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sábado, 27 de julio de 2019

LA EROTECA: "CABRÓN: NO, NO TE FIJES EN SUS GEMIDOS". UN POEMA INTELIGENTE

Cabrón:
No, no te fijes en sus gemidos,
ella puede gritar como una puta
ninfómana y no sabrías si finge
o no.

Fíjate en sus gestos naturales,
en sus pies que pone de puntillas
como bailarina, en la rigidez de
detrás de sus rodillas, en sus axilas
sudorosas y su respiración; siente su
carne al abrirse y lo caliente que
es por dentro; su humedad, sí,
tócala si así lo deseas, pues si
está en ese éxtasis no le importará.
Haz que se pruebe ella misma y que
se haga adicta a su sabor, a su olor.

Dile suciedades al oído, si te pide que
le sigas hablando así, y que le chupes
la oreja, cabrón, es porque lo estás
haciendo bien; dile más y haz que
ella misma se las diga. Siente su
saliva, lámele los labios, también
su boca. Siente cómo se va muriendo,
cómo se desmorona, cómo le brincan
algunos músculos naturalmente,
cómo se desespera y se aferra a ti.

Observa cómo se tuerce,
cómo estruja las sábanas,
cómo sucumbe lentamente,
cómo te dice cosas que nunca había dicho,
cómo se pone como nunca se había puesto,
cómo se excita,
cómo se muere,
sí, cómo se muere.

Mira cómo le tiemblan las piernas
y explota frente a ti,
y quiere ser salvada,
para no morir de placer.
Observa bien esa metamorfosis
de diosa a humana pecadora,
carnal, necesitada de ti,
de un simple cabrón como tú.

Cuando haya pasado todo esto,
entonces sí, fue tu puta, y ella lo
sabe, y ella te lo dijo, y quiso que se
lo dijeras y que la trataras como tal,
no porque quisiste sino porque ella
deseó ser y decirlo, y sentirse así;
se sintió tan libre y plena al ser tu puta;
promiscua, llena, puta; sí, eso fue,
eso quiso, quiso ser tu puta, cabrón.
                                                                                                By

viernes, 5 de julio de 2019

LA EROTECA: AMARRADA A LA CAMA, MIENTRAS EL SILENCIO DE TUS LABIOS APENAS VA ENCENDIENDO TODO

Ya perdí la memoria y no sé decir desde cuando me gusta todo lo que hace. Ya no sé cual fue la primera vez que toqué su cuerpo ni la vez que también toqué el mío a través de mis deseos hacia él, cuando no estuvo cerca. Tampoco puedo evocar tan fácilmente el instante justo en que visualicé todo lo que ahora somos.
Pero estoy recordando aquel episodio donde inesperadamente fui amarrada por él. Cerraré mis ojos un momento, no me interrumpas…

Había pasado una semana desde la última ocasión que habíamos estado íntimamente juntos. No me había llamado, ni enviado ningún mensaje. Esa noche ni siquiera me lo esperaba. Estaba en el sofá en bragas y camiseta cenando unos cereales, cuando llamó a la puerta. No me dio tiempo ni de ver quien era. Entró rápidamente sin que me diera tiempo a reaccionar.

— Desnúdate y siéntate en la cama.

Todavía alucinando, me dirigí al cuarto sin decir nada. Él me siguió detrás. Me desnudé y me senté en la parte baja de la cama. En silencio lo observaba. Se puso a mi lado y abrió la mochila. Empezó a sacar cintas de tela. Sacó tres y las dejó sobre la cama.

— Túmbate, bocarriba.

Obedecí.

Me coloqué en mitad de la cama. Miré al techo, estaba nerviosa y excitada. Él cogió mi muñeca y se metió mis dedos en su boca. Empezó a besarla y lamerla con su lengua. Dedo a dedo pasaba la lengua y daba ligeros mordiscos que me hacían temblar. Yo respiraba muy fuerte, estaba excitándome aún más. Con la cinta ató mi muñeca y me obligó a estirar el brazo, tirando de ahí hacia la izquierda. Mi brazo izquierdo quedaba totalmente inmóvil. Pasó la cinta por el somier, y la ató a ese lado de la cama.
Nunca me habían atado, era la primera vez. Mis sentidos estaban realmente alebrestados. Él estaba muy serio, tanto que resultaba sexy; estaba concentrado. Pasó el largo de la cinta y ató mi otra muñeca.

— Intenta encoger o mover los brazos.

No podía. Lo intenté con fuerza, pero lo único que conseguía era que los nudos de las cintas se apretaran más. Se quitó los zapatos y se subió encima de la cama. Colocándose delante de mí, intentó separarme las piernas.

— Si no te portas bien, me iré y no habrá más placer.

Yo no quería eso, lentamente separé las piernas dejando todo mi coño abierto.

— Se ve que estás caliente, eres una princesa muy guarra.

Estaba muy avergonzada, tanto que ni siquiera me atrevía a mirarlo. Cogió mi pierna izquierda y la dobló. Con la cinta empezó a inmovilizarla de forma que no pudiera estirar la pierna. Llenó mi pierna de esta cinta desde la rodilla hasta el tobillo. Tenía la pierna como dormida, la sentía pero no podía estirarla. Del tobillo la llevó al extremo de la cama y lo ató. Cogió mi otra pierna e hizo lo mismo. Cuando terminó, estaba completamente inmóvil. Mis piernas estaban colocadas de forma que sería muy fácil follarme.

Él se levantó y colocándose a los pies de la cama, contempló su obra. Yo no quería mirarlo, pero notaba como mi coño estaba lleno de mi jugo y cómo empapaba todo. Estaba demasiado excitada. Quería comenzar a follar y lo quería ahora. Él se desnudó completo y volvió a subirse en la cama. Con su pene erecto colocó sus rodillas a ambos lados de mi cabeza. Lo metió en mi boca, y sujetándome la cabeza, empezó a follarme por ahí. Primero lo introducía con suavidad hasta la mitad. Yo miraba hacia arriba y veía como él estaba disfrutando. Cada vez se iba excitando más y lo metía más adentro. Apenas podía respirar. Como si fuera una muñeca, comenzó a empujar de mi cabeza hacía él. Su pene me llegaba hasta el final de mi garganta y daba fuerte y seguido. Consiguió un ritmo y seguía metiéndomelo más, más y más. Lo sacó de repente de mi boca y empezó a darme golpecitos en la cara. Me lo restregaba por las mejillas, la nariz y por los labios.

Volvió a meterlo dentro de mi boca y comenzó a moverse rápido otra vez. Cuando iba a correrse, lo sacó y se corrió encima de mis senos. Salpicó por todas partes llenando mis tetas, mi cuello y hasta mi boca. Con la lengua me relamí los labios. Me encantaba como sabía su semen.

— Lo has hecho muy bien. Ahora vamos a seguir jugando.

Se levantó de la cama y abrió la mochila. Metió la mano y sacó una mordaza de bola. Me la colocó riéndose. Ya sí que estaba a su merced. Ya ni siquiera podía gritar. También sacó de su mochila un consolador y un pequeño vibrador del tamaño de una pila.
— Veo que no hace falta lubricante, así que lo meteré sin más.

Tomó el consolador y me lo metió en el coño. Estaba tan excitada que entró sin ningún problema.

— Eres una princesa enviciada. Estás tan mojada que se me resbala el consolador. Incluso has llenado la cama. Vamos a divertirnos un poco más.

Noté como él movía algo del consolador y éste empezó a vibrar con fuerza.

— Dios, me encanta. Da tanto placer. Me vuelve loca. No puedo parar de jadear.

Riéndose, agarró después el vibrador pequeño y poniéndolo en marcha lo puso sobre mi clítoris. No podía parar de temblar, estaba acalorada, mojada, excitada y encima no podía moverme. Él me controlaba por completo, decidía el ritmo y de vez en cuando paraba. Técnicamente seguía a su merced. Él decidía si yo podía disfrutar o no.

Dirigió su cara hacia abajo y sin parar de utilizar el vibrador, comenzó a morderme los pezones. Los lamía y chupaba como si quisiera arrancármelos. Se juntó todo, el consolador, el vibrador pequeño y su boca. Me iba a correr. No podía parar de disfrutar y de temblar. Me corría, me iba... ahhh...

El orgasmo fue tan fuerte. Que toda mi espalda tembló y el placer inundó mi cuerpo desde mi cabeza hasta los dedos de mis pies. Parecía que estaba flotando en el cielo.

Él me dejó unos minutos para disfrutar de mi orgasmo, cuando decidió follarme otra vez. Con todo el coño sensible metió su pene y me folló como nunca. Me daba todo lo fuerte que él quería. Sentía que iba a romperme en dos. Yo mordía la mordaza con fuerza y sentía como  mi saliva salía por los lados llenándome y dejándome pringosa. Entre el sudor, su semen, mis jugos y mi saliva parecía una auténtica pervertida.

Me daba tan fuerte que botábamos en la cama con cada embestida. Cuando iba a correrse, sacó su pene de mí y se corrió sobre la entrada de mi coño. Se corrió sobre mi vello púbico, mi clítoris y mi entrada. Estaba muerta, me había dejado fuera de combate. Me desató, las cintas dejaron algunas marcas en mis brazos y piernas. Me quedé allí tirada sobre la cama y sin querer me quedé dormida con él a mi lado.

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viernes, 21 de junio de 2019

LA EROTECA: EL LENGUAJE SEXUAL GENUINO A TRAVÉS DE LOS GEMIDOS COMO TRANSMISIÓN NO VERBAL

"Las palabras se caen de mis manos...
y el DOLOR de mi lengua"
(Pablo de Rokha)

         A veces no se necesitan las palabras, se prescinden de ellas. Es una vía de doble sentido durante el acto sexual. Y estar en el acto, es encontrarse en un momento totalmente primitivo, sublime y vulnerable en el que cada persona debe adentrarse y disfrutar.
       En el desarrollo pleno de la sexualidad, mientras más información, más herramientas tienen las parejas a su alcance para experimentar su relación sin cortapisas que les bloqueen o impidan la culminación de cada acto sexual; como es el caso de un elemento tan natural, como lo sonidos y las emisiones no verbales que se desprenden durante estos encuentros.

     La respiración, los gemidos, los quejidos y los gritos sexuales, son indicadores de que los estímulos -sus formas y sus intensidades- que se le están aplicando a la pareja son los adecuados y que ésta responderá de acuerdo a ellos, para evidenciar que las caricias que recibe son las correctas. Por ende, juega un papel clave en la excitación el gemir, hacer ruido o gritar en la cama como una forma de expresión; que básicamente libera y deja llevar, además de aniquilar todo aquéllo que tense.

Entonces debe prestarse atención a estas manifestaciones que, además, tienen la función de estimular a la pareja; por ello, es recomendable aprender técnicas de respiración e, incluso, encontrar y practicar los quejidos que se consideren apropiados para usar durante los encuentros íntimos.
Se sabe científicamente que la sangre de una persona que está siendo bien estimulada -y, por tanto, que está logrando un alto nivel de excitación- aumenta su nivel de circulación, sobretodo en la zona que está siendo estimulada; lo que incrementa también la demanda de oxígeno, y provoca una respiración más intensa.

Así que cuando la respiración durante el acto sexual es entrecortada, la persona se cansa más rápido y disminuye la prolongación de la excitación y el placer que está recibiendo; por lo que es recomiendable que en esos momentos la respiración sea profunda y nasal, pero expulsando el aire por la boca para aumentar la oxigenación y la circulación de la sangre y con esto, prolongar la intensidad del placer.

Ya luego, así como el gemido es una respuesta positiva al estímulo, el grito -que a veces es una mezcla de placer y dolor-, indica que la pareja está en el punto máximo de excitación. Puede decirse entonces que la respiración, los gemidos, los quejidos y los gritos sexuales son códigos de suma importancia, especialmente en las personas que no expresan con palabras lo que sienten.

También al expresar excitación, se estimula a la pareja y da oportunidad de saber que hace lo correcto y, aunque se intente fingirlo, siempre será un indicador más realista que las palabras.

LOS GEMIDOS DEL ESPÍRITU

        El gemido del interior, el que emana del espíritu, es hablar en algún idioma extraño. Según el transcurso de una relación sexual, se producen sonidos; son esos gemidos indecibles, a veces descifrables y otras tantas, tan indescifrales. Gemir tiene que ver con un suspiro profundo, con un sentimiento interno de dolor o ardor inexplicable. Gemir, es lanzar el suspiro y el quejido de lo que desea escapar de la esclavitud de adentro y se exterioriza.

         En la mayoría, pareciera como si tuviesen un nivel predeterminado y pudiesen adaptarse al volumen que tenga su pareja y tienden a subirlo sólo cuando el otro haya hecho algo que han sentido como espectacular, o en el peor de los casos, cuando buscan acelerar el fin del coito.
     Actualmente, el sexo ruidoso es un tema tabú para mucha gente, quienes se dividen ante la máxima excitación, si gritar o no. Sin embargo, hay personas -tanto hombres como mujeres- que decidieron dejar de reprimir sus gustos y acciones en la cama.

        La cuestión es muy simple, las personas evitan emitir sonidos en la cama por incomodidad, por pena, o por el temor a ser juzgados; lo que condiciona de antemano una libre experiencia sexual.

Y para quitarse esa venda de los ojos, lo primero que debe pensarse y digerirse, es que las relaciones sexuales y la sexualidad son algo inherentemente natural.

Cuando se logra entender eso y justo en el momento en el que se libera la tensión que se ha acumulado, y cuando todos los sentidos están disparados, todo es mucho más erótico. Lo que casi garantiza un orgasmo explosivo y excelso.

         Comunicarse es algo crucial para saber qué nos gusta, conocernos y sentirnos más cómodos y; por supuesto, transmitirlo. Así como para prosperar en la relación y modificar o subsanar lo que no debe hacerse. Mejorar la comunicación es importante. No hay nada superable que el sexo cuando se es capaz de vivirlo plenamente y sin presiones. Disfrutar de la intimidad, cuidar a la pareja, manifestarse recíprocamente y buscar qué es lo que más los excita cuando de relaciones sexuales se trata es la base coyuntural y la construcción de todo.
Una vez que se deja de reprimir la comunicación no verbal, se experimentará la sexualidad de una forma 100% diferente. Sentirse deseada/o, cómoda/o y segura/o… y con ello, lograr que tu pareja lo sea también contigo.

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