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lunes, 28 de octubre de 2019

LA EROTECA: "FRESAS CON CREMA EN CADA RINCÓN DE MI CUERPO… ES PARA TI Y SOLAMENTE PARA TI" (OTRA VEZ EN CDMX)

        Les voy a contar algo... Ya les dije que él volvió de nuevo a pasar otros días de trabajo aquí en Ciudad de México, entonces nos veíamos cada tarde después de nuestras ocupaciones; así que durante su estancia, prácticamente teníamos sexo diario. Todo era felicidad para mí, manteníamos hace ya mucho tiempo una relación genial, casi perfecta. Un día de esos, se me ocurrió pedirle que pasáramos una noche completa en mi casa; quería ser suya en mi cama, bajo mis sábanas. Al principio se opuso, pero cuando le dije que todos saldrían el fin de semana siguiente, aceptó. Así que estaba la oportunidad de amarnos sin escondernos de nadie y gozar de nuestro amor e intimidad. El resto de la semana me pareció eterno, pero llegó el sábado. Cuando por fin se habían ido, comencé a preparar el que sería nuestro nido de amor por unas horas.
Él llegó puntual a las seis de la tarde, yo lo estaba esperando vistiendo una bata de encaje transparente de color rosa que me había regalado. En juego me puse una tanga y un bra del mismo color y tela, y claro está, descalza ¡tal como le gusta! Sólo quería hacer todo para sorprenderlo. Tocó el timbre, abrí y al estar en la puerta de mi casa, le di un tirón para hacerlo entrar rápidamente. No podía arriesgarme a que algún vecino lo viera. Ya adentro, nos fundimos en un largo y tierno beso. Fue un beso suave y muy prolongado, no había prisas, teníamos toda la tarde y la noche entera para nosotros. Pasamos al comedor donde reímos y hablamos de todo, mientras le serví lo que yo misma le había preparado para la comida. Al terminar le llevé el postre, eran fresas con crema. Le dejé la copa con sus fresas, me jaló hacia él y me sentó sobre la mesa para quedar ambos de frente. Acercó el bote de crema y untó una gran cantidad en mis piernas y abdomen y con su lengua empezó a lamerme muy lentamente.

Tomó una fresa y tras el ritual de pasarla por mis labios y humedecerla con la lengua, la deslizó ardiente por mi barbilla y fue bajando para delinear el canalillo entre mis senos, recorriendo mis pezones que ya estaban totalmente duros. Le guié sus dedos y le di a morder la fresa, para luego pasarla otra vez por mis pezones, impregnándolos del jugo. Seguía lamiéndolos con tal fuerza, que los probaba y los succionaba saboreando el néctar de la fruta. Enseguida terminamos de comer el resto de la fresa. Él veía cómo me mordía el labio inferior, para indicarle que me gustaba.
Ya había dejado mi abdomen sin rastro de crema, pero volvió a tomar el bote y me embadurnó el brassiere y de igual forma se dedicó a limpiarme. Yo estaba gozando mucho, no lo habíamos hecho antes. Ahí me encontraba sobre la mesa, semidesnuda y disfrutando sus caricias irresistibles; lo que me llenaba de una inmensa morbosidad. Mi vagina escurría gran cantidad de líquidos. Él lo notó y mientras seguía chupando mi sostén, su mano ya había entrado dentro de mi ropa interior y jugaba con mi entrada y mis labios vaginales. Su boca fue descendiendo hasta llegar a mi tanga, con sus manos la levantó un poco y puso gran cantidad de crema sobre mi monte de venus. Era tanta la crema colocada ahí, que se abultaba con el relleno y se esparcía a los lados desparramándose. Me abrió las piernas y empezó a deleitarse con la crema que se salía. Yo sentía algo así como descargas eléctricas en mi vientre, experimentaba su lengua tan cerca y la frescura de la crema sobre mi vagina -y ya una parte también dentro de sus profundidades- que me hacían sentir miles de sensaciones y emociones raras… diferentes, excitantes. Estaba simplemente enloquecida.

Mi vagina seguía escurriendo. Ahora mis líquidos estaban mezclados con la crema y mi tanga empapada. Él aún no circundaba su lengua a la orilla, pero debo decir que con este juego, tuve mi primer orgasmo de la tarde. Cuando por fin su lengua llegó a posarse, sentí morirme, su lengua presionaba mi tanga contra mi vagina y al tiempo que la crema se volvía a salir por los lados, otra parte de ésta se introducía en mí, llenándome. Sus dedos fueron retirándome la ropa interior por completo y me encantó como se veía mi entrepierna toda llena de crema. Me entregó la tanga que acababa de quitarme y sin pensarlo me la llevé a la boca, tenía un sabor delicioso, mis líquidos le daban un sabor diferente a la crema.
Estaba extasiada saboreando mi prenda cuando sentí su lengua sobre mi vagina, jugaba con mis labios de una forma magnífica. Con sus movimientos entraba en mí, intentando sacar hasta el último residuo de la crema que ahí se había metido; aunque después no sólo su lengua hurgaba dentro de mí, dos de sus dedos se le unieron en la búsqueda de más crema en mi interior. Cuando terminó de chuparme dejándome completamente limpia, yo estaba desfallecida, había sido un inmenso placer y sin la necesidad de penetrarme.

Una vez recuperada, lo vi sentado en la silla, observándome. Le pregunté qué pensaba y me respondió que le gustaba admirarme, que lo tenía loco y que mi cuerpo le encantaba. Me bajé de la mesa y me arrodillé frente a él bajándole el cierre del pantalón, le dije que él ya había comido su postre y que ahora me tocaba a mí. Así que dejé libre ese duro y grueso pene, le unté crema por todo lo largo -más en la punta- y empecé a chuparlo precisamente como si fuese un helado. Mi lengua recorría todo su tronco y cuando se acababa la crema volvía a ponerle más, cual insaciable. En verdad pude percibir que estaba disfrutando esas succionadas que le daba. Su respiración aumentaba de ritmo y sus jadeos me indicaban que muy pronto eyacularía, así que me metí casi la totalidad de ese riquísimo pene entre mis labios y con mi mano derecha lo masturbaba y con la izquierda acariciaba su abdomen. Sentí la gloria cuando varios chorros de semen llenaron mi boca, que por lo abrupto me costó trabajo tomarme, pero no dejé que se escapara ni una sola gota. Nos miramos, nos besamos y nos acomodamos la ropa para pasar a la sala a ver televisión.
Al caer la noche, nos dispusimos a irnos a acostar, pero estaba muy interesante la película que pasaban. Al terminar de verla, fuimos a la recámara y nos abrazamos besándonos, su lengua hurgaba en mi boca y sus manos retiraban de mi cuerpo la bata y cada una de mis prendas. En segundos me dejó toda desnuda, sus dedos hacían maravillas en mi piel, yo no podía más y casi le arranqué la ropa. Sentir su cuerpo desnudo era fenomenal. Su calidez, la dureza de su miembro rosando mi abdomen. Se recostó sobre mí y podía sentir su pene rosando la entrada de mi vagina.

Por reflejo, ante esta sensación, abrí las piernas para darle entrada a mi interior. Su pene con mi lubricación, sin esfuerzo, se perdió completamente. El ritmo al principio era lento, entraba y salía de mí, dándome un placer intenso; un largo rato lo hicimos así, queríamos hacer de esa madrugada algo único y especial. Espontáneamente, fue subiendo la velocidad de sus movimientos y yo aumentaba el sonido de mis gemidos hasta hacer que fueran gritos. A gritos le decía cuanto lo amaba y el placer que me daba. Gritando le pedía que no se detuviera, que me siguiera penetrando así. Olvidé por completo pensar si había alguien alrededor. Me llenó mi vagina con su candente y espeso semen y volví a gritarle que necesitaba que me extasiara con su leche. Descansamos un rato, pero deseaba aún más, así que me acomodé para poder chuparle su miembro y ya levantado, bajé poco a poco haciendo que se perdiera a través de mi ano. Cuando sentí dentro aproximadamente la mitad, me dejé caer para que entrara de un solo golpe. De mi garganta escapó un grito enorme de dolor y placer. Hubo muchísimos más, cada metida que me daba, era un grito que escapaba. Sin medir consecuencias ni recordando el lugar donde estaba, le decía que me partiera en dos, que me perturbaba como me cogía, que quería que me llenara con su semen. Estaba completamente fuera de mí, me sentía feliz, en éxtasis, en las nubes, como drogada por el placer; me sentía en pocas palabras, la más puta del mundo y así lo exclamé, le dije que era fantástico ser su puta, que nadie me haría gozar nunca como él. Todo parecía excitarle, que le dijera todas esas cosas le calentaban y más fuerte me bombeaba el culo.
No sé bien a bien que tiempo pasó, pero hice que dos veces me llenara con su semen, perdí la cuenta de la cantidad de orgasmos que tuve estando así ensartada por ese mágico falo del placer. Me bajé de él y me recosté dándole la espalda, levanté una de mis piernas y aprovechando que aún estaba erecto, me lo volví a introducir y bajé mi pierna haciendo presión al máximo en su pene entre mis nalgas. No nos movíamos, sólo sentía su dureza dentro. Ya a estas alturas sentía un pequeño ardor en mi ano, pero no me importaba, quería seguir sintiendo su pene llenándome por completo. Así nos ganó el sueño y permaneció dentro hasta el día siguiente.

Desperté por las embestidas, sacando y metiendo su pene en mí. Fue un despertar único. Volvió a mí la lujuria y mi respiración aumentaba, pero no grité como la noche anterior; creo que ya no tenía fuerzas. Entre gemidos le pedí que me avisara cuando fuera a terminar, él asintió con la cabeza. Al poco rato de mi petición, lo oí decirme de forma entrecortada "mi amor, me vas a hacer acabar". Escuché esto, saqué rápidamente su pene y me coloqué de hinojos sobre la cama para chuparlo. Casi se lo arrancaba con la succión de mis labios. Sentí grandes chorros de semen, pero en esta ocasión no me lo tomé, lo guardé en mi boca y cuando estuve segura que no quedaba más, abrí la boca para verter ese semen sobre su pene todavía duro. Lo cubrí por completo y lo acariciaba y, de vez en vez, lo volvía a chupar. Se sentía rico y pegajoso acariciarlo, mientras embarraba el semen a todo lo largo de su miembro.
Habíamos disfrutado como nunca esa cogida. Cuando me levanté de chuparle todo, mi mirada estaba cargada de toda la pasión sentida. Al mismo tiempo, me sentía amada y protegida por él. Creo que ha sido de nuestros mejores encuentros.

martes, 23 de julio de 2019

SOÑAR: EL ACERCAMIENTO AL INCONSCIENTE DISFRAZADO Y SU INTERPRETACIÓN ONÍRICA

         Los sueños abarcan la totalidad de la vida mental de la persona. Desde la antigüedad, los sueños han sido considerados una forma de contacto con la divinidad y la mejor forma de vaticinar eventos futuros. Éstos nos traen cada noche universos insólitos, personajes misteriosos, visiones infernales -o angelicales- o episodios maravillosos que no podríamos vivir despiertos.
Soñar, es abrir una puerta de la mente. Todas las esperanzas, ambiciones, deseos, miedos, fantasmas, amigos, tiempos buenos y malos residen allí; son parte de la mente primitiva y constituyen una vía de acceso a realidades que están más allá del alcance de la lógica. Se sabe que los sueños son únicos. Ninguna persona puede tener los antecedentes, las emociones o las experiencias de otra. Cada sueño se conecta con su propia 'realidad'. Por lo tanto, al interpretarlos, es importante ponerlos en el contexto de las propias experiencias y vida personal de quien sueña.

Un sueño unifica al cuerpo, mente y espíritu. Provee conocimientos sobre nosotros mismos y medios para la exploración de la particular individualidad. Comprender los sueños, es conocerse y entenderse un poco mejor y pueden llegarse a mejorar aspectos de la personalidad. Así que debe aprovecharse esta oportunidad que brinda el subconsciente y después investigar los sueños.
Los sueños parecen ser una manera por la cual el subconsciente considera, clasifica y procesa todos los problemas que se encuentran en la vida despierta. Y los sueños han sido objeto de estudio a través de los siglos y forman una parte importante del psicoanálisis moderno.

En 1900, Sigmund Freud publicó "La interpretación de los sueños", obra que formalizaría la teoría y el método psicoanalítico. Para este autor, el sueño es la mejor manera que tiene una persona de acercarse a su inconsciente y; por lo tanto, a sus deseos más profundos, mismos que tienden a mostrarse disfrazados en tanto que uno mismo los considera peligrosos. Han pasado más de 100 años desde la publicación de esta obra parteaguas para la concepción de la mente humana, a través de la cual el psicoanálisis se ha enriquecido junto con diversas experiencias clínicas y marcos teóricos que complementan las propuestas freudianas.
Algunas personas piensan que todo lo que se ha dicho sobre la mente y el psicoanálisis, relacionado con la interpretación de los sueños, son tonterías de una pseudo-ciencia. Es un error. El trabajo de famosos psicoanalistas como Freud y Jung ha ayudado a miles de personas normales y sanas, por no mencionar los muchos casos de perturbaciones mentales graves. Sus hallazgos pueden ser aplicados de una forma sencilla a la propia experiencia de cada uno, en la búsqueda del equilibrio.
Los sueños se constituyen de pensamientos del soñador. Por tanto, es muy difícil -si no imposible-, interpretarlos cuando no se conoce a quien sueña. Y para reconocer el significado, es necesario conocer los antecedentes de la persona. Por esta misma razón, la mejor interpretación la puede dar el mismo soñante. Lo demás, es sólo una guía para desarrollar esta labor.

SUEÑOS LÚCIDOS O CONSCIENTES


Los sueños conscientes, ocurren cuando el soñante se da cuenta que sueña en medio de su sueño. La mayoría de los soñantes se despiertan una vez que se dan cuenta que sólo están soñando. Otros soñantes han desarrollado la habilidad de permanecer en el estado consciente de soñar. Pueden incluso llegar a ser participantes activos en su sueño, tomar decisiones en sus sueños e influir en el resultado de su sueño sin despertar.
         Las leyes de la física y las de la sociedad, se derogan en los sueños. Los límites sólo son los de la imaginación.

Cuando no se está lúcido en un sueño, se piensa y se comporta como si se estuviera despierto en realidad.

PESADILLAS


Las pesadillas, son sueños perturbadores que hacen que el soñante al despertar se sienta ansioso y asustado. Las pesadillas pueden ser respuestas a situaciones y traumas reales. Éstas pueden también ocurrir porque hemos ignorado o rehusado a aceptar una situación particular de la vida. Las pesadillas son un indicio de temores que deben ser reconocidos y confrontados. Es una manera en que nuestro subconsciente da un aviso.
Las pesadillas son una subcategoría de los sueños. La diferencia estriba en su contenido emocional o atemorizador. A causa de su propia naturaleza, se tiende a recordar las pesadillas y sus detalles vívidos. Las pesadillas tienen un impacto más grande sobre la mente al despertar.

Una de las razones de ocurrencia de las pesadillas, puede ser que nuestro subconsciente quiere lograr nuestra atención, sobre una situación o problema que se ha evitado. Indican que es tiempo de enfrentar, cual sea el caso. Las pesadillas tienen un propósito importante en mostrar lo que inquieta a la persona desde dentro de ella a niveles más profundos. Discutir, analizar y comprender las pesadillas puede conducir a la solución de algún problema, conflicto interno o dificultad personal.

CAUSAS DE LAS PESADILLAS


- La niñez y la familia. Las pesadillas actuales, pueden estar arraigadas en traumas y negligencias sufridos desde la niñez. Desde la carencia de amor, negligencia, alcoholismo, hasta el abuso severo. Los miembros de la familia, en algunos casos, pueden ser la influencia más destructiva sobre la vida de una persona. Las pesadillas pueden ser una señal de tal agitación interior.
- La vida. La manera como la vida de la persona se desarrolla y la sociedad en su conjunto, puede contribuir a las pesadillas. La percepción que se tenga del mundo, guerras, desastres naturales, crímenes y la incapacidad individual de controlar tales sucesos puede conducir a pesadillas.

- Las relaciones. Las relaciones íntimas y las interacciones diarias con los demás, pueden también ser una fuente de las pesadillas. Una persona puede estar paranoica acerca de la impresión que causa en los demás. El aislamiento y la infelicidad pueden aparecer en pesadillas como abandono y soledad.

- La tensión. La manera en que se maneja la tensión, puede provocar pesadillas. Las pesadillas son una respuesta normal a niveles inaceptables de temor y tensión. La gente frecuentemente tiene pesadillas sobre su acontecimiento traumático, como una guerra, una muerte, accidentes, terrorismo; etc.
- El trabajo. La mayoría de personas pasa la mayor parte del día trabajando, por lo que hechos conexos con el trabajo son una fuente común de pesadillas. El estrés, la seguridad en el trabajo (o la carencia de ella), los compañeros de trabajo, problemas no resueltos, o el descontento general con lo que se hace pueden manifestarse en una pesadilla.

En general, tensión, traumas, temores, inseguridades, sentimientos de insuficiencia, problemas de salud, asuntos maritales; etc., todo ello pueden ser las razones para tener pesadillas.

Tener pesadillas frecuentemente, puede ser una señal de estar abrumado y con tensión baja. Las pesadillas pueden ser un recurso importante también para el descubrimiento emocional. Sin embargo, merece la pena tener un sentido de esos sueños más oscuros.

SUEÑOS RECURRENTES


Los sueños recurrentes se repiten con poca variación en la historia o tema. Estos sueños pueden ser positivos, pero frecuentemente la mayoría de ellos son pesadillas. Los sueños pueden recurrir, porque un conflicto plasmado en el sueño permanece no resuelto e ignorado. Una vez que se ha encontrado una solución al problema, los sueños recurrentes pueden cesar.
La mayoría de los sueños, contienen mensajes que sirven para enseñarnos algo sobre nosotros mismos. En los sueños recurrentes, el mensaje puede ser tan importante y/o poderoso. La repetición constante de tales sueños fuerza a prestar atención y enfrentar el sueño, ya que éste trata desesperadamente de contar algo.

Los sueños recurrentes son muy comunes y son provocados, frecuentemente, por alguna situación específica de nuestras vidas o un problema que regresa una y otra vez. Estos sueños pueden recurrir a diario, una vez a la semana, o una vez por mes; pero cualquiera que sea la frecuencia, hay poca variación en el contenido del sueño en sí mismo. Usualmente apuntan a alguna debilidad personal, temor, o incapacidad de arreglar algo en nuestras vidas, actuales o pasadas.
Por supuesto, hay también sueños agradables recurrentes. Algunos dicen entrar en un mundo diferente, otros atribuyen esto a recuerdos de viejos sueños que crean uno nuevo.

Ocurre contínuamente que una vez que se descubre lo que el sueño recurrente trata de decir, estos sueños cambian o desaparecen por completo.

SUEÑOS PROFÉTICOS


Los sueños proféticos, conocidos también como sueños premonitorios, son los sueños que aparentemente pronostican el futuro. Una teoría racional para explicar este fenómeno es que nuestra mente es capaz de organizar en el subconsciente, información, observaciones y datos que normalmente se descuidan o que no se consideran seriamente. En otras palabras, nuestra mente inconsciente sabe qué viene antes que nosotros conscientemente organicemos la misma información.
No hay vaticinio de mayor peso que el anunciado por un sueño. El despertar de cualquier persona -ya sea crédula total o escéptica irremediable- quedará marcado por imágenes de gloria, muerte, felicidad o desesperanza si algún suceso onírico así lo determinó. Sí es cierto que cada sueño hay que interpretarlo de acuerdo con el soñador -como sostenía Jung-, donde se estableció que una imagen onírica premonitoria tiene puntos comunes al desentrañar su significado. Al menos en un altísimo porcentaje de los casos.

A diferencia de los sueños comunes, hay elementos determinados que tienen en los sueños premonitorios un significado concreto en más del 97% de los casos. Cuando alguien duerme, recibe estímulos del cuerpo y del exterior. La suma de unos y otros, induce a un estado de sensibilidad onírica que favorece la aparición inconsciente de sucesos extrasensoriales. El conocimiento cierto de un hecho futuro (precognición) intervendría entonces y, a la mañana siguiente o en días sucesivos, lo soñado efectivamente ocurriría.

SUEÑOS DE SALUD


Los sueños de salud, sirven como mensajes para el soñante con respecto a su salud. Los sueños de esta naturaleza pueden decirle al soñante que necesita ir al dentista o médico.
Asclepio, considerado por los griegos -a partir del siglo V a. C.- como el dios de la Medicina, tuvo sus templos en todo el mundo antiguo. Primero en Grecia y Asia Menor, más tarde en Roma y en sus posesiones. En éstos, los pacientes eran tratados por incubatio o "ensueño sanador"; esto es, se les hacía pasar una noche en la casa del dios para que, durante el sueño, éste apareciera frente al enfermo y le comunicara una prescripción.

Entonces, la riqueza de los sueños radica en que se encuentran íntimamente ligados a la individualidad de la persona. Por lo tanto, a pesar de la creencia popular, no existe un manual de interpretación de sueños y no es posible otorgarle un sentido al mismo sin conocer la situación emocional de cada persona en algún determinado momento de su vida.

viernes, 5 de julio de 2019

LA EROTECA: AMARRADA A LA CAMA, MIENTRAS EL SILENCIO DE TUS LABIOS APENAS VA ENCENDIENDO TODO

Ya perdí la memoria y no sé decir desde cuando me gusta todo lo que hace. Ya no sé cual fue la primera vez que toqué su cuerpo ni la vez que también toqué el mío a través de mis deseos hacia él, cuando no estuvo cerca. Tampoco puedo evocar tan fácilmente el instante justo en que visualicé todo lo que ahora somos.
Pero estoy recordando aquel episodio donde inesperadamente fui amarrada por él. Cerraré mis ojos un momento, no me interrumpas…

Había pasado una semana desde la última ocasión que habíamos estado íntimamente juntos. No me había llamado, ni enviado ningún mensaje. Esa noche ni siquiera me lo esperaba. Estaba en el sofá en bragas y camiseta cenando unos cereales, cuando llamó a la puerta. No me dio tiempo ni de ver quien era. Entró rápidamente sin que me diera tiempo a reaccionar.

— Desnúdate y siéntate en la cama.

Todavía alucinando, me dirigí al cuarto sin decir nada. Él me siguió detrás. Me desnudé y me senté en la parte baja de la cama. En silencio lo observaba. Se puso a mi lado y abrió la mochila. Empezó a sacar cintas de tela. Sacó tres y las dejó sobre la cama.

— Túmbate, bocarriba.

Obedecí.

Me coloqué en mitad de la cama. Miré al techo, estaba nerviosa y excitada. Él cogió mi muñeca y se metió mis dedos en su boca. Empezó a besarla y lamerla con su lengua. Dedo a dedo pasaba la lengua y daba ligeros mordiscos que me hacían temblar. Yo respiraba muy fuerte, estaba excitándome aún más. Con la cinta ató mi muñeca y me obligó a estirar el brazo, tirando de ahí hacia la izquierda. Mi brazo izquierdo quedaba totalmente inmóvil. Pasó la cinta por el somier, y la ató a ese lado de la cama.
Nunca me habían atado, era la primera vez. Mis sentidos estaban realmente alebrestados. Él estaba muy serio, tanto que resultaba sexy; estaba concentrado. Pasó el largo de la cinta y ató mi otra muñeca.

— Intenta encoger o mover los brazos.

No podía. Lo intenté con fuerza, pero lo único que conseguía era que los nudos de las cintas se apretaran más. Se quitó los zapatos y se subió encima de la cama. Colocándose delante de mí, intentó separarme las piernas.

— Si no te portas bien, me iré y no habrá más placer.

Yo no quería eso, lentamente separé las piernas dejando todo mi coño abierto.

— Se ve que estás caliente, eres una princesa muy guarra.

Estaba muy avergonzada, tanto que ni siquiera me atrevía a mirarlo. Cogió mi pierna izquierda y la dobló. Con la cinta empezó a inmovilizarla de forma que no pudiera estirar la pierna. Llenó mi pierna de esta cinta desde la rodilla hasta el tobillo. Tenía la pierna como dormida, la sentía pero no podía estirarla. Del tobillo la llevó al extremo de la cama y lo ató. Cogió mi otra pierna e hizo lo mismo. Cuando terminó, estaba completamente inmóvil. Mis piernas estaban colocadas de forma que sería muy fácil follarme.

Él se levantó y colocándose a los pies de la cama, contempló su obra. Yo no quería mirarlo, pero notaba como mi coño estaba lleno de mi jugo y cómo empapaba todo. Estaba demasiado excitada. Quería comenzar a follar y lo quería ahora. Él se desnudó completo y volvió a subirse en la cama. Con su pene erecto colocó sus rodillas a ambos lados de mi cabeza. Lo metió en mi boca, y sujetándome la cabeza, empezó a follarme por ahí. Primero lo introducía con suavidad hasta la mitad. Yo miraba hacia arriba y veía como él estaba disfrutando. Cada vez se iba excitando más y lo metía más adentro. Apenas podía respirar. Como si fuera una muñeca, comenzó a empujar de mi cabeza hacía él. Su pene me llegaba hasta el final de mi garganta y daba fuerte y seguido. Consiguió un ritmo y seguía metiéndomelo más, más y más. Lo sacó de repente de mi boca y empezó a darme golpecitos en la cara. Me lo restregaba por las mejillas, la nariz y por los labios.

Volvió a meterlo dentro de mi boca y comenzó a moverse rápido otra vez. Cuando iba a correrse, lo sacó y se corrió encima de mis senos. Salpicó por todas partes llenando mis tetas, mi cuello y hasta mi boca. Con la lengua me relamí los labios. Me encantaba como sabía su semen.

— Lo has hecho muy bien. Ahora vamos a seguir jugando.

Se levantó de la cama y abrió la mochila. Metió la mano y sacó una mordaza de bola. Me la colocó riéndose. Ya sí que estaba a su merced. Ya ni siquiera podía gritar. También sacó de su mochila un consolador y un pequeño vibrador del tamaño de una pila.
— Veo que no hace falta lubricante, así que lo meteré sin más.

Tomó el consolador y me lo metió en el coño. Estaba tan excitada que entró sin ningún problema.

— Eres una princesa enviciada. Estás tan mojada que se me resbala el consolador. Incluso has llenado la cama. Vamos a divertirnos un poco más.

Noté como él movía algo del consolador y éste empezó a vibrar con fuerza.

— Dios, me encanta. Da tanto placer. Me vuelve loca. No puedo parar de jadear.

Riéndose, agarró después el vibrador pequeño y poniéndolo en marcha lo puso sobre mi clítoris. No podía parar de temblar, estaba acalorada, mojada, excitada y encima no podía moverme. Él me controlaba por completo, decidía el ritmo y de vez en cuando paraba. Técnicamente seguía a su merced. Él decidía si yo podía disfrutar o no.

Dirigió su cara hacia abajo y sin parar de utilizar el vibrador, comenzó a morderme los pezones. Los lamía y chupaba como si quisiera arrancármelos. Se juntó todo, el consolador, el vibrador pequeño y su boca. Me iba a correr. No podía parar de disfrutar y de temblar. Me corría, me iba... ahhh...

El orgasmo fue tan fuerte. Que toda mi espalda tembló y el placer inundó mi cuerpo desde mi cabeza hasta los dedos de mis pies. Parecía que estaba flotando en el cielo.

Él me dejó unos minutos para disfrutar de mi orgasmo, cuando decidió follarme otra vez. Con todo el coño sensible metió su pene y me folló como nunca. Me daba todo lo fuerte que él quería. Sentía que iba a romperme en dos. Yo mordía la mordaza con fuerza y sentía como  mi saliva salía por los lados llenándome y dejándome pringosa. Entre el sudor, su semen, mis jugos y mi saliva parecía una auténtica pervertida.

Me daba tan fuerte que botábamos en la cama con cada embestida. Cuando iba a correrse, sacó su pene de mí y se corrió sobre la entrada de mi coño. Se corrió sobre mi vello púbico, mi clítoris y mi entrada. Estaba muerta, me había dejado fuera de combate. Me desató, las cintas dejaron algunas marcas en mis brazos y piernas. Me quedé allí tirada sobre la cama y sin querer me quedé dormida con él a mi lado.

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