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lunes, 28 de octubre de 2019

LA EROTECA: "FRESAS CON CREMA EN CADA RINCÓN DE MI CUERPO… ES PARA TI Y SOLAMENTE PARA TI" (OTRA VEZ EN CDMX)

        Les voy a contar algo... Ya les dije que él volvió de nuevo a pasar otros días de trabajo aquí en Ciudad de México, entonces nos veíamos cada tarde después de nuestras ocupaciones; así que durante su estancia, prácticamente teníamos sexo diario. Todo era felicidad para mí, manteníamos hace ya mucho tiempo una relación genial, casi perfecta. Un día de esos, se me ocurrió pedirle que pasáramos una noche completa en mi casa; quería ser suya en mi cama, bajo mis sábanas. Al principio se opuso, pero cuando le dije que todos saldrían el fin de semana siguiente, aceptó. Así que estaba la oportunidad de amarnos sin escondernos de nadie y gozar de nuestro amor e intimidad. El resto de la semana me pareció eterno, pero llegó el sábado. Cuando por fin se habían ido, comencé a preparar el que sería nuestro nido de amor por unas horas.
Él llegó puntual a las seis de la tarde, yo lo estaba esperando vistiendo una bata de encaje transparente de color rosa que me había regalado. En juego me puse una tanga y un bra del mismo color y tela, y claro está, descalza ¡tal como le gusta! Sólo quería hacer todo para sorprenderlo. Tocó el timbre, abrí y al estar en la puerta de mi casa, le di un tirón para hacerlo entrar rápidamente. No podía arriesgarme a que algún vecino lo viera. Ya adentro, nos fundimos en un largo y tierno beso. Fue un beso suave y muy prolongado, no había prisas, teníamos toda la tarde y la noche entera para nosotros. Pasamos al comedor donde reímos y hablamos de todo, mientras le serví lo que yo misma le había preparado para la comida. Al terminar le llevé el postre, eran fresas con crema. Le dejé la copa con sus fresas, me jaló hacia él y me sentó sobre la mesa para quedar ambos de frente. Acercó el bote de crema y untó una gran cantidad en mis piernas y abdomen y con su lengua empezó a lamerme muy lentamente.

Tomó una fresa y tras el ritual de pasarla por mis labios y humedecerla con la lengua, la deslizó ardiente por mi barbilla y fue bajando para delinear el canalillo entre mis senos, recorriendo mis pezones que ya estaban totalmente duros. Le guié sus dedos y le di a morder la fresa, para luego pasarla otra vez por mis pezones, impregnándolos del jugo. Seguía lamiéndolos con tal fuerza, que los probaba y los succionaba saboreando el néctar de la fruta. Enseguida terminamos de comer el resto de la fresa. Él veía cómo me mordía el labio inferior, para indicarle que me gustaba.
Ya había dejado mi abdomen sin rastro de crema, pero volvió a tomar el bote y me embadurnó el brassiere y de igual forma se dedicó a limpiarme. Yo estaba gozando mucho, no lo habíamos hecho antes. Ahí me encontraba sobre la mesa, semidesnuda y disfrutando sus caricias irresistibles; lo que me llenaba de una inmensa morbosidad. Mi vagina escurría gran cantidad de líquidos. Él lo notó y mientras seguía chupando mi sostén, su mano ya había entrado dentro de mi ropa interior y jugaba con mi entrada y mis labios vaginales. Su boca fue descendiendo hasta llegar a mi tanga, con sus manos la levantó un poco y puso gran cantidad de crema sobre mi monte de venus. Era tanta la crema colocada ahí, que se abultaba con el relleno y se esparcía a los lados desparramándose. Me abrió las piernas y empezó a deleitarse con la crema que se salía. Yo sentía algo así como descargas eléctricas en mi vientre, experimentaba su lengua tan cerca y la frescura de la crema sobre mi vagina -y ya una parte también dentro de sus profundidades- que me hacían sentir miles de sensaciones y emociones raras… diferentes, excitantes. Estaba simplemente enloquecida.

Mi vagina seguía escurriendo. Ahora mis líquidos estaban mezclados con la crema y mi tanga empapada. Él aún no circundaba su lengua a la orilla, pero debo decir que con este juego, tuve mi primer orgasmo de la tarde. Cuando por fin su lengua llegó a posarse, sentí morirme, su lengua presionaba mi tanga contra mi vagina y al tiempo que la crema se volvía a salir por los lados, otra parte de ésta se introducía en mí, llenándome. Sus dedos fueron retirándome la ropa interior por completo y me encantó como se veía mi entrepierna toda llena de crema. Me entregó la tanga que acababa de quitarme y sin pensarlo me la llevé a la boca, tenía un sabor delicioso, mis líquidos le daban un sabor diferente a la crema.
Estaba extasiada saboreando mi prenda cuando sentí su lengua sobre mi vagina, jugaba con mis labios de una forma magnífica. Con sus movimientos entraba en mí, intentando sacar hasta el último residuo de la crema que ahí se había metido; aunque después no sólo su lengua hurgaba dentro de mí, dos de sus dedos se le unieron en la búsqueda de más crema en mi interior. Cuando terminó de chuparme dejándome completamente limpia, yo estaba desfallecida, había sido un inmenso placer y sin la necesidad de penetrarme.

Una vez recuperada, lo vi sentado en la silla, observándome. Le pregunté qué pensaba y me respondió que le gustaba admirarme, que lo tenía loco y que mi cuerpo le encantaba. Me bajé de la mesa y me arrodillé frente a él bajándole el cierre del pantalón, le dije que él ya había comido su postre y que ahora me tocaba a mí. Así que dejé libre ese duro y grueso pene, le unté crema por todo lo largo -más en la punta- y empecé a chuparlo precisamente como si fuese un helado. Mi lengua recorría todo su tronco y cuando se acababa la crema volvía a ponerle más, cual insaciable. En verdad pude percibir que estaba disfrutando esas succionadas que le daba. Su respiración aumentaba de ritmo y sus jadeos me indicaban que muy pronto eyacularía, así que me metí casi la totalidad de ese riquísimo pene entre mis labios y con mi mano derecha lo masturbaba y con la izquierda acariciaba su abdomen. Sentí la gloria cuando varios chorros de semen llenaron mi boca, que por lo abrupto me costó trabajo tomarme, pero no dejé que se escapara ni una sola gota. Nos miramos, nos besamos y nos acomodamos la ropa para pasar a la sala a ver televisión.
Al caer la noche, nos dispusimos a irnos a acostar, pero estaba muy interesante la película que pasaban. Al terminar de verla, fuimos a la recámara y nos abrazamos besándonos, su lengua hurgaba en mi boca y sus manos retiraban de mi cuerpo la bata y cada una de mis prendas. En segundos me dejó toda desnuda, sus dedos hacían maravillas en mi piel, yo no podía más y casi le arranqué la ropa. Sentir su cuerpo desnudo era fenomenal. Su calidez, la dureza de su miembro rosando mi abdomen. Se recostó sobre mí y podía sentir su pene rosando la entrada de mi vagina.

Por reflejo, ante esta sensación, abrí las piernas para darle entrada a mi interior. Su pene con mi lubricación, sin esfuerzo, se perdió completamente. El ritmo al principio era lento, entraba y salía de mí, dándome un placer intenso; un largo rato lo hicimos así, queríamos hacer de esa madrugada algo único y especial. Espontáneamente, fue subiendo la velocidad de sus movimientos y yo aumentaba el sonido de mis gemidos hasta hacer que fueran gritos. A gritos le decía cuanto lo amaba y el placer que me daba. Gritando le pedía que no se detuviera, que me siguiera penetrando así. Olvidé por completo pensar si había alguien alrededor. Me llenó mi vagina con su candente y espeso semen y volví a gritarle que necesitaba que me extasiara con su leche. Descansamos un rato, pero deseaba aún más, así que me acomodé para poder chuparle su miembro y ya levantado, bajé poco a poco haciendo que se perdiera a través de mi ano. Cuando sentí dentro aproximadamente la mitad, me dejé caer para que entrara de un solo golpe. De mi garganta escapó un grito enorme de dolor y placer. Hubo muchísimos más, cada metida que me daba, era un grito que escapaba. Sin medir consecuencias ni recordando el lugar donde estaba, le decía que me partiera en dos, que me perturbaba como me cogía, que quería que me llenara con su semen. Estaba completamente fuera de mí, me sentía feliz, en éxtasis, en las nubes, como drogada por el placer; me sentía en pocas palabras, la más puta del mundo y así lo exclamé, le dije que era fantástico ser su puta, que nadie me haría gozar nunca como él. Todo parecía excitarle, que le dijera todas esas cosas le calentaban y más fuerte me bombeaba el culo.
No sé bien a bien que tiempo pasó, pero hice que dos veces me llenara con su semen, perdí la cuenta de la cantidad de orgasmos que tuve estando así ensartada por ese mágico falo del placer. Me bajé de él y me recosté dándole la espalda, levanté una de mis piernas y aprovechando que aún estaba erecto, me lo volví a introducir y bajé mi pierna haciendo presión al máximo en su pene entre mis nalgas. No nos movíamos, sólo sentía su dureza dentro. Ya a estas alturas sentía un pequeño ardor en mi ano, pero no me importaba, quería seguir sintiendo su pene llenándome por completo. Así nos ganó el sueño y permaneció dentro hasta el día siguiente.

Desperté por las embestidas, sacando y metiendo su pene en mí. Fue un despertar único. Volvió a mí la lujuria y mi respiración aumentaba, pero no grité como la noche anterior; creo que ya no tenía fuerzas. Entre gemidos le pedí que me avisara cuando fuera a terminar, él asintió con la cabeza. Al poco rato de mi petición, lo oí decirme de forma entrecortada "mi amor, me vas a hacer acabar". Escuché esto, saqué rápidamente su pene y me coloqué de hinojos sobre la cama para chuparlo. Casi se lo arrancaba con la succión de mis labios. Sentí grandes chorros de semen, pero en esta ocasión no me lo tomé, lo guardé en mi boca y cuando estuve segura que no quedaba más, abrí la boca para verter ese semen sobre su pene todavía duro. Lo cubrí por completo y lo acariciaba y, de vez en vez, lo volvía a chupar. Se sentía rico y pegajoso acariciarlo, mientras embarraba el semen a todo lo largo de su miembro.
Habíamos disfrutado como nunca esa cogida. Cuando me levanté de chuparle todo, mi mirada estaba cargada de toda la pasión sentida. Al mismo tiempo, me sentía amada y protegida por él. Creo que ha sido de nuestros mejores encuentros.

viernes, 7 de junio de 2019

LA EROTECA: TE ESPERO EN EL BAR…

Apenas estaba oscureciendo. Yo estaba leyendo el periódico cuando la vi entrar con aquel vestido ligero de verano y venir hacia mi mesa.

— ¿Llevas mucho esperando? – Preguntó.

— Diez minutos, no te preocupes. – Respondí.

Ella se sentó a mi lado, en el extremo de la pequeña mesa, a cuarenta y cinco grados de mi posición. Nos besamos cordialmente, hacía seis meses que no nos veíamos, y ambos sabíamos que ese era mucho tiempo. Hicimos un gesto a la camarera para que nos tomara nota. Pedimos una bebida cada uno y poco después brindamos por el reencuentro. Ella me puso la mano en la cara interior del muslo derecho.
— ¿Me has echado de menos? – Preguntó coqueta.

Me encantaba verla así, receptiva. Le respondí que sí, que la había echado de menos incluso vestida. Ella rió la ocurrencia, que a su vez yo le había robado a un cantautor.

— ¿Y te has tocado pensándome? – Quiso saber mientras apretaba mi muslo.

— Mucho. Aún sigues provocándome esa fuerte debilidad que conoces.

— ¿Seguro? Mira que puedo ponerte el detector de mentiras.

— Ponlo, sabes que no suelo mentir.

Alargó un poco la mano por debajo de la mesa y la puso sobre mi bulto, que, efectivamente, estaba haciendo ya reacción. Sonrió mirándome y continuó haciendo un leve movimiento con la mano. Yo no pude evitarlo y deslicé mi mano bajo la mesa y la subí por la cara interna de su muslo izquierdo, hasta con la punta de los dedos, tocar su más calurosa y acogedora parte.

El bar estaba bastante desierto, salvo una mesa con cuatro personas y la camarera. El lugar en el que me había colocado estratégicamente estaba en la parte más aislada, con lo cual disponíamos de cierta intimidad. Así que seguí alargando la mano hasta deslizar mi dedo índice por su hendidura y disfrutar de sus gestos, que era lo que más me estimulaba, ver el deseo y el placer en su cara. Ella me apretó y después bajó la cremallera metiendo la mano. Le resultaba difícil en esa postura bajar el bóxer para llegar hasta ahí. Decidí facilitarle la entrada. Me eché hacia atrás y me desabroché el botón abriendo el pantalón. Después bajé el bóxer trabándolo y dejándolo todo a su alcance bajo la mesa. Ella enseguida agarró y comenzó a masajear suavemente. Seguíamos mirándonos a los ojos, que expresaban un 'sálvese quien pueda'.

— Tengo que pedirte un favor - Le dije.

— ¿Cuál?

— Quítate las bragas y guárdalas en el bolso, me molestan.

Ella miró hacia el bar asegurándose de que no iba a ser excesivamente descarada. Después coló sus manos bajo la falda y levantándose un poco de la silla, sacó las bragas de su prisión. Luego las guardó en el bolso no sin habérmelas puesto en la nariz un par de segundos. Ahora tenía acceso libre a su centro vital. Volví a meter la mano y comprobé que su humedad iba en aumento, tanto es así que lo hice sin esfuerzo alguno. De nuevo su cara expresó el placer y su garganta emitió un gemido que no alcanzó a los oídos de los demás. Seguí suavemente con un dedo, mientras con otro le acariciaba. Me encantaba masturbarla.

Ella había friccionado bien y subía y bajaba la mano con densidad. Después retiró la mano y se la llevó a la boca, la empapó con saliva y volvió, deslizándose hacia abajo y lubricando. Era delicioso sentir su mano así. Era un juego que siempre habíamos tenido, nos gustaba la masturbación recíproca.

Yo seguía haciéndolo justo como a ella le gustaba y agitando en círculos su hermoso paraíso. En su cara se podía ver todo lo que un hombre desea para sí. Era hermosa, pero sintiendo placer era mucho más, era completamente arrebatadora.

— Si sigues así me voy a correr, y para eso la quiero dentro, hasta el fondo – Me dijo.

Yo miré el bar, la mesa ocupada seguía a lo suyo; supongo que se habían dado cuenta, pero disimulaban muy bien. La camarera secaba los vasos del lavavajillas como dejando pasar el tiempo.

Eché un poco hacia atrás la silla y le dije que subiera encima. No lo pensó, lo hizo. Yo sentado y ella sentada sobre mí dándome la espalda y haciendo movimientos circulares, sentía como me estaba empapando. Se echó hacia atrás y le mordí una oreja.

— No te corras dentro – Me dijo.

— Córrete tú primero, quiero verlo.

Seguí masajeando cuando sentí que se perdía. Le tapé la boca, la conocía bien. Su cuerpo se estremeció sobre mí y empezó a correrse. Sus gemidos eran enmudecidos por mi mano, pero no pude evitar que se le escapara un grito que hizo que la camarera más cercana, mirara hacia nosotros e hiciera un gesto de asombro. Disimuló apartando la mirada, pero sé que no podía evitar echarnos una ojeada sorprendida.

Ella se quitó de encima y volvió a su silla. Me miró.

— Voy a correrte – Me dijo.

Se puso saliva en la mano y comenzó a hacerlo rápidamente. Agregó la otra mano, sabía que me gustaba así. La camarera no dejaba de echarnos miradas esporádicas pero frecuentes, y yo estaba a punto de correrme, al parecer eso no se lo quiso perder. Cuando ella vio que mis facciones se contraían, agachó la cabeza y se perdió ahí; siempre le había gustado mi esencia, la trataba como un manjar exquisito. Empecé a eyacular agarrándome a la silla mientras ella tragaba. Me convulsioné. Ella aguantó estoicamente y después me lamió bien los restos. Cuando se incorporó, se lamió un par de dedos apurando el semen.

Ambos quedamos relajados, mirándonos con cara de quien desea que se repitan situaciones así.

Al rato bajamos a la barra y pedí la cuenta a la camarera.

— Enseguida – Me dijo.

Le entregué un billete y fue hasta la caja registradora. Volvió y me entregó el cambio.

— ¿Les ha gustado el servicio? – Preguntó.

Sonreímos los tres. Miré el dinero y se lo entregué a la camarera.

— Por el trato recibido – Le dejé caer. Ella sonrió.

— Vuelvan cuando quieran, yo estoy siempre en este horario.

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viernes, 31 de mayo de 2019

LA EROTECA: LOS SUTILES MATICES CLAROSCUROS ENTRE LO ERÓTICO Y LO PORNOGRÁFICO

Hoy es viernes y, como los próximos, corresponde a la interesante y sugestiva sección intitulada "La Eroteca _click_SeX", donde desde diversidad de ángulos podrá aquí profundizarse en los entresijos de la sexualidad -y los sentidos y las sensaciones- para derribar límites, abrir mentes, desmontar mitos y borrar tabúes. Eso a través del arte. La pintura, la escultura, la música, la literatura (narrativa, poesía, filosofía), el cine, el teatro; y más.
Como preámbulo, a continuación se abordarán las dos formas de la exhibición del componente sexuado del ser humano: el erotismo y la pornografía y, por consiguiente, ese rango que separa ambos; cuando el primero está definido por un lujo sutil y elegante, alejado de las consideradas burdas y obscenas connotaciones que a veces implica lo pornográfico. Pero que hasta cierto punto, dentro del ámbito no se debe -o no se puede- prescindir de estas formas, bajo la premisa de una confortable intimidad y con la calidez de las voluntades siempre que deseen lo mismo.

DEL EROTISMO ACEPTABLE Y DE LA PORNOGRAFÍA ÉTICA


Y es que la verdadera lucha sale a flote cuando los acuerdos morales de lo decente o indecente entran en juego, dejando mucho de esto a la subjetividad de cada persona; en torno a su cultura, sus raíces, sus creencias y sus experiencias para emitir un juicio sobre ello.

Por un lado, el erotismo (que deriva de Eros el Dios del amor como la fuerza de cohesión entre los seres) es el enfoque estético que se le da a la sexualidad evocada, más precisamente al deseo y a todos los sentimientos que anticipan la actividad sexual y que después da lugar a la imaginación y la pasión dejando la situación en suspenso del qué es o qué pasará para después ser creativo. Se refiere, asimismo, al estado de excitación que surge de la incitación y de la insinuación y; por lo general, se trata de un sentimiento que se asocia más bien a la parte de la líbido y no al amor físico en sí.

Ahora bien, la pornografía deriva, del término griego "pornographos" que quiere decir literalmente "escrito sobre las meretrices"; es decir que originalmente la pornografía es la descripción de la vida, hábitos y costumbres de las prostitutas y sus proxenetas. Por eso la obviedad está entonces en ser explícitos con las relaciones sexuales y con la genitalidad, donde cualquier obra, escena o párrafo que tenga una pieza pornográfica son simples accesorios que conducen.
Pero tanto en el erotismo permisible como en la pornografía ética, para serlo, no debe existir de por medio una coacción o violencia de la voluntad de las personas participantes.

Ya luego, la línea que se tiende dentro de este universo sexual entre algo que puede ser aceptable o repugnante, son los derechos humanos. Significaría que el atentar contra una persona, no es pornografía, sino un gran crimen porque no hay erotismo con niños ni forzando a alguien a hacer lo que no quiere. Entonces, el límite irrebasable, es esa barrera que no permite que se dañe a uno mismo o a terceros.

NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE DECIRLE ALGO ERÓTICO Y/O PORNOGRÁFICO A QUIEN INTUYES QUE QUIERE ESCUCHARLO DE TI


Como ya se dijo, la división entre erotismo y pornografía es ponderantemente cultural. Porque lo que para una sociedad es erotismo, para otra puede ser pornografía. En todos los casos, no hay una objetividad que trace una línea divisoria.
Si bien el erotismo, al igual que la pornografía, representa al ser humano sexualmente activo; el primero deja todo lo que sucede liberado a una fantasía impredecible, mientras que el segundo, es una representación explícita y gráfica de la relación en sí misma.

Así, en los relatos o poemas eróticos se describen imágenes de la exterioridad del erotismo, cuando a muchos les interesa profundizar respecto al instante en que la exterioridad se une con el mundo interior; porque si sólo se describe lo exterior, se infravalora y se reduce la interioridad que también importa. De tal manera que si se piensa sólo en la imagen externa, todo se vuelve mecánico y aburrido.

La pornografía incluye todo tipo de material sexualmente explícito que se ofrece al espectador, lector u oyente y que tratan de provocar excitación. Se trata de cosas no aptas para niños ni menores de edad debido a que su contenido es demasiado evidente como para que puede ser exhibido ante cualquier público.

Y otra de las diferencias que podemos encontrar es que en las películas eróticas, la relación sexual puede ser fingida por los actores; mientras que en las películas condicionadas, el sexo entre ambos es completamente real ya que se puede observar la eyaculación con toda claridad.

Debido a todo esto, puede decirse que el erotismo visual es una especie de pornografía mucho más delicada y cuidada, ya que si bien se pueden ver escenas subidas de tono, los actores cubren sus partes íntimas o realizan las escenas detrás de un vidrio empañado o una cortina. En el caso del porno sucede diferente, pues los genitales de ambas personas son perfectamente visibles y las relaciones son totalmente reales. Y es que mucho del erotismo y de la pornografía comercial, es estereotípica, por lo que el reto es romper estereotipos y alcanzar lo que se ha ido perdiendo y que está ausente en lo erótico y pornográfico actual.

En base a lo anterior, este es el verdadero límite: lo que se vale o no en una relación, es de origen y procedencia inexorablemente cultural. Se vale atreverse a hacer lo que te piden y a plantear lo que tú desees, siguiendo esta coyuntura. ¡Se trata de explorar en lo habitual y a veces sorprender con lo extraordinario!

EXPERIMENTACIÓN VISUAL CON UN CUERPO DESNUDO


Ahora bien, la mente es  tan espectacularmente diversa que cada persona procesa de diferente manera todo lo percibido. De esta forma, al observar un cuerpo desnudo resulta que para unos es erotismo; para otros es etnografía, para algunos es pornografía y no falta quien diga que es anatomía. Y cada elección sería válida.
De lo que puede concluirse que de la sociedad particular donde cada quien se desenvuelva, dependen las perspectivas de cada individuo; lo que significa que debemos partir de nuestras limitaciones como entes sociales, cuando en algún momento -casi por inercia- debemos elegir entre el erotismo en la habitación del arte y la pornografía en el rincón de la obscenidad. Pero sin despojarnos de esa voluntad que en tal caso, haría lícita y justificada cualquier elección nuestra.