viernes, 2 de agosto de 2019

WAGNER: LA MÚSICA Y EL HOLOCAUSTO (PARTE I). SU PAPEL FUNDAMENTAL EN LA VIDA COTIDIANA BAJO EL RÉGIMEN NAZI

        Desde que Hitler subió al poder en 1933, hasta la liberación en 1945, la música jugó un importante rol en la cotidianidad nacional bajo el yugo del nazismo. Sobresalen distintos compositores y músicos, incluyendo aquéllos que apoyaron a los nazis y aquéllos que se convirtieron en sus víctimas. Y es vasta la variedad de grabaciones de sonido, o bien, la vida musical en los guetos y campos de concentración de Europa.
        La música es un lenguaje estético con un contexto histórico y, por tanto, también es ideológica y ética; aunque es polisémica, pudiéndose interpretar según los deseos y ajustada a la coherencia de los significados musicales. Entonces, coexisten dos fuentes dialécticas: la histórica-ideológica y la física-estética. Es decir, la ética del compositor y la estética musical como características duales.

El Partido Nazi utilizaba la música en su publicidad, política y propaganda; así como en sus intentos directos, por 'limpiar' el mundo musical alemán de 'degeneración'.
        En la imaginación nazi, la música tenía un significado único y poder para seducir e influenciar a las multitudes. El Partido hizo amplio uso de la música en su publicidad de ideas y esta estrategia, tuvo un papel principal en reuniones y otros eventos públicos. La canción "The Horst Wessellied" (Horst Wessel), era popular y cantada masivamente. Muchas canciones de propaganda apuntaban a los jóvenes y las Hitlerjugend (Juventudes Hitlerianas), desarrollaron un elaborado programa de música.
    En 1938, se montó la infame exhibición "Entartete Musik" (Música Degenerada) para mostrar al público alemán cuál era la música degenerada, cuáles eran sus peligros y celebrar su purgación de la sociedad alemana. El liderazgo nazi, hizo un gran esfuerzo para remover 'indeseables' del mundo de la música en Alemania. Desde el principio, el jazz y la música 'judía' en particular (y sus músicos) se convirtieron en blanco de ataque y censura.
         Así que la búsqueda nazi por purificar y reconstruir el mundo de la música alemana motivó una enorme cantidad de actividades, planificación y generación de políticas. El Reichsmusikkammer (Consejo de Música del Reich) se fundó meses después del acceso nazi al poder, con la intención de 'limpiar' la escena musical de judíos, extranjeros, izquierdistas políticos y mejorar la situación de los músicos 'de la raza aria'. La Jüdischer Kulturbund (Asociación Cultural Judía), por contraste, era una organización exclusivamente judía que intentaba emplear temporariamente a los miles de judíos que habían sido despedidos por la legislación nazi.
         La música también se explotó deliberadamente, con la finalidad de hacer propaganda. El liderazgo nazi apoyaba a la Kulturbund (Asociación Cultural Judía), en parte, porque podría presentarse como prueba de que los judíos no eran maltratados. Asimismo, la vibrante vida cultural de Theresienstadt (Terezín, casi sinónimo de 'la música de la Shoá') era una efectiva herramienta para hacer propaganda, ya que reforzaba la imagen del campo como un asentamiento judío 'modelo'. En el verano de 1944, hubo una visita de un oficial de la Cruz Roja y se presentó la obra Réquiem de Verdi y la ópera infantil Brundibár.

LA MÚSICA EN LAS JUVENTUDES HITLERIANAS


Para 1945, las Hitlerjugend o Juventudes Hitlerianas, habían incorporado a casi todos los jóvenes alemanes del Reich; y cientos y cientos de alemanas se afiliaron a su organización hermana, la Bund Deutscher Mädel o Liga de Mujeres Alemanas. El entrenamiento físico y mental de los jóvenes alemanes, era una de las prioridades del Partido Nazi y se le daba mucha importancia a las actividades infantiles y a la educación. El principal organizador y líder de las Hitlerjugend, Baldur von Schirach, era considerado uno de los oficiales nazis más importantes del Reich. Dentro del sistema de ejercicios militares, programas educativos, marchas, campamentos y servicios comunitarios que formaban parte de las actividades de las Juventudes Hitlerianas; se ponía especial énfasis en la música, particularmente en el canto grupal. Según las Hitlerjugend, precisamente en festejos y eventos musicales, se tiene una excelente oportunidad de lograr un efecto político más allá de la formación típica. Su creencia, es que las canciones tienen el más amplio poder para construir comunidades. Por lo tanto, se usan deliberadamente en momentos para despertar la consciencia y de ser parte de una comunidad, para profundizar el poder de dicha experiencia.
Las Hitlerjugend se crearon a principios de 1920, cuando el Partido Nazi todavía era un movimiento periférico. Con el ascenso de los nazis al poder en 1933, von Schirach tomó el control de las Hitlerjugend y supervisó la gran expansión del grupo en cuanto a su membresía y actividades. En diciembre de 1936, se declaró la Ley de las Juventudes Hitlerianas y la membresía fue obligatoria para todos los jóvenes de Alemania. Esto se logró, en cierta medida, por la prohibición de otros grupos juveniles y por la incorporación de esos miembros a las Hitlerjugend. El objetivo de la organización era inculcar disciplina, amor por Alemania y educar a los jóvenes dentro del pensamiento nazi:

"Más allá de la influencia de los padres y la escuela, toda la juventud alemana debe ser educada exclusivamente en cuerpo, mente y conducta dentro del espíritu Nacionalsocialista, para el servicio de la gente y su comunidad".

         Junto con su líder de música Wolfgang Stumme, von Schirach enfatizó el poder de la música y la canción en la educación de las Juventudes Hitlerianas, y él mismo escribió varias canciones de las Hitlerjugend. La música tenía un cometido destacado en el plan de estudios de las Juventudes Hitlerianas y los estudiantes recibían clases regulares de capacitación formal en música (vocal e instrumental). Se crearon cientos de grupos musicales de las Hitlerjugend, que actuaban en fiestas de cumpleaños de altos funcionarios nazis y celebraciones nazis; algunos, incluso, actuaban internacionalmente. El canto grupal era considerado particularmente importante, como medio para generar cohesión grupal y obediencia y se publicaron varios libros de música con esta finalidad. Irónicamente, estas actividades formaban parte de muchas prácticas musicales comunes a grupos juveniles comunistas e izquierdistas (se ponía énfasis en crear música grupal en vez de actuaciones individuales, la importancia de canciones populares, el uso de la música para incentivar la solidaridad grupal) y habitualmente usaban las mismas canciones, solamente cambiaban las letras para promover la visión nazi. Las Hitlerjugend, también incorporaron bastante música instrumental, particularmente bandas de metales.
Un ex miembro de las Juventudes Hitlerianas, recordó:

"Las canciones que cantábamos, los poemas que recitábamos, todo era brillante, luminoso y claro; el sol y la tierra, nos pertenecían y mañana también el mundo entero iba a ser nuestro".

EL ANTISEMITISMO DE RICHARD WAGNER


          Cuando Hitler nació, Wagner ya había muerto. Así que no coincidieron en vida, pero el antisemitismo de Wagner lo atrajo indiscutiblemente y además lo convirtió en su compositor favorito. Entonces la ideología hostil antisemita en los países del norte de Europa era una constante hasta la Segunda Guerra Mundial, no sólo en Alemania. Y si actualmente esta forma específica de racismo es un sentimiento minoritario, anteriormente no lo era.
       Richard Wagner era un hombre de su tiempo y, en su tiempo, el ideario antisemita era realmente común. Prácticamente todos los países occidentales han dado muestras de prejuicios, contra la raza judía. Hoy en día, existen reminiscencias de antisemitismo.

 A Wagner se le adora o se le detesta, tanto por su música como por él, como persona. Hay quien afirma que como hombre, fue un ser monstruoso; se hace alusión a sus infidelidades, a su carácter manipulador y a su reconocido prejuicio hacia los judíos, además de ser calificado de 'oportunista' en su relación con el Tercer Reich. Por ende, se conoce el polémico binomio Wagner-Hitler.
Hasta ahora, el máximo exponente del recalcitrante antisemitismo de Wagner fue el ensayo que él mismo publicó en 1850, bajo el título de "Das Judenthum in der Musik" (El judaísmo en la música) del que no sólo no se retractó, sino que incluso escribió una segunda versión más dura, en 1869. Sus tesis fueron celebradas por el Führer, que convirtió su música en dogma operístico del Tercer Reich y proscribió a Mendelssohn, de origen judío y tachado de 'débil' por Wagner.

Hitler -es un hecho probado-, fue un ferviente admirador de su música, un habitual de Bayreuth y un amigo cercano de la familia del hijo de Wagner, Siegfried; y de sus nietos Wolfgang y Wieland, que le llamaban afectuosamente 'Tío Wolf'.
Lo relevante de Wagner, no es lo que hizo en vida, sino la vislumbrante estela que dejó para la posteridad por cómo influyó -y sigue influyendo- en Alemania y los alemanes; que cada par de décadas cambian su perspectiva sobre él y su música, readaptando la interpretación musical e ideológica del genio a los nuevos tiempos.