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sábado, 24 de agosto de 2019

EL MITO DE SÍSIFO EN LA FILOSOFÍA DEL ABSURDO Y EL EXISTENCIALISMO. SU PARALELISMO METAFÓRICO CON A. CAMUS

    Todos somos 'Sísifo', han dicho. Sísifo había sido inexorablemente condenado por los dioses a realizar una actividad absurda. Albert Camus (1913-1969), escritor y pensador existencialista formado bajo el influjo de Schopenhauer y Nietzsche, recrea este viejo mito griego considerándolo una expresión o metáfora de la existencia humana en la vida moderna.
     "El mito de Sísifo", es un ensayo filosófico de Camus, originalmente publicado en francés en 1942 como Le Mythe de Sisyphe. La obra se abre con la siguiente cita de Píndaro:

«No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible.»

El título del ensayo proviene de un atribulado personaje de la literatura griega. En él, Camus discute la cuestión del suicidio y el valor de la vida, presentando el mito de Sísifo como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre. En ese sentido, plantea la filosofía del absurdo, que mantiene que nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que creamos. Siendo el mundo tan fútil, el filósofo pregunta, ¿qué alternativa hay ante la disyuntiva y el conflicto de dar término a la vida? De esta forma, el análisis se inicia con el planteamiento de un problema filosófico realmente importante: el suicidio.

SÍSIFO CONCEBIDO EN LA MITOLOGÍA GRIEGA


Sísifo, dentro de las representaciones míticas de Antigua Grecia, hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia. Como castigo, fue condenado a perder la vista y a empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, desde donde debía recogerlo y empujarlo nuevamente hasta la cumbre y así indefinidamente.
Él era un rey de Corinto y su mujer se llamaba Merope, y era una de las Pléyades. Una vez, estaba Sísifo recostado junto a su palacio y vio en los aires un águila grande y hermosa que llevaba en sus garras una mujer joven, y estaba a punto de aterrizar en una isla cercana. Entonces se apareció el dios Asopo, que era el padre de la joven y le preguntó que si había visto pasar a Zeus convertido en águila con su hija en las garras. Sísifo le dijo que sí y le indicó la isla en la que aterrizó.

Asopo fue allí, pero Zeus lo espantó con un rayo. Zeus se dio cuenta que Sísifo le había dicho a Asopo dónde se encontraba y lo envió para el Hades a cumplir una sanción.

Cuando Sísifo se vio muerto, le dijo a Merope -su mujer- que no le enterrara, que se comprometía a regresar vivo. Llegó al Hades y se presentó donde Proserpina y le dijo que él no tenía porqué estar allí, ya que no le habían enterrado, que le dejara volver a la Tierra para que le hicieran los funerales y que después volvía.
Proserpina le dejo ir, pero Sísifo no volvió y se quedó viviendo en la Tierra. Zeus se enteró de esto y ordenó a Mercurio, el mensajero de los dioses, que lo remitiera de nuevo para el Hades a cumplir su condena. El castigo era empujar una piedra muy grande y pesada hasta la punta de una colina, pero cuando llegaba allí la soltaba y empezaba a correr para abajo y la piedra detrás como a aplastarlo, pero nunca lo alcanzaba; cuando llegaban abajo, volvía a repetir la misma tarea.

De aquí, el dicho de la piedra de Sísifo para los trabajos interminables y repetitivos.

ALBERT CAMUS Y SU ABISMO ABSURDO Y EXISTENCIALISTA


Camus, desarrolla la idea del 'hombre absurdo' o con una 'sensibilidad absurda'. Es aquél que se muestra perpetuamente consciente de la completa inutilidad de su vida. También es aquél que, incapaz de entender el mundo, se confronta en todo momento a esta incomprensión. El hombre rebelde será, por lo tanto, aquél que se encuentre en cada instante frente al mundo: "El rebelde no niega la historia que le rodea y trata de afirmarse en ella. Pero se encuentra ante ella como el artista ante lo real, la rechaza sin eludirla. Ni siquiera durante un segundo hace de ella un absoluto".
Para explicar su teoría, Camus se basa en una ética de cantidad, no de calidad, que acumule el mayor número de experiencias. Esta 'eterna vivacidad', este eterno confortamiento con el absurdo mediante el mayor número de experiencias, es justamente lo que daría sentido a no renegar del absurdo. En este punto, Camus muestra cómo su existencialismo no promueve el quietismo y la pasividad ante el absurdo. Aceptar el absurdo, afirma, es la única alternativa aceptable al injustificable salto de fe que constituye la base de todas las religiones (e incluso del existencialismo, que por ende Camus no aceptaba completamente). Aprovechándose de numerosas fuentes filosóficas y literarias, y particularmente de Dostoievski, Camus describe el progreso histórico de la conciencia del absurdo y concluye que Sísifo es el héroe absurdo definitivo.

En su ensayo, Albert Camus afirma que Sísifo experimenta la libertad durante un breve instante, cuando ha terminado de empujar el peñasco y aún no tiene que comenzar de nuevo. En ese punto, Camus sentía que Sísifo, a pesar de ser ciego, sabía que las vistas del paisaje estaban ahí y debía haberlo encontrado edificante: "Uno debe imaginar feliz a Sísifo", declara; por lo que, aparentemente, lo salva de su infortunio suicida.

Camus es un escritor que parte de la existencialidad que tiene la existencia como algo dado y que sólo acepta eso como punto de partida para que el hombre pueda resolver la única cuestión de importancia vital, a saber: si es que vivir merece o no la pena, si es que efectivamente puede tener sentido el ser hombre.​
La obra se cierra con un apéndice sobre la obra de Franz Kafka, interpretada finalmente de manera similar, en términos de un esteticismo; a su modo, esperanzador.

El mito de Sísifo se forja como una metáfora, describiendo todo lo que abruma a los hombres hoy en día, así como a Sísifo y diferentes héroes antiguos a soportar las diferentes pruebas o castigos a los que eran impuestos para conseguir libertad o ser acreedores a ciertos beneficios; en el mundo contemporáneo serían los diferentes sentimientos y probanzas que la vida pone enfrente y la manera en que el hombre comienza o está dispuesto a superarlas, con la propia convicción de saberse el único con el poder para hacerlo.

El existencialismo presente en El mito de Sísifo, nos presenta la capacidad de elección en la toma de decisiones individuales que confieren a cada persona encontrar el sentido a su propia existencia. Es una alerta a la conciencia.
Camus intenta una reconstrucción por vía del análisis de signos de la vida contemporánea. En él, el vínculo entre filosofía y literatura responde al esfuerzo por sensibilizar al hombre contemporáneo, frente a la urgencia de emprender una re-invención de la civilización; al tiempo que da cuenta de su pensamiento de que el hombre absurdo, por excelencia es creador.

¿Por qué fue condenado a empujar incesantemente una roca hasta la cumbre de una montaña? Cuando estaba a punto de morir, quiso poner a prueba el amor de su mujer, ordenándole que no enterrara su cuerpo sino que lo abandonara. Sísifo murió, y ella obedeció la orden tan contraria al amor humano; ya en el Hades o infiernos, obtuvo el permiso para volver a la Tierra momentáneamente, para castigar a su mujer. Pero de nuevo en el mundo de los vivos, el astuto Sísifo se vanagloriaba del éxito de su estratagema, manifestando a todo el mundo que no tenía intención de volver a los infiernos. Así, "durante muchos años más vivió ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la Tierra". Pero, cumpliendo un decreto divino, lo tomaron por el cuello y lo devolvieron a la fuerza a los infiernos, donde ya habían preparado su fatalidad y su roca.

         Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar esa roca hasta la punta de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado, con algún fundamento, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.
Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su porvenir le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos. En el universo vuelto de pronto a su silencio, se alzan las mil pequeñas voces maravillosas de la Tierra. Llamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice que sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior; o por lo menos, no hay más que uno al que juzga fatídico y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca; en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su suerte, creada por él, unida bajo la mirada de su memoria y pronto sellada por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando.

Sísifo al pie de la montaña, siempre vuelve a encontrar su carga. Pero enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien. Este universo, por siempre sin amo, no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña, llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas, basta para llenar un corazón de hombre.

Volver al pie de la montaña y reanudar el camino hasta la cumbre, es una representación del constante recomenzar de muchas actividades humanas. Cuando dominamos un procedimiento o un arte, éste ya está obsoleto. Cuando con esfuerzo hemos logrado la satisfacción de un deseo, renace uno nuevo. Es necesario reconquistar constantemente valores como la libertad, la democracia, la autenticidad.
El absurdo. Gran parte de nuestra vida está fundamentada en la esperanza en el mañana, a pesar de que el mañana nos acerca más a la muerte. Las personas viven como si no tuvieran la certeza de la muerte. Una vez despojado de sus romanticismos comunes, el mundo es un lugar extraño e inhumano. Pero hace falta imaginar a Sísifo feliz. La toma de conciencia de la propia condición y el no optar por el camino fácil de la sumisión, es lo que puede colmar el corazón de un ser humano. La ética de Camus es la ética de la lucha, el esfuerzo y la revuelta... Y desde el momento en que se le reconoce, el absurdo se convierte en una pasión, en la más desgarradora de todas.

martes, 11 de junio de 2019

ORÁCULO DEL AHORCADO. LA EPISTEMOLOGÍA DE UNA VIDA ASFIXIANTE

         Toda legitimación se remite a la propia condición humana. Sin embargo, la remisión a esa condición humana no implica necesariamente la remisión al umbral del Creador, sino que se paraliza en la consideración de la persona. Se dice que la ideación suicida debe ser tan antigua como la existencia humana. Los primeros textos abundan en referencias a los actos suicidas o a los claros deseos de muerte. La Biblia, por ejemplo, registra una decena de suicidios.

En la antigüedad no era raro el suicidio, según se desprende de los registros históricos. Los escritos, los mitos, los poemas y las tragedias ilustran también acerca de las prácticas suicidas, las ideas de muerte y las actitudes sociales hacia la terminación de la vida por la propia mano. Y toda teoría alrededor ha tenido una poderosa influencia sobre las ciencias sociales, la ciencia política, el derecho; lo moral y lo religioso, desenvuelto todo ello en una sociedad galopante.

"Preferiría mi alma el estrangulamiento, la muerte más que mis dolores".
________
*Del Libro de Job

Particularmente, en la vida del ahorcado se denota un hecho de depresión muy existencialista de lo que existe, lo que es y; en sí, lo que los demás son, pero más aún de todo lo que nos rodea. Un ahorcado posee una simpleza existencial que arrastra consigo su frustración al hecho melancólico de su vida y claramente, el modo de reflexionar sobre su pensar, objeta la expresión disconforme haciendo una indagación profunda por querer delimitar su propio ser y de tal modo verificar su sentimiento más triste: acentuadamente su egoísmo y esa precariedad de una pasión por vivir, con una visión equivocada sobre su propio yo.
En consecuencia, puede vislumbrarse el potente procedimiento mental donde las características revelan una suerte de imagen que encuentra sentido: se trata de un instante, donde un ser humano está suspendido en la horca y alcanza a mirar lo que le rodea al tiempo que la cuerda que lo sostiene lo mueve caprichosamente; un instante en el que también recuerda lo que ha sido su vida y en el que, justo antes de morir, puede experimentar ese suceso compartido por todo ser humano.

Al tiempo, quizá, el lanzamiento de proclamas y manifiestos donde se expresan los sentimientos, las emociones, las intenciones; entonces viene la definición de declaración de principios, hacia el hipotético receptor y la persona en sí.

--*-- O D I O --*--

"Quiero entenebrecer la alegría de alguien.

Quiero turbar la paz del que esté tranquilo.

Quiero deslizarme calladamente en lo tuyo, para que no tengas sosiego; justamente como el parásito que ha tenido el acierto de localizarse en tu cerebro y que te congestionará uno de estos días; sin anuncio ni remordimiento".

En el retrato del hombre contemporáneo, hay un estado de represión interna. Un sentimiento trágico de la vida del que una persona se ve encarcelada dentro una angustia existencial por causa de sus miedos particulares y la presión social, lo que lo lleva a poner punto final a un absurdo existencial; por medio de la muerte, a fin de otorgarle sentido al sinsentido de la vida. Entonces sopesan en el hombre, las relaciones del yo con el mundo y del yo consigo mismo. De modo que son los temas centrales de la filosofía existencialista: ser para el mundo, ser con otros y ser para la muerte.

Ya luego, la conciencia breve se desvanece en la nada, que significa la muerte espiritual y física. La vida del hombre es precaria, finita, siempre insegura, proyectada continuamente hacia un porvenir lleno de riesgos y hacia la seguridad de la muerte. El ser humano es ambiguo y contradictorio: puede ser protagonista de acciones de noble desprendimiento, pero también, en el fondo de su corazón, anida el egoísmo y la maldad. Parece ser axioma fundamental el de que la verdad habita en el interior del hombre. Entonces se indaga al hombre y para lograrlo, se recurre a todos los instrumentos que lo permitan sin la preocupación demasiada en la coherencia para plantear, en este caso, que mediante el suicidio se pone punto final a un absurdo existencial a fin de otorgarle sentido a aquello que parece no tenerlo.

        De  esta forma, la autenticidad humana no se busca en la rutina; sino en las situaciones-límite en las que el yo se forja y se pone a prueba y, de ninguna manera, por el mero hecho de estar viviendo instintivamente. Por otro lado, la configuración de la angustia, es una señal de alarma que avisa de alguna situación de posible fracaso existencial -o de una opción errónea- que podría conducir hacia una existencia hueca y sin sentido.

Entonces un rasgo más de la modernidad, es la visión anti-romántica y escéptica del mundo existencialista. Se plantea la cuestión sobre el sentido del ser ahí de su tiempo. Se emprende una indagación metafísica sobre el hombre -o ser con otros y ser sí mismo-, en el corazón de una ficcionalidad marcadamente existencialista; cuyo signo visible es precisamente esa modernidad que ha hecho objeto de la vida vivida y que, por consiguiente, vale como expresión genuina de la vida del hombre. Pero lo vemos abordado con un aspecto estructural, en donde lo ficticio se esconde en lo real: los sueños se entrecruzan con las vivencias ordinarias, las más desaforadas fantasías cohabitan con la cotidianidad más palpable; constituyendo eso, lo que el ahorcado usa para proyectar un mundo desintegrado, desquiciado, impregnado de pesimismo existencialista. Por ende, lo que se pone de manifiesto son las tendencias agonizantes del romanticismo, el modernismo y el realismo, respectivamente.

Lo anterior resulta muy relevante, porque persiste un conflicto y una premeditada distinción entre realidad, real y realidad imaginaria; en orden a alcanzar afanosamente una mayor fidelidad con la vida del hombre, como lo corrobora. Un tema que se maneja a partir de la inestabilidad, del desorden y la contradictoriedad que produce en tiempos actuales una exhortación a la reflexión de una razón práctica de lo que nos rodea en el tiempo y espacio.

"Ahora bien: en este momento yo he despertado. Fue así de improviso, como hacer luz, como apagar la luz. Estiro la pierna, amigo mío, y veo en donde he despertado. Éste es un cubo parecido a aquel en que todos los hombres despiertan. Se puede ver aquí medianamente. Ya es de día. Ya es la hora de ayer, compañero. Está todo en su sitio.

Pero los párpados vuelven a cerrárseme, pero ya es la hora de ayer."

 *Referencias amplias al mismo sitial de su forma de ver la vida, tan aburrida y depresiva. "Vida del ahorcado" (novela subjetiva) de Pablo Palacio. (Loja, Ecuador 1906-1947).

"Yo estaré aquí a mi manera y os encerraré en este cubo que tiene un sitio para cada hombre y para cada cosa.

Estoy viviendo la transición del mundo. Levántate, enciende algo, que estás retardando el equilibro definitivo del mundo".
El ser es vulnerable y lleno de conflictos en los que no hay esperanza de sobresalir de esa tiniebla que lo envuelve. La sensación de angustia que posee, lo debilita personalmente en muchos sentidos e influye en no poder proyectarse más allá de lo normal.

Pero con todo, a veces ni el dolo de quien intente adentrarse es suficiente para describir cómo se siente alguien a un paso de la horca, tratando de desencadenar un sinnúmero de angustias existenciales: la melancolía, las frustraciones y los desequilibrios que tras sus pensamientos ha impuesto en su existencia. Finalmente, la fundamentación es una realidad imaginaria que se prescribe muy imponentemente, en una vida infausta en la que se proyecta de tal modo que todo lo que lo circunda es malo. Lo que conlleva un desgarrador desenlace atentando contra la propia vida.

Lo más importante, reflexionar acerca de un posible sentido de crear una estructura cíclica; que sería que esa vida del ahorcado no pertenece a un hombre en particular, sino que se crea la idea de que todo ser humano es -en sí mismo-, un ahorcado.

"Entonces tuve por más felices a
los muertos, porque ya están muertos, 
que a los vivos, porque viven
todavía; y consideré más feliz aún
al que todavía no ha existido, 
porque no ha visto las infamias que se
cometen bajo el sol".
________
         *Del Libro Eclesiastés.