martes, 11 de junio de 2019

ORÁCULO DEL AHORCADO. LA EPISTEMOLOGÍA DE UNA VIDA ASFIXIANTE

         Toda legitimación se remite a la propia condición humana. Sin embargo, la remisión a esa condición humana no implica necesariamente la remisión al umbral del Creador, sino que se paraliza en la consideración de la persona. Se dice que la ideación suicida debe ser tan antigua como la existencia humana. Los primeros textos abundan en referencias a los actos suicidas o a los claros deseos de muerte. La Biblia, por ejemplo, registra una decena de suicidios.

En la antigüedad no era raro el suicidio, según se desprende de los registros históricos. Los escritos, los mitos, los poemas y las tragedias ilustran también acerca de las prácticas suicidas, las ideas de muerte y las actitudes sociales hacia la terminación de la vida por la propia mano. Y toda teoría alrededor ha tenido una poderosa influencia sobre las ciencias sociales, la ciencia política, el derecho; lo moral y lo religioso, desenvuelto todo ello en una sociedad galopante.

"Preferiría mi alma el estrangulamiento, la muerte más que mis dolores".
________
*Del Libro de Job

Particularmente, en la vida del ahorcado se denota un hecho de depresión muy existencialista de lo que existe, lo que es y; en sí, lo que los demás son, pero más aún de todo lo que nos rodea. Un ahorcado posee una simpleza existencial que arrastra consigo su frustración al hecho melancólico de su vida y claramente, el modo de reflexionar sobre su pensar, objeta la expresión disconforme haciendo una indagación profunda por querer delimitar su propio ser y de tal modo verificar su sentimiento más triste: acentuadamente su egoísmo y esa precariedad de una pasión por vivir, con una visión equivocada sobre su propio yo.
En consecuencia, puede vislumbrarse el potente procedimiento mental donde las características revelan una suerte de imagen que encuentra sentido: se trata de un instante, donde un ser humano está suspendido en la horca y alcanza a mirar lo que le rodea al tiempo que la cuerda que lo sostiene lo mueve caprichosamente; un instante en el que también recuerda lo que ha sido su vida y en el que, justo antes de morir, puede experimentar ese suceso compartido por todo ser humano.

Al tiempo, quizá, el lanzamiento de proclamas y manifiestos donde se expresan los sentimientos, las emociones, las intenciones; entonces viene la definición de declaración de principios, hacia el hipotético receptor y la persona en sí.

--*-- O D I O --*--

"Quiero entenebrecer la alegría de alguien.

Quiero turbar la paz del que esté tranquilo.

Quiero deslizarme calladamente en lo tuyo, para que no tengas sosiego; justamente como el parásito que ha tenido el acierto de localizarse en tu cerebro y que te congestionará uno de estos días; sin anuncio ni remordimiento".

En el retrato del hombre contemporáneo, hay un estado de represión interna. Un sentimiento trágico de la vida del que una persona se ve encarcelada dentro una angustia existencial por causa de sus miedos particulares y la presión social, lo que lo lleva a poner punto final a un absurdo existencial; por medio de la muerte, a fin de otorgarle sentido al sinsentido de la vida. Entonces sopesan en el hombre, las relaciones del yo con el mundo y del yo consigo mismo. De modo que son los temas centrales de la filosofía existencialista: ser para el mundo, ser con otros y ser para la muerte.

Ya luego, la conciencia breve se desvanece en la nada, que significa la muerte espiritual y física. La vida del hombre es precaria, finita, siempre insegura, proyectada continuamente hacia un porvenir lleno de riesgos y hacia la seguridad de la muerte. El ser humano es ambiguo y contradictorio: puede ser protagonista de acciones de noble desprendimiento, pero también, en el fondo de su corazón, anida el egoísmo y la maldad. Parece ser axioma fundamental el de que la verdad habita en el interior del hombre. Entonces se indaga al hombre y para lograrlo, se recurre a todos los instrumentos que lo permitan sin la preocupación demasiada en la coherencia para plantear, en este caso, que mediante el suicidio se pone punto final a un absurdo existencial a fin de otorgarle sentido a aquello que parece no tenerlo.

        De  esta forma, la autenticidad humana no se busca en la rutina; sino en las situaciones-límite en las que el yo se forja y se pone a prueba y, de ninguna manera, por el mero hecho de estar viviendo instintivamente. Por otro lado, la configuración de la angustia, es una señal de alarma que avisa de alguna situación de posible fracaso existencial -o de una opción errónea- que podría conducir hacia una existencia hueca y sin sentido.

Entonces un rasgo más de la modernidad, es la visión anti-romántica y escéptica del mundo existencialista. Se plantea la cuestión sobre el sentido del ser ahí de su tiempo. Se emprende una indagación metafísica sobre el hombre -o ser con otros y ser sí mismo-, en el corazón de una ficcionalidad marcadamente existencialista; cuyo signo visible es precisamente esa modernidad que ha hecho objeto de la vida vivida y que, por consiguiente, vale como expresión genuina de la vida del hombre. Pero lo vemos abordado con un aspecto estructural, en donde lo ficticio se esconde en lo real: los sueños se entrecruzan con las vivencias ordinarias, las más desaforadas fantasías cohabitan con la cotidianidad más palpable; constituyendo eso, lo que el ahorcado usa para proyectar un mundo desintegrado, desquiciado, impregnado de pesimismo existencialista. Por ende, lo que se pone de manifiesto son las tendencias agonizantes del romanticismo, el modernismo y el realismo, respectivamente.

Lo anterior resulta muy relevante, porque persiste un conflicto y una premeditada distinción entre realidad, real y realidad imaginaria; en orden a alcanzar afanosamente una mayor fidelidad con la vida del hombre, como lo corrobora. Un tema que se maneja a partir de la inestabilidad, del desorden y la contradictoriedad que produce en tiempos actuales una exhortación a la reflexión de una razón práctica de lo que nos rodea en el tiempo y espacio.

"Ahora bien: en este momento yo he despertado. Fue así de improviso, como hacer luz, como apagar la luz. Estiro la pierna, amigo mío, y veo en donde he despertado. Éste es un cubo parecido a aquel en que todos los hombres despiertan. Se puede ver aquí medianamente. Ya es de día. Ya es la hora de ayer, compañero. Está todo en su sitio.

Pero los párpados vuelven a cerrárseme, pero ya es la hora de ayer."

 *Referencias amplias al mismo sitial de su forma de ver la vida, tan aburrida y depresiva. "Vida del ahorcado" (novela subjetiva) de Pablo Palacio. (Loja, Ecuador 1906-1947).

"Yo estaré aquí a mi manera y os encerraré en este cubo que tiene un sitio para cada hombre y para cada cosa.

Estoy viviendo la transición del mundo. Levántate, enciende algo, que estás retardando el equilibro definitivo del mundo".
El ser es vulnerable y lleno de conflictos en los que no hay esperanza de sobresalir de esa tiniebla que lo envuelve. La sensación de angustia que posee, lo debilita personalmente en muchos sentidos e influye en no poder proyectarse más allá de lo normal.

Pero con todo, a veces ni el dolo de quien intente adentrarse es suficiente para describir cómo se siente alguien a un paso de la horca, tratando de desencadenar un sinnúmero de angustias existenciales: la melancolía, las frustraciones y los desequilibrios que tras sus pensamientos ha impuesto en su existencia. Finalmente, la fundamentación es una realidad imaginaria que se prescribe muy imponentemente, en una vida infausta en la que se proyecta de tal modo que todo lo que lo circunda es malo. Lo que conlleva un desgarrador desenlace atentando contra la propia vida.

Lo más importante, reflexionar acerca de un posible sentido de crear una estructura cíclica; que sería que esa vida del ahorcado no pertenece a un hombre en particular, sino que se crea la idea de que todo ser humano es -en sí mismo-, un ahorcado.

"Entonces tuve por más felices a
los muertos, porque ya están muertos, 
que a los vivos, porque viven
todavía; y consideré más feliz aún
al que todavía no ha existido, 
porque no ha visto las infamias que se
cometen bajo el sol".
________
         *Del Libro Eclesiastés.

lunes, 10 de junio de 2019

"NUNCA MÁS". LA ÚNICA FRASE APRENDIDA POR UN CUERVO DE SU AMO INFORTUNADO Y MELANCÓLICO

Quizá el poema de más envergadura escrito por Edgar Allan Poe, es "El Cuervo" de 1845; donde sólo hay un narrador que describe la escena de una noche densa y especial, cuando un cuervo toca a su puerta para nunca jamás marcharse. Ahí yace un hombre afligido por el recuerdo de su amada Leonora, a quien considera una virgen entre los ángeles de Dios. Vive inmerso en su recuerdo y es atormentado por la presencia de ese cuervo que le recuerda ensordecedoramente que ella "Nunca más regresará".
El cuervo negro, horrendo, delgado y con mirada diabólica postrado en el dintel de la puerta, sorprende al protagonista con su capacidad para hablar; si bien, no dice otra cosa que una misma frase. El ave llegó en una noche oscura para atribularlo con un par de palabras repetitivas y desalentadoras, que tal vez hubo aprendido de un infeliz amo de donde proviene: "Nunca más".

* * EL CUERVO * *


Una vez, al filo de una lúgubre medianoche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
"Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más."

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
"Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más."

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
"Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.z"
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: "¿Leonora?"
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: "¡Leonora!"
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
"Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio."
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
"Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: "Nunca más."

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
"Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas."
Y entonces dijo el pájaro: "Nunca más."

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
"sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de 'Nunca, nunca más'."

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: "Nunca más."

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
"¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta."
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas,
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

domingo, 9 de junio de 2019

MEMORIAS DE ADRIANO: EL EMPERADOR QUE SE ENAMORÓ DE UN JOVEN HOMBRE

Como quien presiente la proximidad de su muerte, el emperador romano Adriano escribió una carta dirigida como testamento espiritual a su sucesor designado, Marco Aurelio. Cuando comienza a escribir, él es un anciano. A manera de una larga epístola, hace una introspección de su vida; desnudando su alma Adriano revela su personalidad contradictoria, su lado estadista visionario, su virtud de más poeta versado de las artes, su perfil escéptico y; sin embargo, supersticioso, soldado temerario pero amante de la paz, filósofo mesurado y al mismo tiempo entregado al placer y la voluptuosidad. El emperador medita y reflexiona hondamente acerca de sus años de reinado, de sus triunfos militares, del amor, de la amistad, de la poesía, de la música, del arte, de los viajes, de la paz, de la pasión por su joven amante Antínoo y del dolor causado por su muerte; todo ello de una manera consistente, pero no exenta de esa melancolía del mundo antiguo.
       Sin embargo y más allá de estos triunfos, Adriano fue un homosexual declarado, haciendo pública su relación sentimental con Antínoo; al cual tras fallecer de forma trágica en plena juventud, elevó al estatus de dios creando todo un culto entorno a la figura de este amante.

En Adriano se puede reconocer la intrincada construcción del laberinto humano. Un Emperador correcto y justo, considerado por sus súbditos como un dios que llora como un niño por la muerte de su amor.

MARCO HISTÓRICO


    En la realidad histórica, Adriano (76-138 d.C.) es considerado por los historiadores como el más brillante de los emperadores romanos; caracterizado como un excelente administrador, con gusto refinado y benevolente.  En su vida personal, su matrimonio se reconoce por los documentos históricos que su relación fue meramente diplomática y que no tuvo descendencia; también se documenta su afecto por el joven griego, Antínoo y la tristeza amarga que le produjo su muerte. 
En esas líneas, escribe acerca de su formación en Filosofía y Letras y su preferencia por la cultura griega. Muestra a un Adriano ávido en prepararse con disciplina. Tenía curiosidad por las creencias y los ritos religiosos, sin embargo, termina por alejarse de ellos ya que considera que el fanatismo puede ser riesgoso para el imperio. Habla sobre sus amoríos, y revela que sus relaciones con las mujeres son frívolas y no contienen sentimientos profundos. Aduce que su matrimonio arreglado es una mera formalidad y que nunca llegará a querer o a relacionarse con su esposa; no obstante, le da el puesto que merece.

Roma vivió con Adriano una etapa gloriosa, vagamente opacada por el conflicto con Judea, que se dice fue un desatino político. Durante el comienzo de Adriano como emperador pudo vislumbrarse el cambio de estrategia que instauró, de una expansión física y cruel, a una expansión cultural. Detalla sus políticas frente a los trabajadores, los esclavos, las mujeres. Adriano se entrega abiertamente a los placeres carnales y espirituales con la misma intensidad con la que trabaja para Roma. Le atrae la idea de ser tan grande como los dioses del Olimpo. También habla sobre su deseo de construir y su sentimiento de responsabilidad ante la belleza del mundo. Entonces el imperio de Adriano estaba en pleno auge.

EL AMOR HOMOSEXUAL DEL EMPERADOR


Con el imperio pacificado y gozando de apogeo, Adriano encuentra el amor en un joven bitinio, Antínoo -extraordinariamente atractivo-. Con él llega hasta la cúspide de sus emociones, sin embargo, le teme a la entrega total que significa amar. Se interesa por la muerte, buscando sectas y ritos que más que darle una comprensión del misterio lo asustan y molestan. A raíz de las supersticiones y los augurios el joven Antínoo, que también le teme a su propia vejez, decide sacrificarse para asegurar el bienestar futuro de su emperador;  se suicida ahogándose en el río Nilo. Ante esta tragedia los sentimientos de Adriano son intensos, siente remordimiento y una tristeza que marcará su vida. "Todo se venía abajo; todo pareció apagarse. Derrumbóse el Zeus Olímpico, el Amo del Todo, el Salvador del Mundo, y sólo quedó un hombre de cabellos grises sollozando en el puente de una barca". Para compensar la culpa, nombra  a Antínoo dios y crea una ciudad en su nombre, Antinoe; la devoción formal que obtuvo esta nueva deidad, se difundió y tuvo mucha popularidad en el imperio.

Aquí acaba todo cuanto se sabe de él. No aparece en las crónicas ni en las inscripciones hasta el mismo momento en que perdió la vida, pero el dolor inconsolable de Adriano lo elevaría a la categoría de mito.

El emperador abatido por la tristeza y el comienzo de su enfermedad sigue rigiendo su imperio y haciendo importantes avances en cuanto al Derecho y la cultura, pero es en este capítulo donde más se evidencian sus falencias: inflinge castigos crueles, manda a matar a sus enemigos y se equivoca en el manejo del conflicto con Jerusalén pretendiendo implantar la cultura greco-romana, sin calcular el arraigo inquebrantable de los judíos hacia sus costumbres y su segregadora religión.

Adriano llega a desesperarse por su estado de salud, no tolera la falta de control sobre su cuerpo y su vida y busca el suicidio; pero al comprobar que uno de sus médicos prefirió morir antes que darle veneno, decide aceptar su suerte y pensar que vivió de una manera intensa disfrutando de todos los goces que podía dar su cuerpo. Era hora de vivir, también con intensidad, sus peores momentos. Aquella alma juguetona y liviana, tendría que vivir encerrada soportando estoicamente la fragilidad y decadencia de quien alguna vez fue su cómplice. 
Adriano sufrió probablemente de una afección cardíaca. Muere en su villa de Tibor -actualmente Tivoli- de la cual, todavía se conservan las ruinas. Su mausoleo fue lo que se conoce hoy como el Castillo de San Angelo en Roma.

sábado, 8 de junio de 2019

LA LLORONA: SU LAMENTO COMO ARQUETIPO LEYENDÍSTICO A TRAVÉS DEL IMAGINARIO POPULAR

Casi con precisión, se dice que la leyenda de La Llorona eclosiona, por así decirlo, en el México Colonial; donde el localismo y la diseminación de variantes permiten diversificaciones fabulísticas que se han contado por decenas -o cientos incluso-, hasta el punto de que se postulan innumerables leyendas, cuyas versiones se ramifican por todas partes de América. Es la fascinante resultante entre una interacción heterogénea de la leyenda americana con los correlatos europeos  que  se encuentran y se funden.
Lo que se ha contado es que La Llorona no es un simple fantasma, sino una suerte de dama blanca, encantada o dama de agua, vinculada desde luego a ciertos lugares de poder y que tiene una naturaleza infernal-oracular; cuyo "salvajismo" es manifestado a través de su lamento y de su llanto, aún cuando lo propio de estos fantasmas aulladores es que no tengan cuerpo.

CRITERIOS HISTÓRICOS, IDENTITARIOS Y MORALES


La clave de esta fenomenología es el modelo de experiencia de lo sagrado, en la que el miedo, el pánico o el goce extático cobran pleno sentido. Esto es, lo inefable que nos deslumbra es esta voz sin cuerpo; cuyo mensaje oculto enseguida se trata de ahormar a criterios históricos o bien morales que nos identifiquen, como  lo es el supuesto de la indígena que tiene hijos con un español. Después la traición, luego el infanticidio por despecho.

Los numerosos estudios sobre esta temática coinciden en que La Llorona corresponde a la categoría folclórica de "espantos", es decir, un ser que provoca terror en quien se la encuentra por su aspecto, su conducta, sus sonidos; etc. El estudio narratológico la aproxima a todos los seres que en el folclore se comportan como predadores y que anteceden por tanto algo malo, tenebroso, aciago, de mal augurio, un desastre, una hecatombe; en suma, palabras todas ligadas al infortunio, como una interpretación negativa de esa presencia o aparición.

En el caso de La Llorona, efectivamente cabe pensar que se produjo un amplio mestizaje o hibridación entre arquetipos ibéricos y otros prehispánicos, y que la interpretación "derrotista" de sus gritos como lamento sería por la calamidad sufrida por los indios; por lo que vaga por los caminos, amedrenta.

El mito de La Llorona narra una situación histórica común en América Latina, como es la relación entre la indígena y el hombre español en donde intrínsecamente se refiere a esa mujer y sus contradicciones: ella no rechaza al blanco, pero al ser abandonada, repudia al hijo bastardo; pero ya es demasiado tarde y el niño mestizo nace en medio de ese profundo desgarramiento y así es lanzado a la historia, donde la india es el instrumento del mestizaje y sola levanta a sus hijos. Entonces, La Llorona es una de las múltiples metamorfosis expresadas al inicio como amor versificado y luego como sombra del objeto; como contrafigura que reprocha y retorna a los caminos del mundo como una crueldad obsesiva. Lo más valioso, esa tensión entre el ideal irrealizado y la pérdida es lo que lleva a la figuración del duelo.

La representación del aparecer/desaparecer de La Llorona está ligado a una antiquísima tradición visionaria, que juega con la equivalencia luz-conocimiento y con la idea de lo sobrenatural y la magia. La Llorona se hace, pues, visible o invisible como alma externalizada del cuerpo y por tanto es capaz de deambular libremente y de encarnarse o proyectarse en dobles o animales, conforme a las ideas del chamanismo europeo o del náhuatl prehispánico. Luego entonces, la idea de alma en pena es un aspecto del significado del mito. Tal vez expía una culpa, un castigo o una maldición de algo moralmente impuesto que hubiese sido transgredido.

En ese sentido, se han expuesto numerosas fuentes de la leyenda y son tantos los antecedentes. En primer lugar, elementos de estratos anteriores, como son los rasgos de la diosa prehispánica Cihuacóatl que se aparecía sobre el lago y profetizaba desgracia; o bien los más lejanos de Diosas Madre como Isis, que era también una especie de Diosa Llorona, por Osiris. En segundo lugar, más allá de esta frontera prehistórica, La Llorona revela una frontera histórica clara cuando se le vincula a los desastres de la Colonia y a la luz de acontecimientos recientes. Así que La Llorona en la literatura y cultura popular modernas, es tomada como figura emblemática de la resistencia indígena y de poblaciones marginalizadas o subalternas de la sociedad, tal como la perciben actualmente.

EL EJE CENTRAL DE LA LEYENDA


       A lo largo de las páginas de esta leyenda se oye el eco, el llanto de la madre cuyo duelo consiste en localizar a sus hijos muertos y llorarlos, porque "la capacidad de ser llorada la muerte, es un presupuesto para toda vida que importe". Se dice que hay un período de luto, es decir, que la condolencia llega a su final después de un tiempo en el que se sufre la pérdida del otro a la vez que se descubre un nuevo sentido del "yo" y de la idea del mundo. Este sentimiento contiene cierta calma cuando los cadáveres quedan asegurados -enterrados, inhumados o embalsamados- de forma tal que están impedidos para volver como fantasmas. Pero el tipo de duelo cuando los cuerpos han desaparecido, cuando no hay lugar ni restos, se torna a un infinito ritual del sufrimiento que no comienza ni termina.

Por tanto, el arduo enigma de su génesis, está ligado a su hermenéutica, donde se da por verosímil la existencia de dichos seres -sean cuales sean- y en esa línea, La Llorona sería una de esas entidades extrahumanas en su interpretación más plausible.

Si es así, la leyenda de La Llorona escenificaría el alma de estos conflictos -la crisis individual, la crisis ambiental, la crisis social- que ahora en el siglo XXI se ven de forma clara. Los hijos sacrificados son su propio pueblo; la tierra y el agua mancillada, profanada, es la arrebatada. Por lo que es de concluirse que la leyenda de La Llorona, 'monstrua' popular mexicana, arroja diversas cuestiones que se entretejen: la maternidad, el crimen, la herencia, el duelo y los espectros con las situaciones de nuestra vida contemporánea que no pueden despojarse.