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jueves, 15 de agosto de 2019

LA EROTECA: LA INESPERADA Y EXCITANTE CONVERSACIÓN TELEFÓNICA CONTIGO

Nos despedimos hace unos días. Después de unos meses en Boston hace ya tiempo, ahora había conseguido trabajo en un proyecto temporal, en un pequeño pueblo en el estado de Indiana. El sueldo es mucho más atractivo que en España y eso me permitirá pagar el máster que planeo cursar y ahorrar dinero. Este trabajo supone un buen impulso para mi carrera, aunque tendré que trabajar mucho; así que durante un tiempo mi intención es progresar en lo económico y en lo profesional, para más adelante volver a España. El único inconveniente, es dejar un poco de lado mi relación con esa mujer amorosa y ardiente en más de un aspecto, a la que amaba.
Ayer llegué a casa después de trabajar, cuando oí que vibraba el móvil. Se trataba de una llamada de ella. Tenemos una relación desde antes de que viniese a Estados Unidos y decidimos continuar, sin embargo, la distancia no es fácil. Pero teníamos que apaciguar de alguna forma nuestro deseo mutuo. Ese deseo desbordante y esa pasión delirante que desde entonces nos ha unido hasta ahora.

Ella: No puedo dormir.
Yo: Es tarde en España, mañana trabajas.
Ella: Tengo frío en la cama. Cuando estabas aquí me pegaba a ti y te acomodaba el brazo para que me abrazaras.
Yo: Sabes que no puedo arroparte.
Ella: Me hacía una bolita pegando el culo contra ti y apretando tu mano contra mi pecho… Siempre te ponías duro…

Empecé a sentir una presión en el pantalón. Ella vio que había leído el mensaje y que seguía conectado.
Ella: Empezabas a morderme el cuello y yo me removía como resistiéndome, pero lo que hacía era frotarme contra ti, me gustaba sentirte.

Ya no pude más y respondí...

Yo: Enseguida notaba como tus pezones se iban poniendo duros.
Ella: Tengo ya los pezones duros y estoy empezando a tener calor.

Y me pasó una foto con la camiseta de dormir tirada al lado de la cama.
Yo: Me gustaba acariciarte alrededor de los pezones, que se marcaran bien y pellizcarte la punta.
Ella: Uhmmm, sí, me acabo de pellizcar, me tienes muy dura. Después me apretabas un seno con fuerza y deslizabas el otro debajo del camisón.
Yo: Siempre tenías las bragas mojadas… pero te hacía esperar, te pasaba el dedo por las ingles mientras tú apretabas mi mano porque la querías sentir ahí.
Ella: Sí, me volvía loca sentir el roce de tu mano en mi sexo y sólo estaba deseando que posaras tus dedos en mi clítoris.
Yo: Con la otra mano te sacaba el camisón…
Ella: Sentía tu calor en mi cuerpo un momento, tú siempre dormías sin pijama. Me giraba hacia ti y disfrutaba de la cara de lujuria que ponías al ver mi pecho desnudo.
Yo: No duraba mucho, pues agarraba tu pecho desde abajo y me lo llevaba a la boca. Cómo me gustaba jugar con tus tetas, llenarme la boca con ellas, tocar tu pezón con mi lengua.
Ella: Eso me ponía muy caliente, cada vez que sentía tu lengua en mi pezón sólo podía pensar en sentir tu pene con mi lengua.
Yo: Me mordías el cuello y empezabas a bajar muy lentamente, apretando tu sexo contra mi pierna y rozando tus pezones contra mi pecho. Me ponía full sentir tu humedad a lo largo de mi pierna a la vez que lo duro de tus pezones.
Ella: Uhmmm, me encantaba el roce de tu pierna mientras bajaba y te iba pegando mordisquitos en el cuello, el pecho, el abdomen… deseando llegar a tu miembro que sentía tan duro contra mis tetas. Pero yo bajaba lentamente disfrutando de hacerte sufrir, de sentir todo el deseo que tenías.
Yo: Sí, en esos momentos me moría de ganas de sentir tus labios. Sólo de recordarlo me estoy volviendo loco, llevo un rato que estoy escribiendo con una mano mientras pienso en ti.
Ella: Me pone mucho que estés pensando en mí mientras me toco. Tengo dos dedos que los estoy chupando como si fueses tú, mientras la otra mano está en la humedad de mi vagina…
Yo: Recuerdo cómo me la chupabas, alternando el metértela entera con jugar con la punta… Cuando me chupabas la puntita mientras me mirabas con esos ojos de cachonda, yo no podía más.
Ella: Veía tu cara de placer y así sabía lo que era capaz de hacerte disfrutar y que en ese momento era lo que más deseabas en el mundo. Cuando ya no podías más, ponías tu mano en mi cara y me empujabas suavemente hacia arriba. Pero a mí me gustaba llevarte al límite y no separaba mi lengua de ti.
Yo: Y hasta que ya el deseo me volvía más primario, te giraba sin contemplaciones y bajaba para que mi lengua se hundiese en tu humedad.
Ella: Siempre buscaba llevarte a ese punto, que sintieras un deseo animal, que todo tu cuerpo sólo pudiese pensar en compartir placer conmigo.
Yo: Eres lo único en lo que puedo pensar ahora mismo, en llevar mi lengua a tu clítoris mientras mis dedos exploran tu cueva. Concentrarme en darte placer, mientras tus dedos se clavan en mi pelo…

Ella: Abandonarme al placer y dejarte hacer.
Yo: Recorrerte toda. Tus labios, tu clítoris, tu interior… Y saborearte mientras escucho cómo gimes y tu cuerpo se arquea para recibir el placer.
Ella: Hasta que te digo que quiero sentirte dentro de mí, mientras clavo de nuevo con fuerza mis dedos en tu pelo...
Yo: Me gusta sentirte entregada y no paro de saborearte y tocarte hasta que ya no puedes hablar, sólo gemir y empiezo a sentir tus espasmos.
Ella: Sí, haces que me corra de gusto… Y cuando ha terminado el orgasmo, me das un beso en donde más me gusta.
Yo: Después te pones encima y tengo la mejor vista posible, tu pecho desnudo subiendo y bajando con una cara de excitación que es lo mejor que puede encontrarse.
Ella: Tanto como ver tu cara de placer, sentir que soy yo quien te está haciendo disfrutar tanto.
Yo: Empezabas a marcar el ritmo, primero despacio; recuperándote del primer orgasmo, pero poco a poco ibas aumentando el ritmo.
Ella: Me agarrabas con deseo el culo y me acompañabas en el movimiento, mientras iba aumentando el ritmo y me penetrabas al compás.  Cada vez más rápido, hasta que me apoyaba encima de ti y tú me embestías con un ritmo frenético.
Yo: Apoyabas tus senos en mi pecho y tu boca quedaba junto a mi oreja, oyendo tus gritos mientras te llegaba el orgasmo. Después de eso, sólo conseguía aguantar a que terminara tu orgasmo antes de correrme yo.
Yo: Me pones demasiado, me voy a correr...
Ella: Me vengo... Que te corras pensando en mí, me pone a mil. Cuando vuelvas a España, quiero jugar contigo. Hacer todo contigo. Estar contigo una vez más.
Yo: Y yo hacerte gemir como nunca.

                                                   By

sábado, 13 de julio de 2019

MANUAL DE CARREÑO: LAS ENÉRGICAS LECCIONES SOCIALES DE COMPORTAMIENTO QUE HAN CAÍDO EN EL OLVIDO

   Se ha bien dicho, que sin buenos modales y mínimas reglas comportamentales, viviríamos en permanente conflicto. Quizá por ello, el riguroso libro de urbanidad comienza explicando que sus prescripciones tienden todas a la conservación del orden y de la armonía entre los hombres.
El Manual de urbanidad y buenas maneras, conocido popularmente como "Manual de Carreño", fue escrito por Manuel Antonio Carreño en España, en 1853. Esta obra contiene lecciones y consejos sobre cómo deben comportarse las personas en lugares públicos y privados, tales como el hogar, la familia, la escuela y el trabajo. El manual se divide en "Deberes morales del hombre" y "Urbanidad". Cada uno contiene capítulos donde se dan a conocer las lecciones aplicables en distintas situaciones y espacios. También contiene subcapítulos donde se presenta y se jerarquiza lo contenido en el capítulo.

        El músico, pedagogo, diplomático y político venezolano estableció reglas de comportamiento social que se hicieron famosas en Hispanoamérica y que hoy, para muchos, son retrógradas y obsoletas.
         Ese Manual de Carreño, era la biblia de los buenos modales para América Latina y España. Publicado en ese año, se convirtió en un éxito inmediato en el mundo hispanohablante.

     Incluso el gobierno español, que había perdido sus virreinatos pocas décadas antes, incluyó el manual entre sus libros escolares.

         Títulos y capítulos que incluyó la edición de 1865:

Deberes morales del hombre

Capítulo 1: Tener el deber de creerle a los niños sobre todo el mundo.
Capítulo 2: De los deberes con la sociedad: padres, patria y nuestros semejantes.
Capítulo 3: Deberes con nosotros mismos.
Capítulo 4: Deberes con los niños.

Urbanidad

Capítulo 1: Principios generales.
Capítulo 2: Del aseo: de nuestra persona, vestidos, de la habitación y para con los demás.
Capítulo 3: Dentro de casa: al vestirnos, al levantarnos, con la familia y vecinos.
Capítulo 4: Fuera de casa: la calle, el templo y casas de educación.
Capítulo 5: Con la sociedad: las conversaciones, las visitas, la mesa y la información juego.
Capítulo 6: Aplicaciones de la urbanizada.
        Cuando Carreño murió en el exilio, en 1874, su libro contaba con más de veinte reimpresiones.

         Durante las siguientes décadas, las editoriales agregarían nuevas normas e incluirían el uso de inventos que el autor no llegó a conocer: el auto y la radio. Fue uno de esos manuales, corregidos y exagerados.

CARREÑO NO ACONSEJABA. ÉL DABA ÓRDENES


        El autor enumera sus rígidos principios de urbanidad, como si entregara las tablas de la ley.

         "El ronquido (…) no son movimientos naturales y que no puedan evitarse, sino un mal hábito, que revela siempre una educación descuidada".
        "Y los vellos que nacen en la parte interior de la nariz, deben recortarse cada vez que crezcan hasta asomarse por fuera".

         Página tras página, se suceden lo que él considera incuestionables leyes que debemos obedecer si queremos salvarnos de la condena. Y ese infierno es, por supuesto, el rechazo social.

         Muestra el nivel de educación, cultural, profesional y social de la persona que la practica. Cómo portarse en la mesa, cortejar a una dama, bailar, aplaudir, tocar la puerta y hasta llevar un ataúd.

         El famoso manual, reunía reglas estrictas para casi todo. Sin embargo, el que por más de un siglo fue un referente de etiqueta, parece caer en el olvido.
       Es más, si hoy día cumpliéramos cada uno de sus principios, antes que vernos como gente refinada, podrían acusar a alguien de machistas, clasistas o ridículos.

          ¿Es que acaso los buenos modales han pasado de moda?

ACERCA DEL MANUAL


• Nombre completo: Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre.

• Es un texto clásico sobre etiqueta y buenas maneras.
• Desarrolla obligaciones para con Dios, para con la sociedad, para con nuestros padres, para con la Patria, para con nuestros semejantes y para con nosotros mismos, puesto que "el hecho de formar parte del género humano ya nos compromete a esos deberes".

¿Por qué para algunos es obsoleto?

• Por su excesivo formalismo, carácter casi ritual de muchas de las recomendaciones, parcialidad en temas religiosos, clasismo y machismo. Así como por las ideas conservadoras y moralistas subrayadas.

LO QUE ES MAL VISTO, SEGÚN EL MANUAL:


• Caminar por la calle con las manos metidas en los bolsillos.
• Taparse la boca con la mano al estornudar.
• Que las mujeres visitaran a un amigo soltero.
• Que los hombres no usaran corbata y zapatos, incluso estando en casa.
• Que las mujeres anduvieran en ropa interior por su casa.
• Que la gente no se bañara antes de meterse a la cama a dormir y antes de desayunar.
• Para que un hombre pudiera bailar con una mujer en un festín, éste debía haber sido presentado a la dama por un familiar de ella o por un amigo común.
• Rascarse la cara en público.
• Hablar con detalle de cosas personales: operaciones, enfermedades, neurosis, alergias, accidentes, etc.
• Es una vulgaridad hablar en sociedad de nuestra familia, de nuestra persona y de nuestras enfermedades.
• Hablar con un cigarro en la boca.
• Fumar en la calle.
• Platicar en la cocina.
• No recargar la cabeza en los respaldos de los asientos.
• Y hasta tener mascotas.

LO QUE PARA MUCHOS SIGUE VIGENTE:


• Cometer la indiscreción de hacerle alguna pregunta íntima a alguien en voz alta.
• Peinarse con un cepillo sucio (con pelo).
• Chuparse o morderse un mechón de pelo.
• Morderse las uñas o cutículas.
• Masticar chicle mientras habla o con la boca abierta.
• Llevar esmalte de uñas descascarado, uñas partidas o maltratadas o, peor aún, sucias.
• Comer ruidosamente haciendo gestos exagerados.
• Cortarse las uñas frente a alguien más.
• Tomar la comida por medio del pan (o tortilla, da igual), en lugar de emplear el tenedor o la cuchara.
• Suspender el plato de un lado para poder agotar enteramente el líquido que en él se encuentre.

        Pese a la mirada crítica que en la actualidad se le tiene, Carreño fue un adelantado a su época. No sólo dedicó su manual a jóvenes de ambos sexos cuando la enseñanza estaba casi exclusivamente orientada a los hombres, sino que se encargaría de independizar a su hija del "gobierno doméstico", para enseñarle música.
      Y, es que, aunque el mundo haya cambiado, el principio básico de el Manual de Carreño sigue siendo el mismo: ninguna comunidad funciona, si no hay entre sus miembros reglas de consideración mínimas.

       Esto rige en el mundo virtual y en el real. En español o en inglés. En un país o en otro.

martes, 25 de junio de 2019

ABDERRAMÁN III: LOS CATORCE DÍAS CONTADOS DE PURA Y AUTÉNTICA FELICIDAD

Durante gran parte del siglo X d.C., Abderramán III (o Abd-ar-Rahman III) reinó como el más poderoso príncipe de la dinastía Omeya en España. Fue conocido como el Emir de Córdoba desde el 912 hasta el 929, y más tarde como el Califa de Córdoba desde el 929 hasta el 961.
Abderramán III fue un poderoso gobernante que unificó a un pueblo plagado de guerras tribales e influencias extranjeras. Primero, estableció exitosamente un gobierno centralizado en España y construyó un poderoso ejército y marina. Luego, mediante acciones militares, rompió relaciones exitosamente con la aristocracia del mundo árabe, los Fatimíes de Egipto y del Norte de África, y los reyes cristianos de León.

CARACTERÍSTICAS DE ABDERRRAMÁN. ASPECTO Y TEMPERAMENTO


Físicamente se le describió como atractivo, de piel blanca, pelo rubio rojizo y ojos azules oscuros; corpulento y relativamente bajo -tenía las piernas cortas-. Se teñía​ la barba de negro,​ para parecer más árabe.
De carácter cortés, benévolo y generoso,​ inteligente y perspicaz, con intensos escrúpulos morales; se le tachó, asimismo, de inclinado a los placeres -en especial a la bebida- y dispuesto a usar extrema crueldad con sus enemigos. Han subrayado sus virtudes: su sagacidad y diplomacia, su firmeza e intrepidez; su liberalidad y generosidad, sus notabilísimos conocimientos en derecho musulmán y en otras disciplinas.​ Era además un excelente poeta y un orador elocuente.​ Las cronistas relataron minuciosamente sus obras en defensa de la ortodoxia islámica y condena de la herejía, como la persecución de los seguidores de Ibn Masarra y su generosidad con los parientes de un loco que quiso matarlo.

HISTORIA


        (Córdoba-Qurṭuba, 7 de enero de 891​-Medina Azahara, 15 de octubre de 961​), más conocido como Abderramán o Abd al-Rahman III, fue el octavo y último​ emir independiente (912-929) y primer​ califa omeya de Córdoba (929-961); con el sobrenombre de al-Nāṣir li-dīn Allah (الناصر لدين الله), "aquel que hace triunfar la religión de Dios" (de Alá). El califa Abderramán vivió setenta años y reinó cincuenta.​ Fundó la ciudad palatina de Medina Azahara, cuya fastuosidad aún es proverbial, y condujo al emirato cordobés de su nadir al esplendor califal. Dedicó gran parte de su reinado a acabar de someter el territorio del emirato, desgarrado por numerosas rebeliones mediante una mezcla de persuasión, prebendas y fuerza.

El futuro emir Abderramán -en árabe, 'siervo de Dios'-, tercero de su nombre y octavo de la dinastía ibérica, era nieto de Abd Allah;​ séptimo emir independiente de Córdoba,​ descendiente de los omeyas que antaño habían regido el Califato de Damasco (661-750) y cuyo poder se había restablecido en la península ibérica. Era hijo de Muhámmad, primogénito de Abd Allah, y de Muzna​ o Muzayna (que significa lluvia o nube), una concubina cristiana probablemente de origen vascón​ que pasó a ser considerada una umm walad o 'madre de infante' por haber dado a su señor un hijo. Una de sus abuelas, Onneca -compañera de Abd Allah-, era también de origen vascón, pues era hija de un caudillo pamplonés, Fortún Garcés.​ Así, su origen era principalmente hispanovasco y sólo en una cuarta parte árabe.​ Abderramán se convirtió pronto en el nieto favorito de su abuelo el emir.
El nieto del emir cordobés recibió el nombre de Abderramán y la kunya de Abul-Mutarrif, los mismos que tuvieron su tatarabuelo Abderramán II y el fundador del emirato omeya en al-Ándalus, Abderramán I.​ El nombre Abd al-Rahman significa 'el siervo del Dios misericordioso' y, Mutarrif quiere decir -entre otras cosas-, 'el combatiente o héroe que ataca valientemente a los enemigos y los rechaza'; en suma, 'caballero noble', 'distinguido' y 'campeón'.

Dotado -cuentan-, de todas las gracias, pocos hombres han tenido tantos motivos para estar satisfechos de su propio destino. Fue hermoso e inteligente y tan poderoso, como Napoleón o César. Reconoció a tres esposas y 18 hijos.

"Cuando los reyes quieren que se hable en la posteridad de sus altos designios -escribió- ha de ser con la lengua de las edificaciones. ¿No ves cómo han permanecido las pirámides y a cuántos reyes los borraron las vicisitudes de los tiempos?".

Porque, como se dijo, fundó Medina Azahara; amplió la mezquita, acabó con el desorden y la corrupción, promovió las artes, la cultura y la medicina. Cuando murió, en el año 961, Córdoba era la 'perla de Occidente' con tantos habitantes como Constantinopla y centro de un califato que dominaba casi toda la península ibérica, parte del Magreb y las islas mediterráneas.
Después de casi 20 años de éxitos espectaculares, Abderramán III ignoró la tradición de califato de La Meca y Medina y se proclamó califa en España. Aunque rechazado por algunos, este título le dio a Abderramán gran poder y prestigio en gran parte del mundo musulmán. Sus próximos 32 años los pasó como reverenciado gobernante de una región pacífica y próspera.

Pese a esto, Abderramán no era del todo feliz. Meses antes de morir sufre una terrible enfermedad psíquica, hoy llamada melancolía involutiva (ya tenía setenta y dos años); en la que a la tristeza, la melancolía, la angustia y el supremo abatimiento que caracteriza a todas las depresiones de origen orgánico, se suma la incontinencia emotiva. Por lo que todos los cronistas relatan cómo en todos estos meses, aún no teniendo dolores ni motivos reales de pesadumbre, era incapaz de hablar sin lágrimas en los ojos a quienes lo atendían.

Se resume así su reinado:

"Conquistó España ciudad por ciudad, exterminó a sus defensores y los humilló, destruyó sus castillos, impuso pesados tributos a los que dejó con vida y los abatió terriblemente por medio de crueles gobernadores hasta que todas las comarcas entraron en su obediencia y se le sometieron todos los rebeldes".

EL BALANCE DE VIDA FINAL Y LA FELICIDAD


En el libro de colección de notas biográficas, consta un hecho que se describió en su día; según el cual Abderramán III redactó una especie de minucioso diario en el que hacía acreditar los días felices y placenteros que disfrutó, marcando el día, mes y año. Pero en su larga vida, tan sólo quedaron reflejados en ese diario catorce días felices.
Este hombre extraordinario, que tuvo el mundo en sus manos, dictó el balance de su vida con la precisión enequética que le singularizaba, proporcionando uno de los documentos más interesantes de la relación entre poder absoluto y felicidad.

"He reinado más de cincuenta años, en victoria o paz. Amado por mis súbditos, temido por mis enemigos y respetado por mis aliados. Riquezas y honores, poder y placeres, aguardaron mi llamada para acudir de inmediato. No existe terrena bendición que me haya sido esquiva. En esta situación, he anotado diligentemente los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: Suman catorce".

La anécdota también se ha contado en el 'Testamento andaluz', que pone en boca de Abderramán estas palabras:

"Tengo 70 años, durante 50 he sido el rey de la ciudad más hermosa del mundo. Por si le faltaba algo, construí Medina Azahara. Amé a la mujer más hermosa del mundo, Azahara. Fui feliz 14 días, no seguidos".

Abderramán murió con 73 años, después de haber vivido entre lujo y placeres casi 27.000 días. Lo que plasmó en ese diario en cuestión. En ese documento en el que este hombre debe haber contado qué hizo, con quién yació o conversó; que libó o jugó, en esas jornadas de pura y auténtica felicidad. Lo que hizo Abderramán esos 14 días.

"Tampoco parece haber faltado ninguna bendición terrena en mi felicidad. En esta situación, he enumerado diligentemente los días de felicidad pura y genuina que me han tocado en suerte: Suman catorce: - ¡Ah, hombre! ¡No pongas tu confianza en este mundo presente!".

El poderoso Califa de Córdoba, conquistó todo lo que el mundo tenía que ofrecer. Al final, igual que muchos, compartió la misma epifanía eterna.