo, estaba nerviosa y excitada. Él cogió mi muñeca y se metió mis dedos en su boca. Empezó a besarla y lamerla con su lengua. Dedo a dedo pasaba la lengua y daba ligeros mordiscos que me hacían temblar. Yo respiraba muy fuerte, estaba excitándome aún más. Con la cinta ató mi muñeca y me obligó a estirar el brazo, tirando de ahí hacia la izquierda. Mi brazo izquierdo quedaba totalmente inmóvil. Pasó la cinta por el somier, y la ató a ese lado de la cama.
Nunca me habían atado, era la primera vez. Mis sentidos estaban realmente alebrestados. Él estaba muy serio, tanto que resultaba sexy; estaba concentrado. Pasó el largo de la cinta y ató mi otra muñeca.

— Intenta encoger o mover los brazos.

No podía. Lo intenté con fuerza, pero lo único que conseguía era que los nudos de las cintas se apretaran más. Se quitó los zapatos y se subió encima de la cama. Colocándose delante de mí, intentó separarme las piernas.

— Si no te portas bien, me iré y no habrá más placer.

Yo no quería eso, lentamente separé las piernas dejando todo mi coño abierto.

— Se ve que estás caliente, eres una princesa muy guarra.

Estaba muy avergonzada, tanto que ni siquiera me atrevía a mirarlo. Cogió mi pierna izquierda y la dobló. Con la cinta empezó a inmovilizarla de forma que no pudiera estirar la pierna. Llenó mi pierna de esta cinta desde la rodilla hasta el tobillo. Tenía la pierna como dormida, la sentía pero no podía estirarla. Del tobillo la llevó al extremo de la cama y lo ató. Cogió mi otra pierna e hizo lo mismo. Cuando terminó, estaba completamente inmóvil. Mis piernas estaban colocadas de forma que sería muy fácil follarme.

Él se levantó y colocándose a los pies de la cama, contempló su obra. Yo no quería mirarlo, pero notaba como mi coño estaba lleno de mi jugo y cómo empapaba todo. Estaba demasiado excitada. Quería comenzar a follar y lo quería ahora. Él se desnudó completo y volvió a subirse en la cama. Con su pene erecto colocó sus rodillas a ambos lados de mi cabeza. Lo metió en mi boca, y sujetándome la cabeza, empezó a follarme por ahí. Primero lo introducía con suavidad hasta la mitad. Yo miraba hacia arriba y veía como él estaba disfrutando. Cada vez se iba excitando más y lo metía más adentro. Apenas podía respirar. Como si fuera una muñeca, comenzó a empujar de mi cabeza hacía él. Su pene me llegaba hasta el final de mi garganta y daba fuerte y seguido. Consiguió un ritmo y seguía metiéndomelo más, más y más. Lo sacó de repente de mi boca y empezó a darme golpecitos en la cara. Me lo restregaba por las mejillas, la nariz y por los labios.

Volvió a meterlo dentro de mi boca y comenzó a moverse rápido otra vez. Cuando iba a correrse, lo sacó y se corrió encima de mis senos. Salpicó por todas partes llenando mis tetas, mi cuello y hasta mi boca. Con la lengua me relamí los labios. Me encantaba como sabía su semen.

— Lo has hecho muy bien. Ahora vamos a seguir jugando.

Se levantó de la cama y abrió la mochila. Metió la mano y sacó una mordaza de bola. Me la colocó riéndose. Ya sí que estaba a su merced. Ya ni siquiera podía gritar. También sacó de su mochila un consolador y un pequeño vibrador del tamaño de una pila.
— Veo que no hace falta lubricante, así que lo meteré sin más.

Tomó el consolador y me lo metió en el coño. Estaba tan excitada que entró sin ningún problema.

— Eres una princesa enviciada. Estás tan mojada que se me resbala el consolador. Incluso has llenado la cama. Vamos a divertirnos un poco más.

Noté como él movía algo del consolador y éste empezó a vibrar con fuerza.

— Dios, me encanta. Da tanto placer. Me vuelve loca. No puedo parar de jadear.

Riéndose, agarró después el vibrador pequeño y poniéndolo en marcha lo puso sobre mi clítoris. No podía parar de temblar, estaba acalorada, mojada, excitada y encima no podía moverme. Él me controlaba por completo, decidía el ritmo y de vez en cuando paraba. Técnicamente seguía a su merced. Él decidía si yo podía disfrutar o no.

Dirigió su cara hacia abajo y sin parar de utilizar el vibrador, comenzó a morderme los pezones. Los lamía y chupaba como si quisiera arrancármelos. Se juntó todo, el consolador, el vibrador pequeño y su boca. Me iba a correr. No podía parar de disfrutar y de temblar. Me corría, me iba... ahhh...

El orgasmo fue tan fuerte. Que toda mi espalda tembló y el placer inundó mi cuerpo desde mi cabeza hasta los dedos de mis pies. Parecía que estaba flotando en el cielo.

Él me dejó unos minutos para disfrutar de mi orgasmo, cuando decidió follarme otra vez. Con todo el coño sensible metió su pene y me folló como nunca. Me daba todo lo fuerte que él quería. Sentía que iba a romperme en dos. Yo mordía la mordaza con fuerza y sentía como  mi saliva salía por los lados llenándome y dejándome pringosa. Entre el sudor, su semen, mis jugos y mi saliva parecía una auténtica pervertida.

Me daba tan fuerte que botábamos en la cama con cada embestida. Cuando iba a correrse, sacó su pene de mí y se corrió sobre la entrada de mi coño. Se corrió sobre mi vello púbico, mi clítoris y mi entrada. Estaba muerta, me había dejado fuera de combate. Me desató, las cintas dejaron algunas marcas en mis brazos y piernas. Me quedé allí tirada sobre la cama y sin querer me quedé dormida con él a mi lado.

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viernes, 28 de junio de 2019

LA EROTECA: NUESTRA FANTASÍA ESPORÁDICA EN EL METRO… "VEN, TE ESPERO EN EL ÚLTIMO VAGÓN"

Fui yo quien se lo pidió a él. Un día de la nada, le dije que hiciéramos una locura en el metro de mi ciudad y él sólo accedió con una sonrisa de asombro.

En fin, le dije para comenzar el contexto: "mira, sabes que siempre quise ser acosada por un hombre en un autobús, o que me manoseara un hombre en el metro; pero nunca pasó, muchas veces salí sin ropa interior y hasta llegué a mostrar algo, pero sólo había puritanos". Y ambos reímos tanto por mi ocurrencia.
En siguientes y sucesivos días, seguí insinuándole mi deseo y continuamos con nuestras charlas, hasta que en un momento entrando en nuestro íntimo terreno picante, él me confesó que también quería esa fantasía erótica. Entonces yo para seguirle el hilo, le dije que quería que me follara un desconocido sin que se lo consintiera; con un poco de forcejeo de su lado, con un poco de miedo de mi parte. Y sin dejar de mirarlo tan amorosa y tiernamente, no tuve qué decirle con palabras que deseaba con todo mi coño, que ese desconocido fuera él.

Inesperadamente, en una de sus llegadas a la ciudad, me marca y sin preámbulo me dice:

— Te propongo ir en el metro, a ver qué pasa. ¿Qué dices?

— ¿No es muy temprano?

— No, es justo el momento, salgo ya. Nos vemos en la boca del metro, pero no te conozco ni me conoces, imagina que soy un hombre de los que ves todos los días, pero hoy estás salida. Jajaja.

— Ciao.

Llegué al metro a la parada, me sentía fatal, jajaja; pero, decidí relajarme y dejarme llevar. Ser práctica.

Entré, pagué el ticket; pensé en llegar lo más lejos de ese trayecto, ya saben cómo es de cabrona la mente en estos casos.
Nos encontramos con la mirada. Él me siguió, aún no sentía nada –aunque era mi pareja y me pone hot hasta el full desde siempre-; pero había sí, ansiedad y nervios. Subimos al metro, él entró por la otra puerta, aún no había demasiada gente. Él se sentó de frente a mí, al lado mío había una señora entrada en años y un hombre joven que al parecer era un estudiante. Yo empecé a mostrarle discretamente un poco mi pierna y el hombre del lado me miró de reojo, cosa que a mi novio le gustó. Pensar en ello o imaginarlo, sí que me puso cachonda.

Yo muy puta, con los movimientos del metro movía mis piernas abriéndolas por instantes para que mi novio viera que no tenía bragas y el de al lado observando. Mi novio mirando… eso lo estaba matando. Le pude ver lo empalmado que estaba y yo comenzaba a excitarme más. El hombre volteaba después con descaro, a lo que yo respondí con una sonrisa, pues lo miré a la cara y él también. En eso el hombre, dice:

— Uff, que calor.

— Sí, la verdad sí.

— A dónde vas? Me preguntó el hombre, no sabía que responder.

— Nada, sin rumbo, mi novio y yo hemos peleado y estoy buscando no estar sola.

— ¿Sola, una mujer tan guapa como tú?

— Sí, es que no es fácil.

— Sí, te entiendo, soy soltero y eso a veces es malo, pero cuando tienes suerte, las cosas van mejor que estar mal acompañado.

En ese instante, entró tanta gente al metro que no pude verlo más. Entonces vi que él ya se había levantado, por lo que olvidé la plática con aquel desconocido y también me levanté y comencé a buscarlo.
Había mucha gente y estábamos muy apretados todos. Por fin lo encontré, pero no nos dijimos nada. Me moví, hasta quedar de espaldas a él y aprisionada entre las demás personas. Acomodé mis nalgas a su entrepierna, empezando a notar como una erección que empezaba a hinchar su miembro quería salir de su escondite. Era para volverse locos.

Luego comenzó a sobajearme con uno de sus dedos, aunque noté que comenzaba a sudar y en su pantalón aún se podía ver algún bulto que comenzaba a tomar volumen.

Quizá muchas personas nos miraban, incluyendo aquel hombre de instantes antes, pero cada quien estaba a lo suyo.

— Bajémonos aquí. Te espero en el último vagón.

Salimos de ese vagón intermedio, mi novio me siguió, no me perdía de vista.

Él estaba muy nervioso, bueno, ambos. No había casi gente ya a esa hora, y en cada estación iban bajando. Enseguida que entramos, me empujó contra la puerta contraria a la que se abre, y lo besé deliciosamente. Me repasó la lengua varias veces, me acerqué a su oído y le pregunté:

— ¿Eres un pervertido?

— No, no lo soy tanto.

Comencé a subir mi minifalda.

— Tócame.

Cuando dije esto, él ya tenía sus dedos sobre mí, y no paraba de frotarme; después metió uno de sus dedos en mi vagina y me besaba. En menos de un minuto, tres de sus dedos ya estaban ahí y los subía muy suavemente.

Era el momento, de  nuestro lado ya no había nadie que pudiera mirarnos directamente. Entonces tomé la iniciativa, comencé a desabrocharle el pantalón y saqué su polla, me baje la falda y me puse casi de rodillas. Estaba ya que me corría, pero quería darle tiempo para ver hasta donde me dejaría llegar.

Hice unos movimientos para acelerar su eyaculación, le pedí que me tapara la boca para no gritar. Lo hizo.

En menos de un minuto comencé a sentir calambres por mi cuerpo, estaba a punto de correrme, de no ser él quien se derramó antes sin decirme nada.

Así continuamos la faena, me corrí dos o tres veces, pues me la desencajaba del culo para metérmela en el chocho. Él no se vino ya después, pues su manera tan exquisitamente intensa en que lo hacía siempre, iba a delatarnos.

Y fuimos a casa, donde me dediqué a darle el culo y el chocho para que me lanzara su semen por todos lados, quede prácticamente bañada. Estábamos insaciables.

viernes, 21 de junio de 2019

LA EROTECA: EL LENGUAJE SEXUAL GENUINO A TRAVÉS DE LOS GEMIDOS COMO TRANSMISIÓN NO VERBAL

"Las palabras se caen de mis manos...
y el DOLOR de mi lengua"
(Pablo de Rokha)

         A veces no se necesitan las palabras, se prescinden de ellas. Es una vía de doble sentido durante el acto sexual. Y estar en el acto, es encontrarse en un momento totalmente primitivo, sublime y vulnerable en el que cada persona debe adentrarse y disfrutar.
       En el desarrollo pleno de la sexualidad, mientras más información, más herramientas tienen las parejas a su alcance para experimentar su relación sin cortapisas que les bloqueen o impidan la culminación de cada acto sexual; como es el caso de un elemento tan natural, como lo sonidos y las emisiones no verbales que se desprenden durante estos encuentros.

     La respiración, los gemidos, los quejidos y los gritos sexuales, son indicadores de que los estímulos -sus formas y sus intensidades- que se le están aplicando a la pareja son los adecuados y que ésta responderá de acuerdo a ellos, para evidenciar que las caricias que recibe son las correctas. Por ende, juega un papel clave en la excitación el gemir, hacer ruido o gritar en la cama como una forma de expresión; que básicamente libera y deja llevar, además de aniquilar todo aquéllo que tense.

Entonces debe prestarse atención a estas manifestaciones que, además, tienen la función de estimular a la pareja; por ello, es recomendable aprender técnicas de respiración e, incluso, encontrar y practicar los quejidos que se consideren apropiados para usar durante los encuentros íntimos.
Se sabe científicamente que la sangre de una persona que está siendo bien estimulada -y, por tanto, que está logrando un alto nivel de excitación- aumenta su nivel de circulación, sobretodo en la zona que está siendo estimulada; lo que incrementa también la demanda de oxígeno, y provoca una respiración más intensa.

Así que cuando la respiración durante el acto sexual es entrecortada, la persona se cansa más rápido y disminuye la prolongación de la excitación y el placer que está recibiendo; por lo que es recomiendable que en esos momentos la respiración sea profunda y nasal, pero expulsando el aire por la boca para aumentar la oxigenación y la circulación de la sangre y con esto, prolongar la intensidad del placer.

Ya luego, así como el gemido es una respuesta positiva al estímulo, el grito -que a veces es una mezcla de placer y dolor-, indica que la pareja está en el punto máximo de excitación. Puede decirse entonces que la respiración, los gemidos, los quejidos y los gritos sexuales son códigos de suma importancia, especialmente en las personas que no expresan con palabras lo que sienten.

También al expresar excitación, se estimula a la pareja y da oportunidad de saber que hace lo correcto y, aunque se intente fingirlo, siempre será un indicador más realista que las palabras.

LOS GEMIDOS DEL ESPÍRITU

        El gemido del interior, el que emana del espíritu, es hablar en algún idioma extraño. Según el transcurso de una relación sexual, se producen sonidos; son esos gemidos indecibles, a veces descifrables y otras tantas, tan indescifrales. Gemir tiene que ver con un suspiro profundo, con un sentimiento interno de dolor o ardor inexplicable. Gemir, es lanzar el suspiro y el quejido de lo que desea escapar de la esclavitud de adentro y se exterioriza.

         En la mayoría, pareciera como si tuviesen un nivel predeterminado y pudiesen adaptarse al volumen que tenga su pareja y tienden a subirlo sólo cuando el otro haya hecho algo que han sentido como espectacular, o en el peor de los casos, cuando buscan acelerar el fin del coito.
     Actualmente, el sexo ruidoso es un tema tabú para mucha gente, quienes se dividen ante la máxima excitación, si gritar o no. Sin embargo, hay personas -tanto hombres como mujeres- que decidieron dejar de reprimir sus gustos y acciones en la cama.

        La cuestión es muy simple, las personas evitan emitir sonidos en la cama por incomodidad, por pena, o por el temor a ser juzgados; lo que condiciona de antemano una libre experiencia sexual.

Y para quitarse esa venda de los ojos, lo primero que debe pensarse y digerirse, es que las relaciones sexuales y la sexualidad son algo inherentemente natural.

Cuando se logra entender eso y justo en el momento en el que se libera la tensión que se ha acumulado, y cuando todos los sentidos están disparados, todo es mucho más erótico. Lo que casi garantiza un orgasmo explosivo y excelso.

         Comunicarse es algo crucial para saber qué nos gusta, conocernos y sentirnos más cómodos y; por supuesto, transmitirlo. Así como para prosperar en la relación y modificar o subsanar lo que no debe hacerse. Mejorar la comunicación es importante. No hay nada superable que el sexo cuando se es capaz de vivirlo plenamente y sin presiones. Disfrutar de la intimidad, cuidar a la pareja, manifestarse recíprocamente y buscar qué es lo que más los excita cuando de relaciones sexuales se trata es la base coyuntural y la construcción de todo.
Una vez que se deja de reprimir la comunicación no verbal, se experimentará la sexualidad de una forma 100% diferente. Sentirse deseada/o, cómoda/o y segura/o… y con ello, lograr que tu pareja lo sea también contigo.

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viernes, 14 de junio de 2019

LA EROTECA: EL ZODIACO SEXUAL. ¡VERIFICA LAS CARACTERÍSTICAS DE TU SIGNO!

Aunque el mundo de la astrología no es una ciencia exacta, a través de los siglos se ha dicho que la influencia de los astros en relación a sus movimientos y posiciones, revela información relevante; de hecho, se puede creer en estas consideraciones o no.
Dicen que los hombres vienen de Marte y las mujeres de Venus. Dioses de la guerra y la belleza unidos por Eros, el dios del amor y de la atracción sexual. En la cultura de antiguas civilizaciones como Grecia o Roma ha trascendido hasta nuestros días en la política, la justicia, el lenguaje y también en el sexo a través de los signos del zodiaco.
Un horóscopo puede representar 12 tipos de personalidades diferentes que conforman nuestra forma de ser, con ciertas características para cada signo. Hay quienes, obsesionados por conseguir una vida próspera con su pareja, estudian su carta astral para comprobar la compatibilidad y, por tanto, la felicidad que les podría deparar el futuro.

LAS PERSONALIDADES SEXUALES DE LOS SIGNOS ZODIACALES


TAURO - **Del amor al sexo**. Es el signo del zodiaco que más se tacha de ser testarudo, pero en el sexo es todo lo contrario. Si bien no buscan una relación de amor con el primer encuentro sexual, sí necesitan que se les incentive para que la pareja fluya poco a poco. Según la astrología, sus parejas ideales son Sagitario, Cáncer y Leo; signos zodiacales mimosos que también requieren detalles, para saberse queridos.
      CÁNCER - **El poder de la dominación**. La inseguridad de este signo hace que necesite de varias pruebas de amor, para sentirse bien en el sexo. Como signo de agua fluye y se deja hacer sin dominar en la relación sexual, pero toma las riendas para complacer al máximo a la pareja. El ver cómo el otro disfruta les da poder. Las mejores parejas sexuales para un Cáncer son los Piscis, Leo, Tauro y Escorpio.

ARIES - **Aquí te encuentro, aquí te mato**. Sexualmente hablando son muy calientes, por eso necesitan parejas que 'les sigan el rollo'. Jugar, experimentar y probar cosas nuevas son algunas de sus características más relevantes. Huyen de las personas cómodas y de la rutina, por lo que no se caracterizan por ser muy fieles en el caso de que la monotonía sexual se apodere de su vida. Encajan a la perfección con Escorpio y Sagitario, aunque con este último podemos hablar de una relación amor-odio.
GÉMINIS - **Los más exhibicionistas**. La bipolaridad de los Géminis también trasciende a su 'modus operandi' sexual. Les encanta salir de la cama y practicar sexo en lugares inhóspitos. Un parque, el trabajo, un portal... No todo el mundo está dispuesto a ello pero signos como Leo, Escorpio, Aries o Libra pueden ser vulnerables a las proposiciones exhibicionistas de los Géminis y caer en la tentación de hacerlo; por ejemplo, sobre el capó de un coche.
ESCORPIO - **Devoradores de sexo**. Veneno puro y pinzas que matan sólo por sexo. Los Escorpio utilizan todas sus armas para hacerse con la 'presa' y acabar con ella bajo las sábanas. Son dominantes, pero no ofrecen amor eterno. Es fácil caer en sus redes, pero ellos no prometen una segunda oportunidad. Aries, Géminis o Piscis pueden ser unos buenos amantes.
LEO - **La educación al servicio del placer**. Los Leo son ardientes y fogosos en el sexo. Su capacidad de seducción atrae sin remedio al resto de signos zodiacales. Son impetuosos a la vez que serviciales y educados. El sexo es una parte muy importante de la relación, por lo que si no eres muy promiscuo ni te pienses tener un idilio con ellos; a no ser que seas Escorpio, Libra o Aries.
PISCIS - **De 0 a 100, pero con signos de agua**. Este signo del zodiaco tiene especial predilección (sexualmente hablando) por otros signos de agua, como Cáncer. Los Piscis buscan, por tanto, la estabilidad en una relación y se aseguran el sexo de calidad con signos como Capricornio o Escorpio.
VIRGO - **Sexo en la segunda cita**. Los Virgo no son de los que se van a la cama la primera noche, antes debes demostrarles seguridad. Buscan personas sinceras que desde el primer momento dejen cerrados los límites del sexo. Una vez que toman confianza es todo 'coser y cantar', pero ellos entonan mejor de la mano de los Géminis, los Acuario y por supuesto, los Cáncer.
SAGITARIO - **Aventureros sexuales**. Si buscas nuevas emociones y aventuras aseguradas, los Sagitario son los mejores compañeros sexuales. Eso sí, huyen de ataduras y defienden el sexo libre fuera de relaciones duraderas. Por eso no viene mal ponerles un límite. Aries, Leo o Acuario son los signos más afines.
ACUARIO - **Sexo improvisado**. Al igual que los anteriores, diferencia sexo y amor, pero una vez encontrados ya no son capaces de despegarlo. Hasta ese momento los Acuario disfrutan del sexo improvisado. Son muy imaginativos, pero eso sí, si no hay una atracción inmensa solo buscarán el sexo por el sexo. Si eres Libra, Sagitario o Géminis tienes diversión asegurada.
LIBRA - **Depredadores sexuales**. Los Libra son auténticos depredadores sexuales y buscan el hedonismo del placer y el sentirse bien tras practicar sexo. Son ardientes y están sedientos de sexo, por lo que no dudarán en fijarse en signos como Leo, Géminis o Aries.
CAPRICORNIO - **Sexo para desestresar**. Se dice que 'la cabra tira al monte', y para los Capricornio el sexo es una vía de escape de la monotonía diaria. Se entregan al máximo en cada una de sus relaciones sexuales. No son fáciles de tratar y hay que comprenderlos. Los signos más compatibles sexualmente son los Escorpio, Piscis o Tauro.
Ahora ya puedes comenzar a analizar acerca de la compatibilidad sexual de acuerdo con tus intereses particulares.

Recuerda que el sexo es una de las partes más importantes de las relaciones de pareja. La rutina o falta del mismo son el motivo principal de que muchas personas terminen una relación. Los signos del zodiaco ofrecen la posibilidad de estudiar cómo será el sexo en base al horóscopo de la pareja.

Creas o no en esto, es interesante saberlo.

viernes, 7 de junio de 2019

LA EROTECA: TE ESPERO EN EL BAR…

Apenas estaba oscureciendo. Yo estaba leyendo el periódico cuando la vi entrar con aquel vestido ligero de verano y venir hacia mi mesa.

— ¿Llevas mucho esperando? – Preguntó.

— Diez minutos, no te preocupes. – Respondí.

Ella se sentó a mi lado, en el extremo de la pequeña mesa, a cuarenta y cinco grados de mi posición. Nos besamos cordialmente, hacía seis meses que no nos veíamos, y ambos sabíamos que ese era mucho tiempo. Hicimos un gesto a la camarera para que nos tomara nota. Pedimos una bebida cada uno y poco después brindamos por el reencuentro. Ella me puso la mano en la cara interior del muslo derecho.
— ¿Me has echado de menos? – Preguntó coqueta.

Me encantaba verla así, receptiva. Le respondí que sí, que la había echado de menos incluso vestida. Ella rió la ocurrencia, que a su vez yo le había robado a un cantautor.

— ¿Y te has tocado pensándome? – Quiso saber mientras apretaba mi muslo.

— Mucho. Aún sigues provocándome esa fuerte debilidad que conoces.

— ¿Seguro? Mira que puedo ponerte el detector de mentiras.

— Ponlo, sabes que no suelo mentir.

Alargó un poco la mano por debajo de la mesa y la puso sobre mi bulto, que, efectivamente, estaba haciendo ya reacción. Sonrió mirándome y continuó haciendo un leve movimiento con la mano. Yo no pude evitarlo y deslicé mi mano bajo la mesa y la subí por la cara interna de su muslo izquierdo, hasta con la punta de los dedos, tocar su más calurosa y acogedora parte.

El bar estaba bastante desierto, salvo una mesa con cuatro personas y la camarera. El lugar en el que me había colocado estratégicamente estaba en la parte más aislada, con lo cual disponíamos de cierta intimidad. Así que seguí alargando la mano hasta deslizar mi dedo índice por su hendidura y disfrutar de sus gestos, que era lo que más me estimulaba, ver el deseo y el placer en su cara. Ella me apretó y después bajó la cremallera metiendo la mano. Le resultaba difícil en esa postura bajar el bóxer para llegar hasta ahí. Decidí facilitarle la entrada. Me eché hacia atrás y me desabroché el botón abriendo el pantalón. Después bajé el bóxer trabándolo y dejándolo todo a su alcance bajo la mesa. Ella enseguida agarró y comenzó a masajear suavemente. Seguíamos mirándonos a los ojos, que expresaban un 'sálvese quien pueda'.

— Tengo que pedirte un favor - Le dije.

— ¿Cuál?

— Quítate las bragas y guárdalas en el bolso, me molestan.

Ella miró hacia el bar asegurándose de que no iba a ser excesivamente descarada. Después coló sus manos bajo la falda y levantándose un poco de la silla, sacó las bragas de su prisión. Luego las guardó en el bolso no sin habérmelas puesto en la nariz un par de segundos. Ahora tenía acceso libre a su centro vital. Volví a meter la mano y comprobé que su humedad iba en aumento, tanto es así que lo hice sin esfuerzo alguno. De nuevo su cara expresó el placer y su garganta emitió un gemido que no alcanzó a los oídos de los demás. Seguí suavemente con un dedo, mientras con otro le acariciaba. Me encantaba masturbarla.

Ella había friccionado bien y subía y bajaba la mano con densidad. Después retiró la mano y se la llevó a la boca, la empapó con saliva y volvió, deslizándose hacia abajo y lubricando. Era delicioso sentir su mano así. Era un juego que siempre habíamos tenido, nos gustaba la masturbación recíproca.

Yo seguía haciéndolo justo como a ella le gustaba y agitando en círculos su hermoso paraíso. En su cara se podía ver todo lo que un hombre desea para sí. Era hermosa, pero sintiendo placer era mucho más, era completamente arrebatadora.

— Si sigues así me voy a correr, y para eso la quiero dentro, hasta el fondo – Me dijo.

Yo miré el bar, la mesa ocupada seguía a lo suyo; supongo que se habían dado cuenta, pero disimulaban muy bien. La camarera secaba los vasos del lavavajillas como dejando pasar el tiempo.

Eché un poco hacia atrás la silla y le dije que subiera encima. No lo pensó, lo hizo. Yo sentado y ella sentada sobre mí dándome la espalda y haciendo movimientos circulares, sentía como me estaba empapando. Se echó hacia atrás y le mordí una oreja.

— No te corras dentro – Me dijo.

— Córrete tú primero, quiero verlo.

Seguí masajeando cuando sentí que se perdía. Le tapé la boca, la conocía bien. Su cuerpo se estremeció sobre mí y empezó a correrse. Sus gemidos eran enmudecidos por mi mano, pero no pude evitar que se le escapara un grito que hizo que la camarera más cercana, mirara hacia nosotros e hiciera un gesto de asombro. Disimuló apartando la mirada, pero sé que no podía evitar echarnos una ojeada sorprendida.

Ella se quitó de encima y volvió a su silla. Me miró.

— Voy a correrte – Me dijo.

Se puso saliva en la mano y comenzó a hacerlo rápidamente. Agregó la otra mano, sabía que me gustaba así. La camarera no dejaba de echarnos miradas esporádicas pero frecuentes, y yo estaba a punto de correrme, al parecer eso no se lo quiso perder. Cuando ella vio que mis facciones se contraían, agachó la cabeza y se perdió ahí; siempre le había gustado mi esencia, la trataba como un manjar exquisito. Empecé a eyacular agarrándome a la silla mientras ella tragaba. Me convulsioné. Ella aguantó estoicamente y después me lamió bien los restos. Cuando se incorporó, se lamió un par de dedos apurando el semen.

Ambos quedamos relajados, mirándonos con cara de quien desea que se repitan situaciones así.

Al rato bajamos a la barra y pedí la cuenta a la camarera.

— Enseguida – Me dijo.

Le entregué un billete y fue hasta la caja registradora. Volvió y me entregó el cambio.

— ¿Les ha gustado el servicio? – Preguntó.

Sonreímos los tres. Miré el dinero y se lo entregué a la camarera.

— Por el trato recibido – Le dejé caer. Ella sonrió.

— Vuelvan cuando quieran, yo estoy siempre en este horario.

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