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viernes, 30 de agosto de 2019

GOEBBELS, EL HOMBRE LEAL DEL FÜHRER: LA DERROTA ALEMANA Y LAS MUERTES MASIVAS TRAS EL SUICIDIO DE HITLER

— "Alemania podrá sobrevivir a esta terrible guerra, pero sólo si tiene ejemplos que puedan orientar su reconstrucción. […] Llegará el día que seremos limpios y puros ante el mundo, como siempre han sido nuestra fe y nuestras metas".
Con probabilidad histórica, se ha dicho acerca de J. Goebbels que se trata de una figura sobrevalorada, pues su importancia en el seno del régimen nazi era menor porque no lo tomaban en cuenta en algunas de las grandes decisiones y que no era el gran propagandista que aparentaba. Asimismo, se cuestiona su amistad íntima con Hitler.

También se dice de Goebbels que padecía un trastorno narcisista de la personalidad que le hacía buscar adictivamente el reconocimiento y el elogio, lo que explicaría la subrayada lealtad y casi absoluta devoción a Hitler, su obsesión con su propia imagen y el hecho de que pasara una considerable parte de tiempo enzarzado en largas batallas contra sus competidores en el entorno del Führer.​ Él ha sido señalado, además, como uno de los principales instigadores de actos antisemitas y uno de los pocos líderes nazis en mencionar públicamente el genocidio judío.
Paul Joseph Goebbels​ (1897-1945) fue un político alemán que ocupó el cargo de ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945. Siendo uno de los colaboradores más cercanos de Adolfo Hitler,​ fue conocido por su dominio de la oratoria, un profundo antisemitismo​ y el respaldo a una discriminación racial más progresiva que acabaría dando lugar al exterminio de los judíos durante el llamado Holocausto. Sus adversarios políticos lo consideraron un temido demagogo y agitador de masas.

Esta reputación comenzó después de la refundación del NSDAP, cuando Goebbels organizó disturbios y enfrentamientos en las calles contra los comunistas en Berlín.​ El uso de discursos vívidos y manifestaciones públicas violentas, lograron aumentar el número de seguidores del partido.
El 23 de julio de 1944, Hitler lo nombró «plenipotenciario del Reich para la guerra total» (Reichsbevollmächtigter für den totalen Kriegseinsatz) por el que Goebbels emprendió medidas, mayoritariamente infructuosas, para aumentar el total de personas disponibles para la Wehrmacht y la producción de armamentos. Pronunció un elocuente discurso sobre la guerra total en el Palacio de los Deportes de Berlín, justo cuando los éxitos iniciales del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial dieron paso a las sucesivas derrotas que condujeron a la caída del régimen.

SU MATRIMONIO Y VIDA PRIVADA


A finales de 1930, Goebbels conoció a Magda Ritschel, una divorciada que se había unido al NSDAP unos meses antes. Ritschel estuvo casada con el industrial Günther Quandt, pero se separaron en 1929. Trabajaba como voluntaria en las oficinas del partido en Berlín y ayudaba a Goebbels en la organización de sus documentos privados. Su departamento en la Reichskanzlerplatz -que en 1963 sería renombrada como Theodor-Heuss-Platz- se convirtió en punto de reunión favorito de Hitler y otros funcionarios del NSDAP.​ Goebbels y Ritschel, se casaron el 19 de diciembre de 1931 y Hitler fue el padrino del novio.
A medida que la guerra llegaba a su fin y Alemania se enfrentaba al inexorable declive, Joseph Goebbels se trasladó junto con su esposa Magda y sus hijos a Berlín. Hitler se suicidó el 30 de abril y, de acuerdo con su testamento, Goebbels le sucedió como canciller del Reich (Reichskanzler). Al día siguiente, ante la inminente derrota alemana, se suicidó junto a su esposa después de envenenar a sus seis hijos.

DERROTA, ENVENENAMIENTOS Y SUICIDIO


En los últimos meses de la guerra, los discursos y publicaciones de Goebbels adquirieron un tono cada vez más 'apocalíptico' y llamaba a los ciudadanos a «soportar valientemente la batalla para alcanzar la grandeza». A principios de 1945, ya no podía ocultar el hecho de que la derrota era inevitable. Berlín tenía pocas fortificaciones, artillería y unidades del Volkssturm, pues casi todo lo que había fue enviado al frente de guerra.​ El 21 de enero, anotó en su diario que millones de alemanes estaban huyendo hacia el oeste. Con Hitler discutió la propuesta de negociar la paz con los aliados occidentales, pero el líder nazi rechazó nuevamente esa idea. Cuando otros líderes nazis recomendaron a Hitler abandonar la capital y establecer un nuevo centro de resistencia en el reducto nacional en Baviera, Goebbels se opuso y dijo que harían una última resistencia heroica en Berlín.​ Su familia -excepto Harald, un hijo de Magda de su anterior matrimonio que había servido en la Luftwaffe y había caído prisionero ante las fuerzas aliadas- se trasladó a su residencia en Berlín a la espera del fin.​
Posiblemente, Goebbels discutió con su esposa el suicidio y el destino de sus hijos durante una larga reunión que tuvieron en la noche del 27 de enero.​ Ya había mencionado sus intenciones de suicidarse en junio de 1943. En un editorial de octubre de 1944, escribió: «Para una persona, nada sería más fácil que despedirse de este mundo». El 28 de febrero de 1945, declaró en un discurso por radio que «moriría con sus hijos defendiendo la ciudad capital».​ Entendía que las demás naciones castigarían los actos cometidos por el régimen y no tenía intenciones de someterse a la 'debacle' de un juicio.

Quemó sus documentos privados en la noche del 18 de abril. En los últimos días, Goebbels trataba de animar a Hitler y le dijo que tendrían un 'milagro de la providencia'.​ Durante esos catastróficos momentos, obtuvo la posición que tanto había deseado hacía tiempo: estar al lado de Hitler.
La mayor parte del círculo cercano de Hitler -Göring, Himmler, Ribbentrop y Speer; entre otros- se estaba preparando para abandonar la capital inmediatamente después de la celebración del cumpleaños del Führer (20 de abril). El 22 de abril, Hitler anunció que permanecería en Berlín y se pegaría un disparo en la cabeza. Ese mismo día, Goebbels se trasladó con su familia al Vorbunker, conectado al búnker del Führer bajo el jardín de la Cancillería del Reich en el centro de la capital;​ le dijo al vicealmirante Hans-Erich Voss que no se entretendría con la idea de entregarse a los aliados o escapar. El 23 de abril, Goebbels hizo un anuncio público en el que instó a los berlineses a defenderse durante los ataques a la capital,​ ya que en ese momento los soviéticos estaban a pocos días de llegar a la Cancillería del Reich. Después de la medianoche del 29 de abril, Hitler se casó con Eva Braun en una pequeña ceremonia civil en el Führerbunker​ y organizó un modesto desayuno de bodas con su nueva esposa. Llamó a su secretaria, Traudl Junge, a otra habitación y dictó su última voluntad y testamento;​ Goebbels y Bormann estuvieron presentes como testigos.​ En el testamento, Hitler decidió no elegir un nuevo Führer o líder del NSDAP y; en su lugar, el cargo de canciller del Reich fue delegado a Goebbels, Karl Dönitz (quien estaba en Plön) fue nombrado presidente del Reich y Bormann ocupó el Ministerio del NSDAP.​ Goebbels escribió una posdata en el testamento diciendo que iba a desobedecer la orden de abandonar Berlín y que, «por razones de humanidad y lealtad personal, permanecería en la capital​ junto a su esposa e hijos y acabarían sus vidas al lado del Führer».

A mitad de la tarde del 30 de abril, Hitler se suicidó con un disparo en la cabeza.​ Goebbels se deprimió por su muerte. Seguido a esto, Goebbels, Bormann y algunos oficiales presentes en el búnker decidieron enviar al general Hans Krebs (quien podía hablar ruso) a negociar un armisticio con los soviéticos. Alrededor de las 03:00-04:00 h, Krebs y el coronel Theodor von Dufving llegaron al cuartel soviético bajo una bandera blanca para entrevistarse con el comandante del 8.º Ejército de Guardias, Vasili Chuikov, con instrucciones de entregarle una carta firmada por Bormann y Goebbels informándole sobre la muerte de Hitler y solicitando la tregua.​ Sin embargo, Chuikov seguía las órdenes de Stalin para los alemanes.​ Debido a que no tenía autorización para capitular, Krebs regresó al búnker.​ Al conocer la noticia, Goebbels determinó que más esfuerzos serían inútiles,​ porque no iba a permitir la rendición incondicional. En su testimonio, el vicealmirante Voss relató lo que ocurrió a su salida del búnker: «[...] mientras me despedía, le pedí a Goebbels que se uniera a nosotros. Pero él respondió: "Un capitán nunca abandona su barco que se hunde. He pensado en todo y decidimos permanecer aquí. No tengo a dónde ir, porque con los niños pequeños no podré escapar, sobre todo con una pierna como la mía..."».
En la noche, Goebbels llamó a un dentista de las SS, Helmut Kunz, para inyectar morfina a los seis niños y así cuando estuvieran inconscientes, aplastar una ampolla de cianuro en cada una de sus bocas.​ Según el testimonio de Kunz, él sólo inyectó morfina a los niños y fueron Magda Goebbels y Ludwig Stumpfegger -médico personal de Hitler-, quienes administraron el cianuro.​ Alrededor de las 20:30-20:40 h, Goebbels y su esposa abandonaron el búnker y caminaron hasta el jardín de la Cancillería, donde se suicidaron. 

Existen varias versiones diferentes de este evento: en una, Goebbels disparó el arma contra su esposa y luego se suicidó;​ en otra versión, primero tomaron un poco de las ampollas de cianuro e inmediatamente unos soldados les dieron el golpe de gracia. En 1948, Günther Schwägermann, ayudante de Goebbels, testificó que la pareja caminaba frente a él subiendo escaleras y salió al jardín de la Cancillería. Schwägermann esperó en el hueco de las escaleras y oyó los disparos. Después, subió y, una vez fuera, vio los cuerpos sin vida del matrimonio. Bajo órdenes previas, un soldado de las SS disparó varias veces al cuerpo de Goebbels para rematarlo.​ Trataron de incinerar los cuerpos con gasolina, pero los restos no se quemaron ni fueron enterrados.
La muerte de Goebbels eliminó el último obstáculo que impedía al general Helmuth Weidling -último comandante del área defensiva de Berlín- aceptar los términos de rendición incondicional de su guarnición, pero eligió retrasar la petición hasta la mañana siguiente para permitir que sus subordinados huyeran en la noche.​ La batalla de Berlín duró hasta el 2 de mayo y supuso grandes pérdidas para ambos bandos. Unos días más tarde, Voss fue llevado de vuelta al búnker por los soviéticos para identificar los cadáveres parcialmente carbonizados de Joseph y Magda Goebbels y los de sus hijos. Sus restos y los de Hitler, Eva Braun, el general Krebs y los perros de Hitler fueron enterrados y exhumados en varias ocasiones.​ El último entierro ocurrió en las instalaciones del SMERSH en Magdeburgo, el 21 de febrero de 1946. En 1970, Yuri Andrópov, director de la KGB, autorizó una operación para destruir los restos.​ El 4 de abril de 1970, un equipo de la KGB utilizó mapas detallados del entierro para exhumar cinco ataúdes de madera en las instalaciones de Magdeburgo. El contenido de las cajas fue quemado, aplastado y arrojado al río Biederitz, un afluente cercano al Elba.​

domingo, 4 de agosto de 2019

XENOFOBIA NACIONALISTA: LA MÚSICA Y EL HOLOCAUSTO (PARTE II). UNA EXPRESIÓN DE OPOSICIÓN Y MEMORIA AL RÉGIMEN

           Después del estado de letargo mental provocado por las privaciones y los horrores que habían atravesado, las víctimas del régimen nazi necesitaban acercarse al aroma que anhelaban con todo su corazón a través de la percepción del sonido. Quizá refrescándoles las canciones que habían oído de sus madres durante su infancia y que hacían brillar sus ojos y suspirar, tras esa sensación profunda. 
Entonces, aparte de las actividades artísticas, la música también tenía un papel importante en varios proyectos lanzados por los refugiados para documentar la época nazi y preservar así, su origen identitario y el recuerdo de las víctimas. Si bien aquellos involucrados en estas iniciativas de recolección ponían énfasis en los testimonios, muchos también manifestaban su interés por las canciones, los relatos, los chistes y otras huellas culturales de las comunidades que querían recordar. Las canciones jugaban un rol útil y preciado, no sólo como recursos históricos que permitirían a futuros investigadores reconstruir lo que había sucedido, sino también como instrumentos que podrían preservar las voces de las víctimas y, por ende, el eco de ellas.

Los movimientos de resistencia usaban la música, desde los partisanos judíos de la selva lituana hasta los prisioneros políticos de los campos que escaparon del ataque violento nazi huyendo a países vecinos, forjando el exilio hacia la Unión Soviética o a los Estados Unidos.

         Los campos de refugiados de la Europa de la posguerra ocupada, eran el lugar de una gran variedad de actividades musicales. En las zonas de ocupación norteamericanas y británicas de Alemania, en particular donde se establecieron varios campos para judíos exclusivamente, las víctimas sobrevivientes del genocidio nazi usaban la música como medio para asentar lo que habían vivido, para levantar el estado de ánimo y para imaginar cómo sería el futuro luego de la catástrofe.
         Mientras que para la mayoría de la resistencia armada de presos de nazis era casi imposible, grupos aislados lograron conformar una resistencia organizada y la música habitualmente apoyaba su causa. Entre las víctimas judías, los partisanos que lucharon en los bosques de la Europa Oriental son un ejemplo destacado.

      En los campos de concentración y muerte, los prisioneros políticos de Europa usaban la música para expresar su aversión al régimen y para ayudar a construir la moral y camaradería entre los grupos políticos de la oposición.

     Los mismos refugiados también organizaban una amplia variedad de eventos musicales en los campos, incluyendo varios grupos artísticos que viajaban a otros diversos campos y centros de refugiados.
        Pronto los refugiados judíos del momento, comenzaron la creación de un pequeño pero sólido repertorio de canciones nuevas que trataban varios temas de interés: desde la pérdida, la soledad y la situación de los refugiados hasta la añoranza por Palestina y los peligros de la inmigración ilegal. Asimismo, afirmaban con orgullo y rebeldía la existencia del pueblo judío.

       Algunos músicos tuvieron la posibilidad o la buena suerte de escapar a tiempo de las garras del Tercer Reich. La vida para estos inmigrantes no fue fácil, personal o profesionalmente, y para muchos los cambios culturales y la pérdida de identidad fueron abrumadores.

REACCIONES EN LOS GUETOS Y CAMPOS


      Millones de víctimas por toda la Europa ocupada, emplearon la música como medio para responder al ataque nazi. Hubo diversas actividades musicales de las víctimas nazis, particularmente de los guetos y campos.
        Los guetos y los campos de concentración nazis, albergaban a personas de Europa y sus reacciones frente al encierro variaban en función de las religiones, edades y nacionalidades de cada uno de ellos. Para las víctimas judías, la música era un medio de expresión relevante y una parte esencial de la vida diaria en aquellos anexos aislados.

     Puede aprenderse mucho de las reacciones de los prisioneros en los campos a través de la música que escribían y cantaban. Además de judíos, en los campos nazis, había miles de prisioneros políticos alemanes y polacos, gitanos y testigos de Jehová.

        Incluso en los campos de muerte, la música tenía una finalidad importante en la cotidianidad. Se establecieron orquestas oficiales que tocaban en las puertas de entrada por la mañana y por la tarde, y también hacían conciertos semanales. Los prisioneros continuaron creando música secretamente, lejos de la mirada vigilante de los oficiales de las SS.
        Décadas posteriores a 1945, la música continuó siendo un medio valioso para manifestar sus reacciones contra el Holocausto: desde víctimas judías en campos de refugiados hasta millones de personas de todo el mundo que de alguna forma fueron afectada por el genocidio.

MEMORIAS DEL HOLOCAUSTO


La música ocupa un lugar importante en la conmemoración del Holocausto. La música de los refugiados en la Alemania de la posguerra y la forma en que se empleó la música en las décadas intermedias, se utilizó para recordar el genocidio.
A fines de 1940, los sobrevivientes judíos del Holocausto generaron una animada y diversa vida musical en los campos de refugiados de la Europa ocupada por los Aliados, particularmente en la zona norteamericana de la Alemania ocupada. En las canciones que escribían relataban los horrores de los años de la guerra, narraban el duelo y la pérdida y lamentaban los retos de la expatriación. La música también formó parte central de las primeras ceremonias conmemorativas del Holocausto entre los sobrevivientes.

Luego de 1945, también se vio gran interés y compromiso por la música producida durante la época nazi. Las canciones en idish tuvieron un resurgimiento asombroso, a pesar del impacto del Holocausto y la destrucción virtual de la cultura idish en Europa.

Muchos compositores y escritores trataron el tema del Holocausto en años posteriores a la guerra. Intentaron hacer música conmemorativa del Holocausto no sólo para recordar los hechos sino también, en algunos casos, para utilizar sus representaciones artísticas como medio para que la gente comentara.

Pocos documentos podrían mostrar parcialmente la existencia oficial y el estilo de vida de los judíos en los territorios ocupados. Por lo tanto, las canciones que los judíos de los guetos y de los campos de exterminio y los partisanos cantaban con profundo dolor, serán una gran contribución para la historia del martirio y lucha judía. La vida habitual judía en el gueto con todos los fenómenos que la acompañaban, como los arrestos, la muerte, el trabajo, la Gestapo, los controladores de judíos, el estilo de vida interno, etc.; se reflejan perfectamente en este sangriento folclore que ayudará a los futuros escritores de la historia, a investigadores y también a los lectores a entender el alma de ese pueblo.

viernes, 2 de agosto de 2019

WAGNER: LA MÚSICA Y EL HOLOCAUSTO (PARTE I). SU PAPEL FUNDAMENTAL EN LA VIDA COTIDIANA BAJO EL RÉGIMEN NAZI

        Desde que Hitler subió al poder en 1933, hasta la liberación en 1945, la música jugó un importante rol en la cotidianidad nacional bajo el yugo del nazismo. Sobresalen distintos compositores y músicos, incluyendo aquéllos que apoyaron a los nazis y aquéllos que se convirtieron en sus víctimas. Y es vasta la variedad de grabaciones de sonido, o bien, la vida musical en los guetos y campos de concentración de Europa.
        La música es un lenguaje estético con un contexto histórico y, por tanto, también es ideológica y ética; aunque es polisémica, pudiéndose interpretar según los deseos y ajustada a la coherencia de los significados musicales. Entonces, coexisten dos fuentes dialécticas: la histórica-ideológica y la física-estética. Es decir, la ética del compositor y la estética musical como características duales.

El Partido Nazi utilizaba la música en su publicidad, política y propaganda; así como en sus intentos directos, por 'limpiar' el mundo musical alemán de 'degeneración'.
        En la imaginación nazi, la música tenía un significado único y poder para seducir e influenciar a las multitudes. El Partido hizo amplio uso de la música en su publicidad de ideas y esta estrategia, tuvo un papel principal en reuniones y otros eventos públicos. La canción "The Horst Wessellied" (Horst Wessel), era popular y cantada masivamente. Muchas canciones de propaganda apuntaban a los jóvenes y las Hitlerjugend (Juventudes Hitlerianas), desarrollaron un elaborado programa de música.
    En 1938, se montó la infame exhibición "Entartete Musik" (Música Degenerada) para mostrar al público alemán cuál era la música degenerada, cuáles eran sus peligros y celebrar su purgación de la sociedad alemana. El liderazgo nazi, hizo un gran esfuerzo para remover 'indeseables' del mundo de la música en Alemania. Desde el principio, el jazz y la música 'judía' en particular (y sus músicos) se convirtieron en blanco de ataque y censura.
         Así que la búsqueda nazi por purificar y reconstruir el mundo de la música alemana motivó una enorme cantidad de actividades, planificación y generación de políticas. El Reichsmusikkammer (Consejo de Música del Reich) se fundó meses después del acceso nazi al poder, con la intención de 'limpiar' la escena musical de judíos, extranjeros, izquierdistas políticos y mejorar la situación de los músicos 'de la raza aria'. La Jüdischer Kulturbund (Asociación Cultural Judía), por contraste, era una organización exclusivamente judía que intentaba emplear temporariamente a los miles de judíos que habían sido despedidos por la legislación nazi.
         La música también se explotó deliberadamente, con la finalidad de hacer propaganda. El liderazgo nazi apoyaba a la Kulturbund (Asociación Cultural Judía), en parte, porque podría presentarse como prueba de que los judíos no eran maltratados. Asimismo, la vibrante vida cultural de Theresienstadt (Terezín, casi sinónimo de 'la música de la Shoá') era una efectiva herramienta para hacer propaganda, ya que reforzaba la imagen del campo como un asentamiento judío 'modelo'. En el verano de 1944, hubo una visita de un oficial de la Cruz Roja y se presentó la obra Réquiem de Verdi y la ópera infantil Brundibár.

LA MÚSICA EN LAS JUVENTUDES HITLERIANAS


Para 1945, las Hitlerjugend o Juventudes Hitlerianas, habían incorporado a casi todos los jóvenes alemanes del Reich; y cientos y cientos de alemanas se afiliaron a su organización hermana, la Bund Deutscher Mädel o Liga de Mujeres Alemanas. El entrenamiento físico y mental de los jóvenes alemanes, era una de las prioridades del Partido Nazi y se le daba mucha importancia a las actividades infantiles y a la educación. El principal organizador y líder de las Hitlerjugend, Baldur von Schirach, era considerado uno de los oficiales nazis más importantes del Reich. Dentro del sistema de ejercicios militares, programas educativos, marchas, campamentos y servicios comunitarios que formaban parte de las actividades de las Juventudes Hitlerianas; se ponía especial énfasis en la música, particularmente en el canto grupal. Según las Hitlerjugend, precisamente en festejos y eventos musicales, se tiene una excelente oportunidad de lograr un efecto político más allá de la formación típica. Su creencia, es que las canciones tienen el más amplio poder para construir comunidades. Por lo tanto, se usan deliberadamente en momentos para despertar la consciencia y de ser parte de una comunidad, para profundizar el poder de dicha experiencia.
Las Hitlerjugend se crearon a principios de 1920, cuando el Partido Nazi todavía era un movimiento periférico. Con el ascenso de los nazis al poder en 1933, von Schirach tomó el control de las Hitlerjugend y supervisó la gran expansión del grupo en cuanto a su membresía y actividades. En diciembre de 1936, se declaró la Ley de las Juventudes Hitlerianas y la membresía fue obligatoria para todos los jóvenes de Alemania. Esto se logró, en cierta medida, por la prohibición de otros grupos juveniles y por la incorporación de esos miembros a las Hitlerjugend. El objetivo de la organización era inculcar disciplina, amor por Alemania y educar a los jóvenes dentro del pensamiento nazi:

"Más allá de la influencia de los padres y la escuela, toda la juventud alemana debe ser educada exclusivamente en cuerpo, mente y conducta dentro del espíritu Nacionalsocialista, para el servicio de la gente y su comunidad".

         Junto con su líder de música Wolfgang Stumme, von Schirach enfatizó el poder de la música y la canción en la educación de las Juventudes Hitlerianas, y él mismo escribió varias canciones de las Hitlerjugend. La música tenía un cometido destacado en el plan de estudios de las Juventudes Hitlerianas y los estudiantes recibían clases regulares de capacitación formal en música (vocal e instrumental). Se crearon cientos de grupos musicales de las Hitlerjugend, que actuaban en fiestas de cumpleaños de altos funcionarios nazis y celebraciones nazis; algunos, incluso, actuaban internacionalmente. El canto grupal era considerado particularmente importante, como medio para generar cohesión grupal y obediencia y se publicaron varios libros de música con esta finalidad. Irónicamente, estas actividades formaban parte de muchas prácticas musicales comunes a grupos juveniles comunistas e izquierdistas (se ponía énfasis en crear música grupal en vez de actuaciones individuales, la importancia de canciones populares, el uso de la música para incentivar la solidaridad grupal) y habitualmente usaban las mismas canciones, solamente cambiaban las letras para promover la visión nazi. Las Hitlerjugend, también incorporaron bastante música instrumental, particularmente bandas de metales.
Un ex miembro de las Juventudes Hitlerianas, recordó:

"Las canciones que cantábamos, los poemas que recitábamos, todo era brillante, luminoso y claro; el sol y la tierra, nos pertenecían y mañana también el mundo entero iba a ser nuestro".

EL ANTISEMITISMO DE RICHARD WAGNER


          Cuando Hitler nació, Wagner ya había muerto. Así que no coincidieron en vida, pero el antisemitismo de Wagner lo atrajo indiscutiblemente y además lo convirtió en su compositor favorito. Entonces la ideología hostil antisemita en los países del norte de Europa era una constante hasta la Segunda Guerra Mundial, no sólo en Alemania. Y si actualmente esta forma específica de racismo es un sentimiento minoritario, anteriormente no lo era.
       Richard Wagner era un hombre de su tiempo y, en su tiempo, el ideario antisemita era realmente común. Prácticamente todos los países occidentales han dado muestras de prejuicios, contra la raza judía. Hoy en día, existen reminiscencias de antisemitismo.

 A Wagner se le adora o se le detesta, tanto por su música como por él, como persona. Hay quien afirma que como hombre, fue un ser monstruoso; se hace alusión a sus infidelidades, a su carácter manipulador y a su reconocido prejuicio hacia los judíos, además de ser calificado de 'oportunista' en su relación con el Tercer Reich. Por ende, se conoce el polémico binomio Wagner-Hitler.
Hasta ahora, el máximo exponente del recalcitrante antisemitismo de Wagner fue el ensayo que él mismo publicó en 1850, bajo el título de "Das Judenthum in der Musik" (El judaísmo en la música) del que no sólo no se retractó, sino que incluso escribió una segunda versión más dura, en 1869. Sus tesis fueron celebradas por el Führer, que convirtió su música en dogma operístico del Tercer Reich y proscribió a Mendelssohn, de origen judío y tachado de 'débil' por Wagner.

Hitler -es un hecho probado-, fue un ferviente admirador de su música, un habitual de Bayreuth y un amigo cercano de la familia del hijo de Wagner, Siegfried; y de sus nietos Wolfgang y Wieland, que le llamaban afectuosamente 'Tío Wolf'.
Lo relevante de Wagner, no es lo que hizo en vida, sino la vislumbrante estela que dejó para la posteridad por cómo influyó -y sigue influyendo- en Alemania y los alemanes; que cada par de décadas cambian su perspectiva sobre él y su música, readaptando la interpretación musical e ideológica del genio a los nuevos tiempos.