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jueves, 17 de octubre de 2019

VERLAINE & RIMBAUD: EL PROFUNDO Y LOCO AMOR ENTRE DOS POETAS QUE INICIÓ UNA TURBULENTA TEMPORADA EN EL INFIERNO

"Antaño, si recuerdo bien, mi vida era un festín en el que se abrían todos los corazones, en el que todos los vinos hacían torrentes.

[…] Logré diluir en mi espíritu toda esperanza humana. Sobretodo júbilo, para estrangularlo, hice el salto cauteloso de la bestia feroz".

El romance entre dos grandes escritores, Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, es la historia amorosa que culminó en desequilibrio y hecatombe: un irracional ataque, la cárcel, más libros y nuevos horizontes literarios. 'Una temporada en el infierno', es una obra en prosa que llevó primero el título de libro pagano. Fue escrito cuando Rimbaud apenas tenía diecinueve años y luego de terminar con su compañero sentimental, que lo hirió de un disparo. Ahí intenta expresar su experiencia y fracaso como hombre y poeta a través de torturados poemas, que tiempo después revolucionarían la poesía. Existió un amor hondo entre ambos artistas pertenecientes a la realeza prosaica, y lo que empezó con una intensa admiración, encauzó en excesos de sentimientos vesánicos y desenfrenados.
         Paul Marie Verlaine nació en Metz, una ciudad en el noroeste de Francia, actual capital de Mosela, en 1844 y murió en París en 1896. Fue un poeta lírico, correspondiente al movimiento simbolista. La familia provenía de la pequeña burguesía. Su padre -como el de Arthur Rimbaud-, era capitán del ejército. Hizo sus estudios en París. Frecuentó los cafés y salones literarios parisinos.

         Su influencia fue grandiosa entre sus coetáneos y no hizo más que crecer tras su muerte, tanto en Francia como en el resto del mundo. En castellano, el modernismo no puede entenderse sin la figura de Verlaine. La poética de varios distinguidos del ámbito hispánico como Rubén Darío, Manuel Machado, José Martí o Pablo Neruda son consecuencia directa o indirecta de la suya.
         Por otra parte, Jean Nicolas Arthur Rimbaud nació en Charleville en 1854. También fue un poeta francés. Abandonó la literatura a los diecinueve años para emprender un viaje que lo llevaría por Europa y África. Finalmente, en 1891, murió en Marsella (Francia) a la edad de treinta y siete años.

A su modo de ver, el poeta debía hacerse vidente por medio de un largo e inmenso desarreglo de todos los sentidos. Destaca como un alumno brillante y superdotado; obteniendo premios en literatura, lenguas y otras asignaturas además de vislumbrar notoriamente su devoción religiosa. Compone en latín fluido poemas, elegías y diálogos. Su orientación poética en algún período es la de los parnasianos (un movimiento literario francés posromántico de la segunda mitad del siglo XIX -contrario al carácter ensoñador e imaginativo, alérgico a la vulgaridad burguesa y el adocenamiento- que surgió como reacción antitética del Romanticismo de Victor Hugo, el subjetivismo y el Realismo Literario del que más tarde es distante). En vida, sus méritos no fueron reconocidos, pero con posterioridad se abrieron paso entre las nuevas generaciones.

DE LA ADMIRACIÓN MUTUA AL AMOR COMO PUENTE


       En 1870, Paul Verlaine se casó con Mathilde Mauté, a quien escribió 'La buena canción'. Al mes siguiente, la joven pareja empezó a vivir con los padres de ella, fue entonces cuando Arthur Rimbaud aparece en su vida y la cambia completamente. Se muda con ellos por invitación de Verlaine, que era un respetado poeta que iba en ascenso, el cual había descubierto el genio precoz del adolescente. Rimbaud fue convencido por su amigo Charles Bretagne de escribirle una carta a Paul Verlaine, un eminente poeta simbolista, tras no haber obtenido respuesta de otros autores.​ El joven envió a Verlaine dos cartas con varios de sus poemas, que incluían 'Las primeras comuniones' y 'El barco ebrio' que era increíble. Verlaine quedó intrigado por el talento de Rimbaud y, le respondió diciendo: «Ven, querida gran alma. Te esperamos, te queremos». Junto a la epístola mandó un boleto de tren a París.
        El poeta llegó cerca del 15 de septiembre de 1871 siguiendo la invitación de Verlaine y pasó a vivir con él y su esposa ​Mathilde, quien tenía diecisiete años y estaba embarazada. Desde entonces Rimbaud no regresó al colegio. En recopilaciones posteriores, Verlaine se refirió a él como «un joven con cabeza de niño, cuerpo adolescente aún en crecimiento y cuya voz tenía altos y bajos, cual si fuera a quebrarse». Para marzo de 1872 las provocaciones de Rimbaud, que cuenta ya con diecisiete años, comienzan a causarle problemas. El joven poeta llevaba una salvaje vida disoluta de vagabundo, embriagado de ajenjo y hachís. Escandaliza así a la élite literaria parisina, indignada en particular por su comportamiento, auténtico arquetipo del enfant terrible. A lo largo de este lapso continuó escribiendo sus contundentes y visionarios versos modernos. Sin embargo, el incidente con Étienne Carjat, un eminente fotógrafo de la época, fue la gota que colmó el vaso: Rimbaud, en completo estado de embriaguez, hirió al fotógrafo con una vara metálica. Para salvar a su amigo y tranquilizar a la comunidad, Verlaine envió a Rimbaud de regreso a Charleville.

      Rimbaud espera varios meses en su hogar y luego regresa a París. En aquel instante, inicia con Verlaine una frenética y tormentosa relación amorosa que los condujo a Londres en septiembre de 1872, abandonando así a su esposa e hijo pequeño (a quienes solía maltratar en extremo durante los ataques de ira causados por el alcohol). Durante este viaje, escribe una gran parte de la colección 'Romanzas sin palabras'. Vivieron en una considerable pobreza en Bloomsbury y en Camden Town, donde sobrevivieron de dar clases de francés y de una pequeña mensualidad que les daba la madre de Verlaine. Rimbaud pasaba los días en el Museo Británico, porque «la calefacción, la iluminación, las plumas y la tinta eran gratis».
         En julio de 1873, viaja con Rimbaud a Bruselas (Bélgica) huyendo de los prejuicios y el escándalo. El 10 de julio de ese año, Verlaine dispara dos veces sobre su joven amigo, que resulta herido en una muñeca.​ Un día, después de cambiar de opinión, le pidió a Rimbaud que se alejara de él, pero éste hizo caso omiso y lo persiguió para embriagarse juntos. Enloquecidos, se drogaron e intensificaron sus comportamientos destructivos, y se desató la pelea que llevó a Verlaine a dispararle a su amado hiriéndolo y diciéndole: "¡Te enseñaré a irte!". Al revisar su herida, Rimbaud no pensó que fuera grave, así que dejó que Verlaine y la madre de él lo llevaran a vendar y luego a la estación de trenes para regresar a Charleville. Verlaine le rogaba que no se marchara, pero Rimbaud se mostró inflexible. Comenzó entonces a comportarse de manera incontrolable nuevamente y Rimbaud, temiendo por su vida, llamó a la policía.

Verlaine fue arrestado y sometido a un humillante examen médico legal luego de que se considerara y validara la comprometedora correspondencia y las acusaciones de la esposa de Verlaine respecto de la naturaleza de la amistad entre los dos hombres. El juez fue inmisericorde y, a pesar de que Rimbaud retiró la denuncia, fue condenado por el juez Théodore t'Serstevens a dos años de prisión que cumple primero en Bruselas y posteriormente en el nuevo penal de Mons. Durante su estancia en la prisión (octubre de 1873 a enero de 1875) éste elabora la base de un libro que no verá nunca la luz ('Carcelariamente'). Su esposa obtiene la separación, tras un proceso iniciado en 1871. En prisión se convirtió al catolicismo, en la madrugada, escribió de una 'mística noche'. De esta conversión data probablemente el abandono de 'Carcelariamente' y la idea de recopilar 'Sabiduría'.
      Al salir de prisión, vuelve nuevamente a Inglaterra y después a Rethel, donde ejerce como profesor. En 1883, publica en la revista 'Lutèce' la primera serie de los 'poetas malditos' (Stéphane Mallarmé, Tristan Corbière, Arthur Rimbaud), una oda a 6 personas (uno de ellos él mismo, pero con otro nombre) incluido Rimbaud, a quien venera entre líneas. Junto con Mallarmé, es tratado como maestro y precursor por los poetas simbolistas y decadentistas. En 1884, publica 'Antaño y hogaño', que marca su vuelta a la vanguardia literaria, aunque el libro estuviera compuesto fundamentalmente por poemas anteriores a 1874. Y que junto con 'Paralelamente' (1888) forman parte de una gran antología.

Constantemente Verlaine se debatió entre dos mundos opuestos: lo que sentía por Rimbaud -y sus vicios y aficiones-, o la familia y tranquilidad con su joven esposa Mathilde Mauté de Fleurville. Como era de esperarse, el amor entre dos hombres era mal juzgado en esa época, sobretodo dentro de la élite parisina literaria a la que pertenecían, pero hacían caso omiso. Vivieron hundidos en sus vastas pasiones que viajaban en un carrusel de emociones, precisamente lo que los inspiró a escribir sus poemas definitivos. Para ellos fue una fase oscura de amor enfermizo que se convirtió en el simbolismo que los caracteriza, con sus versos contundentes y avanzados.
Rimbaud se retiró del universo literario al que estaba conquistando y regresó a Charleville y se recluyó en la granja familiar para escribir la única obra que publicó él mismo: 'Una temporada en el infierno', reconocida como una de las creaciones líricas pioneras del simbolismo moderno, y donde incluye una descripción de aquella 'menuda pareja', su vida con Verlaine -su 'virgen demente', y el 'esposo infernal'-. En 1874 regresó a Londres en compañía del poeta Germain Nouveau y escribió el fin de sus controvertidas 'Iluminaciones', que incluyen los dos primeros poemas en verso libre.

Rimbaud y Verlaine se encontraron por última vez en 1875, en Alemania, después de que éste recuperó la libertad y durante su momentánea conversión al catolicismo. Del encuentro, Rimbaud contó en una carta que conversando por unas cuantas horas «ya habíamos renegado de su Dios» y que Verlaine se quedó dos días y medio antes de regresar a París. Previamente a su marcha, Rimbaud le encargó a Verlaine sus manuscritos de 'Las Iluminaciones', pero para entonces Rimbaud ya había abandonado la escritura.
A partir de 1887, a medida que la fama de Verlaine crece, cae en la más negra de las miserias. Sus producciones literarias de esos años son puramente alimentarias. Entonces pasa el tiempo entre el café y el hospital. En sus últimos años fue elegido «Príncipe de los Poetas» (en 1894) y se le otorga una pensión. Prematuramente envejecido, muere en 1896, a los 51 años. Al día siguiente de su entierro, varios paseantes cuentan un hecho curioso: la estatua de la Poesía, ubicada en la plaza de la Ópera, perdió un brazo que se rompió junto con la lira que sujetaba, cuando su coche fúnebre pasaba por allí.

Indudablemente ese vínculo entre estos relevantes artistas líricos fue una relación turbulenta que les permitía, a partir de la destrucción como coyuntura, construir insuperables poemas. Se admiraban de forma recíproca y eran sus propios motores de creación, donde la locura, los celos y los sentimientos, inundan fehacientemente la obra de cada uno.

jueves, 12 de septiembre de 2019

LA CASTAÑEDA: EL ESPECTÁCULO SONÁMBULO DE LA LOCURA, LA IRRACIONALIDAD, LA PASIVIDAD Y LA FURIA

"... Yo atravieso con una sombría cautela ese manicomio que ha sido el mundo durante milenios enteros […] — me guardo de hacer responsable a la humanidad de sus enfermedades mentales".

― Nietzsche

La locura puede ser entendida como una manera de vivir la vida que va más allá de lo convencional. Este concepto ha sido usado durante siglos, para estigmatizar mucho de lo que antes era visto como 'cosa de locos'. La locura suele asociarse a momentos en los que todos los pensamientos se vuelven muy disparatados y difíciles de controlar. Sin embargo, hasta cierto punto todos somos irracionales y percibimos la realidad a través de sesgos. De hecho, la diferencia es que algunos requieren encierro, verbigracia: La Castañeda.
 "Sinónimo de naturaleza, pero naturaleza transfigurada, el reino perdido, la inocencia del primer día".

En uno de sus ensayos mejor logrados, el poeta Octavio Paz así se refirió al pueblo de Mixcoac, como un jardín. Y como todo dentro del devenir histórico, sentenció: "Pero al fin se la comió nuestra señora, la tolvanera madre, la monstruosa capital, la Coatlicue humana".

ANTECEDENTES HISTÓRICOS


A finales del siglo XIX, los pobladores de Mixcoac difícilmente imaginaron que la hacienda de La Castañeda -famosa por su producción de pulque-, se convertiría en el lugar de reposo y tranquilidad para cientos de enfermos mentales. Don Ignacio Torres Adalid, dueño de una gran cantidad de haciendas pulqueras en el Estado de México, Hidalgo y Tlaxcala, era conocido como el 'rey del pulque'. Gozaba del aprecio de la alta sociedad porfiriana (de la cual formaba parte) por ser un mecenas de las causas nobles. Reservó parte de la hacienda como un lugar de reunión para todas aquellas personas que durante los fines de semana intentaban distraerse de las labores cotidianas. Así, La Castañeda abría sus puertas a quienes quisieran gozar de largas caminatas por sus jardines o utilizar sus salones de baile, en los que por sólo 25 centavos la entrada se obtenía el derecho a formar parte de la fiesta y el esparcimiento.
Durante la época colonial, los locos, los ancianos y alguno que otro menesteroso, eran aislados en instituciones subsidiadas por la iglesia y la beneficencia pública. Tal fue el caso de los hospitales como el de San Hipólito y del Divino Salvador para el caso de los hombres, y el de la calle de Canoa para el caso de las mujeres.

El Porfiriato significó grandes cambios para la sociedad mexicana. Todos los esfuerzos hechos tenían como única finalidad el progreso, y gran parte de las instituciones que nos rigen hoy fueron creadas durante ese período. Pero no todos los proyectos tuvieron resultados positivos, ya que muchas veces eran abandonados posteriormente de ser inaugurados y existía una deficiente administración de éstos. Uno de los más alusivos ejemplos de esta negligencia y abandono fue el Manicomio General "La Castañeda", que en sus inicios fue un símbolo progresista y poco a poco fue convirtiéndose en lo que terminó como 'El palacio de la locura'.
La idea del nuevo hospital para enfermos mentales pretendía ofrecer a sus moradores una mejor calidad de vida. De esta manera, en pleno progreso porfiriano, los terrenos de La Castañeda fueron adquiridos para construir en ellos el más moderno de los manicomios, siguiendo el modelo francés que fuera instituido por Napoleón Bonaparte. Se construyó así un sanatorio moderno, con capacidad para 1200 enfermos; los internos fueron repartidos en 24 edificios, divididos en 2 pabellones, en un área total de poco más de 140 mil metros cuadrados. Fue inaugurado en 1910 por el entonces presidente Porfirio Díaz, como parte de las celebraciones por el primer Centenario de la Independencia de México.

El Manicomio General La Castañeda inició su vida pública en medio de las fanfarrias, el 1.º de septiembre de ese año. En sus patios y pabellones, en sus talleres y jardines, bajo las sombras de sus castaños, ahí se escribió una historia alterna de la modernización mexicana.
La atención de los pacientes estuvo bajo la supervisión de reconocidos doctores, como Eduardo Liceaga (amigo íntimo del presidente y precursor de la psiquiatría en México), Miguel Alvarado, José Govantes, Samuel Morales Pereyra y Antonio Romero; entre otros, quienes como parte de la comisión médica, coincidieron en expresar sus observaciones acerca de lo que debería tener un Manicomio General. La resolución se tomó durante el Congreso Médico Panamericano, en agosto de 1896.

De acuerdo con el proyecto original, el hospital estaba organizado con un departamento de 'admisión y clasificación' (como se denominaba en la época), un pabellón de Servicios Generales que contaba con la Dirección General, teatro, biblioteca, farmacia y equipo de fotografía, cocina, lavandería, panadería, talleres, baños y cuarto de máquinas. Los pabellones para los enfermos estaban divididos bajo una curiosa clasificación: "distinguidos, alcohólicos, tranquilos, peligrosos, epilépticos, imbéciles e infecciosos".
Los establos y la morgue se encontraban en la parte final de la construcción, con entrada independiente que permitía el libre acceso a los practicantes de medicina, todo esto rodeado de una gran extensión de bosque y amplios patios con jardines.

Una función secundaria del hospital -pero no por ello menos importante-, fue proporcionar la enseñanza médica mediante la participación de las clínicas de psiquiatría dentro de sus pabellones, mucho antes de que ésta fuese instituida en los medios universitarios.
Desde el principio, también se consideró que el lugar debía estar apartado para garantizar la tranquilidad de los pacientes y la seguridad de la población, lejos de griteríos y posibles contagios "ya que violaría las reglas de higiene establecidas […] sin pantanos, sin focos de infección, con plantaciones y árboles que amenicen el lugar, agua en abundancia, tierra fértil y lo suficientemente extenso para garantizar hectárea y media para cada 100 pacientes".

El manicomio cumplió con creces los objetivos trazados, aunque pasados los años se tomó la decisión de renovar el proyecto hospitalario de la psiquiatría en México y se construyó otro edificio, acorde a las nuevas necesidades.
De la construcción original actualmente sólo queda la fachada principal, conocida como el pabellón de Servicios Generales, la cual fue trasladada piedra por piedra al municipio de Amecameca, lugar donde ahora adorna la sede conventual de la organización religiosa de los Legionarios de Cristo.

UN MAL SUEÑO PARA LA PSIQUIATRÍA MEXICANA


Según algunos historiadores, La Castañeda no constituye más que 'un mal sueño' en el ámbito de la psiquiatría mexicana, por el mal cuidado que recibían los pacientes, la negligencia médica que sufrían, las terribles condiciones sanitarias e incluso por ser víctimas de tortura. La construcción estaba diseñada para albergar a 1500 pacientes y tenían a más de 3500 atendidos por un muy deficiente cuerpo médico, lo que hizo que se convirtiera en un lugar de sufrimiento.
Durante los primeros años sólo se recibían pacientes con avanzadas enfermedades mentales, como esquizofrenia, pero al paso del tiempo comenzaron a recluir también a reos de cárceles, prostitutas, epilépticos, sifilíticos, alcohólicos e incluso a indígenas bajo la excusa de que eran inadaptados sociales. El caos que había ahí dentro provocó que se cometieran crímenes de todo tipo como robos, violaciones y asesinatos. Algunas personas lo describían como 'las puertas del infierno'.

El maltrato que recibían los pacientes era vergonzoso. Los discriminaban y despreciaban a tal grado que los pabellones recibían nombres como 'El pabellón de los imbéciles' o 'El pabellón de los idiotas'. También es famoso por los extremos métodos de tortura a los que eran sometidos: se hacía un uso excesivo de los electroshocks, tanto que los pacientes quedaban completamente inconscientes; cuando se consideraba que un paciente tenía un comportamiento inapropiado, los bañaban con agua helada e incluso los encerraban por días en sitios húmedos y llenos de ratas, es por esto que La Castañeda es un episodio que pretende ser borrado de la historia mexicana.
        El presidente Díaz Ordaz ordenó la demolición de La Castañeda el 29 de junio de 1968, pocos meses antes de la matanza de Tlatelolco, para que este infame establecimiento no causara alboroto en las olimpiadas. La mayoría de los pacientes fueron albergados en otros centros de salud a lo largo de la República Mexicana, y la fachada fue trasladada piedra por piedra a Amecameca por Arturo Quintana, donde hoy resguardan a un convento.

        A pesar de las infamias cometidas en este lugar, es considerado como 'la cuna de la psiquiatría mexicana' y gran parte de la medicina de nuestro país se debe a ese período. No obstante de ser poco conocido, el manicomio conmocionó a periodistas, investigadores y artistas.
         Después de derrumbado el viejo edificio porfiriano del Manicomio General La Castañeda, con todo y su historia, pasó a formar parte de la 'capital de la nostalgia'.

miércoles, 31 de julio de 2019

VINCENT VAN GOGH: EL FAMOSO EPISODIO DELIRANTE DE CUANDO SE CORTÓ LA OREJA Y LA REGALÓ A UNA PROSTITUTA

     Vincent Willem van Gogh (1853-1890) fue un pintor postimpresionista neerlandés, esencialmente autodidacta. Una de las leyendas que rodean al atormentado pintor, refiere una pelea que desató incontrolablemente sus emociones, la mutilación de su oreja y el regalo a una prostituta. 
       El 21 de febrero de 1888 Van Gogh llega a Arlés, al sur de Francia. Se instaló primero en una habitación situada en el Hotel-Restaurante Carrel, por la que pagaba cinco francos diarios; pero esto sobrepasaba sus posibilidades económicas y, además, el espacio era muy reducido para tener su taller. Pintaba todo lo que veía y consideró después que ya no necesitaba el arte y estampas japonesas, como sus primeros cuadros en esta ciudad que fueron típicamente japoneses.
        Pintó la naturaleza de los alrededores, los campos de trigo, los pantanos del delta del Ródano y el canal del sur de Arlés, el cual reflejó en diversas obras.

       Van Gogh, tenía la firme intención de crear un taller de artistas y para esto alquiló en mayo, la «Casa Amarilla» (llamada así por tener paredes de ese color) en Place Lamartine, situada al norte de la ciudad de Arlés. ​Theo, su hermano, le envió trescientos francos para poder acondicionar y amueblar modestamente la casa. El único que atendió a su petición del taller, fue Paul Gauguin.


EL CORTE DEL LÓBULO DE LA OREJA


Con el paso de las semanas, la convivencia de los dos artistas fue empeorando debido a sus diferencias personales, acentuadas por el carácter muy temperamental de ambos.

Pasados menos de dos meses, la historia dice que la tarde del 23 de diciembre de 1888, mientras vivía en la ciudad francesa de Arlés, el atribulado Vincent Van Gogh discutió con su amigo Paul Gauguin y, preso de la ira y el delirio de su locura, se cortó una oreja y -estando al borde de la muerte por la abundante hemorragia- la envolvió en un trapo y se la regaló a una prostituta llamada Rachel, por la que sentía mucho afecto. Esta es la versión más popular del suceso, la cual se suma a las muchas leyendas que rodean al mítico pintor holandés. Pero diversas investigaciones han puesto en duda la veracidad de este recuento.

         La versión de la mutilación de la oreja de Van Gogh afirma que el perturbado artista, en un brote de locura, se mutiló el lóbulo de la oreja izquierda con una navaja de rasurar, tras haber discutido acaloradamente con Paul Gauguin, aquella noche de diciembre.

Aún sangrando, Van Gogh envolvió el apéndice en un trapo, caminó hacia un burdel cercano y se lo regaló a un prostituta, quien se desmayó al descubrirlo. Acto seguido, el trastornado Vincent fue a su casa, se acostó en su cama -la cual amaneció llena de sangre- y fue despertado a la mañana siguiente por la policía, que había sido alertada por la prostituta.

Aunque por más de un siglo se ha dado por cierta esta sorprendente narración, diversos investigadores la han puesto en tela de juicio.
Hay historiadores que afirman que Vincent inventó el cuento completo en el afán de encubrir a su amigo Gauguin, y que la verdad es que éste habría desprendido el lóbulo del holandés con un golpe de espada, durante una discusión.

Según se dice, Van Gogh se habría tornado muy violento cuando Gauguin le comunicó su decisión de dejarlo para siempre -los artistas vivían juntos y, se presume, sostenían una relación amorosa-; por lo que el francés se habría defendido y, en el intento, le habría asestado un golpe de espada, mutilando parte de la oreja izquierda de Vincent.

Existen otras versiones, sin embargo. Esa noche de diciembre de 1888, el propio Van Gogh se habría cortado la oreja, mirándose en el mismo espejo que usaba para sus famosos autorretratos; y la supuesta prostituta que la recibió 'como regalo' no sería tal, sino la hija de un granjero que trabajaba como encargada de la limpieza del ya mencionado burdel.
Además, también existe un registro de las múltiples enfermedades mentales que aquejaban a Van Gogh; y se sostiene que Gauguin argumentaba que, en sus delirios, Van Gogh se creía una especie de mesías o redentor, y que había ofrecido su lóbulo izquierdo como una especie de sacramento.

Pero hay quien ha desmentido que su amigo y pintor Paul Gauguin tuviera alguna relación con el suceso. Y para avivar aún más la polémica, se ha sostenido que la verdadera razón por la que Van Gogh se cortó la oreja, fue el haberse enterado de la boda de su hermano Theo, por quien sentía un gran amor.

Se cree que existe correspondencia de Theo dirigida hacia su hermano, en la que le informa que se había encontrado con una mujer de nombre Jo Bonger, quien en el pasado lo había rechazado pero que recién había aceptado casarse con él. Vincent habría recibido dicha carta, justo ese día. Tras el incidente, Theo pasaría Navidades con su hermano en el hospital y no con su futura esposa.
Asimismo, se ha realizado una investigación basada en el análisis de cartas familiares no publicadas del artista, y se ha revelado que es factible que Van Gogh se cortó la oreja izquierda el 23 de diciembre de 1888 en Arlés (Francia), enmedio de un brote psicótico; 12 horas después de recibir una carta de París de su hermano, anunciándole que se había comprometido. Al saberlo, Van Gogh temió que podía perder a su compañero más cercano, aunado a la preocupación de que su hermano podía quitarle el soporte financiero que le había permitido dedicar su vida al arte.

La nueva teoría narra el período de quince meses que el pintor pasó en Arlés, en pleno apogeo artístico, donde pintó sus famosas obras "El dormitorio en Arlés" y "Los girasoles", y donde estableció una gran relación con Paul Gauguin.
No obstante, algunas voces desestiman algunas conclusiones, porque se señala que no hay evidencias para confirmar la teoría; ya que la supuesta carta del hermano de Van Gogh no se ha conservado y, por lo tanto, no se puede saber su contenido. Otras suposiciones indican que la noticia pudo influir, pero que la discusión con Gauguin también fue uno de los factores que causaron el famoso episodio.

Quizá entonces, nunca se conozca la verdadera razón por la que el genial y afligido pintor, decidió atentar contra sí mismo; o tal vez pasen muchos años, antes de que alguien penetre más cercanamente a los laberintos de su mente y revele el misterio.

martes, 4 de junio de 2019

JULIO CORTÁZAR Y SU RUEGO FALLIDO POR EVITAR EL SUICIDIO DE UNA MUJER

Fue en París donde las vidas de los poetas Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik equidistaron. La vida de ella, llena de oscuridad y desalientos la llevó a escribir extraordinarios poemas. Con el tiempo, Pizarnik vivía atrapada constantemente entre el insomnio y la euforia; la soledad y el deseo; la paz y la ira; la luz y la sombra; el día y la noche; el amor y el desamor; la felicidad y el sufrimiento. Todo al mismo tiempo le avasallaba.
Alejandra Pizarnik se suicidó en 1972, a los 36 años, con la ingestión de 50 pastillas de un barbitúrico (Seconal) durante un fin de semana en el que había salido con permiso del hospital psiquiátrico de Buenos Aires, donde se hallaba internada a consecuencia de su cuadro depresivo.

UN ACERCAMIENTO A LA EMBLEMÁTICA POETA ALEJANDRA PIZARNIK


Nacida como Flora Pizarnik el 29 de abril de 1936 en Buenos Aires, la poeta conocida como Alejandra fue hija de inmigrantes rusos; sus padres, Elías Pizarnik y Rosa Bromiker, se dedicaban al comercio de joyas. Su infancia fue una etapa complicada, su español tenía un acento europeo y tartamudeaba, además de que padecía de acné y tendía a subir de peso, lo que laceró su  autoestima. Posiblemente por dichos problemas, Alejandra Pizarnik comenzó a ingerir anfetaminas y desarrolló una fuerte adicción, lo que le provocó otros trastornos. Según los expertos, padecía lo que se conoce como "trastorno límite de la personalidad".
En 1954 ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires para tomar cursos de Literatura, Periodismo y Filosofía, al tiempo que se instruyó en pintura con Juan Batlle Planas. Se motivó tempranamente por la literatura y por el estudio del inconsciente. Dejó como legado una vasta obra, a pesar de su corta vida; constituido por un extenso poemario, así como muchos escritos y relatos cortos surrealistas y alguna novela breve.

En 1955 publicó su primer libro de poesías, "La tierra más ajena", en el que muestra la influencia del bardo francés simbolista Arthur Rimbaud. En su obra refleja sentimientos de melancolía y finitud. En 1956 publicó "La última inocencia", dedicado a su psicoanalista, de quien -según testimonios-, estuvo enamorada. En este libro, la temática de desesperación está insistentemente presente. Alejandra Pizarnik escribió libros poéticos de notoria sensibilidad e inquietud formal, marcada por una insinuante imaginería; era firmemente apolítica y estaba influenciada en su lirismo por Antonio Porchia. Además de poemas sobresalientes como "Siempre" y "A la espera de la oscuridad". En 1958 publicó "Las aventuras perdidas".

Entre 1960 y 1964 vivió en París, donde trabajó para la revista "Cuadernos" y algunas editoriales francesas; publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé e Yves Bonnefoy. En la Universidad de La Sorbona realizó estudios de religión y literatura francesa, además entabló amistad con Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz; siendo este último el prologuista de su cuarto poemario "Árbol de Diana" (1962), en el que refleja su madurez como autora. Regresó a Buenos Aires y publicó "Los trabajos y las noches" (1965), con el que obtuvo el Primer Premio Municipal. Sus tendencias obsesivas se agudizaron hacia el final de su vida y publicó "Extracción de la piedra de la locura" (1968).

LA LOCURA DESQUICIANTE DE SUS ÚLTIMOS AÑOS


Después le sobrevino una etapa de marcada melancolía y la sombra de la locura desquició el final de sus años. En 1969 recibió la beca Guggenheim, lo que le permitió viajar a Nueva York, y en 1971 la Fullbright. Escribió en prosa "La condesa sangrienta" y "El infierno musical" (1971). Por ese tiempo se hizo evidente su interés por el sadismo y la fascinación que ejercía sobre ella. El gusto por lo perverso y lo grotesco fue claro en sus últimos poemas, en los que también afloró veladamente su lesbianismo.

En la vida de Alejandra siempre hubo una profunda tristeza, angustia, desolación, desconsuelo, ansiedad. Todos estos factores presentes en su vida de manera obstinada -una y otra vez-, la llevaron a la muerte. Murió de poesía, sin saber si son las palabras las que matan a las personas o es el desamor y la desesperanza o todo eso junto. Ella se desdobla inquietantemente en sus líneas. Tiene gente dentro: gemelas muertas, 'Alejandras' antiguas y otras mujeres que no se atrevió a ser más alla de la tinta y papel. En su poesía, refiere a esas 'Alejandras' lejanas y cercanas al mismo tiempo, dejando conocerlas a profundidad. Habla de su fragilidad, del desamor, de la aflicción de su alma; de la noche, de lunas y cielos infinitos.
Le gustaba escuchar música de rock a todo volumen durante horas enteras, y se apasionó por Janis Joplin; la cantante de rock americana muerta en 1970, y a quien dedicó un poema publicado en "Zona franca".

JULIO CORTÁZAR Y SU INTENTO DE ATARLA A LA VIDA


Julio Cortázar -su amigo entrañable-, no pudo retener en la vida a Alejandra Pizarnik. Por más que quiso y lo intentara, Alejandra no lo dejó convencerla y se fue… Lo que sigue es una carta que Julio le enviara a la poeta y existe un poema que también le escribió y que significa el abrazo tibio y largo con el que quería sujetarla. No lo logró.
"Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.
Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo".

Julio.

París, 9 de septiembre de 1971

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