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sábado, 21 de septiembre de 2019

OSCURIDAD Y SOMBRAS EN LA REPUTACIÓN DE MAHATMA GANDHI, EL HOMBRE QUE LOGRÓ LA LIBERTAD Y PAZ SIN ARMAS NI SANGRE

       Mahatma Gandhi, el líder y dirigente más destacado del Movimiento de independencia indio, ha sido históricamente conocido y reconocido como quien sobrepasó su propia penumbra. Gandhi respondía a la injusticia con el perdón; a la violencia, con la piedad y al odio, con el amor. Fue un ser singular. Era abogado de pocas y medidas palabras. Fue también, quizá, un profeta moderno y un pacifista. Aunque, fue tal vez el más grande genio militar de la historia, porque creó las armas todopoderosas de la no-violencia. Mohandas Karamchand Gandhi (1869-1948), recibió el nombre honorífico de Mahatma (composición en sánscrito e hindi de mahā: 'grande' y ātmā: 'alma').
Gandhi fue un revolucionario. Su lucha no violenta anti-colonial, es un interesante e inspirador ejemplo de movimiento de resistencia contra los imperios. Su doctrina ético-política (cuyos conceptos básicos son ahimsa, satya, satyagraha y sarvodaya) contiene un mensaje todavía muy relevante para los movimientos sociales y los grupos de resistencia civil empeñados en su oposición contra la globalización de la violencia y los procesos violentos de globalización.

     Era un apasionado, indomable y valiente contestatario dotado de una profunda fe en sí mismo y en la misión de liberar -de modo no violento- a la India del yugo del poderío británico, y difundir la no violencia en la sociedad india y en el mundo. Logró transmitir al pueblo indio, especialmente a las numerosas masas campesinas, un nuevo sentido de la propia identidad y dignidad a un nivel de conciencia política nunca alcanzado antes.
         Tal como llegó a decir su discípulo Nehru, a pesar de sus severas críticas a la no-violencia gandhiana y como describió lo que significó la aparición de Gandhi, a su regreso de Sudáfrica, en el escenario político indio en un momento en que parecía que ninguna fuerza era capaz de sacudir a las masas indias de su resignado entumecimiento político:

"Fue entonces que apareció Gandhi. Fue como si nos hubiera embestido una potente corriente de aire fresco, obligándonos a desperezarnos y respirar profundamente, como un rayo de luz que desgarró las tinieblas y quitó el polvo que cegaba nuestros ojos, como un tornado que trastornó muchas cosas, pero sobretodo la manera de pensar de la gente. Él no descendió desde arriba; más bien pareció emerger de las masas de la India, hablando su mismo idioma y dirigiendo continuamente su atención hacia ellas y a su terrible condición. Quitaos de las espaldas de estos campesinos y trabajadores, nos dijo, vosotros que vivís de su explotación; liberaos de un sistema que produce esta pobreza y esta miseria" (Nehru, 1994: 358).
        Gandhi enseñó al mundo la manera de ganar batallas sin derramamiento de sangre, decía: "Creo que la no-violencia es infinitamente superior a la violencia, y el perdón es más eficaz que el castigo". Después de haber estudiado leyes en Londres, ya abogado, se dirigió a su patria asiática -la India- para hacer su práctica profesional. En ese momento, lo llamaron de Sudáfrica para defender un asunto jurídico importante. Tenía solamente 24 años. Se quedó 21 años y allí, encontró a ciento cuarenta mil compatriotas indios viviendo en la opresión, en el desprecio, como una raza de esclavos.

La acción poderosa del gran líder logró unirlos y luego los condujo a una magnífica victoria, sin armas mortíferas y sin sangre. Fue la primera victoria de esta clase que registra la historia. Gandhi y su ejército de inactivos terminaron hundiendo a su enemigo en la derrota. Los indios de Sudáfrica habían logrado su libertad. Porque las leyes justas siempre nacen de las injusticias.
En 1919, regresó a la India. Tenía ya 50 años y emprendió ahí la misma tarea que le había dado un resultado tan positivo en Sudáfrica. Esta vez, organizó una nación entera de trescientos millones de almas, para la lucha de no-violencia. La India había contribuido con novecientos mil hombres para el ejército inglés durante la primera Guerra Mundial. El gobierno británico en agradecimiento, prometió dar a la India su autonomía, su independencia. Pero tan pronto como terminó la guerra, la promesa fue olvidada.

Una formidable rebelión pacífica se anunció por todos los rincones del país. Gandhi se puso a la cabeza. Lo primero que hizo fue decretar el paro general en toda la India. Las detenciones se hacían por millares. Pero los veinte mil rebeldes encerrados en las prisiones no hacían más que cantar alegremente. Gandhi fue finalmente arrestado. El juez que lo condenó, expresó:

"Sería imposible negar el hecho de que ante los ojos de millones de sus compatriotas, aparece usted como un gran patriota y un gran líder. Hasta las mismas personas que difieren de sus apreciaciones políticas, Sr. Gandhi, no pueden dejar de reconocer en usted a un hombre de altos ideales y de vida noble y hasta santa. Sin embargo, tengo que sentenciarlo a 6 años de prisión", pena que cumplió.
Ya en libertad -tenía 60 años-, encabezó otra rebelión contra Inglaterra. Y nuevamente fue arrestado junto a sesenta mil adeptos. Pero trescientos millones de indios estaban con él. Fue liberado dos años después, por la presión de su pueblo. Inglaterra, espiritualmente vencida, ofreció la autonomía a la India. Gandhi sólo quería la total independencia. Finalmente, en 1947 culminó su lucha con el triunfo absoluto de sus ideales, es decir, con la independencia de la India.

EL LADO OSCURO DE MAHATMA GANDHI: RACISMO, MISOGINIA, NIÑAS


Se dice que Mahatma Gandhi fue racista y clasista en su juventud. Y de anciano fue acusado de dormir con jovencitas desnudas. Es fácil olvidar que basaba su retórica en el desprecio hacia los negros, en la alergia a la sexualidad femenina y en la falta de voluntad general para ayudar a liberar a los parias o 'intocables'. Son las sombras del hombre que logró derrotar sin violencia a todo un imperio.
Gandhi vivió en Sudáfrica durante más de dos décadas. De 1893 a 1914, trabajó como abogado y luchó por los derechos de los indios, pero sólo por los del pueblo hindú. Para él, como expresó con toda claridad, los sudafricanos negros apenas eran humanos. Se refirió a ellos usando el insulto despectivo sudafricano kaffir, y lamentó que los indios se consideraran "poco mejores que los salvajes o los nativos de África". En 1903, declaró que "la raza blanca en Sudáfrica debía ser la raza predominante" y después de que lo enviaran a la cárcel en 1908, se mofaba de que a los indios se les enviara con los presos negros y no con los blancos.

Por esas mismas fechas, Gandhi empezó a cultivar la misoginia, que lo acompañaría durante el resto de su vida. Durante sus años en Sudáfrica, respondió una vez al acoso sexual por parte de un joven hacia dos de sus seguidoras, cortando a la fuerza el cabello de las mujeres para asegurarse de que no provocaran ningún deseo sexual. Gandhi creía que las mujeres perdían su humanidad en el momento en que los hombres las violaban. Se guiaba bajo el supuesto de que los hombres no podían controlar sus impulsos depredadores básicos y, al mismo tiempo, afirmaba que las mujeres eran responsables de esos impulsos. Sus opiniones sobre la sexualidad femenina eran igualmente deplorables: Gandhi veía la menstruación como la "manifestación de la distorsión del alma de una mujer por su sexualidad", y también creía que el uso de anticonceptivos era signo de tendencia a la fornicación.
Se enfrentó a esta incapacidad para controlar su libido masculina, cuando juró celibato (sin comentarlo con su esposa) en la India y empleó a mujeres; incluyendo a niñas menores de edad -como su sobrina y su nieta-, para poner a prueba su paciencia sexual. Dormía desnudo junto a ellas en la cama sin tocarlas, asegurándose de no excitarse. Los rasgos infames que Gandhi mostró, persisten en la sociedad india: desprecio virulento hacia los negros, una indiferencia displicente hacia los cuerpos de las mujeres, una miopía prudente en torno al pésimo trato hacia los parias. Y no es casual que estas partes de su retórica hayan sido erradicadas de su legado.

Asimismo, Gandhi se ha convertido en un barómetro para la grandeza de la India y para la grandeza en general. Se conoce como un anciano frágil, noblemente desnutrido, con un alma piadosa y moral. Es él quien marcó el comienzo de una nueva resistencia pasiva en la India, un país al que ayudó a escapar de las garras del dominio británico. Lideró diversas huelgas de hambre hasta que el disparo de un nacionalista hindú lo mató y, a todos los efectos, lo convirtió en un mártir.
Respecto a su muerte, es de situarse en Delhi, el 30 de enero de 1948. Son apenas pasadas la 17:00, hora local. Un hombre delgado y menudo, de unos 45 kilos de peso, 79 años de edad, cubierto con pocas prendas hechas a mano, los pies cubiertos con un par de sandalias -también éstas hechas a mano-, ha subido a una pequeña plataforma para su habitual oración pública seguida por un breve discurso. Hablará seguramente sobre reconciliación. El hombre que ha subido a la plataforma está muy débil. Es sostenido por dos jóvenes mujeres.

Entre la multitud que se había reunido, se abre camino un hombre. Estaba armado con una pistola, una Beretta. Éste se acerca a Gandhi y lo saluda: "¡Namaste!" (¡hola!). Con la mano izquierda retira a una de las jóvenes que lo sostienen y, con la derecha, le descarga a quemarropa tres tiros. El gigante espiritual, murió al instante.
"La luz ha abandonando nuestras vidas, hay tinieblas por doquier y no sé qué deciros y cómo decirlo. Nuestro amado líder, Bāpu, como solíamos llamarlo, el padre de nuestra nación ya no está con nosotros...". Los conspiradores fueron todos capturados y condenados a durísimas penas, fueron ahorcados, una forma diferente a la filosofía de Gandhi. Se acercaron al patíbulo, gritando: "Larga vida a la India indivisible". Paradójicamente, era por una India unida que Gandhi había luchado durante toda su vida. Es de recordar a este hombre frágil, pequeño, encorvado, con un dedicado aforismo:

                     "Hubo brisas que conmovieron al mundo".
En las décadas transcurridas desde su asesinato en 1948, la imagen de Gandhi se ha construido con tanto cuidado, limpiando todos sus sucios detalles. Esto ha dado la libertad de restarle importancia a sus prejuicios y considerarlos como meras imperfecciones, pequeñas marcas en unas manos limpias. Los defensores más acérrimos insisten en que Mahatma Gandhi era humano y por eso tenía defectos. Crear a un ídolo falso implica ejercitar el olvido en grandes dosis. Es sencillo admirar a un hombre que en realidad no existe. La historia ha sido increíblemente condescendiente con Gandhi.

jueves, 5 de septiembre de 2019

JOSÉ REVUELTAS, EL ESCRITOR PRISIONERO Y SU OBRA "EL APANDO": ENTRE LA CÁRCEL Y LA SOCIEDAD LIBRE NO HAY DIFERENCIA

El encierro del encierro, es el apando. Una forma de refracción de la realidad cruenta y del contexto que circunda, en la manifestación de una obra literaria. En ese lugar existe este aislamiento, tanto espacial como corporal y emocionalmente: primero en la cárcel, después en el apando y finalmente en el cuerpo (un cuerpo desgarrado, recluido en su propia celda). Está el caso de la crónica de un leproso, en el que Revueltas pone atención en el cuerpo y más aún en la forma de mirar, que hacen de ese hombre un cuerpo lacerado, preso en su propia inmundicia. Un ser sumido en la oscuridad de su desgraciada vida, falto de libertad social, física y moral. Y la idea de cárcel como encierro, está detallada en la obra "El apando", en la que aparece como la falta de libertad; pero también como símbolo, ya que 'es la ciudad cárcel, la sociedad cárcel'.
        Porque en condiciones de cautiverio extremo, el cuerpo humano también puede volverse una prisión donde se mezclan con furia un dolor y odio que limitan en lo infinito. El paisaje es siempre el mismo: corredores con rejas y muros grises, custodios que observan cada movimiento, cada ir y venir de los presos; que huelen todos los hedores que produce el encierro sin diferenciarlos de los propios; que escuchan cada grito, cada maldición de los que están del otro lado de las rejas. Ambos encerrados, ambos uniformados. Las diferencias en realidad son pocas, aunque sustanciales: unos son los sometidos, los otros son quienes someten; unos pueden salir al cielo abierto para ir a otro encierro más llevadero, el de la cotidianidad. Los otros, en cambio, están encerrados en el encierro, laberinto concéntrico cuyo corazón es el apando, la última prisión, la más intestina; allí donde sólo unos cuantos rayos de luz se atreven a recortarse contra la pared mugrosa, con un dibujo preciso y sólido de los barrotes. 

       El apando, vientre umbrío que pare cabezas sudorosas y desesperadas por mirar algo más que cuatro paredes y; sin embargo, resignadas a emerger recostadas en una oreja. Dispuestas a obstruirse a sí mismas la anhelada visión y a crearse, por tanto, un encierro todavía más profundo.
       Y dentro de ese encierro existen otras prisiones aún más lúgubres, por estar disfrazadas con el velo de la libertad: aquellos momentos en que la droga brinda la sensación ilusoria del escape, como sensación benéfica, pues ayuda a no toparse de bruces con la realidad y a sobrellevar con alguna esperanza el renuente paso de los días; así como a ejercer una clase de libertad más abstracta y eficaz que la que produce esa droga, que es la voluntad. José Revueltas sabe exactamente de cuántos pasos (lo vivió varias veces en su vida) consiste aquel encierro: "…treinta metros más o menos, sesenta de ida y vuelta…" y sabe también que en ese espacio es fácil que fructifique el odio irracional, el asco -de por sí insoportable- que sienten al convivir con esa maldición materializada; y como medio para sortear la repulsión, abrigan la esperanza de deshacerse de él, de liberarse.

UNA PRISIÓN PARA EL CUERPO, EL CUERPO COMO CAUTIVERIO


"El apando" fue publicada en 1969, es la séptima novela del escritor mexicano, novelista, cuentista, pensador, periodista, dramaturgo, revolucionario y luchador disidente José Revueltas. La obra deslumbra por su devastadora intensidad. Escribió los meses de febrero y marzo del mismo año desde la celda que ocupaba en la cárcel preventiva, situada en los escenarios del Palacio Negro de Lecumberri y en ella narró con indescriptible vehemencia las pasiones más sórdidas de los presos del apando, como una especie de calabozo en el que solían encerrar a los más recalcitrantes. Está basada en las experiencias que vivió durante su encierro después de los conflictos de 1968, tras ser acusado de liderar el movimiento estudiantil que culminaría con la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre del mismo año. Revueltas había ingresado a prisión acusado de incitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, robo, despojo, daño a propiedad ajena, ataques a las vías generales de comunicación, acopio de armas, homicidio y lesiones.
La historia del apando es la historia de una cárcel dentro de la cárcel, y es también el relato de la degradación del ser humano, la involución que lleva a la barbarie. Sus protagonistas son seres a los que Revueltas conoció durante su confinamiento. Polonio, Albino y El Carajo son presos comunes, como aquéllos que en algún momento atacaron a los presos políticos y a quienes el novelista retrata con los ojos atentos del observador incansable que siempre fue.

Se vislumbra que entre la cárcel y la sociedad 'libre', no hay diferencia. "Todos estamos presos", ésta es la tesis de José Revueltas desarrollada a lo largo de su novelística y que sella magistralmente en las páginas de El apando. Para el escritor, la sociedad 'libre' marcha junto a la confinada creyendo pertenecer a su opuesto, cuando en realidad se trata de un mero reflejo.
        El apando, concebido espacialmente, es una fortaleza llena de historias, de anhelos, sufrimientos y angustias; es la prisión dentro de la prisión, en la que comienza una travesía de sentimientos encontrados. El apando es una novela construida sin pausas, en líneas discursivas que simulan una prisión eterna, reforzada por verbos atemporales y donde el conflicto va subiendo de intensidad conforme se va apoderando la desesperación de estos seres.

         Ahí se concretizan esas ideas de encierro-cárcel y encierro-cuerpo, ideas de caída, de oscuridad definitiva, de soledad, sufrimiento, fatalidad, muerte; otros tantos motivos que colman la escritura revueltiana y que son variaciones en torno del tema dominante: la prisión, el encierro. Apando es el encierro dentro del encierro aún más oscuro.
        El apando, encierro-cárcel tal como materia prima de su obra, ejerció en Revueltas un inquebrantable deseo por denunciar la barrera entre la libertad de todo tipo y la realidad carcelaria.

         — Escojo la cárcel como ambiente; es decir, ambiente simbólico. Porque la cárcel no es sino un compendio, una condensación de las sociedades. Tiene sus clases sociales, sus tiranos, sus opresores y constituye entonces una revisión de la sociedad externa a los límites de una geometría enajenada, como le llamo en El apando. Las rejas, para mí, las rejas del apando, son las rejas de la ciudad y las rejas del país y las rejas del mundo.
        La prisión, por otro lado, no se actualiza sólo en el espacio, sino también en la razón, los sentimientos, el cuerpo mismo del hombre; ciñéndolo, sofocándolo. Alcanza incluso -recurso inusitado- el plano textual. Y es aquí donde la literatura y sus umbrales le facilita un camino hacia la desesperanza intuida ante la experiencia temprana del horror, los golpes de la ira de Dios. Recuperar el horror y explicarlo, teorizarlo y combatirlo; pero también terminar de aprenderlo, hundirse en él, desesperarse del todo para quizá emerger con una conciencia otra, con una libertad inédita y desconocida.

El apando concentra toda la tesis revueltiana: "Todos sobre la Tierra somos iguales, todos estamos presos, el mundo nos sirve de cárcel, ningún ángel vendrá a salvarnos".
Todo es prisión aún alejados de la prisión. La represión no se queda en la penitenciaría sino que se extiende a la urbe, a las familias, a la sociedad en general. Es una ilusión creer que se es libre, según se aprecia.

jueves, 29 de agosto de 2019

FRIDA KAHLO: EL AMOR Y COMPLEMENTO DE DIEGO RIVERA. LA HIZO SUYA, LA INVADIÓ TODA Y NUNCA DEJÓ QUE SE FUERA

         Más que una historia impregnada de amor coloquial, fue ésta una relación tormentosa y autodestructiva por parte de ambos artistas. Diego tenía 43 años y Frida 22. Con casi el doble de edad, él supo cómo retenerla a pesar de todo. Diego parecía haber encontrado al amor de su vida y los dos cumplían con lo que el otro requería. Él, un hombre con convicciones, metas y una personalidad bien formada, se hizo cargo de Frida; una joven en busca de protección, de identidad, de alguien que estuviera dispuesto a cuidarla.
         Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón nace el 6 de julio de 1907, en la Ciudad de México. A los seis años de edad contrae poliomielitis que le deja la pierna derecha más corta. A los dieciocho años, sufre un accidente cuando un choque afecta al transporte donde viajaba. Frida se lesiona la espina dorsal. Debido a la inmovilidad a la que se ve sometida durante los primeros meses de recuperación, comienza a pintar. Así conoce a Diego Rivera.

Fueron una pareja inmensamente caótica y tempestuosa, amor y odio se conjugaban en un romance que tuvo varias idas y vueltas, para siempre volver a estar juntos. Él era más de 20 años mayor que ella, pero eso no fue impedimento para quedar flechada apenas lo vio. En 1929, se casaron.
La infidelidad por las dos partes fue una constante en este matrimonio que se divorció en 1940, para volverse a casar en 1941. No tuvieron hijos, en 1932 Frida sufrió un aborto que la hundió más en la desesperanza. Vivieron una vida difícil de soportar para los estándares comunes de una pareja, sobrepasando los límites de lo convencional.

Las continuas infidelidades de Rivera durante su relación con Frida la hicieron sufrir mucho, aunque ella presumía de una gran libertad de pensamiento y desprejuicio. Al tiempo, comenzó a pagar a Diego con la misma moneda, pero redobló la apuesta. Frida le era infiel con hombres y con mujeres. Ambos sabían de estas historias extraconyugales y ambos las aceptaban, aún con las descomunales peleas entre ellos. La clave de su matrimonio estuvo no sólo en el amor, la pasión física y los intereses políticos comunes. Frida y Diego se admiraban profundamente, se respetaban como artistas y como seres humanos; no obstante, sus comportamientos eran controvertidos porque tenían 'los mismos códigos'.
      Diego Rivera pesaba 120 kilos y medía 1.85 metros. Al famoso pintor mexicano no le gustaba bañarse, su panza sobresalía de su cuerpo, le llamaban sapo y elefante, y era tan infiel tanto como le fuera posible; sin culpa, sin remordimiento y mucho menos la disposición de cambiar: «¿Las mujeres que he amado? Tuve la suerte de amar a la mujer más maravillosa que he conocido. Ella fue la poesía misma y el genio mismo. Desgraciadamente no supe amarla a ella sola, pues he sido siempre incapaz de amar a una sola mujer. Dicen mis amigos que mi corazón es un multifamiliar. Por mi parte, creo que el mandato "amaos los unos a los otros" no indica limitación numérica de ninguna especie, sino que antes bien, abarca a la humanidad entera.»

         Cuando se fue a estudiar a Europa conoció a Angelina Beloff, una artista que se enamoró inmediatamente de él. Se casaron y tuvieron un hijo, pero eso no sirvió para controlar las ansias infieles de Rivera. Dieguito, su hijo, murió catorce meses después de nacer pero el pintor ya tenía una relación simultánea con otra artista; la pintora Marie Bronislava Vorobieff-Stebelska, mejor conocida como Marevna y con quien también tuvo una hija llamada Marika Rivera.
       Poco tiempo después, el secretario de educación José Vasconcelos, lo llamó para que lo ayudara en la imperiosa tarea de reconstruir México y exaltar el nacionalismo que debería inundar todas las instituciones públicas. En 1921, Rivera abandonó definitivamente Europa y puso manos a la obra. Mientras trabajaba en sus murales conoció a la modelo Guadalupe Marín, con quien contrajo matrimonio y tuvo dos hijas: Ruth y Lupe; sin embargo, después de cuatro años, en 1928, se separó definitivamente de Guadalupe y un año más tarde se casó con Frida.

        Diego y Frida compartían su pasión por el comunismo, aseguran, Diego fue quien le pidió que se vistiera como tehuana. También era él quien terminaba sus lienzos, cuando Frida se aburría. Ella le dijo que volviera a su lado, después de que la policía la sometiera a arduos interrogatorios tras la muerte de Trotsky; que la amó con su alma, pero también la destruyó como a ninguna otra de sus amantes.
        Y ni siquiera la hermana de Frida se salvó de Diego Rivera. A pesar de que la infidelidad fue en 1935, permanecieron juntos hasta 1939; empero, en ese lapso, Frida decidió mantener una relación abierta con el pintor en la que ambos serían infieles. Después de eso, la pareja se separó sólo para volver a casarse un año después, en 1940.

         Mientras estaban lejos, Frida llena de ira y dolor, le escribe lo que siente y cuánto la ha herido: «Ahora que hubiera dado la vida por ayudarte, resulta que son otras las 'salvadoras'...»
«No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inmanente a mi ser, aunque sí te confieso que sufrí, y sufrí mucho, la vez, todas las veces que me pusiste el cuerno... no sólo con mi hermana sino con otras tantas mujeres... ¿Cómo cayeron en tus enredos?

Tú piensas que me encabroné por lo de Cristina pero hoy he de confesarte que no fue por ella, fue por ti y por mí, primero por mí, porque nunca he podido entender ¿qué buscabas, qué buscas, qué te dan y qué te dieron ellas que yo no te di? Porque no nos hagamos pendejos, Diego, yo todo lo humanamente posible te lo di y lo sabemos, ahora bien, cómo carajos le haces para conquistar a tanta mujer si estás tan feo hijo de la chingada...

[…] te escribo para decirte que te libero de mí, vamos, te "amputo" de mí, sé feliz y no me busques jamás. No quiero volver a saber de ti ni que tú sepas de mí, si de algo quiero tener el gusto antes de morir es de no volver a ver tu horrible y bastarda cara de malnacido rondar por mi jardín.

Es todo, ya puedo ir tranquila a que me mochen en paz.

Se despide quien le ama con vehemente locura, Su Frida.»
Su relación se convirtió en autodestrucción, enfermedad y sumisión; pero se quedaron ambos ahí, sin auto-respeto y presos de algo que les aniquilaba.

         Al final de su vida, la salud de Frida -siempre frágil-, decae. En 1953 ante la amenaza de gangrena, se le amputa desde la rodilla la pierna derecha. Frida Kahlo muere en la Casa Azul, el 13 de julio de 1954.

        1955: Diego profundamente abatido por la muerte de Frida, escribe: "Yo me he dado cuenta que lo más maravilloso que me ha pasado en mi vida ha sido mi amor por Frida".