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viernes, 23 de agosto de 2019

DANTE ALIGHIERI Y LOS NUEVE CÍRCULOS DEL INFIERNO. LA ESTRUCTURA FÍSICO-MORAL DE LOS PECADOS Y SU CASTIGO

       El Infierno (en italiano Inferno), es la primera de las tres cánticas de "La Divina Comedia" del poeta florentino Dante Alighieri. Los sucesivos cantos son el Purgatorio y el Paraíso. El orden de las penas, depende de la Ética Nicomaquea de Aristóteles, y prefigura una jerarquía del mal basada en el uso de la razón. La elección de las penas sigue la ley del contrapaso, que castiga a los pecadores mediante el contrario de sus pecados o por analogía a ellos. Todos los pecadores del Infierno, tienen una característica en común: sienten la lejanía de Dios como el mayor castigo. Y cuanto mayor es el pecado, menor es el espacio físico en el que habitan las almas.
        El poema comienza el día antes del Viernes Santo, en 1300. El narrador, Dante Alighieri, tiene treinta y cinco años; y por ende, se encuentra a mitad del camino de la vida (Nel mezzo del cammin di nostra vita), mitad de la expectativa de vida de setenta años según la Biblia (Salmo 90:10). El poeta se encuentra perdido en una 'selva oscura' y es asaltado por tres bestias: un león, un leopardo (lonza en italiano que puede referirse también a una pantera o un lince) y una loba; a los que no puede evadir, y es incapaz de encontrar la 'senda verdadera' (diritta via) a la salvación. Estos animales son una alegoría de la soberbia, la lujuria y la codicia; tres pecados capitales. Consciente de que él mismo se está haciendo daño y de que está cayendo en un profundo lugar (basso loco) donde el sol calla (l sol tace), Dante es finalmente rescatado por el poeta romano Virgilio. Los dos comienzan un viaje al mundo de ultratumba.
El escritor consigue que su odisea sea de estremecedora implicación, teniendo en cuenta sus circunstancias personales. Entre otras muchas cosas, la Divina Comedia es una amarga diatriba del autor contra sus contemporáneos; comenzando por sus mismos conciudadanos, como una imprecación por el desdichado presente de Italia. Y así comienza la minuciosa crónica del viaje de Dante mediante esa triple división del otro mundo cristiano, guiado primero por Virgilio en el Infierno y en parte del Purgatorio; posteriormente, por la misma Beatriz hasta llegar a la presencia de Dios y de los seres bienaventurados. Un viaje hacia la Luz, por tanto.
El Infierno de Dante es un Infierno lógico, geométrico, a la medida de su muy racional topografía. Dante pasa al Infierno del que no hay escapatoria, como indica la memorable inscripción que está grabada sobre su puerta, cuyo texto dice:

«Es por mí que se va a la ciudad del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y al lugar donde sufre la raza condenada, yo fui creado por el poder divino, la suprema sabiduría y el primer amor, y no hubo nada que existiera antes que yo, abandona la esperanza si entras aquí.»

Antes de entrar completamente al Infierno, Dante y su guía ven a aquéllos que nunca se comprometieron. Las almas de aquéllos que jamás hicieron algo bueno o malo.
El poeta aprovecha sobremanera el Infierno de los clásicos, por el que ya habían paseado Homero y Virgilio; es decir, Ulises y Eneas, no dejando en falta sus corrientes acuáticas (el Aqueronte que franquea su entrada, la laguna Estigia por medio de la cual el barquero Caronte lleva a las almas al inframundo) o las figuras que lo presiden, como Minos, el implacable juez infernal que en la entrada del Infierno, asigna a cada condenado el círculo que le corresponde según su falta.
Como el Purgatorio y el Paraíso, el Infierno tiene una estructura de 9+1=10, pues cuenta con un 'vestíbulo' de diferente naturaleza que los otros círculos que lo componen, de los cuales lo separa el Aqueronte. Dante imagina el Infierno, como un enorme abismo en forma de cono invertido que se precipita hacia el centro de la Tierra y que se divide en nueve círculos.

El primero de ellos es el Limbo, en el que se encuentran todos aquellos grandes nombres del paganismo que por meras razones históricas, no pudieron ser bautizados pero poseyeron la nobleza de los justos: es el círculo donde moran el propio Virgilio o el mismísimo Homero; pero también algún infiel del prestigio del sultán Saladino, el noble oponente de Ricardo Corazón de León. En los siguientes círculos se reparten los condenados -o réprobos-, en función de sus culpas, correspondiendo a las más graves los estratos inferiores. Así, en los iniciales se encuentran los lujuriosos, los glotones, los avaros o los iracundos; en los últimos, en los cuales se enclava la ciudad infernal de Dite (uno de los nombres de Lucifer), los herejes, los violentos (contra otros o contra sí mismos: los suicidas), los hipócritas, los ladrones. El último círculo, significativamente, corresponde a los traidores; por supuesto, ahí es donde está Judas y Bruto, emblemas de la traición en la religión y el mundo clásico respectivamente. Por último, en el vértice del abismo inmovilizado eternamente sin poder escapar, se encuentra el mismo Lucifer.
Satanás está inmerso en el hielo hasta la cintura, llorando y babeando. Aletea como si intentase escapar, produciendo un viento que hiela todo el Cocito. Cada boca tiene un famoso traidor, con Bruto y Casio en las bocas de la izquierda y derecha, en ese orden. Estos dos hombres estuvieron involucrados en el asesinato de Julio César, un acto que para Dante significa la destrucción de la unificación de Italia, ya que mataron al hombre que debía gobernar al mundo. En el centro está Judas. A él se le aplica la peor de las torturas, su cabeza es roída por la boca de Satanás. Lo que se ve aquí, es una perversión de la Trinidad: Satanás es impotente, ignorante, y está lleno de odio; en contraste con la omnipotencia, omnisciencia, y amor de Dios.
Los dos poetas salen del Infierno escalando sobre Satanás, pasando a través del centro de la Tierra (con un cambio del sentido de la gravedad) y emergen en el otro hemisferio, justo antes del amanecer en Pascua, bajo un cielo lleno de estrellas. Condenado por cometer el último pecado (la traición hacia Dios), está Satanás. Satanás es descrito como un gigante, espantosa bestia con tres caras: una roja, una negra y otra de color amarillo pálido:

"Una delante y era bermeja,
las otras eran dos, que a aquella se unían
de cada hombro en el medio,
y se juntaban en el lugar de la cresta:
y la derecha parecía entre amarilla y blanca,
la izquierda a la vista era tal cuales son
los que vienen de donde el Nilo se encauza".
       Por debajo de él, y a través de un largo túnel, se emerge al hemisferio austral y comienza el Purgatorio, espacio que Dante imagina como el espejo opuesto al recinto anterior: una montaña, la más alta del mundo, dispuesta asimismo en nueve cornisas (las dos primeras forman el Antepurgatorio) en las cuales las almas que murieron sin la purificación completa, esperan la definitiva redención de sus pecados (mediante el rezo de aquéllos que los recuerdan en la Tierra) para poder subir al Paraíso. Una vez más, el poeta distribuye cada división según la importancia de los pecados, que en muchos casos repiten los del Infierno pero en su grado más venial: los negligentes en el Antepurgatorio y dentro del recinto, los soberbios, los envidiosos, los perezosos, etcétera.
       Finalmente, por encima del Purgatorio comienza el Paraíso, pero ya sin sustrato corpóreo puesto que se extiende a lo largo de los nueve cielos de la astronomía clásica (la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno, las Estrellas Fijas y el Primer Motor) hasta llegar por fin a la cúspide, al Empíreo, donde Dante alcanzará la contemplación del sumo bien, de Dios rodeado por las cohortes de los bienaventurados bajo la forma de una rosa celestial.
       Entonces el gran hallazgo de Dante, es establecer una relación entre el pecado y el tormento: así los herejes arden en sus sepulcros al modo en que ardieron al perder la vida bajo el fuego del inquisidor, los asesinos penan en un río de sangre hirviente, los suicidas han sido convertidos en árboles y plantas picoteados sin cesar por las monstruosas arpías, los sembradores de discordias están hendidos de arriba abajo, los adivinos caminan hacia atrás eternamente porque quienes creyeron ver mejor que nadie hacia delante ahora tienen vuelta para siempre la cabeza, los traidores se hallan sumergidos en un río helado con sólo la testa asomando para mayor contemplación de sus desdichas. La invención más original la reserva para el vestíbulo infernal, donde, condenados a seguir a ciegas cualquier bandera, sin esperar nada (ni la muerte ni la gloria ni la esperanza) se encuentran aquéllos que, dice el poeta, no sirvieron ni a Dios ni al diablo: los que no dieron objeto alguno a su vida. Minois, con sagacidad, los define como los mediocres. De ser así, terrible el castigo a la mediocridad que reserva ese hombre que tan consciente de estar por encima de los mortales ordinarios.
       Sin embargo, el paseo de Dante por el Infierno no es el de un moralista severo. Resulta admirable la dignidad con que trata a muchos de los réprobos que dirigen a él sus lamentos, pues se puede haber incurrido en el error del pecado pero no en la ignominia. Ese es el sentido del famoso episodio en que escucha los lamentos de los cuñados adúlteros Francesca y Paolo Malatesta (esposa y hermano del celoso tirano de Rimini), que sufren sus penas en comunión sin arrepentirse en ningún momento de la pasión que los ha conducido hasta allí. Un nostálgico símbolo del amor sublime que el poeta hubiera querido vivir, de verdad, con Beatriz.
      Porque como todos, Dante anheló la felicidad y la gloria, el amor y la plenitud; pero fue bien consciente de que la vida es, ante todo, amargura: que el Infierno hace mucho que invadió el mundo de los vivos. Él lo supo bien y de ahí que lo describiera de modo tan vívido. Beatriz, por desgracia, sólo fue un sueño.

martes, 20 de agosto de 2019

CAÍN Y ABEL. EL HOMICIDIO POR CELOS Y ENVIDIA ENTRE HERMANOS QUE SIGNIFICÓ LA MUERTE DEL PRIMER SER HUMANO NACIDO

Uno de los relatos bíblicos más conocidos de todos los tiempos, es el asesinato de Abel en manos de su hermano Caín; así como qué fue lo que le aconteció a éste, tras convertirse en el primer asesino del mundo. El apólogo del homicidio -presuntamente perpetrado por celos y envidia-, arroja a Caín como el primordial asesino entre los hombres y a Abel como el primer ser humano que se enfrenta a la muerte y también, más allá de la trama de una conducta fratricida, muestra a la primera familia de la humanidad. Este aspecto pasa desapercibido en la historia pero, intrínsecamente, la escena vislumbra el dolor y la desolación de la familia original rota por la muerte de uno de sus miembros y por el drama familiar que supone el crimen cometido por Caín.
Caín y Abel, son traducciones de los nombres hebreos קַיִן / קָיִן y הֶבֶל / הָבֶל, respectivamente. En la transliteración moderna del hebreo estándar, se escriben Qáyin y Hével (o Hável); mientras que en hebreo tiberiano, se escriben Qáyin (o Qāyin) y Héḇel (o Hāḇel). El Corán habla de Caín (Qâbîl) y de Abel (Hâbîl) como 'los hijos de Adán'. Sería la tradición posterior, la que introduciría sus nombres propios. Les dedica apenas seis versículos (5,27-32), donde narra el fratricidio referido por la Biblia.

Según el Génesis (el primer libro del Antiguo Testamento), Caín fue el primogénito de Adán y Eva; es decir, su primer hijo varón.
En la Biblia, Abel significa "El que estaba con Dios". Es el segundo hijo de Adán y Eva. Fue asesinado por su hermano Caín, quien envidiaba la satisfacción divina con las ofrendas de Abel; y que de acuerdo a esta narración, la suya fue la primera muerte de un ser humano.

LA OFRENDA A DIOS DE LA COSECHA O DE UNA OVEJA


Ahora Caín y Abel, ambos han crecido. Caín se ha hecho agricultor. Él se ocupa en el cultivo de granos, frutas y vegetales.
Abel cría ovejas. A él le gusta cuidar los corderos. Éstos crecen y llegan a ser ovejas grandes, y pronto Abel tiene un rebaño entero para atenderlo.

Según la descripción bíblica, un día estos hermanos presentaron sus sacrificios a Dios en sus respectivos altares llevándole un regalo; al verlos, a Él le agradó Abel y su obsequio. Dios prefirió la ofrenda de Abel que llevó la mejor oveja que tenía (las primicias y la grasa de sus ovejas) a la de Caín, como alimento que él ha cultivado (dones de los frutos del campo).
Pero no le agradan Caín y su regalo, sólo porque el de Abel sea mejor que el otro; es porque Abel es bueno, ama a Dios y a su hermano. Al contrario, Caín es malo, no ama a su hermano.

Por eso Dios le dice a Caín que debe cambiar, sin embargo, no le hace caso. Está muy enojado porque no lo prefirió a él. Entonces, Caín le dice a Abel: "Vamos allá al campo". Y ahí, cuando están solos, Caín golpea a su hermano. Le da tan brutalmente que lo mata.
Enloquecido de celos después de haber matado a su hermano, volvió a sus cultivos. Al ser interrogado por Dios acerca del paradero de su hermano, Caín respondió "¿Acaso soy yo el custodio de mi hermano?". Sabiendo Dios lo que había ocurrido, castigó a Caín condenándolo a vagar sin rumbo, pero preservando su vida ante los habitantes de la Tierra. 

Aunque Abel murió, Dios todavía lo recuerda. Abel era bueno, y Él nunca olvida a personas que son así. Por eso un día hará que vuelva a la vida. En ese tiempo, Abel nunca tendrá que morir. Podrá vivir para siempre aquí.
Por otro lado, a Dios no le agradan personas como Caín; por eso Dios lo castigó, enviándolo lejos de su familia.

Como castigo por su crimen, Caín no volverá a recibir frutos de la tierra y es condenado a andar sin descanso por el resto de su vida; lo que provoca la reacción desesperada del fratricida que se lamenta de lo vulnerable que será, puesto que cualquiera podrá matarle. No obstante, Dios le impondrá una marca para disuadir a los posibles atacantes que se crucen en su camino.
Y cuando Caín se fue para vivir en otra parte de la Tierra, tuvo una mujer que llegó a ser su esposa y con quien tuvo descendencia. En su peregrinaje, Caín llegó a la Tierra de Nod donde edificó la primera ciudad a la cual llamó Enoc, por el nombre de su hijo.

Las variaciones en como sucedió el fratricidio, no son debidas a que responden a tradiciones religiosas diferentes -judía y cristiana-, sino a que el relato bíblico ignora por completo estos detalles.
De modo que la muerte representada en el panel de marfil, es diferente a la que se puede ver en la Golden Hagadá, donde Caín utilizó un hacha para descuartizar a su hermano. La indeterminación del texto sobre el arma homicida ha sido compensada con diferentes tradiciones en las que Caín pudo utilizar una piedra o un útil de labranza, ya que se dedicaba a la agricultura y algunos se decidieron por representar al homicida empuñando una porra. Otros dicen que Caín asesina a Abel con un facazo en la nuca.

Dentro del imaginario desplegado en torno al fatídico momento en el que Caín comete tal crimen, también destaca una sorprendente tradición en la que una quijada de burro fue el arma empuñada por el fratricida.

Pero sin duda, la explicación más singular a lo sucedido entre estos hermanos, la ofrece un pasaje del Zohar (I:54b) que explica que Caín mató a Abel mordiéndolo como una serpiente (I:54b). Entre otras suposiciones más.
Y así que con el tiempo, Caín y su esposa empezaron a tener hijos. Otros hijos e hijas de Adán y Eva, se casaron y también tuvieron hijos. Pronto hubo muchas personas en la Tierra.

domingo, 14 de julio de 2019

NARCISO (Y NARCISISMO). EL MITO GRIEGO DEL HERMOSO JOVEN QUE SE ENAMORÓ DE SU PROPIO REFLEJO

La mitología griega es un mar de historias, y muchas veces utilizamos palabras sin saber que detrás de ellas existen mitos o leyendas que nos explican su origen. Como ésta.

Se trata de un apólogo moral, en el que el orgulloso e insensible Narciso es castigado por los dioses por haber rechazado a sus pretendientes. Se cree que es una historia moralizante dirigida a los adolescentes griegos de la época. Se sitúa un joven de extraordinaria belleza, a quien llamaron Narciso que provocaba grandes pasiones a hombres y mujeres, mortales y dioses, a las cuales no corresponde por su incapacidad para amar y para reconocer al otro.
En la mitología griega, Narciso (en griego, Νάρκισσος) era un joven con una apariencia bella, hermosa y llamativa. Todos los hombres y mujeres quedaban enamorados de él, pero éste los rechazaba. Entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a Hera y por ello ésta la había condenado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Por tanto, era incapaz de hablarle a Narciso por su amor. Pero un día, cuando él estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando él preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla oculta entre los árboles, Narciso le gritó: «¡Ven!». Después de responder, Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz.
Para castigar a Narciso por su engreimiento, Némesis, la diosa de la venganza, hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de separarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.

DEL NARCISISMO


Con frecuencia, utilizamos la palabra 'narcisista' para referirnos a alguien que está enamorado de sí mismo o a una persona vanidosa que tiene su ego demasiado elevado.

Sigmund Freud, publicó su obra "Introducción al Narcisismo" e introdujo este concepto en el área de psicoanálisis en alusión a Narciso.
El narcisismo puede manifestarse en algunos trastornos de personalidad, en que el paciente sobreestima sus habilidades y tiene una necesidad excesiva de admiración y afirmación, que puede manifestarse en forma de egoísmo agudo y desconsideración hacia los sentimientos ajenos; contiene vanidad, y baja autoestima.

El narcisista suele exhibir una aparente autoestima formidable, y socialmente aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad, con ello el narcisista está camuflando su carencia real de autoestima. En la infancia temprana de estos individuos se encuentra a menudo una actitud indiferente por parte de sus progenitores, lo cual les deja una inseguridad que tratan de compensar por medio de una autoevaluación exagerada, irreal e inflada.

La consecuencia es que los narcisistas necesitan mirarse continuamente en el espejo de los demás para saber quiénes son, y al descubrir una pésima imagen de ellos mismos, se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla. Desarrollan entonces, en compensación, una imagen artificialmente sobrevalorada hasta lo patológico.
Las personas inteligentes y valiosas se convierten en una amenaza para la imagen artificial con la que el narcisista sustenta su autoestima, por lo que su comportamiento con ellos es manipular, y cuando la manipulación no surte efecto, es perseguidor.

Los sujetos narcisistas poseen una autoestima muy vulnerable, siendo por esto muy sensibles a la crítica, por su necesidad constante de admiración. En el ámbito social los narcisistas  necesitan a las personas como fuente de gratificación. Por ello suelen elegir profesiones que les proporcionen notoriedad social, reconocimiento o incluso fama.

Para los narcisistas el mundo debe obedecer a sus propios puntos de vista, los cuales considera irrebatibles, infalibles, auto-generados. Las cosas más obvias y corrientes, si se le ocurren a él, deben ser vistas con admiración y se emborracha en la expresión de las mismas. Tienen una inagotable sed de admiración y adulación. Vive más preocupado por su actuación, en cuanto al efecto teatral y reconocimiento externo de sus acciones, que en la eficacia real y utilidad de las mismas. Las personas narcisistas, aún cuando pueden poseer una aguda inteligencia, ésta se halla obnubilada por esa visión grandiosa de sí mismas y por su hambre de reconocimiento.
Cuando los narcisistas ejercen posiciones de poder, se rodean de personas, que por su propia condición, son inferiores a él o ella; y de otras, que le harán la corte sólo en función de un interés mezquino.

El narcisista es una persona que puede ser muy exitosa, en cuanto al brillo externo se refiere. Él no se plantea dudas en cuanto a la realidad de sus ideas, sean estas brillantes o no. Aún las más insulsas ideas son expresadas con un espíritu mesiánico, se enamoran de las ideas de otros y las hacen propias sin la más mínima consideración moral ni ética. Así son ellos.
Ésta es la historia de Narciso, el hombre que se idolatraba a sí mismo y que dio origen al narcisismo. ¿Cuántos 'narcisos' habrán en el mundo?

jueves, 6 de junio de 2019

LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO ORIGINAL COMETIDO POR ADÁN Y EVA

Nuestra naturaleza es imperfecta y pecadora y nuestros corazones están corrompidos. Las Escrituras como expresión histórica y universal enseñan que la naturaleza pecaminosa viene primero y la elección por el pecado viene después, por el propio libre albedrío con el que se va deformando el corazón. Siglos enteros se ha argumentado que la humanidad comparte el pecado de Adán y Eva, trasmitido de generación en generación donde una interpretación particular lo identifica con la concupiscencia, la cual -se dice-, destruiría ese libre albedrío y además extendería consecuencias para la naturaleza; donde esta última, debilitada e inclinada al mal, persistiría en el hombre evocado al combate espiritual. El pecado original (también llamado pecado ancestral),​ es una doctrina cristiana del estado de pecado en el cual se halla la humanidad cautiva como consecuencia de la caída del hombre, originado por la rebeldía de Adán y Eva en el Jardín del Edén; es decir, el pecado de la desobediencia al consumir del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dicho estado de pecado sería transmitido a toda la humanidad y consistiría en la privación de la santidad y de la justicia originales, las cuales Adán y Eva poseían en un principio antes de comer del fruto prohibido.

EL ACTO DE ADÁN Y EVA QUE CONDENÓ A LA HUMANIDAD ENTERA


       Entonces había un par original de seres humanos: Adán (el hombre) y Eva (la madre de todos los vivientes) que pecaron, pero no lo hicieron porque tuvieran una naturaleza pecadora. La prueba implicaba el no poder comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, como una muestra del límite de la libertad humana que se tiene por el hecho de ser una criatura; el pecado presentado como un acto de desconfianza primero y de desobediencia después, las consecuencias: la pérdida de la santidad original, se destruye la armonía del mundo y del interior del hombre, la muerte entra en la historia.
      En ese sentido, se dice que el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación; así también la obra de justicia de uno solo, procura a todos una justificación que da la vida. Consecuentemente, por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores porque se dice que "el pecado de Adán es el pecado de todos los hombres que vienen después de él".

EL PECADO ORIGINAL INCRUSTADO EN LA IDEOLOGÍA DE LAS DOCTRINAS RELIGIOSAS


En cuanto a las diversas religiones, cada una tiene diferentes interpretaciones.
La doctrina cristiana con respecto al pecado original, estableció la noción de una corrupción fundamental de la naturaleza humana en la Iglesia. De esta forma, la teología escolástica distingue entre el pecado original originante (peccatum originale originans) como el acto concreto de desobediencia cometido por Adán y Eva, y; el pecado original originado (peccatum originale originatum) como las consecuencias que ese pecado provocaría sobre la constitución de la especie humana. Y en virtud del peccatum originale originatum, no sólo se perderían los dones preternaturales de la inmortalidad y la exención del sufrimiento, sino que las capacidades del espíritu humano -tanto las morales como las intelectuales- carecerían de su vigor natural, sometiendo la voluntad a las pasiones y el intelecto al error. O sea que la condición de "naturaleza caída" (natura lapsa), se transmite a cada uno de los nacidos tras la expulsión del Edén como una causa-efecto.

De acuerdo con la Iglesia Católica, por su pecado, Adán -en cuanto primer hombre-, perdió la santidad y la justicia originales que había recibido de Dios no solamente para él, sino para todos los humanos.  Entonces Adán y Eva transmitieron a su descendencia la naturaleza humana herida por su primer pecado, privada por tanto de la santidad y la justicia originales. Esta privación es el "pecado original".

Y como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana quedó debilitada en sus fuerzas, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al dominio de la muerte e inclinada al pecado concupiscente. Ya luego, Adán habiendo recibido de Dios la santidad (o gracia santificante) y la justicia, no sólo la perdió para él, sino para nosotros. Aunque propio de cada uno el pecado original no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal.

En el Judaísmo, tras haber sido creados Adán y Eva residían en el jardín del Edén en perfecta armonía con Dios; el único mandato al que debían acogerse era la abstención de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, cuyo consumo ocasionaría la muerte. Sin embargo, Eva y Adán cedieron a la tentación de la serpiente y descubrieron, comiendo del árbol, su desnudez. La consecuencia de la violación de su mandato llevó a la muerte y la expulsión del jardín del Edén. La tradición identifica este acto como "la falta primordial de la desobediencia al mandato divino". Sin embargo, los efectos de este pecado se reducen a castigos personales, como la expulsión del paraíso, dolores de parto en el caso de Eva -y de toda su descendencia-, la multiplicación excesiva de la dificultad del trabajo (no el trabajo en sí mismo), la enfermedad, la vejez y la muerte.

        Sin embargo, existe controversia entre los teólogos judíos respecto a la causa de lo que es llamado "pecado original". Algunos afirman que fue debido a la claudicación de Adán en la tentación de comer el fruto prohibido y fue heredado a sus descendientes, considerando que esto trajo la muerte al mundo; no obstante, la mayoría no considera culpable a Adán de los pecados de la humanidad sino que se reconoce que los pecados de Adán son sólo suyos.

      En cambio en el Islam no existe la noción de pecado original, más bien se rechaza rotundamente. El concepto del pecado heredado no existe bajo ninguna forma.​ De acuerdo con el Corán, la transgresión cometida por Adán y Eva -y que fue responsabilidad de ambos y no de Eva en mayor grado- quedó zanjada con el castigo recibido; es decir, con la expulsión del paraíso. El Islam no condena a la naturaleza humana como tal y además rechaza explícitamente que otro pague por los errores de los demás, donde "nadie cargará con la culpa ajena".

Por tanto, la ausencia del pecado original acentúa la idea de responsabilidad individual, que es central en el Islam. Esa libertad sobre la cual puede Dios decidir castigar o premiar.

En fin, Adán es visto como quien transmitió a toda su progenie la enfermedad permanente, la malignidad y la mala semilla del pecado. Porque el primer Adán, cargado de un corazón malvado, transgredió y fue vencido. Adán, concebido como el autor de la caída de la raza humana por toda la posteridad.