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sábado, 28 de septiembre de 2019

LA EROTECA: "UN ENFADO, NUESTRA DULCE RECONCILIACIÓN… HAZME EL AMOR, OTRA VEZ, DESPACIO Y FURIOSAMENTE"

Todas las parejas discuten, todas las parejas tienen problemas; ninguna relación está exenta de malos momentos, de malos entendidos. Tampoco la nuestra. Sin embargo, los años juntos te anclan a una persona; pero lo más importante es saber que esas nimiedades, que esos pequeños errores que todos cometemos no son motivo para tirar por la borda lo que se ha construido. Bien dicen que errar es de humanos y rectificar es de sabios. Así que no hay que darle mayor relevancia a tonterías que, aunque claro, pueden causar pesar y en algunos casos algo de dolor, no son un verdadero motivo para fracturar algo hermoso, como lo es nuestro amor. Es por ello que vale la pena dedicar un tiempo a solucionar disidencias y antagonismos, y seguir adelante caminando unidos. Son nociones que reflexiono mientras estoy recostada en el sofá.
Creo que aquél fue un día extenso para los dos, al menos una tarde larga y exhaustiva emocionalmente. Nunca me ha sido fácil enfrentar las situaciones emocionales, pero decidí no dejar que mis taras mentales me consumieran. No vale la pena. Me veo en el espejo y tengo el rostro enrojecido, no puedo soltar un par de lágrimas sin que mi cara se convierta en un poema. Ambos hemos levantado la bandera de la paz, hemos hablado y dado por zanjado el tema, pero la tensión aún es palpable. Después de un rato dándonos un tiempo fuera, entras a la sala, te sientas junto a mí apoyándonos en el respaldo del sofá y nos miramos sin decirnos nada, sólo una risa tenue que rebaja la presión. Los minutos pasan y seguimos uno al costado del otro. Me vuelves a sonreír y extiendes tu mano colocándola entre la distancia que separa nuestros cuerpos, esperas expectante mi reacción. Te sonrío a medio lado, aproximo mis dedos hasta tu mano y los atrapas con fuerza y determinación. Hay silencio, escucho nuestra respiración, igual podría jurar que puedo sentir el latir de tu corazón.

Supongo que la siguiente acción es la adecuada, la justa y la necesaria para dar por terminado realmente el conflicto. Me siento a horcajadas sobre ti. Me atraes lo más que puedes y me estrechas tanto que me cuesta un poco respirar. Puede que en ocasiones no sé lidiar con las emociones, y menos en mi caso, que soy un completo torbellino de sentimientos. Me sigues arropando con tus brazos, cubriendo mi figura, es como si quisieras fusionarte conmigo. Yo también lo necesito. Cuando por fin luego de un rato me sueltas, aspiro y exhalo. Tu mano recorre mi rostro y secas esa diminuta lágrima traicionera que todavía se escapa: "ya mi amor", susurras con tal afecto que derrites todas mis defensas y me echo a tu pecho, aferrándome fuertemente. Hundo mi cabeza, acariciando tu cuello con mi nariz y dándote un suave beso. Me incorporo y apoyo mis manos en ti: "Sabes, necesitamos algo para dar esto por olvidado, me debes sexo de reconciliación, pero… quiero que me hagas el amor despacio y furiosamente, tonto". Y luego te doy otro beso en los labios. "Sé que un abrazo no es suficiente, ni los besos y caricias subsiguientes. Sé que costará cicatrizar la herida, pero también sé que con eso, se cicatriza antes".
Entonces acaricias mi cara, grabando en tu retina cada gesto, cada poro, cada minúsculo movimiento. Enclavas tus ojos en los míos, refulgentes por las lágrimas derramadas y te sumerges en sus inmensas profundidades. Poco a poco acercas tus labios con un ofrecimiento de reconciliación implícito y me das un beso, apenas un roce. Un beso casi tan tímido como el primero que me diste cuando nos conocimos. Deseas besarme, deseas abrazarme, deseas poder llenarme de felicidad y complacerme por completo y cuando te pido hacer el amor, cuando te digo esas palabras, son tus ojos los que no pueden contener una expresión; y me besas de nuevo, una y otra vez, con besos cada vez más duraderos y vehementes. Estamos hechos un desastre: besos ardientemente prolongados, con un deje de sabor salado. Nos miramos cordialmente, nuestros ojos se encargan de decirlo todo. Ahí van fragmentos de perdón, de amor, de unión infinita. Me abrazas, queremos ser uno, sentirnos. Sanarnos de la mejor manera que sabemos. En tu mirada veo el brillo de la esperanza, en la mía puedes ver el deseo de que todo quede olvidado. Tus acciones son precavidas, sigilosas. La pasión va en aumento, puedes sentir que mis latidos se van acelerando. "Siempre serás mi amor" -me dices-, disipando cualquier duda que se haya generado. Nuestro amor es la comunión perfecta. Y volvemos a fundirnos en besos cada vez más íntimos e intensos.

El amor, la pasión y la creciente excitación se solapan, se unifican con cada beso y con cada caricia. Tus manos asumen gradualmente mayores riesgos desafiando zonas peligrosas, aunque sigues con el temor de ser rechazado a causa de aquella discusión y tener que adicionar en nuestro distanciamiento unas horas más, pero te equivocas. Mi cuerpo se inmuta al toque de tus dedos, mis labios responden con reciprocidad a los tuyos y la temperatura empieza a subir en la sala. Tus caricias bajan por mi espalda hasta mi cintura, estrujándome con firmeza. Tras una sucesión de apasionados besos, te deslizas descendiendo y me aprietas el culo, y abres los ojos para ver cómo reacciono. Te abalanzas a mi cuello sin piedad, acoplando tu boca a mi garganta de la misma forma que los predadores nocturnos lo hacen con sus presas. "Te amo" -articulas-, después pronuncias mi nombre.
Mi respiración agitada, puedes sentirla cómo recorre tu piel. Alboroto tu cabello, juego con él, pues me encanta hacer eso contigo. Tu voz espontánea es como un encendedor en mi corazón y en mi mente. Me alejo un poco de ti, para mirarte fijamente: "Te amo, eres mío y siempre seré tuya, hasta el final de los tiempos y más allá". Vuelves a abalanzarte a mi cuello, ahora con más confianza, con más ímpetu gracias a la seguridad de mis palabras. Las chispas entre nosotros no se hacen esperar. Puedes sentir el vaivén de mis caderas, que me muevo ya con descaro cuando siento crecer algo duro. Muerdo tu cuello muy lentamente y luego el lóbulo de tu oreja, cosas que sé que te trastornan. "Eres mío, soy tuya" -repito dulcemente-.

Mis movimientos te producen algo que no puedes reprimir. Me transportas hasta la habitación, dejándome encima de la cama. Tus manos empiezan a desabrochar el cierre de mi falda, mientras tus labios buscan los míos con hambre. Siento la prisa y el deseo en tus dedos, en tus besos. La desabrochas y la sacas al vuelo. Me ruborizo al ver la mirada que me dedicas. Pienso que atacarás como siempre, pero me sorprende la calma con la que palpas mi cuerpo, y cómo tu boca avanza en pausas; subes mi muslo, te atraigo para sentirte más cerca. Puedes percibir mi total entrega, y yo la viveza de tus ojos y una notable erección. Tu boca abandona la mía y se dirige a mi cuello, presionando suavemente con tus labios para provocarme. Te apropias de mi aroma, de la tibieza de mi piel. Acaricias mi abdomen, redondeas mi ombligo y friccionas mi monte de venus aún protegido por mi ropa interior; tu boca sigue recorriendo mi cuello, bajando por mi garganta. Tus manos acarician mis piernas y pasas la punta de tus dedos por todo, erizando mi microscópico bello. Tu lengua rodea mis senos, transitando en espiral, muy lento, muy despacio, esperando una orden mía antes de lanzarte a mis pezones.
Mi cuerpo comienza a estremecerse, el restregar sutil de tus dedos me está enloqueciendo. Ciño un poco tu mano contra mis pezones y los lames con cierta obscenidad y a la vez con ternura y delicadeza. Mis primeros gemidos no se hacen esperar y me dejo llevar, forzando un poco más tu cabeza contra mi pecho. En mi muslo puedo sentir la dureza de tu miembro palpitante, lo cual sólo logra excitarme más. Te miro llena de lujuria y amor máximo, y me deleito contigo. Succionas mis pezones con serenidad y lascivia a partes iguales. Tus manos buscan mi humedad, intentas apartar el elástico para meterte dentro, para tener un acceso. Tocas mi clítoris con la punta de tu dedo y lo oprimes levemente, temeroso de hacerme daño. Tu erección es potentísima, tanto que ya no es posible retenerla dentro de tus pantalones.

Nuestras miradas se encuentran fijas por unos instantes, casi puedo asegurar que tenemos flashbacks de esa primera vez; puedo sentir tus nervios, tu ardor con cada roce. Una mueca de tu rostro hace que desvíe mi atención hacia tu pene aprisionado. Mi mano desciende y con mis dedos desabrocho el botón de tu pantalón, aprieto por encima de la ropa y sueltas un quejido que es extinguido por tus labios. La excitación crece sin parar. Rápidamente, te despojas de tu ropa quedando completamente desnudo y continúas con la mía. Estando ambos desnudos, nos quedamos en un abrazo en el que siento la presión de tu verga en mi cuerpo, y tú la de mis senos en el tuyo. Tus manos acarician todo mi cuerpo, toda mi piel, deleitándose con el suave tacto y sin poder evitarlo, se aferran a mis pechos al tiempo que tu boca se acopla a mis pezones, succionando y jugando con ellos con tu lengua. Tus manos se siguen y alargan el maravilloso viaje hacia las tierras del deseo.
Ahogo un gemido cuando tus dedos se acercan a mi empapada cueva. Separo un poco más mis piernas y siento cómo tu erección se clava más en mi cuerpo, suelto otros pequeños gemidos producto de la excitación alebrestada por tu boca, y luego tus dedos... uno de mis actos favoritos, es sentir tus dedos adentrándose. Bajo mi mano hasta llegar a tu pene súper-duro con ganas de acción y lo acaricio sosegadamente. Mi mano encajada ahí, te arranca un sonoro y delicioso jadeo. Tu boca sigue con su erótico juego y tu largo índice explorándome profundamente. Enseguida tu boca desciende. Tus dedos, ya empapados, se mueven con agilidad dentro de mí. Besas mi monte de venus. Besas mi rajita por encima, sin colarte dentro, sin saborearme, sin invadirme. Buscando mantener esa provocación en mí, coloco mis dedos por tu cabello, atrayéndote. Tus dedos se introducen con avidez hasta lo más hondo. Salen algunos gritos, muevo mis caderas intentando sentir más, cuando tu boca engulle mi clítoris. Mi cara desencajada de goce, mis dedos te obligan a pegarte más a mi intimidad. Admites con gusto la confirmación de mis intenciones y persigues mi disfrute con ahínco. Deseas que me empape, que me excite, que me extasíe. Buscas nuestro placer, nuestra excitación y nuestro perdón. Deseas que explote en un orgasmo tan intenso que me tiemblen las piernas y empape tu cara con mis flujos, por eso te entregas con todos tus sentidos.

Cierro mis ojos dejándome invadir por las sensaciones, por la forma en la que me devoras. Atraigo tu cabeza más hacia mí, olvidando todo y solamente sintiendo lo que me provocas. Mis gritos de placer no se hacen esperar, mis palabras de aliento pidiendo más y tus hábiles dedos y boca proporcionándome lo que deseo. Cuando sumerges a fondo un par de tus dedos rotándolos en mi interior no puedo resistir más, por la manera en cómo se contrae mi cuerpo sabes bien lo que debes hacer. Tu lengua saborea mi humedad, pruebas mi sabor que te gusta. Es lo que siempre me dices. Vuelvo a acercar tu cabeza contra mi intimidad, muevo mis caderas prácticamente follando tu rostro y cada una de tus lamidas me lleva al orden del éxtasis, cuando un grito más agudo que los demás te indica la proximidad de mi orgasmo y sólo con un par de lamidas más explotan mis jugos en tu boca. Recibes el orgasmo con gran satisfacción, bebiendo y relamiendo mis flujos. Me dejas ese lapso de relax que sigue al clímax, besándome desde abajo, y subiendo muy despacio hasta mi cuello y mis labios. Te colocas sobre mí, dejando caer el peso de tu cuerpo y susurrándome palabras de amor en mis oídos... Amándome, provocándome, arrancándome todo eso que se esconde allí.
Besas mi cuello nuevamente y te acomodas a mi lado, aún con tu verga dura contra mi cuerpo. Tras unos minutos de besos y caricias, tu verga empieza a abrir mi rajita, buscando la entrada, estimulado mi clítoris antes de la invasión. Sofoco un leve grito, cuando siento la cabeza de tu pene rozándome, todavía muy sensible por el reciente orgasmo. Me regalas una sonrisa y una mirada por la gratificación de saber que soy únicamente tuya. No puedo evitar ocultar mi rostro en tu cuello, tu respiración y todo aquéllo que me dices, sólo logran erizarme. Tu pene se pasea por todo lo largo de mi abertura, lo que sabes, me desespera. Diriges tu pene duro como una piedra, y te adentras en mi interior. Es una penetración sumamente lenta, que nos perturba. Sigo recordando el disfrute que siempre ha implicado nuestra historia, mientras sujeto tu rostro con mis manos y te acerco a mis labios. Cuando entras por completo, un gemido es acallado por tu lengua que avasalla sin prisas, pero con mucha fogosidad mi boca. Inicias un movimiento lento y abismal que despierta todo.

Estamos compenetrados, unidos como uno solo. El ritmo profundo y delirante, nos permite disfrutar de besos y caricias que dejaríamos de lado entregados a la lujuria y al desenfreno. Tus manos acarician mi cara, en tanto que nuestras acompasadas respiraciones delatan lo que sentimos mutuamente. Queremos captar cada momento, grabar en nuestra memoria cada placentera sensación multiplicada por el amor que profesamos el uno por el otro. Cada estocada es insondable, es un ritmo arrebatador para ambos. Las caricias tiernas se hacen presentes más visibles que en otras ocasiones. En nuestras bocas hay deseo y necesidad. Tantas expresiones que no pueden ser descritas, sino sentirse y entenderse. Recibo tus besos mordiendo tu labio. Cuando te clavas por completo en mí, consigues sacarme un gemido que rompe la armonía creada por el sonido de nuestros cuerpos.
La penetración está acompañada y cargada de sentimientos: amor, pasión y lujuria en equivalencia. Tus manos se cuelan detrás de mí, acariciando mi espalda y me abrazan enérgicamente, pegándome a ti. Miras mi cara con los ojos cerrados y los labios apretados y no puedes evitar enternecerte, y algo muy tuyo me revela el amor que sientes por mí. Seguimos unidos, moviéndonos al compás, atesorando cada sensación y aproximándonos a un orgasmo cada vez más cercano. Tus brazos rodean mi espalda, cubierta toda por tu fuerte dimensión. Cambias la inclinación haciendo más al fondo el coito, con mis gemidos cada vez más estruendosos me muevo abrumada por cómo me posees. Cuando nuestras miradas vuelven a cruzarse y observas el primer plano de mi rostro desencajado por el placer, mis mejillas se sonrojan más aún; lo que sé, te encanta.

La sensación no puede ser mejor: un éxtasis combinado con amor y ternura, en una mezcla perfecta. Aumentas ligeramente el ritmo de la penetración, así como más dureza en la embestida, arrancándonos sonidos de excitación plena. Tu boca busca la mía. Tus manos buscan mi piel. Cuando nuestras lenguas se rodean la una a la otra, presionas mis caderas y el orgasmo es cada vez más inminente. "Mi amor... estoy... a punto...". Puedes leer todas las emociones en mi rostro, cuando logras decir ese enunciado entrecortado; apenas puedo contestar algo, notas esa expresión característica de mí cuando estoy llegando a la cúspide: "... y yo..." -digo eso en una casi imperceptible frase-. Mis gemidos se intensifican gracias a tus arremetidas, puedo sentir cómo tu pene entra hasta lo más recóndito de mí. Elevo más mis caderas y nos besamos exasperadamente, y poco es lo que puedo resistir, tus potentes embestidas me agitan y me llevan a un intenso orgasmo explosivo.
Cuando sientes que mis contracciones y mis flujos bañan tu verga, intentas aguantar más, pero te resulta imposible. Tus dedos se entierran a mi piel al tiempo que un poderoso orgasmo sacude tu cuerpo inundando mi útero. Con cada chorro, dejas escapar un jadeo y cada vibración te une más a mí. Tras unos segundos de tan oscilante placer, te dejas caer sobre mí, quedando perfectamente acoplados y en un contacto total. Nuestros labios se unen y me remuevo un poco la cantidad de leche que has descargado en mí, es muy considerable, hacía tiempo que no me llenabas así y es una de las mejores sensaciones. Tu pene termina con unos cuantos latigazos más, está encajado todavía adentro. Las caricias íntimas no se hacen esperar, la unión de nuestros cuerpos es extrema: "me encanta cuando te corres en mí, me hace sentir tan tuya" -admito con timidez-.

Al final del intensísimo orgasmo, siguen las caricias y los arrumacos. Tus párpados pesan cada vez más, tu cabeza reposa sobre mi cuerpo y te acomodas en mí, hipnotizado por los latidos de mi corazón. Mientras me das un tironcito de cabello y seguimos con las demostraciones de amor, el sueño empieza a alcanzarnos, luego de un día tan cargado de emociones. Me sonrojo inevitablemente al sentir como se escapan los hilillos de leche desde mi interior, "creo que necesito limpiarme...".


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domingo, 1 de septiembre de 2019

HERMANN HESSE. LA REFLEXIÓN ACERCA DEL INNEGABLE Y SOSTENIBLE LOBO ESTEPARIO QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO

Hablar de Hermann Hesse, es hablar de uno de los más sobresalientes escritores y poetas del siglo XX. Hablar de la obra de Hesse es referir, por supuesto, "El lobo estepario" como una de sus creaciones más reconocidas y una de las más leídas. Es una novela breve, pero profunda, en la que el autor combina algunos elementos fantásticos con su propio pensamiento e ideas. La trama se presenta a través de un recurso literario conocido como manuscrito encontrado, es decir, el escritor se desvincula de su obra y aparece un nuevo autor del manuscrito. El lobo estepario presenta un baile de máscaras (no metafórico) en el que el protagonista deberá buscarse a sí mismo. Y ese «no encajar», esa enfermedad de los intelectuales, está muy presente. La idea del suicidio es recurrente y, es que, el propio Hesse trató de suicidarse.
En el transcurso del tiempo, la existencia supone un viaje por diversas influencias y culturas, pero también un viaje a la complejidad de la naturaleza humana y hacia el propio ser. El hombre siempre se ha caracterizado por ser un ser social, un ente que puede conformar distintos roles dentro de un grupo. El humano tiene la posibilidad de ver más allá de sus horizontes terrenos, puede concebir, crear, formar, poder cambiar a través de los días. Sin embargo, en los últimos años ha evolucionado el posmodernismo como una filosofía totalmente radical. Una corriente que nos afecta hasta el punto de ser absorbidos. Y esta idea de progreso en la modernidad ha sido desplazada por la posmodernidad, que no es otra cosa que el fin de lo nuevo. Una especie de rutina permanente. Se trata de un modo de vivir la experiencia del final de la historia.

El lobo estepario (Der Steppenwolf, en alemán) muestra a un hombre solitario e incomprendido con un trastorno que afecta su capacidad para pensar, sentir y comportarse apropiadamente en la sociedad y que lo imaginario es real para él. La vida familiar de Harry -el protagonista- se derrumbó por la locura de su mujer y, de este modo, se aisló y se convirtió en el lobo estepario «como él mismo se describe»; por medio del cual expresa sus sueños, delirios, pensamientos e inconformidades.

Esta descripción se corresponde con la construcción del arquetipo del superfluous man, muy presente en la literatura y que dibuja a un hombre culto, inteligente y melancólico enmarcado por el nihilismo y que transita cada instante por su propia agonía. Harry vive en un mundo que siente que no le pertenece, es un ente 'superior', un intelectual que se aparta y vive en un 'ser o no ser' constante, tratando de comprenderse a sí mismo desde su estancia en una habitación alquilada partiendo así del aislamiento.
Es la historia de Harry Haller que tiene una doble vida o doble personalidad, la cual es la de ser un hombre y la de un lobo que vive en las estepas. Es un hombre de casi cincuenta años, cansado y pesimista, enfermo del cuerpo y del espíritu; extraño, insociable, misterioso, lleno de talento y "con una capacidad de sufrimiento ilimitada, genial, terrible". Es un ser introvertido, con vicios y virtudes, castigado por dolorosas experiencias, que se siente desubicado en el mundo material circundante y busca la verdad en todas las vivencias imaginables; además, es un individuo en pugna con las dos naturalezas opuestas que habitan en él: la espiritual y la instintiva.

Ese hombre culto, está convencido de que en su interior viven un humano y un lobo que se encuentran en conflicto. Haller ha perdido el interés en la vida, y nada de lo que le rodea logra hacerle feliz, desprecia el mundo en el que vive y a las personas que lo habitan. Su vida no tiene sentido.

Y como la representación de un estado de conciencia en tal sentido, está la comprensión de que en nuestro interior circulan numerosos «yo» y que todos ellos conviven en una especie de partida de ajedrez, donde cada persona no puede limitarse a una dualidad, sino que se trata de una gran multiplicidad de personalidades.
Aunque Harry a pesar de su padecimiento se desvive por los placeres de la vida, la lectura, la música, el vino; como todo ser humano que pelea con sigo mismo por lo bueno y lo malo. Se sabe enfermo no sólo física y mental, también socialmente; es decir cansado de cómo la sociedad se deteriora con políticos corruptos, drogadicción, ladrones, y que en su lucidez critica a los ricos que son pobres en sentimientos.

No obstante, cuando se enamora, finge gustarle las cosas que detesta; ya que en compañía de su amada las ve encantadoras, hasta el grado de caer en las drogas. Entonces también se descubre el mundo, donde los placeres se llevan al extremo. Todo es posible, no existen normas y los personajes se ven envueltos en una nube de droga, música, diversión y sexo.

EL DESARROLLO DE UNA VIDA PESIMISTA


Dentro de la sociedad en que vivimos, todas las acciones que realizamos tienen consecuencias caóticas, que algunos quisiéramos fueran imaginarias.
La reflexión en cuanto al sentimiento de ser extraño, sombrío y llevar una vida en aislamiento, afecta a las personas llenas de sabiduría y experiencia, cuando llegan a su etapa honda y desesperanzadora donde se percatan de oportunidades que quedaron pospuestas o que fueron irrealizables; por lo que estas personas suelen apartarse de la sociedad, ya que este proceso no es siempre tan placentero.

Debido a las enfermedades propias de la edad, la pérdida de amigos y seres queridos, la incapacidad para participar en actividades que antes disfrutaban y recursos económicos limitados, todo ello puede resultar una carga muy pesada para el bienestar emocional de una persona que está envejeciendo. Este proceso suele dejar emociones negativas como la tristeza, la ansiedad, la soledad y la baja autoestima, que a su vez conducen al retraimiento social y en algunos casos al suicidio.

Ahora bien, quizá se presupone a las personas jóvenes más felices, seguros de sí mismos y económicamente independientes que creen comerse al mundo de un solo tajo y, por ende, socialmente más activos. Pero cada etapa de la vida tiene su forma y estilo, incluyendo sus crueldades y bellezas; empero, no todos perciben esto con la misma intensidad, ya que consideran algunos sufrimientos como naturales y aceptan males con paciencia.
Uno de los valores que desentraña esta novela, es la libertad; ese derecho de elegir vivir a nuestra manera sin guiarse rígidamente por los cánones establecidos y las conveniencias sociales, teniendo una vida tranquila donde sólo hay espacio para la meditación, la lectura y disfrutar nuestra individualidad y ensimismamiento. Todo para mantenerse al margen del consumismo, de un mundo de mediocridad y conformismo en el que las personas se entregan a su trabajo y son absorbidos por las masas.

El valor del amor también puede vislumbrarse. Ese sentimiento emocional por una persona con la que deseamos compartir y disfrutar de los placeres de la existencia, sin importar qué tan maligno sea ese placer. De la misma forma, está el tema del suicidio -o su simulación- como una enfermedad que nos afecta a todos en momentos de desesperación, al encontrarnos de frente al sinsentido de la vida.

Simular un suicidio es desprenderse de lo mundano, realizar una catarsis para uno mismo; es poder dejar fuera al mundo y asumir la vida tal como es y como uno quiere que sea, aceptando que el exterior a fin de cuentas tiene que influenciar. "Ha adivinado desde hace mucho que el dominio del tiempo, la redención de la realidad y cualesquiera que hayan sido los nombres que haya dado usted a sus anhelos, no representan otra cosa más que el deseo de desprenderse de su llamada personalidad" (Hesse). Es aquí donde se rompe el mito de la dualidad hombre-lobo, el ser es mucho más complejo, pero hay que aprender a sobrellevar al mundo externo que nos influye a todos y que queramos o no, siempre nos alcanza.
En la concepción de la inmortalidad, la eternidad es el paraíso para la extraña clase de hombres que se autodenominan 'lobos esteparios', aquéllos que ansían la muerte para poder escapar de su triste realidad; aunque lo realmente necesario para ellos, es el suicidio simulado para encontrarse con sigo mismos y situarse allá donde pertenecen.

Por tanto, la novela se sumerge en el universo individual de Harry, en sus pensamientos y sentimientos inmersos en un conflicto incesante. En ese ser solitario que no logra encajar en el mundo y que incita a encontrar el sentido de la vida en una sociedad moderna, una sociedad para las masas en la que parece que no hay lugar para los intelectuales o para los diferentes.

Así que nadie escapamos de la constante lucha que tiene el individuo por derrotar a sus demonios, enfrentar su realidad y matar su imaginación que a veces le devora.
 "¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención?".

-El lobo estepario-